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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Comisión morada para las mujeres refugiadas

Tercer post de diario en Atenas

Un día en la escuela segunda donde la mayoría de personas que comparten el espacio social son hombres / N.S.I.

Un día en la escuela segunda donde la mayoría de personas que comparten el espacio social son hombres / N.S.I.

En las squads de Atenas, edificios ocupados por refugiados, hay  innumerables mujeres, que cuestan de ver. Todas tienen un elemento común, una persona a su cargo: hijos, padres o ambos. Por eso, un grupo de mujeres españolas decidieron crear la Comisión Morada para que durante dos horas, dos simples horas, las refugiadas pudieran concentrarse en ellas mismas.

Comisión Morada visita diferentes centros ocupados y en el caso de la Segunda escuela o Jasmín acuden a dar el taller los martes y los viernes de 18:00 a 20:00. Durante ese tiempo, los voluntarios de la Segunda organizan un cine fórum para los niños, por lo que las madres quedan libres de sus obligaciones.

Es un espacio propio en el que se sienten seguras, relajadas y se priorizan ellas mismas porqué no tienen que cuidar ni atender a nadie”, explicó a este blog Marta Maedrano, una voluntaria de comisión morada.

Tuve la oportunidad de asistir a uno de estos talleres en que mujeres de diferentes partes del mundo compartíamos nuestro tiempo. La sesión empezó con una presentación de cada una de las participantes, que sirve para que se conozcan las unas a las otras, a la misma vez que se corta el hielo.

Luego continúa con un juego. El día que estuve dividieron la clase en diferentes grupos, cada uno éramos un sonido diferente. Caminamos sin rumbo por el aula y en el momento que sonaba el ruido de tu grupo, habías de fingir que te desmayabas y las mujeres que estaban a tu alrededor tenían que cogerte. Estos juegos, relata Maedrano, sirven para transmitir un mensaje de unidad, de que se tienen que ayudarse las unas a las otras y confiar entre ellas.

En la tercera parte de la sesión, las mujeres acaban expresando sus experiencias, vivencias e historias personales. Esto, por eso, no siempre fue así. Al principio, cuando se pensó el taller era un espacio más lúdico y de relajación, “pero ellas mismas (las refugiadas) pidieron poder contar sus experiencias, anécdotas y anhelos”, narró Maedrano.

La voluntaria cuenta que estos talleres nacieron con la idea de crear un grupo de apoyo entre las mujeres refugiadas, darles una herramienta de empoderamiento y un espacio propio. “Normalmente en sociedades patriarcales la toma de decisión queda en manos del hombre y ellas se mantienen al margen”.  Del mismo modo, se expresa su hermana Aurora Maedrano, que también es voluntaria de la comisión, y asegura: “como (las mujeres) no toman decisiones, no tienen en cuenta sus prioridades”.

Ambas, coincidieron que las mujeres, en la mayoría de las sociedades, están pendientes de las labores del hogar, así como de cuidar sus hijos o familiares enfermos o mayores, por lo que a menudo pierden su propio espacio de acción, de cuidado y sociabilización. De hecho, en el patio de la Segunda era bastante común ver hombres compartiendo su tiempo o con actividades de ocio, mientras que las mujeres cocinaban.

Y, precisamente, esto es lo que se persigue con estos talleres que las mujeres encuentren un espacio donde compartir las unas con las otras, una zona de ocio y sociabilización, pero que al mismo tiempo puedan opinar y tomar decisiones. Un sitio necesario para aliviar las penas del camino marcadas por países en conflicto y duras travesías para llegar a Europa. Por eso, al final del taller, por un momento las preocupaciones se paran en el tiempo y las mujeres bailan para alejar los malos recuerdos.

 

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