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Orlando, respuestas incomprensibles

OPINIÓN

El colectivo gay, víctima de la matanza de Orlando / Chainless Photo

El colectivo LGTBI, víctima de la matanza de Orlando / Chainless Photo

Estados Unidos vive aún conmocionado por la tragedia. El pasado domingo, Omar Mateen entró al Pulse, una discoteca gay en Orlando, y dejó tras de sí un reguero de sangre de 49 muertos y más de 50 heridos. Pero la vida, paradójica en sí misma, hace que en este caso los gays no puedan ayudarse los unos a los otros.

En una violación flagrante a los derechos de este colectivo,  hasta hace un año los gays no podían donar sangre, pero ahora  tampoco todos los homosexuales pueden.  En 1983, en medio de la crisis del Sida, se prohibió a los hombres que hubieran tenido relación con otro hombre, aunque fuera una sola vez, donar sangre. Sin embargo, hace un año la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos decidió levantar la prohibición a aquellos hombres que en el último año no hubieran mantenido relaciones sexuales,  es decir, un año de celibato.

En un primer momento, se especuló que el gobierno estadounidense levantaría esta prohibición en el estado de Florida, donde las autoridades médicas hacían un llamamiento a la donación de sangre para poder salvar a los heridos del ataque de Orlando, pero finalmente la Casa Blanca no optó por esta opción.

Y si bien al final se ha conseguido la sangre necesaria para las víctimas, la verdad es que esta medida ha levantado las iras de este colectivo. “Es un ultraje que nuestra sangre pueda ser derramada pero no donada”,  destacaba visiblemente molesto el periodista John Paul Brammer en una columna de opinión en el diario inglés The Guardian.

Pero si ya de por si se entiende poco esta decisión de la Casa Blanca, aún se comprende menos la reacción de Donald Trump y su incremento del discurso racista. Su gran propuesta para acabar con las atentados o ataques en Estados Unidos es cerrar las fronteras y no aceptar inmigrantes procedentes de aquellos países que él considera que tienen una “historia de terrorismo”.

“Cuando sea elegido, suspenderé la inmigración de zonas del mundo donde existe una historia comprobada de terrorismo contra Estados Unidos, Europa o nuestros aliados, hasta que sepamos completamente cómo acabar con estas amenazas”, resalto el pasado lunes Trump en New Hampshire, según recoge el diario El economista.

Si bien en un principio se apuntó que el atentado estaba vinculado con el Estado Islámico, la realidad es que el gobierno cada vez trabaja con la hipótesis de un caso de terrorismo interno. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que no existe ningún indicio que el autor de la masacre estuviera dirigido por un grupo de fuera.

El atacante, Omar Mateen,  es un joven de 29 años, de padre afgano, sí, pero nacido en Estados Unidos. Y, además, en los últimos tres años frecuentaba de manera asidua  el Pulse, donde perpetró la matanza y otros bares o salas procedentes de chats de citas para homosexuales.

Ahora las autoridades estudian si su homofobia le hizo visitar estos locales para planear su matanza o bien estaba luchando contra su posible orientación sexual, relata el medio estadounidense CNN.

Sea cual sea la respuesta, parece  fuera de lugar que Trump pida un cierre de fronteras.  De hecho, de los últimos dieciséis masacres con armas de fuego en suelo estadounidense, tan solo uno estaría perpetrado por una persona nacida en uno de estos países calificados “con historia terrorista” por Trump, mientras que la mayoría habrían nacido en la nación norte-americana.

Este único caso, se trata de la matanza llevada a cabo en diciembre del 2015 en San Bernardino por Syed Rizwan Farook, un empleado del departamento público de Salud de padres paquistaníes pero nacido en Estados Unidos, y su mujer Tafsheen Malik, ella sí nacida en Pakistán.

Tal vez, por eso, parece más acertado el discurso de la candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, que aboga por restringir la venta de armas, para que no cualquier persona pueda acceder a ellas. Eso, según Clinton, evitaría que los llamados lobos solitarios, que actúan por su cuenta, no pudieran cometer matanzas como las del Pulse. Lobos solitarios, como Omar Mateen.

Desconozco la receta, pero seguir violando los derechos del colectivo LGTBI sin que puedan donar sangre o cerrar fronteras no me parece la solución, siempre he pensado que es mejor integrar todos los colectivos y personas que separar por etiquetas impuestas.

2 comentarios

  1. Dice ser Aitor

    Bueno, si hay “riesgo” de que una persona con cambio de identidad de g’enero vaya a un bagno que no les gusta, de emergencia se cambian las leyes.

    Pero si matan a 50 personas, no hacen nada.

    Creo que no hace falta decir mucho mas al respecto.. EEUU no avanza en derechos, sino que retrocede, va hacia la direcci’on de su aliado, Arabia Saudi. De momento hay un abismo de diferencia, pero es cuestion de tiempo.

    17 junio 2016 | 10:25

  2. Dice ser colleja cósmica

    El día que lleguéis a daros cuenta que en realidad Hillary Clinton es mucho peor que Trump y no precisamente por temas fiscales …. lo que se busca con tantas matanzas por tipos con plena enajenación mental es precisamente desarmar al pueblo. Lo digo por aquello de que a la autora le parece “más acertado” el posicionamiento de Hillary Clinton.

    Datos curiosos para reflexionar: el supuesto terrorista fue interrogado hasta 3 veces por el FBI; otro dato, el supuesto terrorista trabajó en una empresa de seguridad británico-israelí. Último dato: prácticamente la mayoría de aeropuertos tienen la misma empresa (israelí) de seguridad.

    02 julio 2016 | 15:40

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