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Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Trump fustiga a los males de EEUU

Donald Trump presentó este martes su libro Crippled America. How to make America great again, que se traduciría al español como América paralizada. Cómo hacer que América sea grande de nuevo. En la portada el precandidato republicano pone su ceño fruncido y su cara de enfado, acorde con su ánimo de fustigar a “los males de Estados Unidos”.

Durante 200 páginas y 17 capítulos el magnate inmobiliario nos habla de sus desvaríos habituales, ya conocidos en la campaña electoral como “El derecho a portar armas”.“Las armas no son el problema, los criminales lo son”, explica Trump, quien junto con sus dos hijos varones es miembro de la Asociación del Rifle. El republicano defiende la propiedad de armas y reclama mano dura para los que las tienen de forma ilegal. “Las armas no son el problema, los criminales peligrosos son el problema”, añade.

En el prefacio del libro ataca de nuevo contra los mexicanos, a los que al principio de su carrera el republicano calificó de violadores y traficantes de drogas. Ahora agrega que la inmigración clandestina priva a los estadounidenses de trabajo. El empresario, conocido por insultar a los mejicanos en su campaña, afirma que “ama la inmigración”. Pero alerta de que “los países del sur no nos están mandando a su mejor gente”. También menciona a los marielitos, los 125.000 cubanos a los que Castro permitió emigrar a Estados Unidos y que fueron recibidos por Carter en 1980. El dictador cubano aprovechó para liberar las cárceles de presos comunes y dejar que se fueran a el país de las oportunidades. “Treinta años después aún estamos lidiando con eso”, afirma Trump.”

Una de las mejores partes de su obra es cuando el precandidato explica la voluntad de levantar un muro de separación entre Estados Unidos y México para evitar la entrada de inmigrantes ilegales “los muros son eficaces para detener el terrorismo. Israel gastó dos millones por kilómetro en el suyo”. Dice que el muro debe empezar a construirse “cuanto antes”, y que saldrá del bolsillo de México quiera este o no, con estrategias como la de incrementar las tarifas de las fronteras o recortar las ayudas.

Trump también promete en su libro vencer al grupo yihadista Estado Islámico, cuyas fuerzas, según él, “no son suficientes para llenar el estadio de los Yankees” en Nueva York.

El político que parece insultar a las mujeres cada vez que puede, se defiende en su libro por la malinterpretación de sus comentarios. “Trato a las mujeres y hombres por igual, a mis empleada les pago lo mismo, las asciendo del mismo modo y, cuando la pifian, las despido igual”.

En su libro el empresario neoyorquino se define como un líder, un defensor de los inmigrantes, un feminista y un triunfador, hasta le dedica un capitulo a su riqueza, nos cuenta que su patrimonio actual supera los 10.000 millones de dólares y que sus ingresos este año quedarán por encima de los 600 millones.

Centenares de seguidores de Trump se reunieron el martes en el rascacielos que lleva su nombre, en la isla de Manhattan, donde el precandidato firmaba y dedicaba ejemplares de su obra. Aprovechó el evento para, una vez mas, dejarnos claro que él es el líder: “Pienso que seré investido (presidente) y que llegaré a la Casa Blanca.” Y criticó un poco a sus contrincantes: “Pienso que será fácil derrotar a Hillary Clinton (precandidata demócrata a la presidencia), ya que sus antecedentes son muy malos”, dijo Trump delante de las cámaras durante el evento. Considero, también, que en el campo republicano, Jeb Bush es un pésimo orador que se duerme ante el micrófono, Marco Rubio está “sobrevalorado” y Carson es un ‘pusilánime’. (AFP)

Ya saben, aquí un nuevo libro que querrán tener o no en su mesita de noche, también ha salido a la venta el CD por si quieren relajarse escuchando las brillantes ideas de este republicano y con prefacio leído por el propio Trump!

 

5 comentarios

  1. Dice ser Sociólogo Astral

    ¿El tio de la vara americano?

    06 noviembre 2015 | 08:16

  2. Dice ser El_Soberano

    Puede que sea grosero y se le vaya la pelota, pero eso no implica que no lleve razón en según qué cosas.

    Un país no tiene por qué recibir toda la morralla de los vecinos, sobre todo maleantes y delincuentes. La inmigración debería ser como una entrevista de trabajo. Si la pasas, te dejamos pasar, y deberás pasar un periodo de prueba.

    Si no, puerta.

    06 noviembre 2015 | 08:27

  3. Dice ser slower baby

    2. Qué te crees que no se encargan de eso ya en EEUU?, que están esperando a un Donald para que les diga cómo se hace?, el muro del desierto me lo invento yo?.

    Este hombre no dice más que gilipolleces . Un auténtico retrasado mental forrado de dólares.

    Obama sabe bien cómo tratarlo .De hecho os dejo una muestra de como desayunarse, merendarse y cenarse a un Trump en dos minutos.

    https://www.youtube.com/watch?v=9fKRwvGojJQ

    06 noviembre 2015 | 08:43

  4. Dice ser Arensivia

    En el Dia y el Carrefour venden ejemplares de este libro, en paquetes de 12 rollos por 3 con cincuenta.

    06 noviembre 2015 | 11:56

  5. Dice ser Kamali

    jueves, 12 de noviembre de 2015
    SIRIA EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

    El viejo sueño de siempre: dominar el mundo
    Ian Fleming, Doctor No (1958)

    Al anuncio realizado el lunes, día 5 de noviembre, por Feridun Sinirliorlu, ministro de Exteriores de Turquía, de que las Fuerzas Armadas de sus país intervendrán militarmente en Siria “para combatir” a los yihadistas del Estado Islámico, a los que Erdogan viene protegiendo desde su misma creación, se unió la declaración hecha al día siguiente, en los mismos términos, por el presidente francés, François Hollande, de enviar a este país un fuerte contingente militar, que incluye al buque enseña de la flota francesa, el portaviones Charles De Gaulle. Hay que estar muy despistado para no ver en estas graves decisiones la voluntad de los gobiernos de Turquía y Francia por secundar incondicionalmente el reciente anuncio realizado por el presidente Barak Obama de enviar a Siria “especialistas” militares con la manifiesta intención de organizar actos de sabotaje y terrorismo contra la población civil para prolongar los combates y obstaculizar la ofensiva que las Fuerzas Armadas Sirias vienen llevando a cabo bajo la cobertura del paraguas que le ofrecen los implacables ataques de la aviación rusa contra las tropas y los enclaves del Estado Islámico, de Al-Nusra y demás grupos terroristas que colaboran para borrar a Siria del actual mapa del Oriente Medio, con intención de rehacerlo según los planes de Washington.

    A causa de la ofensiva rusa, los mercenarios yihadistas, muchos de los cuales han comenzado a abandonar Siria por Turquía y Jordania (los mismos países por donde entraron y fueron entrenados) para ser redirigidos en función de los planes del Pentágono, a Chechenia, por ejemplo, o hacia alguna república centroasiática vinculada a la extinta Unión Soviética. Como denuncia el Dr. Andreas von Bulow, ex político alemán (SPD), secretario en el Bundestag del Ministerio de Defensa y ministro de Investigación y Tecnología de la República Federal de Alemania con Helmut Schmidt, en su documentado ensayo “La CIA y el 11 de septiembre. El terrorismo internacional y el papel de los servicios secretos” (Ellago Ediciones, Castellón, 2006), se silencia el hecho de que buena parte de los yihadistas de Osama bin Laden, después de salir de Afganistan aparecieron en los conflictos de los Balcanes, en Chechenia o en otros focos de disturbios próximos a los intereses de Estados Unidos, para añadir que “desde hace décadas la CIA se sirve en todo el mundo de terroristas para sus campañas militares encubiertas (…) Los terroristas son instrumentos a los que hay que observar y conducir, que hay que emplear y sólo cuando empiezan a constituir un peligro para el servicio, hay que descartarlos. De ahí que siga existiendo un conflicto de intereses que se oculta a la opinión pública” (…) “La dirección geopolítica del asalto a los países petrolíferos del mundo árabe va de la mano con el intento de utilizar las viejas huestes de mercenarios afgano-musulmanes no ya como héroes de un combate por la libertad, sino como encarnación del mal para la cultura de masas teledirigida de Estados Unidos y Europa”.

    En semejante avispero de intereses encontrados, resulta evidente que Putin no podrá, pese a quien le pese, dar marcha atrás en Siria, pues eso supondría una debacle pírrica y el cierre del cerco a Rusia por el flanco Sur, amenazado ya por Turquía y las bases de la OTAN. Aunque los norteamericanos hayan dado muestras de un enorme y visible desconcierto, porque no esperaban la ofensiva rusa para derrotar al terrorismo yihadista en Siria, para cualquier analista bien documentado resulta meridianamente claro que los grupos vinculados al complejo económico-militar que controlan el poder estadounidense, y de los que Obama es una simple emanación ectoplásmica, no han abandonado su voluntad de dividir Siria, tal como fue decidido por el presidente George W. Bush cuando incluyó a Siria, junto al Iraq de Sadam Hussein, en el Eje del Mal, una cuestión que ya abordé con detalle en la entrada de este Blog correspondiente al 20 de enero de 2013 y que titulé “El holocausto sirio: Por el bien del Imperio”.

    Los atentados de falsa bandera del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center y al Pentágono fueron la señal de salida que necesitaba el grupo de presión integrado por las personalidades que fundaron la organización Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), quienes, en palabras de Rebuilding America’s Defense, estaban a la espera de “un acontecimiento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor”, que galvanizara a la opinión pública norteamericana y les permitiera llevar a la práctica sus teorías y planes: la Guerra contra el Terror, una denominación eufemística elaborada para justificar su estrategia de intervenir militarmente con el objetivo de rehacer a sangre y fuego el mapa del Oriente Medio en función de sus intereses. El 11-S era, precisamente, lo que buscaban.

    Esto ya sucedió en 1898 cuando acusaron a España del hundimiento del acorazado USS Maine, fondeado en el puerto de La Habana, para forzar la declaración de guerra. Se repitió el caso del tan citado Pearl Harbor, cuando el presidente Roosevelt y los Jefes del Estado Mayor estaban perfectamente informados del inminente ataque de los japoneses gracias a que habían descifrado los códigos utilizados en sus mensajes radiofónicos. En esa ocasión murieron dos mil soldados estadounidenses. El torrente de indignación popular ante el asalto en época de paz, que fue alimentado por los medios de comunicación, barrió de un manotazo la oposición masiva de la ciudadanía americana a que su país entrase en la Segunda Guerra Mundial.

    Cuando los atentados del 11-S hubo que esperar hasta el 22 de septiembre para que Colin Powell, secretario de Estado, se comprometiera a presentar pruebas de que Al-Qaeda y Osama bin Laden eran los culpables de planear y ejecutar los atentados de Nueva York y Washington, y solo después de eso, Codolezza Rice, consejera de Seguridad Nacional, declaró a la CNN: “Es evidente que tenemos pruebas, históricas y de otro tipo, acerca de la relación de la red Al-Qaeda con lo que ocurrió el 11 de septiembre”. En realidad, hasta el día de la fecha, esas pruebas nunca han aparecido, por lo que cabe afirmar que tales pruebas nunca existieron ni existirán. Von Bulow va mucho más allá; en su libro ya mencionado textualmente dice: “En el mes de julio antes del atentado, la CIA todavía mantenía contacto con su antiguo colaborador Osama bin Laden. Éste se sometió a un tratamiento médico durante más de una semana en un hospitan estadounidense de Dubai a causa de una grave afección renal. El 12 de julio de 2001 recibió en el hospital la visita del delegado local de la CIA, Larry Mitchell, al parecer en compañía del antiguo jefe de los servicios secretos saudíes, el príncipe Turku Al-Faisal Al-Saud, quien tiempo atrás había colaborado con la CIA pero que entretanto estaba defenestrado. Días después, Mitchell se jactaba entre amigos y conocidos de este encuentro, por lo que rápidamente fue llamado al orden por la central donde debía dar parte de esta visita”.

    Hay que remontarse a unos años atrás para ver cómo, después de acabada la Guerra Fría con la desintegración de la Unión Soviética, el presidente Clinton aprovechó la decadencia de la Rusia de Yelsin para ampliar la OTAN y abrir nuevas bases en muchas de las ex-repúblicas soviéticas, tanto para mantener el control norteamericano de Europa como para cercar a Rusia, objetivo permanente de la política de Washington desde el mandato de Truman. El conficto de Ucrania, que será reactivado cuando convenga, no es más que una consecuencia de esta visión geoestratégica del Pentágono: de ahí su analogía con la voluntad de desmembrar a Siria, derrocar a su gobierno (situado desde siempre en la esfera de influencia rusa) y dividir su territorio, después de sustituir al Gobierno de Damasco por otro mucho más débil, controlado por los sunitas de Arabia Saudí y Qatar y, desde luego, por la Turquía de Erdogan, miembro de la OTAN. Y, aunque tal vez resulte una obviedad decirlo, con el apoyo militar de Israel.

    Estados Unidos y sus aliados, simples provincias del Imperio en política exterior y en cuestiones militares, saben que no pueden aplicar la misma estrategia a Siria que a Libia valiéndose directamente de la OTAN, mediante una extrapolación ilegal de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. De ahí que el apoyo a las fuerzas yihadistas en Siria y el sistema de defensa antimisiles, desplegado en la base española de Rota, sirvan para indicarnos que el verdadero objetivo es Rusia, considerada por Washington como el gran rival a combatir. Con Iraq y Egipto bajo su tutela e Israel como aliado indiscutido, a los estrategas de Washignton les falta Siria para completar el cerco meridional de Rusia, eliminando a Putin del Oriente Medio y, en definitiva, para ser dueños indiscutidos de esa parte del mundo, vital para enlazar el Mediterráneo con las repúblicas centrales de Asia (la Ruta de la Seda), rica en petróleo y en reservas de gas natural y pasillo natural de los gaseoductos y oleoductos entre el Mediterráneo y Asia. Pueden decirse más cosas, pero creo que lo ya expuesto es bastante para hacerse una idea de la complicada situación por la que atravesamos, en la que cualquier fallo (real o provocado) puede desencadenar una guerra mundial, como cualificados analistas políticos vienen señalando con creciente preocupación.

    El maldito oro negro, que ha hecho del rey Obama un Midas
    de relato de horror: todo lo que toca lo convierte en sangre.
    Pese a que los medios de comunicación occidentales se guarden muy bien de decirlo, es un secreto a voces que, desde la creación misma del autodenominado Estado Islámico, junto a Jordania e Israel (naciones fronterizas con Siria), las naciones europeas integradas en la OTAN, con Francia y Gran Bretaña a la cabeza y las monarquías feudales de Arabia Saudí y Qatar, la Turquía de Tayib Erdogan, siguiendo la estrategia de Washington, viene apoyando con absoluto descaro el terrorismo yihadista en Siria como medio para derrocar al gobierno de Bashar Al-Assad y, de paso, lucrarse con la intermediación en el tráfico de petróleo que el Estado Islámico exporta a través de territorio turco para financiar su costosa infraestructura territorial y sus operaciones militares, buena parte del cual viene siendo comercializado por empresas norteamericanas, siguiendo la pauta marcada por las ventas clandestinas del crudo iraquí.

    En unas extraordinarias declaraciones publicadas el día 3 de agosto de 2015 por “La Tribuna del País Vasco”, el coronel del Ejército español, Diplomado de Estado Mayor, Jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo entre 2002 y 2005, y hasta 2010, profesor de Estrategia y Relaciones Internacionales en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas, D. Pedro Baños Bajo, se refiere a la vinculación del Estado Islámico con Turquía en unos términos de tal contundencia, que no dejan lugar a interpretaciones sesgadas. Entre otras cosas, afirma:

    El coronel Pedro Baños
    “Los principales analistas independientes no dudan en afirmar que en la aparición en Siria del Estado Islámico tuvieron mucho que ver los servicios de inteligencia turcos y los países del Golfo, encabezados por Arabia Saudí que, por cierto, es un país que, de forma oficial, comete actos tan execrables y horrendos como los que comete el Estado Islámico. En 2014, Arabia Saudí ejecutó, por decapitación, a casi un centenar de personas. En algunos casos por ser “responsables” de “crímenes” tan abominables como ser homosexual o cometer adulterio o brujería.

    “En este punto, y para darnos cuenta de esta influencia de Turquía y de las monarquías del Golfo, es importante tener en cuenta dónde surge, geográficamente, el Estado Islámico. Si nos fijamos bien, el EI empieza sus acciones en el norte de Alepo (segunda cuidad siria) porque es una zona muy próxima a Turquía en la que el servicio secreto de este país, el Milli Istihbarat Teskilati (MIT), actúa con comodidad. Por ello, la mayoría de expertos piensan que tuvieron que ser los servicios secretos turcos los que, en un primer momento, suministraron armas, apoyo y financiación al Estado Islámico. A ello se une el hecho, según lo declarado oficialmente por los principales líderes políticos europeos, de que ha sido a través de la frontera turca como han llegado la mayoría de los combatientes extranjeros –y muy especialmente los procedentes de la UE- que han ido engrasando las filas del Estado Islámico. Una cosa debemos tener clara: si el EI, incluso con la fuerza que tiene en estos momentos, no tuviera apoyo externo, no existiría. Esta es la auténtica realidad.

    “La estrategia militar del Estado Islámico es magnífica, está perfectamente diseñada y planificada. Quien está dirigiendo la batuta de esta gente es alguien muy experto en temas militares y estratégicos, sin olvidar los propagandísticos. Esto es importante tenerlo en cuenta porque, en ocasiones, la imagen que llega a la opinión pública es que el Estado Islámico solamente está formado por un puñado de salvajes que se dedica a quemar y decapitar a muchísimas personas. Pero esto no es solamente así, en absoluto. Estamos hablando de la civilización más antigua del mundo. Esta gente nos lleva una ventaja de siglos de astucia, especialmente a los europeos, que nos creemos el centro del mundo y no lo somos en absoluto”.

    La implicación turca en el conflicto sirio, denunciada por representantes de la oposición en el Parlamento de Ankara, también ha sido reconocida por un personaje de tanta credibilidad como es Schlomo Ben Ami, quien fuera el segundo embajador de Israel en Madrid, ex-ministro de Asuntos Exteriores de Israel y actual vicepresidente del Centro Internacional por la Paz, de Toledo. La ambición de Erdogan de restablecer la primacía de Turquía en el mundo suní es la motivación que subyace en su decisión de apoyar al Estado Islámico, permitiendo incluso a que miembros criminales de dicho grupo cometieran matanzas de miles de kurdos civiles y yazidíes en la ciudad siria de Kobane, próxima a la frontera con Turquía, algo que contradecía los planes de Estados Unidos, Israel, Francia y Gran Bretaña de establecer una franja controlada por los kurdos al norte de Siria e Irak, colindante con la frontera turca, provocando un conflicto con la Casa Blanca al que me referiré más adelante, pues resulta de vital importancia para entender la dimensión total que el conflicto sirio presenta en la actualidad.

    Si no cabe dudar que la comprometida estrategia turca respecto al Estado Islámico no habría podido llevarse a cabo sin la autorización expresa del gobierno de Estados Unidos, dueño absoluto de la OTAN, al mismo resultado puede llevar cualquiera si se toma la molestia de repasar las hemerotecas desde los momentos iniciales del conflicto sirio hasta el día de la fecha. Como ejemplo, me limitaré a señalar que en la reunión que tuvo lugar en Seúl el 26 de marzo de 2012 entre Obama y Erdogan, el principal asunto tratado fue la estrategia a seguir para intervenir militarmente en Siria bajo el consabido disfraz de “ayuda humanitaria”. Según palabras de Obama, él y Erdogan acordaron que debe haber un proceso hacia un “gobierno legítimo” en Siria —o sea, un cambio de régimen— y que el plan de acción que ellos promueven consiste en intensificar la “ayuda humanitaria” y otras formas “no letales” de asistencia a la oposición siria. Según el asesor adjunto de Seguridad Nacional Ben Rhodes, los dos hombres están “totalmente de acuerdo” sobre los pasos siguientes que se tienen que dar y la necesidad de persuadir a Bashar Al-Assad para que deje el cargo.

    Erdogan se encargó de detallar a qué tipo de asistencia “humanitaria” se estaban refiriendo. Aunque hizo una vaga referencia a tener que tomar acciones “en el marco del derecho internacional” cuando estaba al lado de Obama, es bien sabido su deseo de crear una zona de exclusión en la frontera turco-siria, lo que equivaldría en la práctica a una ocupación militar con la intención de imponer un cambio de régimen bajo la cobertura de la tan famosa ayuda humanitaria, repitiendo el mismo proceso que se le aplicó a Libia para derrocar a Muammar El-Gadafi, que produjo más de 160.000 víctimas, su conversión en “nación fallida”, como cínicamente se refieren los medios de comunicación occidentales a las naciones masacradas y saqueadas siguiendo los planes impuestos por el gobierno de Washington.

    Los necrófagos, repartiéndose los despojos de un país al que
    ya daban por vencido
    En el curso de dicha reunión, Moon Ha-Yong, portavoz del Gobierno surcoreano anunció que su país contribuiría con un millón de dólares al fondo “de ayuda humanitaria” del grupo sarcásticamente denominado “Los Amigos de Siria”, precisando que “la comunidad internacional está en contra del Gobierno de Siria y nuestro Gobierno ha creído que el ayudar a la oposición es adecuado en el sentido humanitario”. Se supo entonces que a ese fondo para derrocar al Gobierno de una nación miembro de las Naciones Unidas sin que mediara declaración alguna de guerra, EE.UU. había donado 12 millones de dólares, 7,5 millones Alemania y 7 millones Kuwait, países todos cuya política exterior viene marcada por las directrices de Washington.

    A partir de estas fechas, los atentados terroristas registraron un imparable incremento: la terrible matanza de Houla, acaecida en el mes de mayo de 2012; el atentado a las instalaciones de Al-Ikhbariya TV en junio, en el que periodistas sirios y agentes de la policía fueron asesinados en un ataque coincidente en el tiempo con la decisión de la UE de imponer sanciones para silenciar la difusión de noticias por parte del Organismo de la Radio-Televisón Siria; la “Operación Volcán de Damasco” constituida por el gran atentado perpetrado en julio contra la Sede Central de la Seguridad Nacional, que provocó la muerte de altos funcionarios del Gobierno sirio, entre ellos el ministro de Defensa, Daud Abdalláh Rayija, y el Vice-Jefe del Estado Mayor, general Aseef Shawkat, cuñado del presidente Bashar Al-Assad; el salvaje atentado a la Universidad e Alepo que tuvo lugar en enero de 2013; los atentados con coche-bomba cometidos en barrios de mayoría cristiana, las ejecuciones masivas de poblaciones no sometidas y el apresamiento de sus mujeres para ser vendidas como esclavas sexuales, el secuestro y ejecución de periodistas, las violaciones de mujeres y niñas son algunos de las monstruosidades de una interminable cadena de horrores que no minaron la voluntad de resistir a las Fuerzas Armadas Sirias, formadas, que no se olvide, por voluntarios y soldados de reemplazo, al contrario de las fuerzas yihadistas, integradas en su inmensa mayoría por mercenarios extranjeros procedentes de medio mundo, tal como puede verse en el documental titulado “Lo que no te han contado sobre los rebeldes en Siria”, para cuya visión debe pulsar aquí.

    Creyendo próxima la caída del Gobierno de Bashar Al-Assad, en mayo de 2012, la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) crearon el “Working Group on Economic Recovery and Development of the Friends of the Syrian People”, bajo la co-presidencia de Alemania y de los Emiratos Árabes Unidos, en cuyo seno el economista sirio-británico Ossam Al-Kadi elaboró un programa de reparto de las riquezas sirias entre los países miembros de la coalición que sería aplicado a partir del “día siguiente” a la caída del gobierno de Al-Assad. Un meticuloso plan organizado de apropiación de los yacimientos de petróleo y saqueo general similar al que fue instaurado en Iraq tras la toma de Bagdad por las tropas estadounidenses.

    Como expuso Chalmers Johnson, prestigioso ensayista estadounidense, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de California (Berkeley) y profesor emérito de la Universidad de San Diego, en su ensayo “Las amenazas del imperio. Militarismo, secretismo y el fin de la república” (Ed. Crítica, Barcelona, 2004), “la prueba más significativa de que el petróleo constituía una motivación fundamental fue el comportamiento que tuvieron las tropas norteamericanas en Bagdad después de entrar en la ciudad, el 9 de abril de 2003. Protegieron con gran eficacia la sede del Ministrio del Petróleo iraquí, al tiempo que se mostraron indiferentes hacia los saqueadores que quemaron los Archivos Nacionales y la famosa Biblioteca Coránica de la ciudad y durante dos días desvalijaron el Museo Nacional, despojándolo de unas antigüedades de valor incalculable. Lo mismo sucedió con el Museo Nacional de Mosul. Mientras, los infantes de marina hacían pintadas en algunas de las murallas más antiguas del mundo, en el lugar donde se alzaba la ciudad sumeria de Ur, cerca de Nasiriya, el ejército ya estaba construyendo una guarnición permanente junto a la base aérea de Tallil, para proteger los yacimientos de petróleo del sur del país”. Comportamientos que poco tienen que envidiar a los de los denostados talibanes o a la barbarie extrema exhibida cada día en Siria por los milicianos del Estado Islámico.

    Para acelerar el momento del ataque a Siria y justificarlo ante la opinión pública mundial, a finales de agosto de 2013, Barack Obama, Francois Hollande y David Cameron acusaron a las tropas del Gobierno de Bashar Al-Assad de haber utilizado armas químicas cerca de Damasco el día 21 de ese mismo mes, causando más de quinientos muertos y unos dos mil heridos. Con esta excusa, calco exacto de la empleada para atacar a Iraq, después de afirmar que Siria había violado “la línea roja” que poco tiempo antes Obama había establecido, la Casa Blanca decidió que había llegado el momento de emplearse a fondo para intervenir militarmente y derrocar de una vez a Bashar Al-Assad empleando, a falta de un mandato expreso de las Naciones Unidas, una coalición militar ad hoc en la que sus comparsas europeos preferentes, Gran Bretaña y Francia, desempeñarían un papel fundamental, tal como hicieron en Libia. Pero estos planes se torcieron cuando el primer ministro británico, David Cameron, temeroso de que le ocurriese como a su predecesor, Tony Blair, por la guerra de Iraq, se vio forzado a abandonar el deseado proyecto después de que una abultada derrota en el Parlamento hiciera tambalear a su Gobierno.

    A pesar del descuelgue británico, François Hollande mantuvo que Francia seguía dispuesta a atacar a Siria: “Cada país es soberano para participar o no en una operación. Eso vale tanto para Reino Unido como para Francia”, indicó en una entrevista concedida al diario “Le Monde”, en la que destacó que “la masacre química de Damasco no puede ni debe quedar impune”. Hollande añadió que “si el Consejo de Seguridad se ve impedido para actuar, se formará una coalición, que deberá ser lo más amplia posible. Se apoyará sobre la Liga Árabe, que ha condenado el crimen y ha alertado a la comunidad internacional”, añadió Hollande. El incondicional apoyo francés no bastó para que Obama se decidiera a invadir Siria mientras llevaba a cabo su promesa de retirar las tropas de Iraq y presionado por una opinión pública que mayoritariamente condenaba el inicio de nuevas y costosas aventuras militares, Obama se limitó a seguir facilitando ayuda a los “islamistas moderados”, estableciendo un plan con el rey Abdalá bin Abdelaziz, en virtud del cual Arabia Saudí se haría cargo del entrenamiento de estos mercenarios en su propio territorio, desde donde serían enviados a Siria por la frontera turca. Es de destacar que, al día de hoy, nadie haya sido capaz de identificar a estos “islamistas moderados”, ni de señalar en qué escenarios operan sus efectivos.

    Al analizar los hechos, el conocido periodista estadounidense Seymour Hersh demostró que el presidente Obama no sabía lo que había pasado en la periferia de Damasco y que mintió cuando dijo tener pruebas de la culpabilidad del Gobierno sirio, al igual que hizo el presidente George W. Bush sobre la presencia de “armas de destrucción masiva” en Iraq. En unas sonadas declaraciones realizadas a finales de ese mismo mes de agosto, en plena ofensiva propagandística estadounidense, Hans Blix, inspector jefe de armamento de Naciones Unidas para Irak de 2000 a 2003, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) de 1981 a 1997 y ministro de Asuntos Exteriores de Suecia entre 1978 y 1979, declaró indignado que “si el único objetivo de la intervención militar es “castigar” a Al-Assad para complacer a la opinión pública y a los medios de comunicación sin siquiera oír los informes de los inspectores de la ONU, será un día triste para la legalidad internacional”, añadiendo que “tanto si se trata de Obama en Siria como de Bush en Irak, EE. UU. no es la policía del mundo”.

    Ante la imposibilidad de demostrar el uso de las armas químicas por parte de las fuerzas gubernamentales sirias y alejada nuevamente la inminencia del ataque final proyectado por Washington gracias a la brillante ofensiva diplomática realizada por Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso y del representante ruso en la ONU, Vitali Churkin, en defensa de una solución diplomática al conflicto sirio, las Fuerzas Armadas leales al Gobierno de Damasco comenzaron a llevar la iniciativa en su lucha contra las milicias yihadistas del Frente Al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda, con una serie de exitosas operaciones a finales de 2013 y en los primeros meses de 2014 que empezaron a inclinar la balanza de la guerra desencadenada a favor del Gobierno de Damasco. Fue entonces cuando hizo su aparición un nuevo grupo yihadista, que comenzó a ser conocido “Estado Islámico de Iraq y el Levante”, abreviado con el acrónimo EIIL. También se utilizaron las siglas ISIS, que proceden del nombre en árabe “Islamic State of Iraq and al-Sham”, donde Sham hace referencia al Levante o a la Gran Siria. En su rápida expansión, mientras fue conquistando buena parte de Iraq y Siria a lo largo de 2013 y durante la primera mitad de 2014, ambas palabras (“Irak” y “Sham”) desaparecieron del nombre oficial del grupo, que a partir del 29 de Junio de 2014 pasó a llamarse simplemente Estado Islámico (EI).

    Estado Islámico introduce una nueva dimensión en la conflictiva escena del Oriente Medio ya que sus pretensiones son de una ambición sin precedentes: liquidar las consecuencias derivadas de la aplicación de los Acuerdos Sykes-Picot, firmados secretamente por Gran Bretaña y Francia en 1916, de los que deriva la actual división territorial de la zona. Por el rechazo a Occidente y por el deseo de unir a todo el mundo musulmán en un mismo califato, el Estado Islámico quiere borrar las fronteras entre los países y rediseñar un nuevo mapa del Oriente Medio, que, ¡oh, coincidencia!, es exactamente lo que pretende Estados Unidos desde el 11-S, bajo la falsa excusa de su proclamada guerra contra el terror, en virtud de la cual, el presidente Bark Obama se concede a sí mismo licencia para actuar como policía global sin control de las Naciones Unidas y con la sola complicidad de las naciones aliadas de EE.UU., verdaderos protectorados del Imperio Americano y, como tal, sometidas a las estrategias militaristas del Pentágono.

    La existencia de tantas milicias islamistas operando en Irak y Siria, con el común denominador de estar armadas, financiadas y dirigidas desde el exterior, constituyó una fuente de rivalidades y enfrentamientos, marcados la mayor parte de las veces por ambiciones de poder encontradas y rivalidades personales. Bajo esta perspectiva, el líder de Al-Qaeda, Ayman Al-Zawahiri, ordenó en febrero de 2014 la disolución del Ejército Islámico de Irak y el Levante (o ISIL, como se le ha conocido internacionalmente), y negado toda relación de este grupo con la organización terrorista fundada por Osama Bin Laden: “Al-Qaeda anuncia que no está relacionada con el Estado Islámico de Irak y el Levante, y que no se le informó de su creación y no la ha aceptado”, dijo Al-Zawahiri en un comunicado reproducido en las webs yihadistas. El ISIL “no es una rama de Al-Qaeda, no tiene vínculos con ella, y nuestro grupo no es responsable de sus actos”, aseguró. Al-Zawahiri confirmó, además, que Al-Qaeda consideraba al Frente Al-Nusra como su “rama autorizada” en Siria, pero la realidad es mucho más compleja, ya que los adversarios del ISIL se agrupaban en el llamado Ejército de los Muyahidines, en la que también aparecía integrado el Frente Al-Nusra. Ante semejante panorama, que obstaculizaba muy seriamente el objetivo común de derrocar al Gobierno de Damasco, los norteamericanos decidieron corregir su estrategia e intervenir para poner orden en el tablero del complicado juego del Oriente Medio, un juego que desde la crisis del Canal de Suez (1956), vienen considerando exclusivamente suyo y en el que, por tal motivo, no cabe una Siria que mantenga relaciones privilegiadas con Rusia.

    Fue entonces cuando apareció en el escenario un personaje de turbia trayectoria: el senador John McCain, el verdadero artífice de la oleada revolucionaria que, en una genial operación de intoxicación propagandística, fue apresuradamente llamada “primavera árabe”, aunque muy pronto fue reconocida como “la primavera otánica”, el marco buscado por los estrategas del Washington para poner en práctica su plan de organizar a su conveniencia los países musulmanes del Mediterráneo, con especial atención a Iraq, convertido desde la guerra contra Sadam Hussein en un caos (“estado fallido”, según los medios de comunicación occidentales) y a Siria, en donde tenían programado actuar siguiendo la misma receta que aplicaron a Libia: lograr lo que podríamos llamar una “guerra civil por encargo”, armando a grupos mercenarios llevados y dirigidos por la CIA, para hacerlos pasar ante el mundo como “rebeldes por la libertad” y luego, una vez conseguido el adecuado grado de enfrentamiento interno, actuar militarmente para imponer la paz “por motivos humanitarios”, valiéndose para ello de la colaboración incondicional de la OTAN, encabezada por sus protectorados europeos favoritos: Gran Bretaña y, sobre todo, Francia.

    Conviene saber que John McCain, líder de los republicanos estadounidenses, es el presidente del International Republican Institute (IRI), la rama republicana de la NED (National Endowment for Democracy), una agencia gubernamental creada en 1993 por Ronald Reagan, cuyo presupuesto depende del Departamento de Estado, para llevar a cabo la parte legal de las operaciones ilegales de la CIA y extender ciertas actividades en coordinación con los servicios secretos británicos, canadienses y australianos.

    En mayo de 2013, el senador McCain estuvo ilegalmente cerca de Idleb, en territorio sirio, donde llegó a través de Turquía para reunirse con líderes de la llamada “oposición moderada”, viaje que sólo se hizo público cuando regresó Washington. La estancia de McCain en Siria fue organizada por la Syrian Emergency Task Force, que, contrariamente a lo que su nombre sugiere, es una organización sionista encabezada por un palestino asalariado del AIPAC, el grupo de presión pro-israelí en Estados Unidos. El objetivo de su estancia ilegal en territorio sirio era reunirse con el estado mayor del Ejército Sirio Libre [ESL]. Según McCain, el ESL se componía «exclusivamente de sirios» que luchan por «su libertad» contra la «dictadura alauita». Como prueba del encuentro, los organizadores del viaje publicaron la siguiente foto:

    En la foto aparece, el senador aparece junto a Ibrahim Al-Badri (alias Abu Du’a), quien figuraba desde el 4 de octubre de 2011 en la lista de los cinco terroristas más buscados por la justicia estadounidense (Rewards for Justice), con una recompensa de hasta 10 millones de dólares para quien contribuyese a su captura, incluido desde el 5 de octubre en la lista del Comité de Sanciones de la ONU como miembro de Al-Qaeda.

    Abu Bakr Al-Bagdadi
    Pero eso no es todo. Un mes antes de su encuentro con el senador estadounidense, Ibrahim Al-Badri, bajo el nombre de guerra de Abu Bakr Al-Bagdadi, había creado el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), siendo todavía miembro del estado mayor del «moderado» Ejército Sirio Libre. Bajo ese nombre reclamó la autoría del ataque contra las cárceles de Taj y Abu Graib, en Irak, ataque que hizo posible la fuga de entre quinientos y mil yihadistas que se unieron a su organización. Aquel ataque estuvo coordinado con otras operaciones casi simultaneas en otros ocho países diferentes. Y los yihadistas liberados en cada una de ellas también se unieron a organizaciones armadas que operaban en Siria. Aquello resultaba tan extraño que Interpol emitió una nota solicitando la cooperación de sus ciento noventa países miembros.

    Al Bagdali, convertido en Califa por obra y gracia de sus aliados occidentales

    Como resulta bien visible, sobre el terreno no existen apenas diferencias entre el Ejército Sirio Libre, el Frente Al-Nusra, el Emirato Islámico, etc. Todas esas organizaciones se componen de los mismos individuos y estos cambian constantemente de bandera. Cuando dicen ser miembros del Ejército Sirio Libre agitan la bandera de la colonización francesa y sólo hablan de derrocar al «perro Bashar». Cuando dicen ser miembros de Al-Nusra, agitan la bandera de Al-Qaeda y dicen querer imponer el islam –el de ellos– en todo el mundo. Y cuando se declaran miembros del Emirato Islámico, hacen ondear la bandera del Califato y anuncian que expulsarán de la región a todos los infieles. Pero, sea cual sea su etiqueta, cometen las mismas fechorías: violaciones, torturas, decapitaciones, crucifixiones y esa larga serie de atrocidades que cada día ofrecen los medios informativos para, acto seguido, culpar al gobierno de Damasco de todos los horrores que Siria viene padeciendo desde marzo de 2011.

    Por mi parte, no he tenido que esperar a ver el curso posterior de los acontecimientos para denunciar en este Blog la feroz campaña propagandística que cada nos ofrecen las agencias de comunicación occidentales para mantener en el limbo a la opinión pública y derivar su indignación hacia Bashar Al-Assad, presentándolo como uno de los peores tiranos de la Historia, capaz de masacrar a su propio pueblo con tal de mantenerse en el poder. Reducir el holocausto sirio a una mera guerra civil entre la tiranía y los defensores de la libertad no es solamente una colosal falsificación histórica sino un ultraje a la memoria de los centenares de miles de muertos, heridos o desaparecidos y a los millones de desplazados que el decretado holocausto sirio proyecta sobre nuestras conciencias. Que la verdad se sepa es a lo menos que deberíamos aspirar.

    (Fuente: http://elsacodelogro.blogspot.com.es/)

    12 noviembre 2015 | 10:42

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