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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Ucrania, un año después del adiós a Yanukovich

Kiev

Miles de personas se manifiestan en Kíev, un año después de la caída de Yanukovich / EFE

Miles de manifestantes acampan en Maidán, la plaza central de Kíev (Ucrania), mientras en otro lado de la ciudad, el presidente, Víktor Yanukovich, abandona la capital. Horas después, el parlamento ucraniano, la Rada, vota a favor de su destitución. Esto sucedió el 22 de febrero de 2014, así terminaban tres meses y dos días de manifestaciones contra el régimen de Yanukovich, pero se iniciaba el actual conflicto en el que vive actualmente sumergida Ucrania.  En Mayo, el país votó en unas elecciones la configuración del nuevo parlamento más cercano a Europa, pero las bases del conflicto ya estaban servidas.

Yanukovich era de Donetsk, una región al este del país con una amplia mayoría de etnia rusa y en la que los ucranianos que habitan ahí son muy cercanos a Moscú y hablan ruso, ya que viven en la frontera entre los dos países. Tras su destitución, en Donetsk y en la vecina Luganks empezaron haber manifestaciones a favor de Yanukovich y del Kremlin. Estas protestas cada vez se fueron radicalizando más hasta acabar en lo que es hoy: una guerra civil entre los prorusos y las fuerzas armadas del régimen de Kíev. Además, ambas regiones votaron en un referéndum separarse de Kíev y constituir las República Popular de Donetsk (RPD) y la República Popular de Luganks (RPL).

Pero este no es el único revés para el gobierno ucraniano. En la península de Crimea, al sur del país y enclavada en el Mar Negro, unos meses antes, en marzo, sus habitantes votaron en un referéndum independizarse de Ucrania y anexionarse a Rusia.

Este año de conflicto nos han dejado episodios tan sonados como el que tuvo lugar el pasado verano, el  17 de julio de 2014, cuando un misil derribó en Donetsk un avión de Malasya Airlines que cubría la ruta de Amsterdam – Kuala Lumpur.  Las 298 personas que viajaban en el vehículo, 283 pasajeros y 15 tripulantes, murieron y hoy en día aún no se sabe quiénes fueron los responsables del ataque, ya que ambos lados culpan al contrario de lo sucedido.

Minks

Putin, Hollande, Merkel y Poroshenko en el encuentro de Minks / 20Minutos

Para intentar poner punto y final la crisis, recientemente, el 11 de febrero Bielorrusia acogió una cumbre entre los presidentes de Ucrania, Petró Poroshenko, Rusia, Vladimir Putin, Alemania, Angela Merkel, Francia, François Hollande, y los líderes de la RPD, Alexánder Zajárchenko, y el RPL, Ígor Plótnitski. Finalmente, se logró consensuar el acuerdo de Minsk II para tratar de poner punto y final a la crisis.  Este es el segundo intento tras el fracaso del acuerdo de Minsk de septiembre de 2014 que si bien no consiguió parar el ruido de las armas, sí que palió la intensidad de los combates.

Esta semana, en el marco de Minks II, Ucrania anunció que inicia la retirada de sus tropas en las zonas de batalla del este del país, uno de los puntos básicos para alcanzar el alto el fuego definitivo.

Un año después de la caída de Yaunovich, Ucrania no encontró la paz. Hoy analizamos con Bricio Segovia, experimentado periodista de la cadena Russia Today y que ha sido enviado especial en Ucrania durante el conflicto, cuál es la situación se vive en ese país, que es la puerta de entrada del gas ruso hacia Europa.

Ahora hace un año de la caída de Yanukovich. ¿Cómo se vivieron esos días en Rusia?

Bricio

Bricio Segovia informando desde las barricadas de Kíev en febrero del 2014 / imagen cedida por Biricio Segovia

Las protestas ya hacía meses que habían comenzado y yo ya me había desplazado a Kiev para cubrir la crisis política. Por eso, no te puedo decir exactamente cómo se vivieron esos días en Rusia, aunque imagino que la tensión estuvo en los despachos del Kremlin más que en las calles.

¿Y en Ucrania?

Por aquél entonces, los activistas habían convertido la plaza Maidán o de la Independencia en un campamento que cada día cobraba un aspecto más dantesco. Recuerdo volver al hotel cada noche cubierto de ceniza porque no paraban de quemar neumáticos para frenar a los antidisturbios y también para calentarse de las gélidas temperaturas. Cada día era muy intenso por lo inestable de la situación, pero eso es lo que lo hacía verdaderamente interesante desde el punto de vista informativo.

La época de la caída de Yanukóvich fue quizá la más peculiar del conflicto porque los periodistas teníamos la sensación de estar en un microconflicto. Todo ocurría en un espacio muy reducido: en el de una plaza y unas pocas calles colindantes donde estaban los edificios ministeriales. Ahora es fascinante ver cómo aquéllas cadenas de hombres desmontando el asfalto de las calles para llenar los sacos con los que construirían sus barricadas fueron el origen de una guerra en toda regla.

¿Por qué crees que los manifestantes se hicieron tan fuertes como para obligar la destitución del entonces presidente?

Creo que coincidieron varios factores. Los manifestantes llevaban ya tres meses en Maidán soportando el frío del invierno y no estaban dispuestos a perder todos esos esfuerzos. Además, desde que a finales de enero se dieron los primeros incidentes violentos, de los que tomó responsabilidad el grupo radical Sector Derecho (Pravy Sektor), comenzaron a ver ciertas concesiones por parte del Gobierno. Se dieron cuenta de que en pocos días a través de varios picos de violencia habían conseguido más que en casi dos meses por la vía pacífica. Las provocaciones y los encontronazos entre los manifestantes y los antidisturbios cada vez eran más frecuentes hasta el punto de llegar a tomar varios ministerios y provocar la destitución del presidente. Esto fue algo que, a mi juicio, marcó el carácter de las protestas. Algo que me marcó es cómo, en febrero, cada vez había más gente que me decía que estaba dispuesta a perder la vida por esa revolución.

Pese a que la gota que colmó el vaso fue el acuerdo comercial con la Unión Europea que Yanukóvich descartó, el verdadero motivo que mantenía a tantos miles de personas en Maidán era el desgaste provocado por un sistema sumido en la corrupción y controlado por una oligarquía centrada en la familia Yanukóvich.

¿Un año después, cómo es la Ucrania que nos encontramos ahora?

Los ucranianos del movimiento “Euromaidán” consiguieron un cambio de gobierno, pero ¿es ese gobierno mejor que el que tenían? En él hay miembros de la ultraderecha. Dos ministros (ecología y agricultura), el viceprimer ministro y del número dos del gobierno, Alexander Sich, pertenecen a Svoboda. Se trata de un partido del que varios miembros de su dirección han sido declarados personas non gratas en Estados Unidos por sus declaraciones fascistas y antisemitas. Se trata de un gobierno que desde un principio optó por dividir a su pueblo. De hecho, una de las primeras medidas que adoptó nada más asumir el poder fue la de prohibir el ruso como lengua oficial, algo que sabían que abriría viejas heridas en el este del país, donde históricamente se sienten más cercanos a Rusia que a los socios europeos. Tanto en el este como en el resto del país, el pastel se lo reparten nuevos oligarcas que se han aprovechado de las nuevas circunstancias. Sí, Ucrania tiene un nuevo Gobierno pero los problemas de base no han cambiado.

Bricio Ucrania

Bricio Segovia visitó en agosto del 2014 un barrio de Izvarino, al este de Ucrania, bombardeado por las tropas de Kíev / imagen cedida por Bricio Segovia

¿Qué intereses se juegan la UE y Rusia en Ucrania?

El interés básico es llevarse a un nuevo socio a su terreno y ganar área de influencia. En el caso de Rusia, había un interés claro: Crimea. Moscú pagaba un alto coste por mantener en la península a la flota del Mar Negro. Tras la anexión, no sólo ha eliminado ese coste, sino que además la popularidad de Putin ha subido notablemente en Rusia. Moscú ha mantenido una técnica de desgaste en este conflicto. Si Ucrania sale muy debilitada de este conflicto, es posible que se frene el proceso de su integración en la Unión Europea y en la OTAN.  Ucrania es clave en un plano tanto militar como geopolítico y económico. Algo más del 75% de las exportaciones de gas ruso van destinadas a países de la Unión Europea, y de ellas, más de la mitad pasan por territorio ucraniano. Además, Ucrania depende casi por completo del gas ruso, un arma de presión que ha utilizado el Kremlin en diversas ocasiones.

A tu juicio, ¿qué es lo que ha llevado a firmar ahora el acuerdo de Minks II?

Creo que el desgaste diplomático favoreció la firma de los acuerdos de Minsk II.

¿Crees que con este acuerdo finalmente se podrá alcanzar la paz y poner punto y final al conflicto?

Debemos mantener algo de esperanza en la diplomacia y quienes la representan.

Como periodista, ¿qué ha sido para ti lo más difícil de cubrir este conflicto?

La mayor dificultad es esquivar la muchísima propaganda que hay tanto del gobierno ucraniano como de las autoproclamadas repúblicas del este. También toca lidiar con la propaganda que difunden Rusia y Occidente. Es realmente triste ver lo sumamente parcializada que está la prensa internacional. A menudo sólo se muestra una cara de la moneda. Y si algo constata este conflicto es que nada es blanco o negro. Ni Occidente es el salvador de Ucrania, ni Rusia el de las regiones del este. Cada una de las partes actúa según sus intereses geoestratégicos, como siempre ha pasado en la política internacional. Por todo esto, encontrar cifras o incluso hechos que se correspondan con la realidad es difícil para los periodistas que incluso hemos pasado tiempo en la zona del conflicto.

Durante todo este tiempo que has estado trabajando en terreno, hay algún acontecimiento que te haya marcado especialmente. 

Durante toda la crisis ha habido un momento que ha sido especialmente difícil de asimilar como persona, que no como periodista. Se trata de los ataques por parte de francotiradores en Kiev el 20 de febrero de 2014. Los primeros disparos nos sorprendieron a mi camarógrafo y a mí mientras cruzábamos la plaza Maidán. La gente empezó a correr y a gritar “francotiradores”. Nos refugiamos en el lobby del Hotel Ucrania, custodiado ya por activistas. Y, de repente, se convirtió en una enfermería improvisada. Hasta allí empezaron a trasladar a heridos de bala y también a los que habían corrido peor suerte. En menos de media hora conté doce muertos, colocados en fila uno junto al otro. Un sacerdote daba la extrema unción a los que llegaban más graves. Cuando se calmó la situación, salimos a la calle y al otro lado de la plaza había otra montaña de muertos. Ese día murieron más de 80 personas tiroteados por unos francotiradores de los que, a día de hoy, todavía se desconoce su identidad. Es uno de los tantos misterios que deja este conflicto.

2 comentarios

  1. Dice ser comentario

    pues que el fascismo vuelve a entrar con fuerza en europa.

    eso si, ahora no es un fascismo antijudío sino antiárabe y antimusulmán.

    y en el caso de ucrania vuelve a ser antirruso

    01 marzo 2015 | 20:57

  2. Dice ser Jorge Amarillas

    Muy buen resumen para contextulizar el presente ucraniano. Se entiende por que ambas posturas están confrontadas de tal manera. Lo que me da más “miedo” es la impunidad con el que actúan muchos de ambos bandos y el desconocimiento de la autoría de los atentados. Muy buenos contenido me encanta vuestro blog como Guia

    02 marzo 2015 | 13:57

Los comentarios están cerrados.