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Una Europa más política… ¿Una Europa mejor?

Jean-Claude Juncker, el nuevo presidente de la Comisión Europea. Crédito: EPP

Jean-Claude Juncker, el nuevo presidente de la Comisión Europea. Crédito: EPP

A los que todavía os recuperáis de los comicios europeos –que tuvieron lugar en Mayo- y la “sorpresa” de la reelección de Schulz como presidente del Parlamento Europeo: la diversión en el laberinto europeo continua.

Jean-Claude Juncker, el candidato del PPE a presidir la Comisión Europea los próximos cinco años, ha sido ya formalmente elegido. “La gran novedad” de estas elecciones dio sus frutos, en parte, ayer. Digo dio sus frutos porque, por primera vez en la historia, y tras la aprobación del Tratado de Lisboa en 2009, el jefe del ejecutivo europeo será un candidato que fue propuesto por los gobiernos de los 28 (decidieron que fuera él en el Consejo Europeo de finales de Junio) en función de los resultados de las elecciones.

En otras palabras, tras conocerse la victoria del PPE en la Eurocámara, siendo el partido con más escaños, estaba bastante claro que él sería el candidato propuesto por los gobiernos. Para convertirse en presidente de la Comisión, sin embargo, necesitaba algo más que el apoyo de los 28 –o mejor dicho 26 porque, a Cameron, Juncker no le hace ni pizca de gracia y Hungría también se opuso-. Tal como establecen los tratados necesitaba, además, ganarse una mayoría -al menos 376 de 751 votos – en el Parlamento (de ahí eso de “más poderes para el Parlamento”).

Abrazando a la mayoría

La prueba de fuego tuvo lugar ayer en la sesión plenaria en Estrasburgo. Tras un discurso que abrazaba la mayoría y con guiños a casi todas las ideologías escuchándole, Juncker consiguió el apoyo de 422 eurodiputados.

Así, durante su discurso “Un nuevo comienzo para Europa”, prometió entre otras cosas un paquete de estímulo (del que poco se sabe) que estará listo antes de marzo de 2015. “El objetivo es movilizar 300.000 millones de euros en inversión pública y privada en los tres próximos años”, dijo. Y es que aunque reconoció que hubo errores en la gestión de la crisis y que no se sale de una crisis solo con recortes, dijo preferir mirar hacia el futuro (claro) y priorizar el crecimiento.

También habló de un emplazamiento de la Troika que evalúe el impacto social que pueda tener cualquier programa, de más solidaridad en la política de inmigración, de una Comisión Europea que ejemplifique la igualdad de género, de más energías limpias y de más mercado –entre otros, mencionó un acuerdo comercial con Estados Unidos “razonable y equilibrado”.

La hipocresía revolucionaria

En el pleno, varios parlamentarios cuestionaron que él pueda ser el hombre que revolucione Europa. Y es que este casi sexagenario ha estado en primera línea de la política europea durante años. Además de ser primer ministro de Luxemburgo -ese pequeño país conocido por ser un paraíso fiscal- desde 1995 hasta 2013, ha sido también presidente del Eurogrupo desde 2005 hasta 2013 –momento en el que se han tramado y aplicado los llamados rescates- y fue una vez gobernador del Banco Mundial y el FMI.

¿Será un nuevo comienzo de verdad? ¿O será más de lo mismo? ¿Qué podemos esperar de este veterano? ¿Cuál será el efecto de la “politización” del Ejecutivo, hasta ahora, supuestamente neutral?

La semana pasada acudí a un debate sobre los retos del nuevo Parlamento Europeo, algo que viene a ser lo mismo que los retos para Europa en los próximos años. Uno de los ponentes, el economista griego Haris Golemis, dijo: “No importa cuán buenas sean las propuestas que lleguen si no hay voluntad política de verdad”. Veremos qué pasa.

 

BLANCA BLAY

@BlancaBlay

blanca.blay@gmail.com

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