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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

“Durante la dictadura de Sadam, todo estaba prohibido”

Un helicóptero aterrizando en Iraq / The US Army

Un helicóptero aterrizando en Iraq / The US Army

Hashim Almadani parece un chico normal. Tiene 28 años y lleva tres viviendo en Barcelona. Llegó a la ciudad para aprender castellano y empezar una nueva vida en un país libre. Parece, porque nació en Irak en 1984 y ha pasado el 70% de su vida bajo una dictadura que ha marcado su optimismo y sus ganas de vivir. Ésta es la primera parte de una entrevista que repasa su vida en su país, al que ha decidido no regresar jamás.

En la Primera Guerra del Golfo (1990-91), Hashim tenía siete años y vivía en Bagdad, en el seno de una familia de clase media alta. Tiene pocos recuerdos de aquella guerra, aunque el fuego está presente en su memoria. Para esquivar los peligros de la capital se trasladó a Diala, donde vivían otros miembros de su familia, a unos 70 kilómetros al noreste. “Lo recuerdo como un campamento de verano”, dice con una sonrisa. Durante los bombardeos se quedaban en casa, pero desde el jardín veían pasar algún misil y aplaudían. “Éramos niños, no entendíamos nada de lo que estaba pasando”.

“Desde fuera siempre se piensa en la vida durante la guerra, pero lo peor viene después”, afirma. Las infraestructuras iraquíes ya eran bastante pobres antes de la primera intervención estadounidense, pero todo empeoró en la posguerra. “La situación tocó fondo en 1997, cuando llegamos un nivel de pobreza inimaginable”, rememora este informático. En su familia, de clase media alta, tuvieron dificultades incluso para comprar una camiseta. “No podíamos hacer nada, ni emprender un negocio, porque la gente, que cobraba mal y tarde, no tenía dinero para consumir”. Hashim cuenta que muchas personas “normales” empezaron a robar para poder comer.

Al inicio de la contienda un dinar iraquí equivalía a 3,6 dólares, pero en el 97 un dólar llegó a valer 3000 dinares. La devaluación afectó a todos los sectores; también a la educación. Los profesores ganaban 7000 dinares al mes, unos tres dólares. “Bajaron mucho el nivel para dar clases privadas porque no tenían para sobrevivir”. Hashim tuvo que pagar varios de estos cursos, sobre todo en secundaria, para mejorar su formación.

Dado el panorama, su familia emigró a Jordania, destino de muchos otros iraquíes. Pero él se quedó para terminar la carrera porque en el sistema jordano los iraquíes tenían que retroceder uno o dos cursos para igualar el estándar educativo del país. “Ésa era la excusa, pero en realidad querían sacarte el dinero”. Esperó hasta 2007 y cuando se reunió con su familia, recién licenciado en informática, vio como muchos de sus amigos seguían estudiando mientras él empezaba un máster de comercio internacional. “Aguantar tuvo su recompensa”, dice orgulloso de sus sacrificios.

No han sido pocos. El 70% de su vida ha pasado por una dictadura tan cruel como fue la de Sadam Husein. “Todo estaba prohibido”, resume, “y para todo se pagaba un precio muy alto”. Recuerda que no podía viajar y que todo era carísimo como, por ejemplo, comprar un coche. Además, el control de la información era férreo: cada dos horas Sadam aparecía dando un discurso grabado por televisión. “La misma cinta se repetía a las 17h, a las 19h y a las 21h”, evoca, “¡hasta se interrumpían los partidos de fútbol!”

El 11 de septiembre de 2001, Hashim estaba en Bagdad. No supo lo que estaba pasando: “en un país tan cerrado al exterior, tardamos días en saber lo que sucedía”. Su memoria habla de una televisión iraquí que celebraba el golpe al enemigo sin saber que un año y medio después, aquellos acontecimientos propiciarían una invasión injusta pero deseada. “En ese momento no vimos la relación, pero días antes de que Estados Unidos nos bombardeaba, ya sabíamos lo que venía”.

La irrupción de Bush en la escena puso fin a una dictadura interminable. La sensación de que el régimen nunca caería era tal que los iraquíes convirtieron la frase “cuando muera Sadam”, en un dicho popular que servía para expresar todo lo que no iba a pasar jamás. “Si te preguntaban `¿cuándo vas a dejar de fumar?´, contestabas con esa expresión”, bromea. Muchos iraquíes celebraron la llegada de los estadounidenses, sin saber que 2003 marcaría una nueva etapa que a día de hoy galopa hacia una nueva guerra civil. Pero de eso hablaremos en la segunda parte.

ESPERANZA ESCRIBANO

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