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El precio del crecimiento: la pesadilla de los haitianos en Brasil

El Mundial, la Copa América, los Juegos Olímpicos, todo bañado de sol, música y playa. El crecimiento de Brasil es espectacular y, encima, en un escenario aparentemente idílico, pero detrás del paraíso también hay rostros amargos, desesperación y desolación, como el de miles de personas de países vecinos que hacen auténticas odiseas por todo el continente para llegar a Brasil. Van en coche, avión, por mar, cruzan la Amazonia, los Andes, parajes inhóspitos para llegar a un soñado trozo de cielo, bajo la promesa de trabajo, que luego se convierte en su auténtica pesadilla.

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El albergue de Brasileia estaba desbordado y tenía problemas para atender a la constante llegada de haitianos./ Angela Peres/Secom/Conectas

Este es el caso de los haitianos, varados en la Amazonia brasileña. Y es que si Brasil es el rostro del éxito, el de Haití el de la desesperación. Antes del terremoto del 2010, este pequeño país caribeño ya era el más pobre de todo el continente, con índices de desnutrición infantil, pobreza o analfabetismo equiparables a los países africanos. Esto se acentuó con el sismo del 2010. Y, desde entonces, se ha disparado la salida de jóvenes haitianos que se van fuera de su país en busca de una vida mejor, ya sea para estudiar o trabajar.

Al principio, muchos de estos jóvenes cruzaban toda Sudamérica para intentar llegar a la Guyana francesa y de ahí hacer el salto a Francia, donde hablan francés como ellos. Ahora, su destino es Brasil, para ellos la tierra de las oportunidades, según les dicen las redes de tráfico de personas que los captan en Puerto Príncipe.

El Servicio de Refugiados y Migrantes Jesuita (SRMJ) de Ecuador explica que viajan hasta este país andino, que es el único de Sudamérica que no les pide visa para entrar, para luego iniciar un periplo por Perú hasta llegar a la Amazonía brasileña, concretamente al estado de Acre. Aquí, por eso, se quedan semanas o incluso meses retenidos sin poderse mover o sin saber qué hacer.

“La situación en Acre, es un caso de emergencia humanitaria”, según Camila Asano de Conectas Deroitos Humanos, una ONG de Brasil que ha llevado esta situación hasta la ONU. El drama se ha incrementado exponencialmente este año. Cada vez, empezaron a llegar más haitianos, de 20 o 30 al día, pasaron a ser unos 80, por lo que Acre pidió en enero al gobierno de Brasil que cerrara su frontera con Perú, algo que Brasilia negó. La situación era tan dramática que en un albergue con capacidad de 300 personas, había hacinadas 1.200, explicó Asano.

Pero la solución final que ha encontrado Acre, lejos de rebajar el problema, lo ha incrementado. A principios de abril, este estado decidió cerrar el albergue y repartió los haitianos, 1.700 en ese entonces, por las diferentes ciudades del país. Las autoridades de Sao Paulo, una de las ciudades donde este fin de semana llegaron los haitianos en buses pagados por el estado de Acre, confesaron que nadie les había advertido del arribo de estas personas, por lo que no se han podido preparar para atenderlas.

“Estamos pasando por una humillación muy grande. Vinimos a Brasil en busca de una vida mejor, pero esto no parece ser mucho mejor de lo que yo tenía en Haití. La última noche, dormí bajo la lluvia. Llevo sin ducharme ni comer desde que llegué, hace tres días, y no sé cuándo conseguiré un empleo”, denuncia el fotógrafo haitiano Demet Debuier, de 28 años, según una declaración que recoge Noti America en su web.

Brasil sigue una política de no devolución de los haitianos. De hecho, les otorga una visa humanitaria para cinco años, porque entiende que no pueden volver a su país devastado por el terremoto. Por el momento, 10.000 haitianos se han beneficiado de esta visa, que también pueden obtener en las embajadas de Brasil en Puerto Príncipe, Quito y Lima.

Sin embargo, el problema dentro de Brasil se agudiza, porque aunque los haitianos pueden estar de una forma regular, muchos de ellos están desamparados en este país, viven en una situación vulnerable y es fácil que caigan en redes de explotación laboral.  En noviembre de 2013, por ejemplo, las autoridades brasileñas rescataron a un centenar de haitianos que trabajaban como esclavos en una mina de la localidad Conceição do Mato Dentro, en el estado de Minas Gerais, en el sudeste del país.

 

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