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Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Brasil 2014: Del latin-american dream al fiasco mundial

Con Dilma Rousseff ocupada en conseguir inversiones en Davos por la economía que se desacelera, Brasil se despertó esta mañana con la noticia de que muchos de los negocios de Río de Janeiro y San Pablo permanecerán cerrados por miedo a jóvenes de clase baja que se reúnen en sus puertas, los rolezinhos. Cómo el Pais Tropical pasó de ser el sueño americano de Latinoamérica al gigante con los pies de barro, sin escalas.

Estadio brasileño - fifa.com

Estadio brasileño – fifa.com

La organización de un mundial de fútbol y unas olimpíadas son sin duda el manifiesto de una enorme confianza depositada por “el mundo” – o al menos la FIFA y el Comité Olímpico – a un país. Esto significa varios meses de evaluar el proyecto, explorar las capacidades y decidir por qué se elige una sede que, por ejemplo, no había organizado un evento de esta magnitud en los últimos 64 años.

Brasil fue seleccionado por su economía, que lleva un crecimiento constante desde hace 20 años, por su atractivo turístico (carnaval, fiesta, samba, playas, caipirinhas) y por su “experiencia” en eventos deportivos, siendo uno de los lugares en los que el fútbol convoca multitudes. Y probablemente porque hasta hace un año Brasil parecía un país implantado en Latinoamérica, que poco tenía que ver con los magros progresos sociales del vecindario.

Sea cual fuera la razón, hoy los mismos que doraban la píldora del gigante, cuestionan su capacidad. Son muchos los que ya se han manifestado en contra de la organización, ya sea por las dificultades técnicas o directamente porque creen que un país en vías de desarrollo no debería tener este tipo de prioridades sino otras como Salud, Educación y Seguridad.

Como si la quiebra Eike Batista los hubiera despertado de un sueño, de pronto todos dejaron de ver el famoso 7% de crecimiento sostenido y se fijaron en los datos de la ONU y el Banco Mundial que estiman que aún un 21% de los brasileños vive por debajo de la línea de la pobreza,  y que más de un 15% lo hace sin acceso a agua potable y cloacas y hasta con serias dificultades para el acceso al correo y al teléfono.

No hablemos de internet, rutas, aeropuertos, transporte y estadios capaces de soportar los dos eventos que constituyen un desafío mayor para el Estado más grande de Sudamérica. Sumando, sumando, llegamos a los costos astronómicos que este mundial está teniendo para los brasileños.

Es que Brasil está teniendo problemas hasta con el césped. El embajador del país en la FIFA,  Ronaldo, contó a AP que en su primer club, el Sao Cristovao, de Río, se usaban cabras para recortar el pasto. Y me imagino que ahora se quedaron sin cabras suficientes frente al enorme desafío.

Otro manifiesto de las dificultades es el derrumbe del estadio Arena Corinthians. Y así otros tantos problemas derivados de la construcción de infraestructuras en un tiempo récord, sin mencionar el saneamiento de las favelas y la prevención contra grupos barrabravas violentos (brasileños y argentinos), que es tema para escribir otro post. Otro día.

No me malinterpreten. Brasil es un país con un atractivo enorme y me declaro una amante apasionada de la bossanova, la forma de vida brasileña, el renovado emprendedurismo, las luchas agrarias, la prosa y el arte brasileño, la samba, las playas y su melodioso acento portugués.

Y como buena enamorada, me cuesta mucho encontrarle defectos.

Sin embargo la realidad muestra las grietas de un país que hasta hace poco estaba entre la espada y la pared por protestas callejeras en contra de la actual situación social, o que fue acuciado por casos de corrupción como el mensalao, que aún se investiga.

No quiero ser aguafiestas. A pesar de mi aversión al deporte puedo ver que la organización de este tipo de eventos ponen a las ciudades en una órbita distinta y dan prestigio, además de generar trabajo y atraer inversiones.

Basta con recorrer Barcelona y evaluar cuántas estructuras fueron realizadas para las Olimpiadas. En este caso, se estima que los juegos de Barcelona costaron 6,7 millones de euros y generaron un beneficio de alrededor de 12 millonesademás de convertirla en un lugar de paso obligado para los turistas que visitan España.

Pero en Brasil, que no está amparado por el ala de la Unión Europea y que tiene altos índices de desigualdad y conflictividad, tal vez las cosas no se den de la misma manera. El tema es complejo y el debate es largo. Igual tranquilos que, como pasó ya tantas veces, nos olvidaremos del tema cuando suene la pitada de inicio.

 

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