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Ese naranja butano que pesa sobre Obama

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Activistas de Amnistía Internacional piden el cierre de Guantánamo. Amnesty International USA

Pesa sobre él, sobre el país. Pesa como una losa. La prisión de Guantánamo es la piedra en el zapato de Obama y también de Estados Unidos. Cuando relevó a George Bush como presidente Obama heredó la guerra contra el terrorismo iniciada a raíz de los atentados del 11-S en 2001. Guantánamo pretendía ser eso: el símbolo de la guerra contra Al Qaeda, la fuerza de un país medida en rejas, el miedo encerrado entre paredes frías.

Lo sería costara la que costara, literalmente. Según calculan abogados a favor del cierre del centro de detención, mantenerlo abierto cuesta ni más ni menos que 2,7 millones de dólares (cerca de 2 millones de euros) al año por cada preso. Para Bush el precio más alto ya se había pagado. Así, el 11 de enero de 2002 los primeros detenidos empezaron a llegar a Guantánamo. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, era una demostración de poder.

Desde entonces, un máximo de 779 personas han estado en el centro de detención durante varios años. Ahora sólo quedan 155 presos, la mayoría de ellos provenientes del Yemen. Del total de 779 presos que han llegado a ver con sus propios ojos algo de lo que poco se sabe, sólo siete han sido condenados y sentenciados. ¡Siete! Otros nueve murieron en el centro y 615 han sido transferidos a países como Afganistán, Arabia Saudita o Pakistán (en la mayoría de casos, sus países de origen).

En los últimos doce años centenares de presos han llegado a la bahía de Cuba sin saber cuándo saldrían. Bush no quiso que su condición fuera de “prisioneros de guerra” así que el 7 de febrero de 2002 se determinó que los detenidos serían “enemigos combatientes en la guerra contra el terrorismo”. De este modo, quedaban fuera de la protección de las convenciones de Ginebra.

Con la llegada de Obama parecía que la suerte de esos presos iba a cambiar. En 2009 el presidente ordenó el cierre de Guantánamo en un año, una de sus principales promesas electorales. “Pretendemos ganar esta pelea. Vamos a ganarla en nuestros términos” dijo Obama tras firmar los decretos. Su decisión permitió a muchos acusarle de blando en la guerra contra el terrorismo. Pero su inacción ha sido mucho peor, empezando por la huelga de hambre que iniciaron un buen número de presos, siendo alimentados de manera forzosa.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, que fue de las primeras en recibir con una sonrisa la noticia del cierre del centro de detención, denunció en 2012 que “las instalaciones sigue existiendo y hay individuos que siguen detenidos de manera arbitraria e indefinida”. Estamos ya en 2014 y sigue igual. El tiempo corre y con él la indignación y la vergüenza del país aumenta. Guantánamo fue un error que debe enmendarse y terminar. Los informes sobre métodos de tortura para llevar a cabo interrogaciones, el limbo legal, los papeles de Wikileaks. Ese color naranja butano que visten los prisioneros ha quedado en nuestra memoria. Irak, Afganistán. Es el turno de Guantánamo.

BLANCA BLAY

@Blancablay

blanca.blay@gmail.com

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