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Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

El hundimiento del pirata bocazas

En la Canción del pirata de Espronceda, el protagonista es conocido por su bravura como el Temido. En la vida real, Mohamed Abdi Hassan, el pirata somalí arrestado hace unos días por las autoridades belgas en el mismo momento en que aterrizó en Bruselas, es conocido como Afweyne, que en somalí significa bocazas. Las imprudencias le costaron la libertad al legendario corsario, que viajó a Europa con la falsa promesa de participar en una película sobre su vida y cayó preso de la vanidad. Un desenlace inesperadamente ingenuo para un profesional de la piratería, supuestamente curtido en engaños y negociaciones.

Lejos de la épica del poema, el pirata estuvo implicado en el secuestro del buque belga Pompei, y España sospecha que fue también el cerebro del cautiverio del atunero vasco Alakrana. El fin de sus andanzas llegó justo cuando había dejado dejarlas: en enero había anunciado solemnemente su retirada de la piratería. Junto a él fue detenido también el pasado 12 de octubre su acompañante, Mohamed M. A., alias Tiiceey.

La realidad puede superar a la ficción. Conscientes de que una orden internacional de arresto no lograría detener a Hassan y su compañero, debido a la inestabilidad política de Somalia, la fiscalía belga decidió inventar una trampa digna de los cómics de Tintín. Ofreció a Afweyne, famoso por sus ansias de notoriedad, rodar un documental sobre su vida. No fue fácil, el fiscal federal Johan Delmulle explicó que el plan llevó meses de “paciente” negociación, durante los cuales los agentes se hicieron pasar por productores del mundo del celuloide. El objetivo era atraer hasta Bruselas a Hassan y su compañero Tiiceey, que accedió también a viajar hasta la capital de Hergé con la promesa de participar en el documental como asesor.

La literatura ha encumbrado la figura de los piratas, desde Espronceda hasta el capitán Garfio, con relatos sobre su valentía y su honor. Pero el apodo de Hassan y las consecuencias de sus atrocidades lo alejan de cualquier heroicidad. Su vanidad fue, junto con el ingenio de las autoridades belgas, la clave de la detención. Afweyne, erigiéndose a sí mismo como rey de los mares, anunció al mundo su retirada de la piratería tras años de terror en una ceremonia pública el pasado enero. En su anuncio habló de la “amargura” y las “consecuencias negativas” que varios piratas experimentaron durante años en este “sucio negocio”, como si de un desafortunado designio del destino al que no pudo resistirse se tratara. Cargado de soberbia, hizo un llamamiento a sus camaradas, buscando su redención: “me gustaría animar a muchos de mis colegas a renunciar también a la piratería”. Quería navegar más lejos, su objetivo era consagrarse como consejero del gobierno somalí, para luchar, nada más y nada menos, que contra la piratería. Pero efectivamente, la realidad es más cruel y
como afirma la ONU, Afweyne había transferido a su hijo Abdiqadir las riendas del negocio.

Los célebres piratas no eran dos lobos de mar. Durante ocho años, Afweyne creó una red muy influyente, según la ONU, en la zona de Hobyo Harardheere, Somalia. Para ello aprovechó su antiguo cargo como oficial de la región de Muduf, en el centro del país, y utilizó el argumento de la redistribución de la riqueza para atraer a las comunidades de la zona hacia el lucrativo negocio. También su acompañante, Tiiceey, ostentaba el cargo de gobernador de la región de Adado. Enviaban a sus secuaces a surcar los mares en busca de tesoros, siempre desde puerto. La impunidad con la que actuaban respalda el fatídico resultado de sus aventuras. Como en las epopeyas de los piratas cuya fama llega allende los mares, siempre hay villanos de tierra firme que les proporcionan refugio. Hassan y Tiiceey gozaron de la protección de los gobernantes somalíes para convertir en realidad la pesadilla de los marinos occidentales. Las autoridades de Malasia estuvieron a punto de capturarlo en abril de 2012, pero un documento del gobierno de transición somalí lo dejó escapar, según un informe redactado por expertos de Naciones Unidas. Con un pasaporte diplomático, que otorga a su portador mayor libertad de movimiento que uno ordinario, el bucanero más buscado de nuestros tiempos se codeó con dictadores como Muamar el Gadafi. Afweyne participó en la conmemoración de sus 40 años de poder. Pero como en los finales de los cuentos infantiles de piratas, las fechorías de estos dos atrevidos filibusteros han acabado yéndose a pique.

ESPERANZA ESCRIBANO, Bruselas

@equilibrio_y_yo

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