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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Sáhara, hola y adiós

Por Cláudia Morán

Miles de saharauis, muchos de ellos niños, viven en campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia) / Smaracastellon

Miles de saharauis, muchos de ellos niños, viven en campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia) / Smaracastellon

Mientras me contaba cómo mataban a sus vecinos a tiros, Warda mantenía la vista fija en algún punto del horizonte. Imperceptible, invisible, como ellos, los saharauis. Sólo tenía nueve años y ya había visto la muerte pasar tan cerca. Su familia y vecinos daban una fiesta en sus haimas, en algún lugar a las afueras de Tinduf, en honor a unos invitados marroquíes que les habían ofrecido su amistad. Pensaron que no había nada más noble que un enemigo tendiéndoles la mano. Esa misma noche, muchos fueron asesinados por sus propios huéspedes y otros, como ella y su familia, lograron ponerse a salvo con la intervención del Frente Polisario. Viendo la cara, los gestos y las onomatopeyas con que Warda lo narraba –¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta-tá!– fue fácil saber que no se trataba del producto de la imaginación de una niña, sino de la más desgarradora realidad.

Les conocemos bien. Warda era una de esas miles de niñas -y niños- del Sáhara Occidental que veranean cada año con familias de acogida en España. Dos meses en los que los pequeños disponen de agua, juguetes, ropa y comida en abundancia para después volver a sus campos de refugiados huyendo de un conflicto que se prolonga ya casi 40 años. No dudo de la solidaridad de las familias españolas, pero sí me pregunto si son consecuentes cuando deciden acoger a uno de esos niños. Cuando entran en la preadolescencia saben que no podrán volver a este mundo en el que si se te rompe la bici, te compran otra; y al mismo tiempo son conscientes de que hay un mundo donde se vive mucho mejor y al que ellos no tienen derecho. Después del verano, de un hola y adiós, esos niños no se sentirán mejor. Pero me pregunto: sabiendo que España tiene una deuda eterna con los saharauis desde que -el caudillo- los abandonó a su suerte en 1975, ¿no será este un plan de acogida para que los que nos sintamos mejor seamos nosotros, mientras la clase política -sea del color que sea- continúa sin aportar soluciones efectivas? Y me respondo: Sin duda.

Ni siquiera el levantamiento de Gdeim Izik fue capaz de luchar contra la ambición del Gran Marruecos. Y mientras la ONU sigue sin reconocer la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y es incapaz de poner fecha a un referéndum de autodeterminación; mientras los empresarios de toda índole hacen prósperos negocios con Marruecos y la diplomacia española (monarquía incluida) rinde tributos a Mohammed VI -al que la historia probablemente recordará como a un genocida– yo sigo preguntándome dónde está Warda. Oí que vive en El Aaiún, pero poco más se sabe de ella. Lo que sí sé a ciencia cierta es que todavía no vive en un Sáhara libre.

Mohammed VI recibe a Juan Carlos I en Rabat (julio 2013) / EFE

Mohammed VI recibe a Juan Carlos I en Rabat (julio 2013) / EFE

CLÁUDIA MORÁN

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