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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Las dos campanas

Dos visiones, dos opiniones. Porque cuatro ojos ven mejor que dos, GS is not an after shave habló sobre las perspectivas futuras del conflicto con Albert Garrido y Julián Schvindlerman, dos expertos en el conflicto árabe-israelí. Ambos aportan un enfoque diferenciado, y sin embargo coinciden en una característica: ninguno de los dos se muestra demasiado optimista sobre las perspectivas futuras.

Albert GarridoAlbert Garrido es periodista, colaborador de El Periódico de Catalunya y profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Pompeu Fabra. Ha realizado distintos viajes a Israel y a Palestina con diplomáticos y es autor del libro ‘La sacudida árabe’, próximo a publicarse.

Cuando se le pregunta sobre las perspectivas futuras del conflicto, Garrido explica: “Salvo sorpresa descomunal, son mucho mayores las posibilidades de que se perpetúe la situación actual o incluso empeore, con la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania”.

“A efectos prácticos, eso es un retroceso porque es el camino justamente contrario a la solución de los dos estados. La división de los palestinos -un Gobierno en Gaza y otro en Cisjordania- es tan negativa para que haya algo remotamente asimilable a un avance como la posición del Gobierno israelí, que marca el ritmo a Estados Unidos y no al revés”, analiza Garrido.

Para este periodista, antes de verse algún cambio verosímil deberían de darse dos circunstancias: que dicho cambio fuese necesario para la seguridad de Israel y/o que fuese necesario para mantener los equilibrios estratégicos en la región, y que Estados Unidos se implicara en la operación.

“Ninguna de estas dos condiciones se da ahora mismo por un sinfín de razones concatenadas: las consecuencias de las primaveras árabes, la guerra de Siria, la retirada gradual de Estados Unidos de Oriente Próximo, la incapacidad de Europa de mediar en el conflicto, el retraimiento de las petromonarquìas, etcétera, etcétera (los etcéteras son muchos)”, agrega Garrido.

Sobre las posibilidades de resolución, Garrido explica que “todo depende de que haya voluntad política y de que la expansión de los asentamientos no haga imposible la solución de los dos estados”.

“Para que vea la luz un Estado palestino viable, seguro y plenamente soberano es indispensable que la colonización de Cisjordania se detenga, lo que está lejos de las intenciones presentes del Gobierno de Israel, y que la situación en Gaza cambie radicalmente. Para que Israel cambie de política es preciso que sienta la necesidad ineludible de hacerlo”, explica.

“En caso contrario, se está más cerca de una configuración a la sudafricana del conjunto Israel-Palestina, con ciudadanos de primera y de segunda, sin posibilidades de una salida a la sudafricana. Eso es tanto como decir que Israel tiende a consolidar su condición de Estado burbuja, enfrentado a riesgos de seguridad permanentes”, asegura Albert Garrido.

Julián Schvindlerman nació en Buenos Aires en 1969. Es analista político internacional, escritor y conferencista especializado en temas de oriente medio, sobre los que ha escrito distintos libros, entre los que se destacan “Roma y Jerusalén: la política vaticana hacia el estado judío” (2010) y “Tierras por Paz, Tierras por Guerra” (2002).

“Las perspectivas [de resolución del conflicto] son bajas fundamentalmente porque la entidad palestina está fracturada en dos zonas geográficas y con liderazgos apartados y ello dificulta enormemente la negociación; y porque aún el sector más moderado, la Autoridad Palestina de Mahmoud Abbas, no ha dado señales claras de flexibilidad necesaria para alcanzar un acuerdo”, explica Schvindlerman.

“Abbas insiste en el “derecho al retorno”, que no es un derecho sino un reclamo palestino, y que desafiaría la naturaleza judía de Israel si se realizara. Él no ha educado a su pueblo hacia la paz, como han hecho los sucesivos gobiernos israelíes. Él no ha guiado con firmeza a su pueblo hacia la coexistencia ni lo ha preparado para realizar concesiones, como varios gobiernos de Israel han hecho”, insiste.

No se trata aquí de objetar tal o cuál política palestina o israelí sino de entender que en su raíz hay una ausencia de genuina vocación de paz del lado del liderazgo palestino. No porque éste deseé la guerra, no creo eso, sino porque no está dispuesto a pagar el precio de la paz: la aceptación completa de Israel como estado judío y la resignación de algunos reclamos nacionales históricos.

Schvindlerman sostiene que la resolución es posible pero poco probable. “De Israel se espera que entregue tierras para dar lugar a la paz. Una proposición extraña dado el tamaño del país. Pero dejando eso de lado, es poco probable que los gobernantes de Israel se sientan inclinados a ceder tierras sobre las que tienen reclamos y que pueden empeorar su situación de seguridad”.

Julián Schvindlerman

Cita como ejemplo que en Israel devolvió el Sinaí conquistado defensivamente a Egipto en 1967. “Hoy esa zona es caótica, manejada por bandas beduinas y grupos jihadistas y todo el país está gobernado por la Hermandad Musulmana que puso en duda la preservación del acuerdo de paz con Israel. Esto no estimula a los israelíes a ser concesivos, pues ¿quién asegura que Abbas estará para siempre garantizando lo que se haya acordado?”, asegura. “Así las cosas, no puedo ser optimista”, sentencia Julián Schvindlerman.

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