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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

¿Quiénes son los lobos solitarios?

lobos solitariosActúan en solitario. Tienen una ideología extremista. Comparten creencias a través de Internet. Creen actuar en nombre de una causa. Rechazan ser tildados de locos. Y ya está. Esta entrada va en “Mundo Árabe” porque se los relaciona con el fundamentalismo islámico y el Islam es la religión mayoritaria en esta región, pero no es justo. Podría ir en cualquier parte.

La sociedad occidental lee periódicos porque necesita que le organicen el mundo. Internacional, nacional, sociedad, deportes, cultura. El mapa del tiempo. Necesitamos poner etiquetas, que cada cosa que ocurre encaje en nuestro sistema de creencias, nuestro imaginario. Y de repente aparecen ciertos hombres, en ciertos lugares del planeta, cometiendo actos violentos que normalmente acaban con la muerte de ciertas personas. Nuestro miedo supremo, el terror, se apodera de nuestras vidas, nada ni nadie está a salvo. Y como lo que no tiene nombre no existe, los medios entran en escena y nombran a estos asesinos: lobos solitarios. El término no lo han inventado ellos, sino Thomas Linton Metzger, un racista fundador del White Aryan Resistance (WAR), que en los años 70 ingresó al Ku Klux Klan y fue expulsado por ser demasiado violento y extremista. Se definía a sí mismo como lobo solitario y a raíz de su éxito literario, la expresión “lone wolf” en la jerga policial se convirtió en la fórmula para designar a “terroristas que operan sin adherirse a una organización mayor”.

Así que ya tenemos la definición, ya sabemos quiénes son. Pero eso no nos servirá de nada, porque la descripción es vaga y ambigua. Ya hemos llamado lobos solitarios a gente como: Mohamed Merah, asesino confeso de siete personas en Toulouse en marzo de 2012 y que decía formar parte de Al Qaeda; o Anders Behring Breivik, asesino de 77 personas en la isla de Utoya, Noruega, en julio de 2011. ¿Qué les une? La forma de actuar, cogida un poco con alfileres, y nada más. El primero es un fundamentalista islámico y el segundo un ultranacionalista de extrema derecha.

El término es tan difuso que crea confusiones incluso para los medios que lo airean. Como la “mayoría” de estos asesinos son musulmanes y actúan en nombre de Alá, se asocia la definición de lobos solitarios con fundamentalismo islámico. Así, medios como Intereconomía identifican la definición con la “yihad terrorista individual”. De esta manera ya tenemos un saco perfecto donde meter a Merah, a los hermanos Tsarnaev, que cometieron el atentado de la maratón de Boston y a Michael Adebowale y Michael Adebolajo, que asesinaron a un soldado británico en Londres hace pocas semanas. Da la sensación de que nuestros medios sesgan: los verdaderos malos son los islamistas, los otros asesinos son casos puntuales. Porque si atendemos a la definición de lobo solitario, en la que no se destaca que la ideología tenga que ser necesariamente el fundamentalismo islámico, ¿no sería entonces Adam Lanza, el asesino de 26 personas en la escuela Sandy Hook de Newtown, uno de ellos? ¿Quiénes son entonces los lobos solitarios?

No lo sabemos. No lo sé yo, ni lo sabe usted. No lo saben nuestros gobiernos. Prevenir la actuación de los lobos solitarios es la pesadilla de los servicios de inteligencia de todo el planeta. No informan. No conspiran con otros. No tienen una organización detrás. Sólo sabemos que son asesinos. Hace ya mucho tiempo que estas amenazas son transnacionales y no se puede responder a un ataque así con una guerra, como Estados Unidos hizo en Afganistán, porque el terrorismo, con lobos solitarios o sin ellos, ya no pertenece a un Estado. Y está por ver que los lobos solitarios sean siempre terroristas, porque sencilla y llanamente, no sabemos qué son. Por eso les ponemos ese nombre, porque su espectacularidad esconde nuestro total desconocimiento.

Nosotros podemos morir en un acto de un lobo solitario, como hasta hace poco podíamos morir en un atentado de ETA, como podemos morir en cada acto de nuestras vidas, si simplificamos mucho el asunto. Y la esquizofrenia de detener a personas con una ideología islamista no es la solución, es una violación más de los Derechos Humanos con la excusa de la seguridad del Estado. Pueden espiarnos como hacía la Stasi -si no han visto “La vida de los otros” es muy recomendable- o como hace a día de hoy la Administración Obama. Pero sencillamente, no podemos controlarlo.

(Y en cuanto a los islamistas, quizá la forma de prevenir que atenten contra Occidente es que nuestros gobiernos dejar de meter sus narices neocolonislistas en el desarrollo de la parte del mundo donde el Islam es la religión mayoritaria. Es sólo un consejo.)

Esperanza Escribano

@equilibrio_y_yo

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