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Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Dormíamos, despertamos. Madrid

4da0b25384df9463f83a1ca8c47be3e4Antes de mayo de 2011 ya estábamos indignados. No sabría decir si con más o menos energía que ahora, más o menos frescura. Pero hasta un año antes, mayo de 2010, conocíamos a V de Vivienda, a Juventud Sin Futuro, a todo el movimiento anti-Bolonia, y nos informábamos sobre movimientos en la red, desde Anonymous a Wikileaks. Participábamos en manifestaciones, concentraciones, quizá alguna asamblea. Y dos o tres meses antes del 15 de mayo de 2011, empezamos a leer por las redes sociales que existía una plataforma llamada Democracia Real Ya (DRY). Esta plataforma, con diversos apoyos, convocaba a una manifestación el día 15 de mayo. ¿Y qué decía aquella manifestación? Que estábamos indignados, que no queríamos que el pueblo llano pagara la crisis provocada por políticos ineptos, banqueros y empresarios con gran ánimo de lucro, nefastos gestores y nepotistas. Mensajes claros organizado por, para y desde abajo. Sin sindicatos, ni grandes ni pequeños, ni asociaciones tradicionales.

La manifestación sorprendió y pilló a políticos y medios de comunicación con el paso cambiado. A los que hacemos
nuestra vida abajo, en las calles, hablamos con la gente, estamos en las redes sociales que reflejen la realidad y no la de las instituciones y las marcas, no nos sorprendió tanto. Que hubiera tantísima gente sorprendió hasta a sus organizadores. Pero estábamos indignados, ¿qué esperaban? Y la manifestación no fue nada. Fue un medio para un fin, como fue la acampada. Porque quince personas con tiendas de campaña en la puerta del Sol tampoco son el cambio. Son los pioneros, los que fueron un paso por delante. Pero la explosión no está en la manifestación o en la acampada.

La noche del 16 de mayo, la policía desalojó la acampada de Sol. Se había convocado una asamblea a las 8 de la mañana en la plaza, que corrió como la pólvora por las redes sociales. Pero aquella mañana no había ni un alma en la plaza. El pavimento estaba mojado, por los equipos de limpieza del Ayuntamiento de Madrid y quedaba algún barrendero. Pero el movimiento seguía a unos cientos de metros, en una asamblea en el CSO Casablanca. Allí se pensó qué hacer, desde convocar a los medios hasta esperar unos días. Pero la decisión, quizá desesperada, o quizá brillante, fue convocar una concentración a las ocho de la tarde en la Puerta del Sol para apoyar a los compañeros que habían sido desalojados, seguir reclamando una democracia real, participativa, y celebrar una asamblea.

No sé qué sensación tuvieron los demás. La mía es que seríamos cuatro y el de la guitarra. 029a1f3838eb9d7cd637bf922bd68413 Bueno, cuatro y unafurgoneta de la policía en cada bocacalle que desemboca en Sol. Cuando bajamos junto a unos cuantos compañeros desde la plaza de Benavente, no pensé que en 100 metros cambiaría la realidad de los movimientos sociales en España para siempre. Quien llevaba, como quien dice, toda la vida implicada en movilizaciones, estaba acostumbrada al fracaso, a la escasa movilización, a las ideas y proyectos que no se pueden llevar a cabo porque no hay gente comprometida. Pero de repente, todo cambió.

Lo que aquella tarde sucedió en la Puerta del Sol, es casi indescriptible. Miles de personas, convocadas en cuestión de horas a través de un canal tan poco oficial como las redes sociales, estaban allí. Allí para decir que no, que no nos representan. Aquella tarde, nos sentamos en la plaza sólo para admirarnos, para dar cuenta de que no podíamos hacer una asamblea porque éramos muchísimos y mucho más fuertes que nunca. Aquella tarde lloramos, nos abrazamos, compartimos la indignación y transformamos la rabia en alegría, en la energía que desde entonces mueve nuestras mentes, nuestras acciones. Porque aquella tarde, Madrid fue Tahrir.

Y desde entonces, en cada ciudad hubo una Tahrir. Y en cada barrio. Todas las plazas de España fueron Tahrir, al menos durante unos instantes. Y después de ser Tahrir, fueron pequeñas historias, pequeñas luchas del día a día, foros, debates, asambleas, acciones. Y lo son hoy en día. El 15M sigue, ahora ya no es tan visible, que es lo único que buscan los medios de comunicación, pero sí mucho más útil de lo que pensamos cuando nació. Y para quien no lo crea, ahí va un dato: entre muchos otros ejemplos, en agosto de 2011 se habían parado 67 desahucios. En el momento de redactar esta noticia esa cifra es ya de 654.

Porque si hemos aprendido algo en dos años, es que sí se puede.

E. ESCRIBANO

1 comentario

  1. Dice ser Teresa

    Doy fe. Asi fue. Yo estuve alli y senti esa misma sensacion , pero no se reflejarlo tambien con palabras. Enhorabuena por vuestra iniciativa

    17 mayo 2013 | 21:15

Los comentarios están cerrados.