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Eduardo Suárez, ganador del premio de periodismo García Márquez: «Me parece extraño que no me haya felicitado el director del periódico»

Eduardo Suárez en la entrega de los premios de periodismo García Márquez. Medellín, octubre, 2014.

Eduardo Suárez en la entrega de los premios de periodismo García Márquez. Medellín, octubre, 2014. Foto: Jorge Porras.

Eduardo Suárez (León, 1979) recibió en Medellín, Colombia, el premio García Márquez de Periodismo el mismo día que el diario El Mundo publicó su último artículo. Después de 14 años, el periodista se acogió a un plan de salidas voluntarias del periódico. Conversamos en Madrid poco después de que llegara de Medellín con un teclado –como el de los Mac de sobremesa, pero más pesado porque está realizado en bronce– que acredita el premio y 15.000 dólares.

Suárez obtuvo el galardón que concede la FNPI en la categoría de texto por un reportaje que realizó en Alaska 25 años después de la catástrofe ecológica del Exxon Valdez. María Ramírez (hija de Pedro J.), su esposa y compañera de trabajo, asiste a la conversación e interviene solo para matizar algún dato. Ambos han dejado El Mundo y están pensando en cómo trasladar sus libros desde Bruselas (el último destino como corresponsales) a Madrid.

En la conversación, evita utilizar el nombre de Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo, a quien se refiere como “el actual director del periódico”.

Se te ve feliz con el premio.

Sí, mucho. Ha sido muy especial y más por las circunstancias. Es un estímulo en un momento en el que me voy del periódico, después de unos meses difíciles y con una relación bastante mala con el director actual de El Mundo. También es un reconocimiento a la gente que sigue en el periódico, donde hay muy buenos reporteros como Alberto Rojas, Gonzalo Suárez y mucha otra gente, que hacen buenas historias y que deberían tener más espacio y más tiempo para trabajar en ellas.

¿Cuánto tiempo dedicaste al reportaje?

En el terreno, cinco días. Estuve de lunes a viernes en Alaska y después pasé escribiendo otra semana en Nueva York. El proceso fue más largo porque antes hablé con mucha gente y me informé. Pero, para reportear y escribir, unas dos semanas.

¿El texto era muy largo para publicarlo en un periódico de papel?

La versión para el papel tenía 15.000 caracteres, que es larga para un periódico. Pero, en realidad, escribí 50.000, que es la versión completa que presenté para el premio y que publiqué en formato ebook en Amazon. La paradoja es que nadie me pidió que escribiera el artículo que ha ganado el premio García Márquez. Lo escribí porque entendía que había mimbres para redactar una historia larga. Es algo que antes no había hecho. Para el papel, hice un resumen. Pero el papel pronto solo se encontrará en alguna hemeroteca y en casa de mi padre, que lo tiene guardado. Pensé que la versión digital completa y el ebook era para siempre.

Premiados García Márquez

Eduardo Suárez con otros premiados y, a la izquierda, Jaime Abello, director general de la FNPI. Foto: Jorge Porras

Has sido el primer español que ha ganado el premio de la FNPI.

Era el único finalista español de todas las categorías y con el único tema que no tenía que ver con América Latina. Tenía muchas dudas porque los otros dos trabajos finalistas eran muy buenos. Me gustó que destacaran que el reportaje es un texto muy periodístico y no tan literario como otros. Para mí es un elogio porque creo que en España nos sobra poesía y nos falta periodismo y reporteo.

¿El festival de Medellín sirve como antídoto para el desánimo que cunde entre los periodistas españoles?

Claro, llegas a un sitio donde la economía está creciendo y el periodismo tiene cómo financiarse. Además, hablas con gente con mucho talento y conoces los detalles de proyectos como Radio Ambulante, donde están haciendo cosas muy interesantes con poco dinero y bastante éxito. O La Silla Vacía, que está compitiendo con medios grandes en Colombia. Con respecto a los cronistas, he visto a mucha gente con talento literario que son buenos reporteros a la vez. En España, los grandes periódicos pondrían a esos reporteros a hacer una columna y contar sus opiniones. Allí, por el contrario, hacen reportajes.

¿Hay un exceso de columnistas?

En España, la columna es un género sobrevalorado. Ojalá sucediera lo mismo que en América Latina, donde gente como, por ejemplo, Manuel Jabois se dedicara más al reportaje y menos a la columna. Es casi un cáncer que hace que un periodista que tenga cierto talento termine de columnista. Como le sucede a Enric González, un gran reportero, pero últimamente solo leemos columnas suyas. Deberíamos valorar más las buenas historias. Y para eso necesitamos a grandes profesionales para contarlas. En el panorama mediático español se trabaja en la historia que mañana van a dar todos los demás y se apuesta poco por historias propias. Las historias si son buenas, son eternas y se pueden leer mucho tiempo después. Si dedicas recursos y un espacio de 3.000 caracteres a una rueda de prensa de Rajoy, pasados dos días es una información obsoleta que no interesa a nadie.

Tiempos revueltos: desde el mes de junio, os han suspendido de sueldo durante 20 días, cambiasteis de la corresponsalía de Nueva York a Bruselas y pocos días después os acogisteis a un plan de bajas incentivadas.

No entendimos que el nuevo director dijera que nos fuéramos de Nueva York. Nos pareció una decisión incomprensible. Todo el ‘feedback’ que tenemos tanto de personas de fuera como de dentro del periódico es que estábamos haciendo un buen trabajo. La persona a quien sustituimos había estado diecisiete años y nosotros llevábamos solo dos años y medio. No lo entendimos. Escuchas muchas tonterías. Nosotros no estábamos en Nueva York de vacaciones, porque hay muchos rascacielos o porque nos encanta ir al teatro, ni nada por el estilo, sino porque es el país más maravilloso del mundo para ser reportero. La gente te abre su puerta, su corazón, te cuentan un montón de historias. La política americana es apasionante. Es el país donde lo están descubriendo todo en ciencia y tecnología, donde saben cómo va a ser el mundo dentro de 20 años. Es un regalo para un reportero estar ahí. Nos dimos cuenta desde el minuto uno de que el cambio de corresponsalía era una decisión extra periodística que no tenía nada que ver con nuestro trabajo. Eso comenzó en febrero. Lo de junio: vimos que Ana Romero, una compañera que era corresponsal en la Casa Real, firmaba todos sus trabajos y en un día tan importante como el de la abdicación del Rey su crónica salía sin firmar. Hablamos con ella y nos confirmó que quiso publicar una historia en el periódico y no pudo. Nos preocupó mucho porque somos periodistas y creemos que tenemos que defender la libertad de expresión y la capacidad de poder informar. Pensamos que no íbamos a ser los únicos que defendiéramos a Ana, pero después de apoyarla en Twitter, miramos hacia atrás y vimos que no había nadie más. A raíz de eso, el periódico nos sancionó. Nadie nos llamó antes. El director tomó la decisión, inédita en la prensa española y creo que en la mundial, de sancionar a un periodista por dar una opinión en público. Sufrimos muchísimo. Lo del sueldo es lo de menos. Ninguno de los dos somos ricos, pero no nos íbamos a morir de hambre. Vimos reacciones que no nos gustaron, no solo del director del periódico. Durante el verano lo estuvimos meditando. Surgieron las bajas incentivadas. Nos costó tomar la decisión porque era nuestro periódico. María estuvo 15 años y yo, 14. Empecé en el diario cuando aún no había terminado la carrera. Primero en Opinión, editando obituarios y cartas al director. Después, escribiendo editoriales. Luego de corresponsal en Londres y, más tarde, en Nueva York. El Mundo es mi periódico a pesar de que esté al frente quien está ahora.

Y en El Mundo se publicó el trabajo de Alaska que ha ganado el premio.

Sí, por cierto, me parece llamativo y extraño que no me haya felicitado el director del periódico que publicó el artículo que ha ganado el premio García Márquez. Porque, al final, es el periódico quien ha hecho posible que se consiguiera porque dijeron que sí al reportaje, pagaron el viaje, que no era barato, y publicaron la historia. Me siento agradecido al periódico y al actual director, porque fue quien dio la aprobación. Pero no entiendo el silencio ni la ocultación del premio en las páginas del periódico. Es una reacción un poco infantil, además de perder una oportunidad porque también es un premio para el periódico, para Agustín Pery, que es el subdirector que me envió allí y para toda la gente de especiales que me ayudaron a plasmarlo con sus vídeos, sus fotos…

¿Qué echas de menos en el periodismo español?

Me gustaría que hubiera más sitios donde poder leer más historias como la del premio. En mi opinión, los dos grandes periódicos están en un mal momento. Ninguno de los dos directores de grandes medios están apostando mucho por internet. Eso genera un hueco para un gran proyecto digital en español que publique historias bien contadas y que haga buena información del día a día. Hace falta explicar más. Una de las lecciones clave del periodismo anglosajón es explicar todo, explicarlo bien y no dar nada por supuesto. En los medios españoles se dan muchas cosas por supuestas. Y la gente se pierde con la información. Hay que recordar que la principal tarea del día de la gente no es leer el periódico.

Después de desmontar el piso de Bruselas, ¿qué tenéis pensado hacer?

De momento estamos en el corto plazo: firmar papeles, finiquito… Tenemos alguna oferta… Estamos escribiendo con María un libro sobre Marco Rubio para la editorial Debate. Rubio es un senador republicano, muy hábil e interesante que llegó de la nada. Fue el primero de su familia que llegó a la universidad. El libro saldrá en 2015.

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