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Pequeña guia para ir a Roma con prisas (2)

Dentro de no más de 100 años, las futuras generaciones se reirán de nuestra hipocresía y moral. Se reirán de por qué está tan mal visto, en los medios de comunicación, en la tele o donde sea, enseñar una teta, una polla y no un codo, o un ojo. Por qué ver cómo una señorita practica una felación a su amor es considerado pornografía inmoral y, en cambio, ver cómo una madre –llorando de emoción- abraza a sus hijos no.

Esta es la conclusión a la que mi atormentada y libre pensadora cabeza llega mientras paseo por la ciudad de Roma en el bus turístico. Una grabación, que escuchas a través de unos auriculares, indica que esta fuente (creada por Mario Rutelli en 1897)

y situada en la Piazza della Repubblica desató grandes protestas e indignaciones debido a que en ella aparecían desnudos femeninos. Tan inmoral les resultaba esta fuente que se decidió ocultarla tras grandes paneles de madera. Hasta que, el 10 de febrero, el primer día de carnaval, los estudiantes, hartos de tanta chorrada, derrumbaron dichos paneles “censuradores”.

Para el turista que decide pasar pocos días en Roma, es interesante este bus turístico de color rojo. Pagas 16 euros y te conduce hasta los principales puntos históricos de la ciudad (incluida la Fontana de Trevi, el Coliseo o el Vaticano).

Bajas en cada parada y visitas la edificación de turno y regresas, de nuevo, a la parada. En no más de 15 minutos (juro que nunca esperé más) llega otro autobús rojo en el que, presentando el ticket, te permiten subir tantas veces quieras a lo largo de todo un día.

El bus tiene dos plantas, la de arriba es descapotable, si tomas uno temprano, en el que no hay nadie, te puedes masturbar mirando a las chicas italianas de la calle sin que nadie pueda reparar en tu dramatizado y penalizado comportamiento por la sociedad (masturbarse no es un acto impúdico, sino una fiesta para con el cuerpo, una celebración: Dios creó los orgasmos para que nos regocijáramos).