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Si quieres que acuda a un evento cultural que organizas y en él dan bocadillos de jamón serrano escribe urgentemente a ezcritor@gmail.com.

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Un intelectual en la Tomatina (y 2)


(viene del post anterior)

Y sin embargo, cuando salgo a la calle, la gente me ama. Es ir a un sitio y la gente me rodea, me reconoce: todo el mundo quiere ser mi amigo: es como si se dieran cuenta de que provengo de un plano superior, que estoy haciéndoles un honor mezclándome entre ellos: sinceramente creo que tengo un aura que emana amor: todo el mundo me quiere abrazar.

Estos chinitos me reconocieron:

-Tú ser el eZcritor –me dijeron super contentos.

La estación de trenes de Valencia estaba bastante llena. El 90% de turistas: sobre todo chinos (o japoneses, no los diferencio), ingleses, irlandeses, suizos, italianos. Todos querían ir a esa extraña fiesta que consiste en tirarse tomates los unos a los otros. A pesar del apelotamiento y el calor, se respiraba “muy buen rollito” en la estación:

Tras un viaje de 30 minutos aproximadamente, llegamos al pueblo. Buñol es un bonito lugar. El camino hacia la plaza del pueblo (donde se efectúa la celebración) es fácil de hallar: sólo hay que seguir a la marabunta. Por el camino pasa una moto una y otra vez, provocando a los turistas: sobre ella van dos desgraciados del pueblo: los típicos “vidas perdidas”: flacos, feos y sin inteligencia: de la España profunda. Ningún turista cae en la provocación. Yo les miro fijamente y ellos se atemorizan.

Me llamó mucho la atención cómo los habitantes del pueblo tratan de hacerse con un dinerillo extra con la fiesta. Es extraña la casa que no tenga en la entrada una mesita con refrescos y bocadillos para vender. O el hogar que no guarde mochilas o bolsos por 3 euros:

En la plaza del pueblo aun no se tiran tomates. Así que los jóvenes se entretienen quitándose la camisa, mojándolas y haciéndoles nudos para poder tirárselas los unos a los otros, con fuerza.

Yo deseo que el letrero con luces que está sobre ellos, caiga: para que mueran todos electrocutados.

Tras unas cuantas tracas de petardos, llegan los camiones (en Valencia están tirando petardos siempre: da igual que sea lunes o domingo, las 5 de la tarde o la 1:30 de la madrugada: los valencianos siempre tienen una excusa para tirar petardos: si un día vienen de Cataluña a invadirlos bombardeándoles ni se van a enterar)

Los de los camiones nos tiran tomates a la vez que los vuelcan, para que la gente lo puedan coger también del suelo. Las reglas dicen que hay que estrujarlos, con la mano, antes de tirarlos: pero por supuesto todo el mundo pasa de dicha norma: los tiran con fuerza a la cara de la gente: y al que le cae… pues se lo toma con humor y devuelve el ataque… a mi me metieron un tomatazo en todo el ojo: es extraño que no lo tenga a la funerala.

Hay algunos que se enfadan…

…pero no llegan a las manos.

Y mientras la gente se divierte en esta guerra de paz, donde no hay balas, sino tomates y risas…

…yo reflexiono sobre qué es la vida mientras observo restos de tomate en el cabello de la irlandesa que tengo delante y a la que estoy tocando el culo con disimulo.

¿Esto es un hombre o una mujer? No lo sé. Paso de meterle mano.

Hay muchos turistas. Sobre todo ingleses. Éste, en lugar de venir en bermudas y con camiseta, acude vestido con traje de chaquete y corbata:

¿Por qué vienes vestido así? –le pregunté en mi perfecto inglés.

-Soy un caballero del imperio británico. Está bien divertirse, pero siempre con elegancia –respondió.

Esta chica joven, de pelo, blanco no paraba de mirarme:

-¿Por qué me miras? -le pregunté.

-Tengo poderes sobrenaturales -contestó-. De verdad te digo que en el futuro ganarás el premio Nobel, Rafael Fernández. Pero también vas a sufrir mucho.

…..

Tras la fiesta, hay que ducharse… los habitantes del pueblo te dan manguerazos gratis: pero esperan que les des, aunque sea un euro:

Y es entonces cuando las tiendas ambulantes de camisetas empiezan a vender: muchas personas han perdido sus camisetas o. tras tanto tomate, han quedado listas para tirar a la basura.

De todas maneras, al tren no te puedes subir sin camisa y sin asear. Por eso, al lado de la estación, han colocado duchas gratuitas y baños.

Es curioso, pero cuando veo a una chica guapa esperando para mear me deja de gustar: pues la imagino meando: esa chica es una cerda que mea amarillo y caga: descubro que esa chica, tras tanta belleza, guarda un montón de mierda y meados dentro de su estómago: no podría ni siquiera besarla sabiendo eso.

Mientras espero el tren me dan esta propaganda: La Batalla de la Uva.

Son los del pueblo de al lado. Ellos también quieren hacer negocio y salir por la tele.

Enteráos bien: Yo soy la cultura

Últimamente, la gente me critica mucho porque dicen que en verano no estoy escribiendo de cultura. La verdad es que, que me digan eso, me irrita bastante porque es evidente que se equivocan. ¿No se dan cuenta que están en el blog del mejor escritor de todos los tiempos? ¿De que yo, por mí mismo, soy la cultura? ¿De que yo mismo, soy un ser espectacular, cultural, fuera de lo común? Soy muy culto, como los antiguos egipcios, inventores natos del renacimiento, que cuidaban tanto el saber como el cuerpo físico y sus relaciones pederastas:

Cada vez que dejáis un mensaje en los comentarios estáis en la, quizá, única oportunidad de vuestra subhumana vida de entrar en la historia de la literatura pues, en un futuro cercano, todos mis blogs serán estudiados por las más grandes (en cm) universidades. Ya está bien de tanto bla, bla, bla, de tantas críticas: es hora de que dejéis de evitar la realidad: alabar cada post que escriba es lo lógico. Sé que duele que yo sea el acabose y tú, probablemente, un pobre hombre o mujer: pero es la ley de la naturaleza: siempre hay alguien más rápido, más listo, mejor que tú: el león o Rafael Fernández.

Yo. Yo. Yo. Yo. Yo.

Es duro, muy duro, levantarse cada día de la cama y mirase al espejo: comprobar cada mañana que soy más guapo que la anterior: porque la gente es muy envidiosa: por la calle los hombres me miran mal, como si me quisieran pegar: no resisten ver cómo las mujeres, a menudo las suyas propias, me miran con deseo. Pero, lo que tenéis que entender, es que no es mi culpa haber nacido así: yo no elegí aquella secuencia genética: fue una elección aleatoria aunque cada día estoy más seguro de que Dios tuvo algo que ver en todo esto porque es mucha casualidad ¿No creéis?

Me he atrevido a decir esta verdad a voces a pesar de que me da mucha vergüenza ya que, entre mis amigos, soy famoso por mi humildad. Espero que os sinceréis con vosotros mismos y recapacitéis.