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Humor, bakalas y una proposición indecente

Si estás en Valencia y te apetece reírte, mientras cenas platos económicos (bocadillos, hamburguesas, ensaladas, etc) o te emborrachas, creo que uno de los mejores sitios que ofrece la ciudad es el Café Bar Teatro “La Passion” (Avenida Portugal 6). Los jueves y los domingos, monólogos humorísticos representados por gente que, a pesar de no ser en absoluto famosos, saben hacer reír de verdad. Os juro que no soy de carcajada fácil pero me troncho cada vez que voy a ese local. Y si crees que tienes a un gran cómico en tu interior, preséntate a los castings de monólogos, abiertos al público, que se celebran cada lunes y martes en este local de aspecto elegante y funcional.

Tras los monólogos me monto en el coche de unos amigos, rumbo a la penúltima copa. Son casi las 2 de la mañana: circulamos por una de las avenidas de Valencia. Unos bakalas, que conducen un Megane azul, se aproximan a nuestro coche: nos provocan enseñándonos un dedo, con el característico gesto. Tratar de provocar enseñando un dedo, me ha parecido siempre de lo más curioso. ¿Por qué provocar enseñando el dedo y no tratar de provocar enseñando una oreja? A mi me pondría de más mal humor que me enseñaran una oreja con cerumen que un dedo. El coche de los bakalas se pone a nuestra altura y nos rocían con un extintor de incendios: luego, se dan a la fuga. Mi amigo, quien conduce, logra frenar el coche sin provocar un accidente: asunto difícil pues, como llevábamos las ventanillas abiertas, en el interior del coche hay una nube de polvo blanco que nubla su y nuestra visión por completo. Tan solo, dos minutos después, da la casualidad que pasa un coche de la policía. Los paramos, le contamos lo que ocurrió y… los policías pasan de perseguir al coche de los gamberros: tres minutos más tarde, vemos ese mismo coche de patrulla aparcado sobre la acera: vigilando la colocación de un poste eléctrico por parte de unos tranquilos electricistas: permitiendo que esos inconscientes sigan su camino por las carreteras de Valencia: llenando el interior de coches con nubes de polvo blanco: pudiendo provocar la repentina muerte de cualquier tranquilo e inocente conductor: tu padre, tu madre, tu hermano, tu novio…

Bienvenido a Valencia –me dice un amigo- Aquí la policía tiene miedo a los bakalas.

Tras, el incidente, nos vamos a tomar algo a un bar. Para olvidar que esta salida pudo ser la última de nuestras vidas. El grupo de amigos con el que voy está formado, en su mayoría, por parejas. En el grupo sólo hay dos chicas sin novio. Y son muy guapas.

-Me gusta el camarero –dice una de ellas cuando ya está bastante borracha- Si le gusto, me lo llevo a casa.

Me fijo en el camarero cuando regresa para ofrecernos una nueva ronda: el camarero no tendrá más de 20 años de edad. Mi amiga le dice:

-Entre nosotras, hay una chica a la que le gustas. Elige la que más te guste de todas nosotras. Si es ella, te la llevas a casa.

El camarero, nervioso, ante la posibilidad de un polvo fácil mira, una a una, a las chicas del grupo. Elige a la novia de un amigo, que es brasileña y tiene un morbo increíble.

-Lo siento –dice mi amiga- Has fallado.

-Denme otra oportunidad, por favor –ruega el camarero- Quiero follar.

-No –se atreve a hablar mi amiga- No me gusta ser el segundo plato de nadie.

El camarero, regresa a la barra del bar, triste. Y, cuando nos vamos, no le dejamos propina.