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Si quieres que acuda a un evento cultural que organizas y en él dan bocadillos de jamón serrano escribe urgentemente a ezcritor@gmail.com.

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Manuel Campo Vidal, pelota

Paseando por la Feria del Libro de Madrid vi que Manuel Campo Vidal estaba firmando su último libro “¿Por qué los españoles comunicamos tan mal?”. Ya que me lo había leído (y me había gustado) y había cubierto el evento de presentación del libro para ustedes, me acerqué a su caseta para saludarle y hacerle esta mini entrevista con mi pequeña y modesta cámara de fotos digital:

Cuando terminé de hacerle las preguntas, Manuel miró a su alrededor y cómo vio que no había nadie esperando para que le firmara me pidió le enseñara mi cámara de fotos. La miró como si fuera la primera vez que veía en su vida una cámara de fotos digital. Y eso que es el director de la Academia de Televisión.

¿Y con eso cubres tú las noticias? –me preguntó.

Sí.

¡Qué tío! –exclamo con los ojos muy abiertos

¿Perdón? –pregunté extrañado.

¡Qué tío! –volvió a decir con más admiración fingida todavía.

Y digo admiración fingida, porque no me creo que una cámara de fotos digital de mierda y un Blogger porquerioso como yo le cause admiración. Más bien, creo que era un momento hipócrita suyo para adularme un poco en busca de, quizá, un poco de propaganda extra para su libro. No hacia falta.

Cómo odio a la gente que te trata como un tonto, para manipularte, y piensa que es más listo que tú. Les suelo seguir la corriente y alejarme de ellos para siempre. Me iba a seguir hablando… pero me alejé de su caseta, dejándole con la palabra en la boca. No me gusta perder mi tiempo escuchando falsas palabras.

Periodistas que quieren follar

Muchos periodistas son mileuristas desgraciados. Eso lo saben los relaciones públicas. Así que, para que los periodistas vayan a los eventos que organizan, sobre todo por la mañana, preparan copiosos desayunos con los que los periodistas, por ahorrarse unos euros e incluso, si comen mucho, el almuerzo, acuden al evento. Entre las mesas está el escritor o artista por el que se celebra dicho evento (cocktail, en este caso).

En el último cocktail al que fui, ocurrió algo gracioso. Nos llevaron en autobús, ya que el lugar de la celebración estaba en el quinto coño: nadie que no tuviera modo de transporte propio podía irse del lugar, hasta el momento en el que los organizadores dieran por terminado el evento. Y, tras alimentarse, después de cubrir dicha necesidad básica, y de unas buenas copas de vino y de una buena meada, a todos los periodistas les apeteció follar. Así que empezaron a tratar de ligar entre sí, incluso algunos periodistas que peinaban canas o calvas, trataban de ligarse a las jóvenes azafatas: todas ellas les miraban con cara de asco pues, además de ser periodistas fracasados, estaban bastantes abandonados físicamente.

Lo malo es que, el escritor por el que se había organizado el evento, se encontraba solo: ningún periodista le entrevistaba. Estaba plantado en el altar, avergonzado, como un novio sin novia. Todos los periodistas pasaban de él. La cara de los organizadores del evento era un poema.

Guerra de sexos

Una amiga me contó que la revolución de la mujer fracasó.

Antes, las mujeres teníamos que casarnos, abrirnos de patas y ocuparnos de la casa nada más. Ahora además de casarnos, abrirnos de patas y ocuparnos de la casa, tenemos que buscarnos un trabajo.

Un amigo me contó que toda mujer tendría que ser, aunque fuera sólo un día, un niño de 17 años feo. Para que supiera lo mal que lo pasamos los hombres teniendo polla y no, donde meterla.

Hombres y mujeres, siempre separados por largos puentes de entendimiento. Una guerra de sexos que no acaba nunca y que tiene, en la cama, sus más bellas treguas.

Hoy os iba a escribir la entrevista de Carolina, pero lo haré mañana porque ayer me pasó UNA COSA ASOMBROSA.

La carta, que encontré en el buzón de mi nuevo domicilio, era extraña: un pasaje de tren, una dirección escrita en un papel (y que correspondía con un elegante Parador en Ávila), una invitación para la presentación de un libro escrito por un húngaro del que no podía leer su nombre (pues había sido tachado con un rotulador negro y esmero), una nota, escrita a mano, donde se leía que “sin duda, acudir a este evento te reparará una gran sorpresa que jamás podrás olvidar” y dos billetes de 100 euros. Era extraño recibir, en el buzón de mi domicilio, esta carta dirigida a mi persona: pues a nadie le he dicho en qué calle de la ciudad de Valencia, a la que me he mudado hace poco, vivo exactamente. Ni siquiera, “20 minutos”, periódico para el que trabajo, conoce mi dirección actual.

-Voy a acudir a ese extraño evento –anuncié a mi novia.

-¿No te parece extraño? ¿No tienes miedo?

-Sí, mi amor. Pero estoy en una fase espiritual en la que valoro más los billetes de 100 euros que mi propia vida.

Tras tres horas de viaje, llegué al elegante mirador “Piedras Albas”, situado en el casco histórico de la monumental Ávila. En la puerta, había una guapa relaciones públicas, contratada por los organizadores del evento, esperándome.

-Hola –le saludé-. Vengo a la rueda de prensa del escritor húngaro. No sé cómo se llama. En mi invitación aparece su nombre tachado con un rotulador negro. Mire.

-¿Rafael Fernández?

-Sí. Ese soy yo.

-No, me refiero al nombre del escritor húngaro. Él se llama Rafael Fernández.

-Qué nombre más raro para un húngaro. Yo me llamo igual. Bueno, casi. Rafael Fernández Ruiz.

-¿Rafael Fernández Ruiz?… Usted se llama igual que el escritor húngaro que presenta el libro hoy.

-¿En serio? ¡Qué casualidad!

-No tanta… el escritor húngaro nos dijo que usted vendría… y que le invitáramos a subir a su habitación en cuanto llegara. Es la habitación 1408. Suba, por favor. Él le espera.

-¿Me acompaña?

-No. Nos pidió que subiera usted solo.

Cada vez más extrañado, subí hasta la habitación del escritor húngaro que también tenía mi nombre y apellidos. O yo los de él. Cuando le vi, quedé perplejo: tenía mi misma cara: no sólo eso. Era yo. El escritor húngaro era yo mismo: sólo que con más años, mucho más viejo: yo con 60 años. El shock de encontrarme conmigo mismo, pero con 60 años de edad, casi provoca que, de la impresión, perdiera el conocimiento.

-Huye de las amapolas –me dijo-. Nunca se te ocurra comer una.

-¿Cómo? –pregunté con el corazón a mil por hora.

-Las amapolas dentro de tu estómago, Rafael Fernández, hace que viajes al pasado –explicó.

-¿Cómo?

-Yo soy tú. Pero más viejo.

-¿Cómo?

-Ocurrió en el año 2001. Caminaba por la calle cuando vi un puesto de amapolas. Ya sabes que por aquel entonces habíamos descubierto Internet y comenzábamos a grabar videos tontos con la web cam. Compré dos amapolas y me grabé mientras me las comía. Quería hacer un video divertido para colgarlo en nuestra página web de aquel entonces. Lo siguiente que supe, es que desperté en 1974, en la cama de una casa donde aun no vivía. Me desperté justo el día en que nacimos: el 15 de febrero de 1974.

-¿Cómo?

-No escondo que fue una experiencia traumática para mí. Corrí hasta la “Clínica de la Paloma”, lugar donde nacimos. A los dos días vi salir de ella a nuestra madre, conmigo en brazos. Me puse a llorar. ¿Qué podía hacer? ¿Contarle a nuestra madre que ese niño que tenía en brazos era yo dentro de 27 años? ¡Aun presentando pruebas genéticas no hubiera solucionado nada! Por supuesto comí más amapolas pero, salvo una indigestión que me costó horrores explicar al médico, no conseguí nada. Así que tomé una decisión: olvidarme de Gran Canaria, ciudad donde nacimos, y marchar para siempre a una ciudad del Este: sin volver a mirar atrás. Sólo regresé a Gran Canaria una vez. El día de 2001 que ibas a pasar por la calle donde yo compré las amapolas. Pase minutos antes de que pasaras tú y compré todas las amapolas disponibles que había en esa tienda. Cuando, minutos después, entraste en esa tienda, al no haber amapolas, te dio por comprar una rosa. E hiciste otra clase de video:

-¿Y por qué me descubres todo esto ahora?

-Me había olvidado de ti. Tuve mi propia vida: terminé tres carreras universitarias: soy médico, profesor de literatura y de filosofía. Me casé con una noruega, llamada Ingunn, que murió hace unos años de una complicación pulmonar, tuve hijos, nietos. He escrito 5 libros, 5 obras maestras, jamás traducidos a lengua española hasta hoy… Y justo, cuando por fin un editor español se decide traducirme al español, me acordé de ti. Teclee mi nombre en el buscador de Google y … apareció tu nombre. Y links a www.micabeza.com. ¡Tengo tres carreras, 5 grandes libros publicados en Hungría y no aparezco en el Google! ¡Sólo tú! Leí los “Diarios secretos de sexo y libertad” ¡Una basura! También tu blog de ¡Quiero ser eZcritor de éxito! ¡Menuda mierda! ¡Menos mal que los de “20 minutos” te lo cerraron! ¡Qué vergüenza de ortografía y temática Rafael Fernández! Todos tus escritos son una mierda. ¿Y sabes lo mejor? Qué no puedo utilizar mi nombre como escritor en España porque la gente lo tiene asociado a ti ¡Un muerto de hambre sin carreras universitarias que sólo sabe escribir sobre si mismo y de su polla!…Sólo me queda una solución…

De entre las cortinas, surgió un hombre: con una pistola: con un silenciador. Me apuntó en la cabeza: yo comencé a llorar: conozco mi mente. Mi yo, con 60 años, había planeado mi propio asesinato.

-No te mato únicamente para que desocupes mi nombre. Te mato también porque todo lo que has escrito es una puta mierda. Sobre todo, quiero que sepas, que me pone muy nervioso el uso indebido que haces de los dos puntos.

Sin embargo, antes de que el sicario apretase el gatillo, irrumpió en la habitación otro Rafael Fernández. Este tenía, más o menos, 40 años. Y también llevaba una pistola con silenciador. De dos certeros disparos en la frente de ambos acabó con el viejo Rafael Fernández Ruiz húngaro y con el asesino que éste había contratado.

-He de irme –me dijo el Rafael Fernández de 40 años- No te puedo explicar por qué le he matado. Pero, yo que tú, no probaba jamás los garbanzos mezclados con orégano, aceite y jamón serrano, pues esa unión, en tu estómago, hace que viajes en el tiempo, hacia el pasado.

Y dicho esto mi Rafael Fernández de 40 años salió de la habitación y despareció de mi vida… ¿Para siempre? Sólo el tiempo lo dirá.

Aventuras en la presentación de “PÚBLICO”. Y cómo gané 700 euros en 30 minutos.

Toda España tiene hoy puestos los ojos en el nacimiento de un nuevo periódico: quizá el último que se edite en el siglo XXI: “PÚBLICO” dirigido por Ignacio Escolar. Y, en el suelo, tras los baños, me encontré con unos lotes del periódico que hoy todo el mundo quiere leer: nadie los vigilaba así que…

…me los llevé: “PÚBLICO” vale tan sólo 50 céntimos: 64 páginas a todo color escritas por una selección de los mejores periodistas de prensa de pago y escritores del país (de EL PAÍS y de los demás periódicos de pago, de los que se han llevado a los mejores periodistas). La ocasión era única: y seré gilipollas pero jamás imbécil: agarré todos esos periódicos: los empecé a vender a 1 euro: por la calle, por el metro: 50 céntimos me parecía muy barato: si no lo creéis, ved el video:

En 30 minutos, me hice con 700 euros. Hasta vendí periódicos de regreso a la fiesta presentación de “PÚBLICO”: uno que cayó fue, nada más y nada menos, que Labordeta: 1 eurazo me pagó:

-Oiga –me preguntó- ¿Y el DVD que regalan hoy?

-Sí –mentí- Hay un cupón dentro. Recórtelo y entréguelo a su kiosquero habitual. Él se lo dará.

Puta mentira: usted lector, si baja ahora mismo al estanco: por 50 céntimos se llevará el número 1 del periódico y el DVD con la película “Los lunes al sol” Mañana: “Farenheit 9/11”. Toda la semana van a estar regalando DVDS de buenísimas películas ¿Pero de donde han sacado el dinero?

EJERCICIO DE AGUDEZA VISUAL: Uno de estos hombres es el del dinero ¿Quién?

SOLUCIÓN: Pues claro: el de los vaqueros y chamarra de “MERCADONA”. Hay que estar sobrado de dinero y sudarle todo un huevo para atreverse a ir a la presentación de un periódico vestido así: como el que va a pasear al perro. Un asalariado no tendría los cojones de hacerlo… cuando vi a los otros tres salir del escenario, pensé que, Ignacio Escolar, iba hacer de Michael Jackson: hubiera molado que se hubieran preparado una coreografía igual para la presentación de “PÚBLICO”:

-¡¡¿¿PERO QUÉ ESTÁS HACIENDO TÚ VENDIENDO PERIÓDICOS??!! –preguntó Rafael Reig (escritor y redactor Jefe de “PÚBLICO”)- ¡¡ SI EN 30 MINUTOS SE LO VAMOS A REGALAR A TODOS LOS ASISTENTES !!–alertó Rafael Reig– ¡SEGURIDAD, SEGURIDAD!

En ese momento, decidí salir rápidamente de la zona VIP en la que me había colado y confundirme entre el público en general: una chica no dejaba de mirarme:

-Hola ¿De qué medio de comunicación eres? –le pregunté.

-Del periódico ADN. Hoy es mi última noche en la empresa. Yo soy la creativa responsable de ese anuncio de mierda que emitimos por la tele. No sólo hemos conseguido que la gente no prefiera nuestro periódico gratuito: sino que ahora la gente lo mira con asco y los repartidores reciben fuertes palizas cuando tratan de repartirlo.

-Yo, si quieres -le ofrecí- puedo hacer que la gente no mire mal al ADN. Vamos al baño:

EL RESTO DEL REPORTAJE, DE LO QUE PASÓ EN EL BAÑO, HA SIDO CENSURADO POR LA SANTA INQUISICIÓN. PERO ESPARCÍ TODO “MI ADN” POR LA CARA DE LA SUSODICHA CREADORA

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¿SABÍA USTED QUE…?

1.-Pude saludar por fin a Juan Carlos Escudier, una de las firmas estrellas de “20 minutos”. Juan Carlos es un tipo alto, fornido, con cuello de cañón, que podría trabajar como protagonista de cualquier película de acción con mucha sangre. Tuve esta mini conversación con él:

-Perdone que le moleste –le dije- Pero es que me hace ilusión saludarle.

-¡Caramba! –saludo él- ¡El eZcritor! ¡El bloguer más famoso de “20 minutos”!

-No, no. Yo, lo que soy es la gran vergüenza de “20 minutos”

2.-Vi muchos periodistas de “EL PAIS” nerviosos, muy nerviosos, por el lanzamiento del número 1 de “PÚBLICO”. Y que más que por el dinero, todos me confesaban que se habían ido en busca de una libertad creativa que no tenían en “EL PAIS”. Que “cada vez que quería hacer algo nuevo, me chocaba con 30 culos” –me contaron.

3.-Que es un bulo que Arsenio Escolar se lleve mal con su hijo Ignacio Escolar por haberle “quitado” trabajadores. Que es para admirar esa familia en la que todos, además de haber triunfado en sus correspondientes trabajos, son grandes y humildes personas.

Saca a tus hijos al parque para que jueguen a la PlayStation 3

Madrid tiene esa mezcla que le hace mágica y especial: antigüedad/ modernidad – skins/latin kings- divertimento gratuito para los niños/ divertimento gratuito de mierda para los niños.

El último que he visto es este: macro actividades con el beneplácito del ayuntamiento: baloncesto, juegos de agilidad, sol, árboles, otros niños y…

..el cuarto oscuro…

Lógica aplastante: saca a tus niños de tu casa, llévalos al parque, mételos en un cuarto oscuro donde no llegue el sol, ponlos a jugar a la Playstation 3

Así, cuando llegue a casa te llorará para que le compres una por el módico precio de 600 euros. Yo, por supuesto, no entré en ese cuarto oscuro para jugar con la Playstation3 sino por otro motivo de mayor peso:

Y luego, están los subhumanos, gente estúpida haciendo cola para que le regalen una camiseta de “Renfe”:

Por supuesto, hice la cola y ¡Me dieron una! ¡Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!¡Una camiseta gratis!

DATOS DE INTERES:

1.-Lugar: No sé, estaba caminando por la calle Serrano y me lo encontré 2.- Horario: Búscalo por internet 3.-Días: Lo que dure 4.-Otros datos de interés: (ver wikipedia)

Un intelectual en la Tomatina (y 2)


(viene del post anterior)

Y sin embargo, cuando salgo a la calle, la gente me ama. Es ir a un sitio y la gente me rodea, me reconoce: todo el mundo quiere ser mi amigo: es como si se dieran cuenta de que provengo de un plano superior, que estoy haciéndoles un honor mezclándome entre ellos: sinceramente creo que tengo un aura que emana amor: todo el mundo me quiere abrazar.

Estos chinitos me reconocieron:

-Tú ser el eZcritor –me dijeron super contentos.

La estación de trenes de Valencia estaba bastante llena. El 90% de turistas: sobre todo chinos (o japoneses, no los diferencio), ingleses, irlandeses, suizos, italianos. Todos querían ir a esa extraña fiesta que consiste en tirarse tomates los unos a los otros. A pesar del apelotamiento y el calor, se respiraba “muy buen rollito” en la estación:

Tras un viaje de 30 minutos aproximadamente, llegamos al pueblo. Buñol es un bonito lugar. El camino hacia la plaza del pueblo (donde se efectúa la celebración) es fácil de hallar: sólo hay que seguir a la marabunta. Por el camino pasa una moto una y otra vez, provocando a los turistas: sobre ella van dos desgraciados del pueblo: los típicos “vidas perdidas”: flacos, feos y sin inteligencia: de la España profunda. Ningún turista cae en la provocación. Yo les miro fijamente y ellos se atemorizan.

Me llamó mucho la atención cómo los habitantes del pueblo tratan de hacerse con un dinerillo extra con la fiesta. Es extraña la casa que no tenga en la entrada una mesita con refrescos y bocadillos para vender. O el hogar que no guarde mochilas o bolsos por 3 euros:

En la plaza del pueblo aun no se tiran tomates. Así que los jóvenes se entretienen quitándose la camisa, mojándolas y haciéndoles nudos para poder tirárselas los unos a los otros, con fuerza.

Yo deseo que el letrero con luces que está sobre ellos, caiga: para que mueran todos electrocutados.

Tras unas cuantas tracas de petardos, llegan los camiones (en Valencia están tirando petardos siempre: da igual que sea lunes o domingo, las 5 de la tarde o la 1:30 de la madrugada: los valencianos siempre tienen una excusa para tirar petardos: si un día vienen de Cataluña a invadirlos bombardeándoles ni se van a enterar)

Los de los camiones nos tiran tomates a la vez que los vuelcan, para que la gente lo puedan coger también del suelo. Las reglas dicen que hay que estrujarlos, con la mano, antes de tirarlos: pero por supuesto todo el mundo pasa de dicha norma: los tiran con fuerza a la cara de la gente: y al que le cae… pues se lo toma con humor y devuelve el ataque… a mi me metieron un tomatazo en todo el ojo: es extraño que no lo tenga a la funerala.

Hay algunos que se enfadan…

…pero no llegan a las manos.

Y mientras la gente se divierte en esta guerra de paz, donde no hay balas, sino tomates y risas…

…yo reflexiono sobre qué es la vida mientras observo restos de tomate en el cabello de la irlandesa que tengo delante y a la que estoy tocando el culo con disimulo.

¿Esto es un hombre o una mujer? No lo sé. Paso de meterle mano.

Hay muchos turistas. Sobre todo ingleses. Éste, en lugar de venir en bermudas y con camiseta, acude vestido con traje de chaquete y corbata:

¿Por qué vienes vestido así? –le pregunté en mi perfecto inglés.

-Soy un caballero del imperio británico. Está bien divertirse, pero siempre con elegancia –respondió.

Esta chica joven, de pelo, blanco no paraba de mirarme:

-¿Por qué me miras? -le pregunté.

-Tengo poderes sobrenaturales -contestó-. De verdad te digo que en el futuro ganarás el premio Nobel, Rafael Fernández. Pero también vas a sufrir mucho.

…..

Tras la fiesta, hay que ducharse… los habitantes del pueblo te dan manguerazos gratis: pero esperan que les des, aunque sea un euro:

Y es entonces cuando las tiendas ambulantes de camisetas empiezan a vender: muchas personas han perdido sus camisetas o. tras tanto tomate, han quedado listas para tirar a la basura.

De todas maneras, al tren no te puedes subir sin camisa y sin asear. Por eso, al lado de la estación, han colocado duchas gratuitas y baños.

Es curioso, pero cuando veo a una chica guapa esperando para mear me deja de gustar: pues la imagino meando: esa chica es una cerda que mea amarillo y caga: descubro que esa chica, tras tanta belleza, guarda un montón de mierda y meados dentro de su estómago: no podría ni siquiera besarla sabiendo eso.

Mientras espero el tren me dan esta propaganda: La Batalla de la Uva.

Son los del pueblo de al lado. Ellos también quieren hacer negocio y salir por la tele.

Un intelectual en La Tomatina (1)

Digamos, que soy la persona más culta, inteligente e intelectual que conocéis. Salvo cuando no tengo otro remedio, gusto de quedarme en casa: escribiendo, leyendo o viendo películas de cine independiente. No me gusta mezclarme con vosotros, subhumanos inframentales. Vuestro mundo, vuestra sociedad, vuestro modo de vida me parece patético. Cuando salgo a la calle tengo la impresión de que todos sois una panda de subnormales gritando. Siempre me sorprende que la madre naturaleza no os haya extinguido aun por inútiles. Sin embargo, hoy no sé qué me pasa. Me acabo de levantar (son las 6:46 a.m) y estoy lleno de ilusión. Me voy a la estación de trenes con la intención de ir a un pueblo llamado Buñol y participar, solo, en una de las fiestas más surrealistas y gilipollas de España. La fiesta de la Tomatina.

Cuando vivía en Canarias y veía imágenes de esta extraña fiesta, en las noticias, algo dentro de mí se retorcía; algo me decía:

-“Quiero ir a ese lugar a estamparle tomates a la gente en la cara. Quiero nadar y revolcar mi cuerpo entre miles de restos de tomates aplastados”

Supongo que es mi lado prehistórico. Os lo cuento, si queréis, a la vuelta.

(Y que no se entere la chica de Manuel Seco)