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La lluvia resbala sobre la bolsa de basura

La novia del millonario me llama por teléfono:

-¿Nos vemos?

-¿Y tú marido?

-Está fuera de la ciudad.

Su marido es un mafioso. Cuando se enteró de que había estado con su mujer me amenazó de muerte. Pero pienso en el coño de su mujer. Y en cómo gime cuando se la meto. Pienso en que ya me da igual la vida. He salido por televisión y nadie quiere publicar mi libro. Me da igual la vida o la muerte. Ya he follado, reído y fumado todo lo que necesito. El resto no son más que repeticiones. No quiero seguir viviendo lo mismo una y otra vez. 33 años están bien. Lo único que me falta por vivir es tener un hijo. Pero ninguna mujer en su sano juicio quiere tener un hijo conmigo. No soy ni tengo nada.

-Nos vemos en el Hotel Urban –anuncia ella- Iré sin el chofer y sin bragas.

A la hora, entro en el bar chic del “Urban”. 13 euros la copa. La espero. No viene. Un camarero se me acerca:

-Acaba de llamar la señora XXXX. Le ha surgido un imprevisto. Vendrá en cuanto lo resuelva. Está invitado a beber lo que quiera.

Bebo y bebo sin parar. Morir bebiendo debe de ser divertido. Imagino que me inflo y exploto. Estoy borracho. Deseo caerme y darme con el borde de una mesa. Matarme. Pero no tengo huevos. Una camarera se me acerca, me deja esto sobre la mesa: me enfado:

-¿Por qué me deja dos cigarrillos usados y una boñiga de mierda en un plato? –le pregunto- ¿Tanto se nota que soy un arrastrado de la vida? ¿Qué no tengo nada? 33 años, ni casa, ni novia. Si los de “20 minutos” me despiden seré un vagabundo más en Madrid ¡Soy una mierda!

-Señor, disculpe –explica la camarera avergonzada- No son cigarrillos. Son dulces. De chocolate, naranja y coco.

Afuera llueve. Ya he esperado demasiado: ya he bebido demasiado. Me acerco a la barra:

-¿Puede darme una bolsa de basura grande? –pido.

-¿Señor?

-¡Quiero una bolsa de basura grande! ¡La paga la señorita XXXX!

Me introduzco dentro de la bolsa de basura. Hago dos agujeros para ver y otros dos para meter los brazos. Salgo del “Urban”. Camino por la

calle: feliz de que no me vea nadie. Las gotas de lluvia se deslizan sobre la bolsa. Quiero dejar de existir. Oigo a un camión de la basura. Es la hora de la recogida. Me siento en el suelo, al lado de un container y unas cajas. El camión para. Recogen la basura y la tiran dentro del camión. Pero a mi no me tiran.

-No me gusta la vida –le digo al basurero.

-Pues no hay otra –contesta.

-Es una mierda, tírame a la basura.

-Te jodes.

Llego a casa. Enciendo el ordenador. Un periodista, del “Diario de Lanzarote” , ha escrito un artículo sobre mí. Lo leo. Dice que soy un genio.

-Y una mierda –contesto a la pantalla del ordenador- ¡Y una mierda!

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