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Diablos negros cuando duermes tan tranquilamente

Los de la tele me mandan de regreso a Madrid en primera clase. La primera clase está en el primer vagón. Eso enfada al señor de pelo blanco que se sienta a mi derecha. Llama al revisor para quejarse:

-Si chocamos –le dice- este primer vagón es el más perjudicado. Los que deberían de ir en el primer vagón son los que viajan en segunda clase, para amortiguar el choque a los que viajan en primera clase ¿Qué clase de servicio es este? ¿Es qué no pensáis?

Pensar. Odio esta sociedad. Odio que todo, absolutamente todo, cueste dinero. Odio que la gente no se abraze por la calle: odio que la gente vaya vestida por la calle cuando hace calor: me gustaría que inventaran un insecticida que sólo matara a la gente mala: y que cada uno tuviéramos un insecticida de esos en el bolsillo: y que usarlo no estuviera penalizado por la ley:

-Es que era una persona mala.

Siempre he deseado que haya vida después de la muerte: pero hoy pienso que realmente, lo que me gustaría, es que no hubiera nada: que no hubiéramos existido nunca: que la humanidad desapareciera y dejáramos a las plantas y a los animales tranquilos: dicen que somos superiores porque pensamos: pero no pensamos más que mierdas: mirad nuestra vida: como está montada: que ridícula y repugnante es: cada vez que me visto para ir al trabajo me entran ganas de vomitar: cada vez que veo a gente trabajando en empleos de mierda me entran ganas de llorar: porque veo en sus miradas que se sienten basura: y que odian a la gente por sentirse así.

Llego a Madrid, a mi buhardilla. Estoy cansadísimo. Me acuesto. Y por primera vez hago un viaje astral. Sin querer. Llevo años intentándolo. Mi alma sale de mi cuerpo. Miro a mi izquierda: hay un diablo de piel negra, observándome, sentado en el suelo:

-¿Qué haces? –le pregunto asustado.

-Como salgas un poco más me meto en tu cuerpo –contesta el diablo negro.

-¿Y donde quedaría yo?

-Flotando entre dos mundos. Sin cuerpo.

Me lo pienso un poco. Flotar entre dos mundos no suena mal. Me atrae la idea. Pero seguro que allí no podría ni follar ni escribir ni fumar porros de vez en cuando: veloz, regreso a mi cuerpo.

Abro los ojos. Me pongo a pensar que quizá la sociedad es tan repugnante porque las personas buenas se quedan dormidas y permiten que se les meta dentro del cuerpo diablos negros. Porque prefieren vivir flotando entre dos mundos que en este mundo de mierda. Se rinden. No les culpo. Qué ganas de llorar abrazado a alguien. Odio salir a la calle. Hay demasiado odio.

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Este artículo ha salido en la página principal de LA LIGA PARA LA EDUCACIÓN AUDIOVISUAL (LEA)

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