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Me da asco ir a supermercados baratos

Me da asco ir a supermercados baratos. Odio ver a sus clientes, a sus cajeras. Toda esa gente con vida vulgar, que no mueve un músculo por progresar en sus vidas. Gente que vive en una ciudad y que es inculta. Gente de mi edad con tatuajes en el cuello y que visten tratando de ser “modernos”. Amas de casa, meros instrumentos de limpieza, calculando para poder llegar a fin de mes: mujeres bolas de cebo de 50 años que insultan –con sus cuerpos abandonados, listos para cargar armarios- a la feminidad, acompañadas de sus esposos vagos, e hijos destinados a ser exactamente lo mismo que sus padres: peones estúpidos de la sociedad de consumo. Adolescentes con miradas de psicokillers protegidos por la ley: todos los adolescentes tienen pinta de terroristas. Deberían de poner bombas en esos supermercados. Así podríamos dejar de ver a la escoria y esclavos del siglo XXI. El espectáculo más degradante de las ciudades: gente de mierda que no vale nada.

¿Por qué estoy yo en ese supermercado? Porque yo valgo lo mismo que ellos pero, por lo menos yo, sé hablar utilizando sujeto y predicado.

Odio los supermercados porque veo en ellos, claramente, las clases sociales: en la entrada, una mujer de la limpieza: saco la foto cuando por fin se levanta del suelo: pero lleva 20 minutos raspando, sufriendo de rodillas, el suelo para limpiar por completo los restos de una pegatina de promoción. La otra cara del “glamour” de la alegría de la propaganda. Esa mujer no cobrará más de 850 euros al mes. Es una gorda. Me da asco. No ha cuidado ni su intelecto ni su cuerpo. Se dedica a raspar pegatinas del suelo. Tiene un corazón, dentro de sí, que nadie verá jamás. Porque está condenada a convivir con animales preocupados de por vida únicamente por llegar a fin de mes. Con horarios de trabajo no hay espacio para vivir el amor. Es una esclava de esta sociedad de consumo. Se ha rendido, de rodillas, ante una pegatina de propaganda. Toda una vida. Todo un ser humano.

Toda la culpa la tienen estas pizzas:

Ponen a Jonhy Deep vestido de pirata en la portada: no se ve qué es: sólo ves la cara de Jonhy Deep: y al lado “4 quesos”: no entiendo la relación de Jonhy Deep disfrazado de pirata en “Piratas del Caribe” con una pizza. En la película Jonhy Deep no salía comiendo pizza. No entiendo nada de la sociedad de consumo. La gente compra más pizzas porque en la portada sale Jonhy Deep. La sociedad de consumo es para imbéciles. Todo el mundo que está en este supermercado es imbécil. Quiero preguntarle a alguien porque sale Jonhy Deep en la portada de la pizza. Pero las personas más cercanas a mi son las que atienden en las charcutería. Y están gordas. No puedo tomar consejos de un gordo hasta que resuelva su problema mental que le ha llevado ha ser un gordo en una sociedad donde se desprecia y se ríen de los gordos. Cuando adelgacen les preguntaré porque, será entonces, cuando tengan la cabeza normal. Me llevo dos pizzas de Jonhy Deep: la de 4 quesos y la de chorizo.

Miro a un altillo y veo aviones teledirigidos. Precios variados. Desde 99 euros a 1.300 ¿Y si compro uno con el dinero que tengo reunido para la autoedición de mi libro? ¿Y si me dejo de historias de ser escritor? ¿Y si me quedo en casa tranquilamente con Elena y me convierto en un gordo? ¿Y si me contento con salir los fines de semana al campo, con una gorra y mi avión teledirigido? Veo volar al avión, donde nunca llegaré yo.

¿No es acaso la muerte una mujer fea con un chocho apestoso que se traga tu polla y te cabalga hasta hacerte eyacular dentro? Es entonces cuando mueres.

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