
-¿Qué tienes en la cabeza, abuela?
-¿Qué?
-¿Que qué tienes en la cabeza?
-No sé.
-¿Me puedes decir donde metiste la cabeza, abuela?
-No sé de qué me hablas Rafa ¿Qué pasa?
-¿Sabes lo que tienes en la cabeza?
-No, no.
Extendí mi mano hacia el cabello de mi abuela y desenredé, con los dedos, una chincheta: la punta estaba en dirección a su piel: un golpe en la cabeza y se la hubiera clavado.
-¿Cómo es que tienes una chincheta enredada en el pelo?
-¿Me lo explicas tú, Rafa?
-¿Yo? No lo sé, abuela.
-Es fácil Rafa: ahora mismo, tú eres mi ángel de la guarda. El diablo enredó esta chincheta en mi cabello: para dañarme.
Me fui al pasillo, me senté en el suelo: pensativo, me dije:
-Soy un ángel.
Hoy, 20 años después, creo que todos somos ángeles: Dios nos pone en la tierra para que nos crucemos, interactuemos los unos con los otros: a veces, somos ángeles bondadosos, otras, ángeles exterminadores, justicieros o malvados: algunos son ángeles que provocan orgasmos:

el día que nos cerramos a la vida, Dios nos manda vejez, enfermedades y muerte. Si quieres vivir, tienes pues que vivir. Y asombrar a todos con tu poder.

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