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Kratos: el dios de la guerra.

Elena me mira y ve esto:

Pero yo, realmente, soy Kratos.

Mi cuerpo es el más fuerte del mundo: sirvo a los dioses matando a sus enemigos: estoy en un barco que se hunde: lleno de diablos que asesinan a sus marineros: arranco las cabezas de todos los diablos que veo utilizando mi polea de fuego: no son rivales para mi fuerza: pero, de la nada, aparece un dragón: su visión me produce terror:

me ataca: oigo voces de mujeres, lloran: he de salvarlas: salto y clavo mi hacha en la garganta del dragón: y mi espada en su ojo: el dragón muere: pero ahora, diablos arqueros, tratan de atravesar mi cuerpo con flechas incendiadas:

-Hay que sacar la basura –me dice Elena- Ya son las ocho de la noche.

La miro sin entender: ¿Cómo no se da cuenta de que soy un héroe que está tratando de salvar a unas mujeres de que las violen unos guerreros demoníacos antes de que se hunda el barco? Pienso: nueva misión: sacar la basura: la realidad… no, prefiero seguir siendo Kratos, no Rafael Fernández.

-Ahora no puedo –informo a Elena.

-La basura apesta.

-Estoy ocupado. La saco luego.

-El trato es que yo me ocupo de la lavadora y tú de la basura.

-Luego, luego.

Necesito la llave para entrar a rescatar a las mujeres: avanzo por el barco que se hunde: subo a cubierta y ¡Maldición! Antes no me enfrenté a un dragón ¡Era la cabeza de una hidra! ¡Ahora he de enfrentarme a otras tres a la vez! Da igual: soy Kratos: ataco sin piedad: con rabia y furia:

las cabeza central de la hidra es tan poderosa que, sus gritos, me tiran al suelo: sin embargo, arranco el mástil del barco y se lo clavo en la garganta: le atraviezo: muere: las otras cabezas son más débiles: las estrangulo con mi polea de fuego… salto al interior de la boca de la hidra y allí está la llave para liberar a las mujeres: entro en la habitación: hay dos lindas mulatas que me quieren follar: ¡Cómo han cambiado los juegos de ordenador!: de Mario Bross a esto: me excito sexualmente:

En ese instante, reaparece Elena en el salón: en la vida real han pasado 4 horas desde nuestra última conversación: en mi mundo, únicamente 16 minutos.

-¿Duermes conmigo?

Elena se me está insinuando: pienso: ¿qué prefiero? ¿Follarme a Elena o hacerme una paja con ese dibujo del videojuego? Prefiero el dibujo del videojuego: estoy desesperado por hacerme una paja mirando ese dibujo: que se vaya Elena de una vez: que se acueste.

-Me voy a quedar un rato más jugando.

Elena, rechazada, se enfada: me mira mal: me habla mal:

-Ya son las doce de la noche ¿No crees que es hora de irse a acostar?

-No ¿Por qué?

-Mañana hay que trabajar.

-Tú que trabajas en una cafetería. Yo no tengo trabajo. He luchado mucho en la vida hasta conseguir este trabajo de bloguer sin horarios. No sé cuándo diablos me echarán. Pero, hasta ese momento, pienso disfrutar haciendo lo que me de la gana: y ahora me apetece quedarme toda la noche jugando a la PlayStation.

-¿Pero tú no ibas a escribir un libro?

-Estoy en ello, joder.

Elena sube a su habitación dando pisotones al suelo, refunfuñando: pero quedo molesto, en el estómago, en la garganta, me hierve de rabia… ella ha puesto el dedo en la llaga: tiene razón… debería de estar escribiendo mi libro: ¿Por qué me da tanto miedo terminarlo? Quizá porque, cuando lo haga, terminará esta etapa de mi vida: y habré de enfrentarme a la realidad: la publicación del libro: un éxito, un fracaso…aquí, ahora, en este momento de mi vida, me siento terriblemente bien, protegido: tengo un trabajo genial…

-Trabajo, como columnista, para el periódico más leído de España –digo cuando me pregunta la gente: y me miran como si yo fuera la leche.

…no dejo de recibir correos de personas que quieren mi amistad, tantos, que ni si quiera puedo ya contestar a las tías buenas que me escriben…

¿Qué me deparará el futuro si termino el libro?… tengo miedo… recuerdo las palabras de Bukowski: las que me hicieron irme de la isla, de la zona turística, de la discoteca… empezar a escribir mi libro, costara lo que costara:

-“Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera. Tal vez suponga perder novias, esposas, familia, trabajo, quizá la cabeza. Tal vez suponga no comer durante tres o cuatro días. Tal vez suponga helarte en el banco de un parque. Tal vez suponga la cárcel. Tal vez suponga humillación. Tal vez suponga desdén, aislamiento… El aislamiento es el premio, todo lo demás es para poner a prueba tu resistencia, tus auténticas ganas de hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades. Y será mejor que cualquier cosa que pudieras imaginar. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. No existe una sensación igual. Estarás solo con los dioses, y las noches arderán en llamas. Llevarás las riendas de la vida hasta la risa perfecta. Es por lo único que vale la pena luchar.”

Me masturbo con el dibujo del videojuego y, cuando eyaculo, me siento terriblemente mal ¿Dónde están las fuerzas que sentía por mi novela? A medida que pasan los días, mi vida sólo es real, entendible, mediante bytes y píxeles o una conexión a Internet. Si un día desapareciera Internet, yo no sería nada: en la vida real, no existo. Tomo las bolsas de basura, salgo de casa y voy hasta el container de basura: lo abro, tiro las bolsas dentro: me alejo de allí rápidamente: la basura de la vida real apesta: no como la papelera de reciclaje del Windows… mi vida, ahora, es tan cómoda:… Bukowski, al final de sus días bebía buen vino, tenía un BMW rojo último modelo y vivía en un chalet: yo me conformo con jugar a la Play Station y hacerme pajas.

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