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Las tempestades de acero, cien años después: Jünger y la Primera Guerra Mundial

“Me gusta recordar las semanas anteriores a la guerra; se caracterizaron por una atmósfera de euforia y laxitud como la que suele preceder a las tormentas de verano”. Son las evocaciones de un jovencísimo alemán fervorosamente dispuesto a luchar —y llegado el momento, morir— por su patria. Son recuerdos austeros, minuciosos, valerosos por su sobriedad ante la muerte y el dolor más que por las gestas bélicas que describe.

Esta forma casi mística de concebir la guerra nos parece hoy excesiva, irreal, de un candor moralmente inaceptable; pero conviene no olvidarla ahora que estamos en el umbral de los fastos del centenario del comienzo de la Gran Guerra, y que es seguro que los periódicos se llenarán de banalidades y lugares comunes graciosamente acomodados al presente.

Un soldado en una trinchera en la Primera Guerra Mundial (John Warwick Brooke).

Un soldado en una trinchera en la Primera Guerra Mundial (John Warwick Brooke).

Vuelvo a aquel joven inquieto, ávido lector de Stendhal y Ariosto, anhelante de violencia salvífica y de sobria disciplina prusiana. No fue un joven cualquiera. Sobrevivió a la Primera Guerra Mundial con el cuerpo acribillado a balazos, la piel colmada de cicatrices y con una Cruz de Hierro colgada en el pecho por los servicios prestados. Aquel joven, que llegaría a centenario, era Ernst Jünger. El último escritor soldado, un perdedor terco, un gigante del nihilismo, un Mishima germano. Incómodo para sus enemigos, pero más aún todavía para sus amigos.

No sé cómo andáis de Primera Guerra Mundial. Es un percepción muy subjetiva, pero en el imaginario colectivo europeo —y no decir ya en el cultural o el mediático— parece que la Gran Guerra fuera la guerra menor. La lucha y la victoria contra los nazis colman el horizonte de curiosidades históricas del ciudadano medio. La industria cultural —los videojuegos, la literatura, las obras divulgativas— tiene una fuente inagotable de novedades en la Segunda Guerra Mundial.

Pero sucede que estamos a las puertas del aniversario, lo dije más arriba y lo repito, de la guerra que cambió el curso de Europa en el siglo XX (de hecho, para una gran parte de la historiografía, el siglo pasado comienza en 1914, no en 1900). Una contienda que llegó tras una larga era de seguridad (el aristocrático y pacífico ‘mundo de ayer’, que evocara Stephan Zweig en sus memorias) y que sumió al continente en tres décadas de guerras civiles sobre las cuales se construiría el experimento supranacional del que hoy disfrutamos con algo de temor a perderlo.

Tengo cuatro años por delante para referirme a la Primera Guerra Mundial (alguno bueno tendría que tener que durara tanto, digo yo). Algún día, así pues, os hablaré de las nuevas corrientes de investigación historiográficas que iluminan el periodo (en estas dos obras recientes, recién publicadas por dos historiadores de prestigio, tenéis originales enfoques sobre el tema), de memorias de guerra, de poesía bélica o de novelas.

Un perdedor que ‘venció’

Si me he decidido por Jünger no es para espantar al personal, para que me tachen de filofascista o para contentar al núcleo irreductible de negacionistas que acarreo. Jünger no fue un demócrata, exaltó hasta el paroxismo el espíritu guerrero, combatió del lado enemigo en dos guerras mundiales, pero a cambio nos dejó las descripciones más honestas y vívidas de una época salvaje. Este místico de la violencia hizo más por la paz y la reconciliación (no digamos ya por la literatura) que todos los melifluos pacifistas de su siglo, sentimentalmente opuestos a la guerra, tan políticamente sospechosos como moralmente  blanditos, como los calificó Orwell.

Ernst Jünger en 1986 (German Federal Archives)

Ernst Jünger en 1986 (German Federal Archives)

Por eso mismo, por su naturaleza maldita, tenazmente individualista, Jünger es un tipo tan poco celebrado por las instituciones europeas que se encargan, por nuestro bien, de proporcionarnos ‘una nueva narrativa’. Su obra es inmensa, algunos de sus libros, como sus memorias de la Primera Guerra Mundial, Tempestades de acero, son una muestra sublime de escritura humanísima y serena, pero el poder la conmemora poco o nada.

Y además, y quizá lo más importante, Jünger es un perdedor que venció por una razón que va más allá de lo coyuntural. La mística de la violencia ha desaparecido de nuestras sociedades. Había muchos Jünger en su tiempo, montones, aunque ninguno escribiera tan bien como él, pero no en el nuestro. Hace un tiempo os hablé de las tesis de Steven Pinker sobre las causas de la reducción de la violencia en el mundo. Pinker citaba a Jünger como un ejemplo de intelectual fascinado por un mundo violento y heroico con el cual nuestra sociedad ya no puede identificarse. Sus libros son anacrónicos, y ahí reside la paradoja, por ello doblemente fascinantes.

13 comentarios

  1. Dice ser ecoloJeta

    Menudo trullo de articulo…..¿Junger fascista?…………

    Poca cosa has leido de este nihilista. Cuando te leas los dos tomos de Radiaciones opina….mientras tanto acaba las ESO…..

    18 Diciembre 2013 | 19:55

  2. poesia

    Resulta obvio, si se lee aténtamente el texto, que lo de “fascista” es una ironía dirigida a sus muchos críticos (que para mí no llevan razón): Jünger no fue un demócrata, pero tampoco fue un fascista ni un nazi, eso salta a la vista de quien conozca mínimamente su pensamiento. No lo he leído todo de él, pero sí lo suficiente para saber qué era y qué no.

    Gracias por comentar.

    Saludos.

    18 Diciembre 2013 | 20:02

  3. “La valla de Melilla y sus cuchillas han dado la vuelta al mundo. Los estigmas en las manos, el desgarro de la piel, acabando ésta en ser parte del frío metal, no es el reflejo de “la necesidad de salvaguardar una estructura de Estado” ante “la inmigración ilegal”, como muchos rezan en las tertulias televisivas y, columnas de opinión de la prensa de un Régimen caduco. Es algo más: la negación del otro.

    La construcción de las identidades es un campo complejo. El nacionalismo español, tal como lo conocemos ahora, se comenzó a gestar bajo el reinado de Isabel II (1833-1868). En estos momentos, la figura del historiador obtendrá una gran relevancia, en aras de indagar en las raíces de un pasado común que aunase a todos los españoles.

    Se puede proponer una tesis oficialista, aupada en cierta medida por historiadores como Modesto la Fuente, Alcalá Galiano y Fernández de los Ríos –con matices–. De tal modo se sostenía que los valores de los españoles tendrían su origen en Roma, siendo el derecho romano uno de los pilares básicos sobre los que se sustenten la legislación vigente en aquel siglo. Los Godos serían la siguiente pieza sobre el tablero, envueltos en el cristianismo, fenómeno religioso que penetrará en todos los campos de la vida cotidiana, así como en las instituciones. Dicho factor se consolidó tras la llamada “Reconquista” ante la “invasión musulmana”. Los Reyes Católicos marcarán un punto de inflexión, consiguiendo la unión de todos los pueblos que habitaban en el territorio. A partir de ahí, una serie de episodios a gran escala definirían los valores de la nación española. La última gesta, la “Guerra de la Independencia” (1808-1814), en la cual, el pueblo expulsará a las tropas extranjeras, es decir, francesas. Sin lugar a dudas, lo aquí expuesto es una síntesis, sólo para que el lector se haga una idea de una corriente de pensamiento histórico al servicio de la nación.

    Pueden imaginarse que la creación de un tiempo pretérito propio, es excluyente. Resultaba necesario crear entidades “invasoras” que fueran expulsadas. El otro, el ajeno, se dibujaba como el enemigo que nada tuvo que ver en la conformación cultural del conjunto del reino. A pesar de ello, a finales de siglo las investigaciones sobre el Antiguo Oriente comenzaban a aflorar en la Península y no sólo proyectando sus estudios sobre territorios lejanos, también, mostrando un enfoque interno, indagando sobre los pueblos de corte oriental que se posaron, incluso, durante siglos dentro del marco español”.

    Por Javier F. Negro
    26/11/2013
    diagonalperiodico.net

    Artículo completo:
    http://veroirteclear.blogspot.com.es/2013/12/cuando-las-fronteras-no-eran-metalicas.html

    18 Diciembre 2013 | 21:18

  4. En sus comienzos, el siglo XX prometía ser un siglo de paz. No obstante, el inicio de la primera guerra mundial sacudió al mundo y dio pie a una era de conflictos armados sin precedente. “El estallido de la primera guerra mundial, en 1914, aún parece marcar el fin de una era y el comienzo de otra.” (The Origins of the First World War, publicado en 1992.) Aunque no es posible determinar a ciencia cierta el gigantesco saldo de víctimas de la primera guerra mundial, The New Encyclopaedia Britannica estima que tan solo el número de soldados muertos asciende a 8.500.000.
    FUENTE: http://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20140201/la-primera-guerra-mundial-cambi%C3%B3-al-mundo/

    18 Diciembre 2013 | 21:34

  5. Dice ser Glicerio

    De guerra menor nada.
    Duró cuatro años, se llevó por delante tres imperios y medio (el II Reich, el Austrohúngaro y el ruso, y el comienzo del fin del Británico), y hablando de británicos, tuvieron el triple de muertos en la Primera que en la Segunda Guerra Mundial. Francia perdió unos 1.240.000 soldados, frente a los 340.000 de la Segunda…Sólo hace falta pegarse un paseo por Francia y ver que en todos los pueblos hay un monumento a los caídos. en todos, y en todos hay nombres.
    Comenzaron las armas químicas, las granadas de mano, los aviones, los tanques, los submarinos, el comienzo del fin del acorazado, los bombardeos a ciudades…
    Y de aquí vinieron la hiperinflación alemana de 1923 –de lo que viene la preocupación de los alemanes por la inflación–, el Crack del 29, Mussolini y Hitler… en fin la Segunda GM.
    Por algo la llamaron la Gran Guerra

    18 Diciembre 2013 | 22:25

  6. Dice ser Pelus

    Pues como bien dices, creo que aunque sea la guerra mundial con la que menos nos han martilleado, a partir del 1 de enero, eso cambiará por el centeniarazo. Fue menos mundial, con menos muertos y mucho menos espectácular (en el sentido cinematográfico del término) que la IIGM, pero aún así, hasta los que vivieron ambas, siguieron llamándola la Gran Guerra, por algo será. La agonía de la larga guerra de trincheras marcó el carácter de muchísimas de las personas que sobrevivieron, como nos ha quedado reflejado básicamente en los que luego se dedicaron a escribir como el caso de Jünger, aunque también en el de Robert Graves o inclusio J.R.R. Tolkien.

    18 Diciembre 2013 | 22:35

  7. Dice ser Jojen reed

    Cómo? ya? en dónde está el artículo? vaya tomadura de pelo; me pones los dientes largos y claro…

    19 Diciembre 2013 | 01:44

  8. Dice ser Elemental querido Watson

    Que fuerte, os equivocais con la foto, borrais todos los comentarios al respecto, y poneis una foto correcta.
    Cobrais? o sois becarios?

    19 Diciembre 2013 | 02:19

  9. Dice ser Pet

    Como han señalado ya, de guerra menor nada. Quizás para el español de la época lo fue; dado el boom económico del que disfrutó España gracias a su neutralidad. Pero al igual que Francia, no hay un solo pueblo de Inglaterra que no tenga su monumento en memoria de lo que ellos siguen llamando la Gran Guerra: con sus nombres y apellidos. Lo mismo ocurre en todas las Iglesias. Juzgar la Gran Guerra bajo el prisma español da muy poco juego. Recuérdese que hasta 1914 Europa no había tenido guerra alguna desde la franco-prusiana, cuarenta años antes. Los jóvenes de la época sufrieron tal sopapo en la cara que el mundo cambió para siempre. Lean, lean.

    20 Diciembre 2013 | 20:36

  10. Dice ser maris

    Hola2

    29 Diciembre 2013 | 11:24

  11. Dice ser maris

    Hola y paz

    29 Diciembre 2013 | 11:26

  12. Dice ser maris

    Feliz año nuevo

    29 Diciembre 2013 | 11:27

  13. Dice ser Quickpaydayz

    Oh it is great that you agree with this. I know that its hard to belive on this but u did and wrote a good post.

    06 Enero 2014 | 19:43

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