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"... no me despiertes, si duermo, y si es verdad, no me duermas". (Pedro Calderón de la Barca, 'La vida es sueño')

Una bloguera contra un Nobel

3estrellasEl largo viaje del día hacia la noche

En la producción de El largo viaje del día hacia la noche que se representa estos días en el Teatro Marquina encontrarán un clásico… El clásico montaje de un texto al que no le ha sentado bien el paso del tiempo pero que salva el trabajo de un actor. De dos, en este caso.

No va esta humilde bloguera a intentar defenestrar a un Nobel de Literatura, Eugene O’Neill (Nueva York, 1888 – Boston, 1953), y menos aún atreverse a desmerecer el título por el que recibió, póstumo, su tercer Pulitzer y que se considera su obra maestra. Reconozco la solidez de sus personajes, la brillantez de su estructura, lo apropiado de sus referencias culturales, la magia de sus imágenes… Me gusta en particular cómo el verdadero drama detrás de los Tyrone es el hecho de que se consideran culpables de sus desgracias los unos a los otros.

El largo viaje del día hacia la noche

Una escena de ‘El largo viaje del día…’.

Pero también me parece que, a pesar de su juventud —70 años en la historia de la literatura no son nada—, El largo viaje… se ha quedado desfasado. Tal vez porque trata un conflicto muy específico de una clase social, un lugar y una época, por una parte; y, por otra, porque esa acumulación de tragedias, ese ir descubriendo fatalidades al lector o espectador una tras otra, hoy en día le resta credibilidad. En mi función, de hecho, algunas de las escenas de mayor tensión, algunos de los pasajes de mayor carga dramática, algunas de las acusaciones más duras que vierte un personaje sobre otro obtuvieron risas como respuesta por parte de varios espectadores. En efecto, pienso que, a pesar de la afinada versión de Borja Ortiz de Gondra, este desfase puede explicar que parte del segundo y, sobre todo, del cuarto acto se hagan largos.

Y, con todo, si este El largo viaje… vale la pena —en mi opinión, la vale—, es gracias a Mario Gas y Vicky Peña. Él da vida a James Tyrone con una naturalidad tal que resulta odioso. Me imagino a otros actores viéndolo y preguntándose por qué lo hace parecer tan fácil. Ella, que no deja de ir a más durante la representación, borda a Mary. Creí que no se podría superar como la señora Lovett en Sweeney Todd o como María Moliner en El diccionario y, sin embargo, me fascinó aquí con esa falsa serenidad, con esas miradas perdidas, con esas cadencias de voz que sabe manejar a la perfección. Definitivamente, Peña sostiene la función, y da tanta fuerza a la sentencia final de Mary Tyrone que casi hace olvidar lo tedioso que ha podido resultar el texto.

Debo aplaudir igualmente la iluminación de Gómez-Cornejo, así como el vestuario —fetén— y la escenografía, de Elisa Sanz… salvo por las proyecciones. No pude dejar de recordar las de El crítico, en la que Sanz también trabajaba con Juan José Afonso en la dirección. Si aquellas me desagradaron, estas más. ¡Qué manera de echar a perder con un soporte tan obvio la magia de los juegos de luces y sombras que ellos mismos crean con los tejidos! (Sí, detesto las proyecciones cuando considero que no vienen al caso. Les tengo auténtica manía. Soy consciente.)

Total: vayan por ver a Gas y Peña; descártenla si coetáneos como Arthur Miller o Tennessee Williams no son de su agrado. Creo que este O’Neill ha envejecido peor.

– Título original: Long Day’s Journey into Night.

Autor: Eugene O’Neill.

Versión: Borja Ortiz de Gondra.

Dirección: Juan José Afonso.

Elenco: Mario Gas, Vicky Peña, Alberto Iglesias, Juan Díaz, Mamen Camacho.

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz.

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo Sánchez (A. A. I.).

Producción: Iraya Producciones.

Sala: Teatro Marquina, Madrid.

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