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"... no me despiertes, si duermo, y si es verdad, no me duermas". (Pedro Calderón de la Barca, 'La vida es sueño')

Tela-Katola o vivir cantando

No son maneras de tratar a una dama 

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Soy de la mitad de la población a la que le gustan los musicales. De esa mitad de la población a la que no solo no le choca que de pronto un personaje deje de hablar y pase (igualito que Salomé) a vivir cantando, sino que incluso desearía que la vida tuviera banda sonora incorporada. Entenderán, pues, que aplauda con las orejas cada nuevo montaje, cada nuevo pedacito del off-Broadway que nos trae Tela-Katola.

No son maneras de tratar a una dama

David Ordinas e Inma Cuevas en una imagen promocional de ‘No son maneras de tratar a una dama’.

Conocí la compañía hace algunos años en el Teatro Alfil, donde representaban Te quiero, eres perfecto… ya te cambiaré, una pequeña producción del musical de Joe DiPietro y Jimmy Roberts que tenía muy poco que envidiar a la que, allá por 2001, protagonizaron Silvia Marsó, Carmen Conesa, Víctor Ullate y Miguel del Arco. Más recientemente, estuvieron en la sala pequeña del Nuevo Alcalá con un cuidado Tick, tick… boom!, de Jonathan Larson (más conocido por Rent). Ahora han vuelto al Alfil, con la comedia musical No son maneras de tratar a una dama, y con éxito a juzgar por los meses que llevan en cartel y lo lleno que estaba este sábado el teatro.

Creo que aunque no hubiera sabido de antemano que Tela-Katola está detrás de este No son maneras…, lo habría adivinado, porque lleva la inconfundible marca de la casa. ¿Que en qué consiste? Les cuento:

En primer lugar, en adaptar al español como dios manda. Cuidado, que si traducir un texto creativo en general resulta complicado, traducir ajustándose a la métrica que impone la música e intentando respetar la fonética, todavía más. Sobre todo porque muchos de los trillones de monosílabos que tiene el inglés se convierten en polisílabos cuando se trasladan al castellano.

Luego, en el talento. En mi función, Diego Rodríguez (Jean Prouvaire en Los miserables) interpretó al detective Brummel con mucho encanto; Víctor Massán (a quien hace solo unos meses vimos en el micromusical En un encender y apagar) pasaba con soltura de dar miedo a mostrar la cara más patética del asesino en serie Christopher Gill; Teresa Cuesta bordó sobre todo el papel de la metomentodo Flora Brummel; y Laura Castrillón (Sarah) volvió a encandilarnos con su voz, como ya hizo en Te quiero, eres perfecto… ya te cambiaré y Tick, tick… boom! Si bien lograron mantener un buen ritmo, flojeaban al acoplarse en los números corales, lo que tal vez se deba a que la mayoría de ellos no forman parte del -llamémoslo así- primer reparto (Rodríguez sustituye a Jorge Gonzalo, Massán actuó en lugar de David Ordinas y Teresa Cuesta reemplaza a Inma Cuevas).

Sigo con la marca de la casa. Tienen estas producciones un sonido como ya les gustaría a muchas grandes. Aquí, con una pequeña banda impecable en directo. (¡Tres hurras por los que saben ajustar la percusión!)

Y, por último, solventan con creatividad la falta de recursos. En No son maneras…, la escenografía se basa en unas simples transparencias que, además de servir para pasar de un restaurante a la casa de Brummel o a Central Park, apoyan el humor de la pieza e incluso dan pie a pequeños gags. ¡Geniales!

Así que les recomiendo que se vayan haciendo con entradas si quieren vivir 100 divertidos y bien trabajados minutitos de off-Broadway en Madrid.


Autor: Douglas J. Cohen.
Adaptación: Tela-Katola.
Dirección musical y escénica: Pablo Muñoz-Chápuli.
Reparto: Diego Rodríguez, Víctor Massán, Laura Castrillón, Teresa Cuesta.
Escenografía y vestuario: Ana Tusell.
Iluminación: Carlos Alzueta.
Producción: Carmela Martínez Oliart.
Sala: Teatro Alfil, Madrid.

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