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Estoy dramatizando Estoy dramatizando

"... no me despiertes, si duermo, y si es verdad, no me duermas". (Pedro Calderón de la Barca, 'La vida es sueño')

Forqué en un barrio humilde cualquiera

3estrellasBuena gente

En un barrio humilde cualquiera de una ciudad cualquiera, Margarita García, de unos 60 años, está a punto de perder el trabajo como cajera que le permite sobrevivir y mantener a su hija discapacitada.

Verónica Forqué en 'Buena gente'

Verónica Forqué es Margarita en ‘Buena gente’. (Foto: Javier Naval)

Margarita es millones de mujeres que viven hoy en día en centenares de miles de barrios de decenas de miles de ciudades. Su historia, la de Buena gente, funciona por eso, por su cercanía, porque todos nos hemos cruzado alguna vez con Margarita. También porque pone sobre el tapete una cuestión: ¿existen la suerte o el destino? Y por su estilo, que por momentos recuerda al de Edward Albee en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, aunque en tono de comedia.

En realidad, la de Margarita es la historia de Margie. Así la contó David Lindsay-Abaire en Good people. Ahora, su universalidad y una adaptación muy acertada, de David Serrano (que también dirige) la han convertido en Marga en esta producción.

Aquí le da vida una Verónica Forqué a la que le basta con estar comedida para brillar. Y cuidado, que estar comedido en un papel así tiene todo el mérito del mundo: al fin y al cabo se trata de eso, de resultar creíble como una persona corriente. A su lado, la otra gran estrella del montaje, las transiciones, cómo los saltos de una escena a otra se producen como una fusión, con un decorado desapareciendo paulatinamente a la vista del espectador para convertirse en otro mientras continúa desarrollándose la obra.

'Buena gente'

‘Buena Gente’. De izda. a dcha. y de delante atrás: Sánchez, Forqué, Castro, París y Fernández. (Javier Naval)

En el reparto, todos correctos, aunque cabe destacar la versatilidad de Pilar Castro interpretando dos papeles muy diferentes. Cierto que Diego París se atropella, pero le viene que ni pintado al personaje.

Hay algo, con todo, que hace que Buena gente no termine de conmover. Más una carencia que un error, algo que impide que emocione todo lo que podría. Vi perdida a una actriz de la talla de Susi Sánchez, y conociendo la valía y la trayectoria de Serrano me niego a creer que se trate de un fallo de dirección. Esto, sumado a una vacilación por aquí y otra por allá, me hace pensar que le falta rodaje. Comprensible –¡maldita crisis!– si consideramos que cada día ensayo es un día de gastos sin ingresos. Confío en que la propia suma de funciones le terminará por ponerle la guinda de la emoción a este apetecible pastel.

Título original: Good people.

Autor: David Lindsay-Abaire.

Versión y dirección: David Serrano.

Reparto: Verónica Forqué, Juan Fernández, Pilar Castro, Susi Sánchez, Diego París.

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda.

Iluminación: Felipe Ramos.

Vestuario: Beatriz San Juan.

Producción: Carlos Lorenzo, SOM Produce, Milonga Producciones.

Sala: Teatro Rialto, Madrid.

Variaciones

4estrellasConstelaciones

Recuerdo (tampoco ha pasado tanto tiempo) como cuando estudiaba piano odié a Bach. Además de complejísimas de ejecutar (digamos que nunca he tenido las dotes de Maria João Pires), sus partituras me parecían demasiado técnicas, demasiado matemáticas y faltas de emoción. El colmo ya eran las variaciones: ¡venga a prolongar la tortura dándole vueltas a un tema!

Antes de proseguir y de que a algún entendido se le salgan los ojos de las cuencas, se le levante la tapa de los sesos y/o le dé un infarto de miocardio, aclararé que con los años mi aprecio por la música de Johann Sebastian Mastrop… digooo, Johann Sebastian Bach ha ido en aumento. En serio. Palabrita.

Inma Cuevas

Inma Cuevas. (Kendosan Producciones)

El jueves salí del Teatro Lara con el alma tocada como solo la toca una buena expresión artística, con el corazón contento por haber tenido el gusto de disfrutarla y pensando en Bach. En Constelaciones vi la versión dramatúrgica de las variaciones. La obra de Nick Payne es un deleite formal, una sucesión de escenas cortas cronológicamente desordenadas pero dispuestas de tal forma que en un mismo grupo una cambia solo un poco con respecto a la anterior. Su historia, la historia de amor de una pareja, bien servida, con un conflicto añadido. En el fondo, un precioso juego de posibilidades inspirado en la hipótesis de los universos paralelos y traído a colación de que el personaje femenino trabaja como física cuántica.

Constelaciones

Cuevas y Calvo en ‘Constelaciones’. (Kendosan Producciones)

Lo que hacen los ejecutores de estas variaciones —alabadas sean Talía y Melpómene—, Inma Cuevas y Fran Calvo, es un auténtico ejercicio de virtuosismo. Sin que medie más tiempo que el que se tarda en suspirar, arrancan una escena que tal vez difiere de la precedente en solo un puñado de palabras, en alguna sutileza, pero acometen con éxito la enorme tarea de mudarle el color. (Tiemblo solo de pensar lo infumable que se haría el mismo texto interpretado por actores menos talentosos.) No me extrañaría que alguien se estuviese rifando a Cuevas mientras usted lee estas líneas. De un tiempo a esta parte, no hago más que encontrarme su nombre en todos los saraos teatrenses (un día de estos la RAE me da un sillón… o me manda deportar). Comprensible: tiene una soltura asombrosa, además de una de esas dicciones que deben ser celebradas. Calvo le replica con una verosimilitud muy apropiada.

Pero si estamos ante una producción redonda es porque se ha mantenido la coherencia del juego y el esquema de la pieza se ha trasladado a todos los aspectos. No me sorprendió leer en el programa de mano que hay un responsable de movimiento escénico y coreografía, porque los desplazamientos, las acciones, desempeñan un papel fundamental a la hora de completar estas peculiares variaciones. También la utilería. Todo resuelto gracias a la detallista dirección de Fernando Soto, a quien hasta ahora conocía solo como actor.

Voy a sacarle un pero. El final. Un diez para la canción, muy bien traída, un negativo para la imagen del dado, por obvia.

CONSTELACIONES de Nick Payne 2015 from KendosanProducciones on Vimeo.

Título original: Constellations.

Autor: Nick Payne.

Dirección: Fernando Soto.

Reparto: Fran Calvo, Inma Cuevas.

Movimiento escénico y coreografía: Antonio Gil.

Escenografía e iluminación: The Blue Stage Family.

Vestuario: Aubele.

Producción: Kendosan.

Sala: Teatro Lara (sala principal), Madrid.

Una vez más

4estrellasBits

Solo la genialidad puede lograr que algo tan sencillo como un gesto o un “eeeh” resulte hilarante. Solo la brillantez de una mente (o de tres) capaz de observar lo cotidiano y descomponerlo para luego ensalzarlo.

Pocos más que Tricicle, y ellos de un modo singular, lo consiguen. Una vez más, Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans lo hacen en Bits, estrenado en 2012, probablemente —como ellos mismos destacan en el programa de mano— el espectáculo en el que más hablan.

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El sketch del día de pesca, uno de los mejores de ‘Bits’. (Foto: Juan Carlos Soler)

Bits tiene a internet como nexo, y funciona fenomenal en parte porque el pretexto no deja de ser eso, un pretexto, un vínculo entre sketches. Frente a aquellos otros shows en los que la idea central pesa más, la libertad de estos les hace ganar en agilidad. Así surgen historias descacharrantes, como la del detector de metales, la del día de pesca, la de la manifestación (¡sublime!) o la del casting (bendito sea el uso tricicliano de la palabra si deriva en escenas como la de la morcilla y las lonchas de bacon).

Bits también es el espectáculo de los homenajes. Los propios Tricicle se hacen un guiño a sí mismos rescatando algunos de sus personajes anteriores y rinden tributo a otros artistas y comediantes. (Un puntazo ver cómo se fusionan ambos tipos de humor en el homenaje a Les Luthiers.)

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El homenaje a Les Luthiers, una delicia para fans de Tricicle y los argentinos. (Foto: Juan Carlos Soler)

Como actores, Gracia, Mir y Sans conservan la chispa de siempre. Como creativos, saben interactuar con el público sin abusar. Y respetan el aspecto técnico, cuidando como se merecen la iluminación y el sonido. Sí se le puede exigir más al diseño gráfico en las proyecciones.

Una vez más, para todas las edades, ideologías, sexos, credos… Una vez más, Tricicle.

Nota: No quiero desaprovechar la ocasión de dar las gracias a la pareja que estaba sentada en la fila de delante. Gracias por haberos percatado de que si Tricicle hablan poco en sus espectáculos es para que vosotros expliquéis en voz alta lo que están haciendo. Gracias por comentarlo entre vosotros y, por extensión, con todos nosotros, espectadores vecinos. La función ganó enteros. Muchas gracias.

Guión, dirección y producción: Tricicle.

Actores: Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans.

Producción técnica: Miguel Ángel García.

Escenografía: Paula Bosch.

Iluminación: Luis Martí.

Sonido: Ricardo González.

Vestuario: Marta Wazinger.

Sala: Teatro Compac Gran Vía, Madrid.

Una hora, que no es poco

3estrellasEl eunuco

Vaya por delante que El eunuco no es mi tipo. (De obra, no se me pierdan.) Y aun así, me tuvo enganchada y sonriente durante una hora, que no es poco.

El eunuco

Pepón Nieto y Anabel Alonso en una escena de ‘El eunuco’. (Foto: Pentación)

Libérrima versión del clásico de Terencio a cargo de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez, con dirección de este último, ha llegado a Madrid después de atraer a más de 15.000 espectadores y hacerse con el premio del público en el Festival de Mérida. Entre sus bazas cuenta con un (en estos días inusitado) reparto de nueve actores, algunos de ellos muy populares, y una mezcla de vodevil, musical y comedia de situación.

Decía que me tuvo enganchada y sonriente durante una hora, y no tanto durante la segunda mitad, precisamente porque flojea como comedia de situación. Aunque el tono ligero se mantiene, el enredo, muy prometedor al comienzo, se queda en eso, en promesa, y el ritmo va decayendo.

En este sentido, el musical tampoco ayuda. Sí contribuye a marcar el carácter vodevilesco del espectáculo, y los números más cómicos funcionan. Sin embargo, llega un punto en el que las canciones parecen interrumpir la función.

El eunuco

El elenco de ‘El eunuco’, con Jorge Calvo en el centro. (Foto: Pentación)

Tres cuartos de lo mismo ocurre con la escenografía, que tampoco es en sí misma reprobable pero no encaja. Consta básicamente de cuatro paneles blancos con ruedas que los propios actores van desplazando por las tablas para crear las distintas escenas. Una buena idea bien ejecutada y bien dirigida, solo que se da de bruces con la base clásica de la obra e, incluso, con el propio vestuario.

Me quedo con el matiz caricaturizado de los personajes que marca la dirección y con la agilidad (esta sí) de los diálogos. En el elenco sobresalen Anabel Alonso, creíble y versátil, y, sobre todo, Jorge Calvo, que, aquí como bonachón, una vez más, lo borda.

Autores: Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez. Versión libre de la obra de Terencio.

Dirección: Pep Antón Gómez.

Elenco: Pepón Nieto, Anabel Alonso, Alejo Sauras, Jorge Calvo, Antonio Pagudo, Marta Fernández-Muro, María Ordóñez, Jordi Vidal y Eduardo Mayo.

Composición musical: Asier Etxeandía y Tao Gutiérrez.

Escenografía: Eduardo Moreno.

Vestuario: Sandra Espinosa.

Iluminación: Miguel Ángel Camacho.

Coreografía: Chevi Muraday.

Producción: Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Mixtolobo, Labaska64 y Ciclán.

Producción ejecutiva: Pentación Espectáculos.

Sala: Teatro La Latina, Madrid.

 

Un (imaginado) combate dialéctico entre Freud y C. S. Lewis

4estrellasLa sesión final de Freud

Aplaudiendo con las orejas me pillan. Hacía tiempo que no encadenaba tantos espectáculos poliestrellados consecutivos en tantas salas de teatro llenas hasta la bandera. Con las orejas.

El último, La sesión final de Freud producido por Unir Teatro, bien podría incluirse como obligatorio en el programa curricular de los grados en Filosofía y Arte Dramático. Ahí lo dejo.

La sesión final de Freud

Ortiz y Pedregal en ‘La sesión final de Freud’. (Foto: Teatro Español)

La obra de Mark St. Germain, inspirada en La cuestión de Dios de Armand M. Nicholi, narra el encuentro de Sigmund Freud, ateo convencido, y el converso C. S. Lewis. Un encuentro que probablemente nunca tuvo lugar (al parecer, no hay constancia de que el padre del psicoanálisis y el ensayista y novelista se conocieran) pero que St. Germain sitúa en la Inglaterra del septiembre de 1939, a punto de embarcarse en la II Guerra Mundial, con un Freud octogenario aquejado de cáncer de boca y un Lewis recién entrado en la cuarentena.

El texto, repleto de datos reales sobre las vidas e ideologías de ambos intelectuales, es en realidad un combate dialéctico en torno a la existencia de dios y el sentido de la vida. Y aunque transcurre en un único ambiente y en él apenas subyace una trama, St. Germain evita con maestría que se convierta en una lección tediosa exclusiva para eruditos “combinando momentos de gran fuerza dramática con otros más ligeros que hacen que la obra tenga mucho ritmo”, en palabras de la directora del montaje, Tamzin Townsend.

La sesión final de Freud

Pedregal, irreconocible como Freud. (Foto: Teatro Español)

En efecto, el fino humor y la socarronería que destilan los personajes hacen de contrapeso perfecto para la carga filosófica de la obra. Pero ya la precisión con que están representados los dos y sus caracteres basta para suscitar un interés en el espectador por averiguar más sobre ellos que va creciendo a medida que se va desarrollando la pieza.

Con esa dramaturgia, Townsend muestra una gran sabiduría al rebajar el protagonismo de la dirección en favor del texto y los actores, de tal modo que su tarea, no por ello menos meritoria, pasa casi desapercibida.

Luego está Helio Pedregal en el papel de Sigmund Freud, una de esas interpretaciones que dejan sin palabras. Sustentado en un trabajo físico colosal, el insuperable Freud de Pedregal destila verdad por los cuatro costados. Le contesta, afinado, Eleazar Ortiz.

Título original: Freud’s Last Session

Autor: Mark St. Germain

Traducción: Ignacio García May

Dirección: Tamzin Townsend

Reparto: Helio Pedregal, Eleazar Ortiz

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario: Gabriela Salaverri

Iluminación: Felipe Ramos

Producción: Unir Teatro

Sala: Teatro Español (sala pequeña), Madrid

No solo de dramaturgia vive el hombre

Una espinita clavada, ganas de repetir y determinado estado de ánimo me han vuelto a llevar a Microteatro por Dinero. Una espinita clavada porque en diciembre me perdí la segunda edición de los Micromusicales (snifff, snifff). Ganas de repetir porque en la primera edición me chifló uno de ellos, Por culpa del amor, y lo están reponiendo. Y determinado estado de ánimo porque a priori la opción más atractiva del fin de semana para mí era el Don Juan Tenorio versionado por Juan Mayorga y dirigido por Blanca Portillo —que ocupa un lugar de honor en mi pedestal teatrófilo—, pero por algún motivo que no sabría explicar no tenía yo estos días cuerpo de Tenorio y sí de esa deliciosa cerveza a la que no voy a hacerle publicidad gratuita que sirven en el bar de Microteatro. No solo de dramaturgia vive el hombre.

Lo tiene casi todo: intensidad, una estructura redonda, humor, referencias culturales, un par de actores enérgicos, sorpresa final… De Julián Salguero y Jorge Toledo, recuerda por su frescura a Avenue Q o Pegados, y deja con ganas de más.

por culpa del amor

‘Por culpa del amor’. (Foto: Facebook)

Eso escribí (página 20) en la versión impresa de este blog sobre Por culpa del amor en diciembre de 2013, y lo mantengo. Ayer salí igual de encantada que hace un año, un poco más, incluso, teniendo en cuenta que me hice con un cedé con las canciones del musical y ya puedo torturar a mis vecinos cantando “tinoníii, suena la alarma” cual Verónica Polo a voz en grito por las mañanas. Así que vuelvo a recomendarlo y no dejo de confiar en que sus autores nos brinden algún día la versión extendida.

La visita a Microteatro me deparó, además, una agradable sorpresa. Al entrar a otra de las pequeñas obras en cartel, Mejunjes, caí en la cuenta de que una de sus protagonistas es Aixa Villagrán, a quien vi el pasado noviembre en Luciérnagas. Lo que me sorprendió fue descubrir que también firma el texto, una comedia negra mordaz que Maica Barroso y ella bordan, y que con razón se ha recuperado como una de las obras que más éxito de público tuvieron anteriormente. Villagrán, eso sí, no ha acabado de sacarme de dudas respecto a si tiene un determinado perfil interpretativo, por la brevedad de esta pieza y porque su personaje guarda ciertas similitudes con el de Luciérnagas. Con otra espinita clavada me quedo, pues, que ojalá me depare algún día una nueva alegría teatrófila…

Un musical que da gloria

4estrellasSister Act

Hablaba hace unos días de la calidad que siempre llevan por sello los espectáculos de Stage Entertainment, y la condición vuelve a cumplirse en Sister Act.

Se trata en este caso de una coproducción con Whoopi Goldberg, con quien la división internacional de la compañía ya colaboró para hacer realidad el show en Londres y en Broadway, a la que aquí se ha sumado El Terrat, la productora de Andreu Buenafuente.

Sister Act

Una de las escenas de ‘Sister Act’. Mireia Mambo, la protagonista, es la tercera por la izquierda. (Foto: Stage Entertainment)

El musical cuenta fundamentalmente la misma historia que la película homónima que protagonizó Goldberg en 1992. Nada trascendental o que haya sacudido los cimientos de la dramaturgia, claro, pero suficiente para garantizar más de dos horas de entretenimiento y diversión. Gran parte de esta responsabilidad recae, con todo, en la adaptación del libreto, de Xavier Cassadó, una de las más felices que he visto en los últimos tiempos y cuyos chascarrillos con referencias locales celebra con justicia el respetable. Me sorprendió, por cierto, la elevada media de edad de los espectadores en la función a la que asistí. P. me explicó después que puede contribuir a ello el hecho de que personas de una franja de edad determinada que no dominan el catalán quieran aprovechar las producciones teatrales que se hacen en castellano. Sea como fuere, ese público de la tercera edad disfrutó de Sister Act tanto o más que la juventud que también había en el Tívoli, y aplaudió de lo lindo.

Sister Act

Fermí Reixach interpreta a Monseñor. (Foto: Stage Entertainment)

Otro de los puntos fuertes de este musical son las composiciones, del oscarizado por sus creaciones para Disney Alan Menken. Tienen una base fundamental de pop aderezada con soul, funk, disco, gospel… Pero si da gloria es por las brillantes ejecuciones de las decenas de artistas que integran el elenco, del primero al último. Una de las mejores pruebas de que la calidad del espectáculo se ha cuidado hasta el extremo, de hecho, llega cuando se van sucediendo los números musicales y todos, independientemente de quién participe en ellos, suenan impecablemente. Me aventuraría a decir, incluso, que algunos de los artistas que intervienen en Sister Act flojean un poco en el aspecto interpretativo (no es el caso de Àngels Gonyalons o Fermí Reixach, desde luego, que están magníficos; sí, en mi opinión, el de Mireia Mambo, por ejemplo, aunque desprende una energía fabulosa), pero todos cumplen en el aspecto vocal. Los números corales, de hecho, da gloria oírlos —nunca mejor dicho—. Personalmente, me quedo con Ser monja es lo mejor (It’s Good to Be a Nun) y me encantó la chispa de Antonio Curros, Ramón Balasch y Gerard Mínguez en el divertido Mujer de negro (Lady in the Long Black Dress).

De añadir a todo esto una escenografía y un vestuario magnéticos, unas coreografías graciosísimas y un ritmo adecuado propiciado por una buena dirección de escena, solo puede resultar un teatro lleno. Mi bendición.

Compositor: Alan Menken.

Letras: Glenn Slater.

Libreto: Cheri & Bill Steinkellner.

Adaptación al español: Xavier Cassadó.

Director musical: Arnau Vilà.

Director residente: Marc Montserrat Drukker.

Elenco: Mireia Mambo Bokele, Àngels Gonyalons, Fermí Reixach, Silvia Abril, Enrique Sequero, Juan Delgado, Gara Roda, Malia Conde, Antonio Curros, Ramón Balasch, Gerard Mínguez.

Escenografía: Klara Ziegerova.

Coreografía: Anthony van Laast.

Vestuario: Lez Brotherston.

Diseño de iluminación: Natasha Katz.

Producción: Whoopi Goldberg, Stage Entertainment, El Terrat.

Sala: Teatre Tívoli, Barcelona.

 

Que sean otros 15

Stage Entertainment España celebró hace unas semanas su 15º aniversario con una magnífica gala, que, por cierto, se podrá ver este domingo en Canal+ y que no debería perderse ningún aficionado al género musical.

Gala 15 aniversario Stage Entertainment

Paloma San Basilio y José Sacristán, dos de los artistas que participaron en la gala de Stage Entertainment. (Gtres)

Como suele pasar en este tipo de eventos, allí no faltaron las felicitaciones de propios y extraños a la productora; pero me llamó la atención que, entre loas y buenos deseos, esta cumpleañera recibió también muchos agradecimientos. Agradecimientos por haber traído a nuestro país musicales que antes implicaban un viaje, como mínimo, a Londres, o por seguir en el negocio a pesar de la crisis y del IVA al 21%.

Los menos románticos pensaréis que al fin y al cabo se trata de una empresa, que como tal tendrá como primer y lógico objetivo ganar dinero, y que si continúa será porque no le va mal del todo. Que si ha sabido encontrar ese nicho de mercado y le funciona, bien por ella, pero que pagar 60 euros por una entrada y, encima, dar las gracias, pues como que no. Así pienso yo, en parte.

En parte. Porque, en realidad, me alegro de que Stage Entertainment España exista y de no haber tenido que viajar a Londres para ver La bella y la bestia, Los productores, Mamma mia!, Fiebre del sábado noche, Chicago, Los miserables, El rey león Y porque, puestos a ganar dinero, también hay quien lo hace vendiendo armas a países subdesarrollados en conflicto. #esoesasí #estoydramatizando

Y agradezco que no se hayan servido del escaso bagaje que tenemos el público mayoritario en el género (podrían haberlo hecho) para rebajar la calidad. Que siempre presenten producciones técnica y artísticamente cuidadas que a algunos nos ponen los pelos de gallina. Creo que eso va más allá del enriquecimiento y que es respeto al espectador y amor al arte. Al arte musical.

Que sean otros 15, Stage.

P. D.: Tengo pendiente, precisamente, un post sobre Sister Act, otro de los espectáculos de Stage que destilan mimo. Prometo que será pronto, ahora que he vuelto del lado oscuro de las mudanzas… ¡Feliz Navidad!

Juan Diego ‘el Desalmado’

3estrellasSueños y visiones del rey Ricardo III

Me encantaría decirles que entre mis dramaturgos favoritos están Ionesco, Gorki o, al menos, Pinter y parecer un poco más sofisticada, pero lo cierto es que entre mis dramaturgos favoritos está Shakespeare, qué le vamos a hacer. Entre los míos y entre los de muchas otras personas, por lo obvio y también a juzgar por el llenazo del viernes en la sala principal del Español.

Ricardo III

Terele Pávez y Juan Diego en ‘Sueños y visiones de Ricardo III’. (Foto: Sergio Parra)

En Ricardo III encontramos a uno de los personajes más fascinantemente desalmados del Bardo de Avon, tan cruel que es rechazado por su propia madre. Y este Sueños y visiones… no es sino una curiosa adaptación de aquella, con dramaturgia de José Sanchis Sinisterra y versión escénica (y dirección) de Carlos Martín. Tal y como explican sus creadores, aquí se ha alterado la estructura original, y se ha convertido la escena tercera del quinto acto en el centro de la pieza. El resultado tiene mucho de interesante, sobre todo por la importancia que cobran los fantasmas del monarca, sus temores, sus pensamientos.

En el aspecto escenográfico (también lo explican los responsables) se ha recurrido a un juego de planos que marcan la diferencia entre lo imaginado y lo pasado frente a lo real y lo presente con tules, proyecciones y juegos de luces (por cierto, magnífica la iluminación). Ni la dramaturgia tendría sentido pleno sin esta igual de interesante concepción ni viceversa. Eso sí, obliga, supongo, para subsanar la dificultad que implicaría a la hora de proyectar las voces, a utilizar micrófonos, con la pérdida de encanto y credibilidad que eso conlleva.

Aunque inferior en número, el reparto femenino se impone en Sueños y visiones… al masculino. No solo están estupendas Terele Pávez (la duquesa de York) y Asunción Balaguer como Margarita; con sus limpias interpretaciones, las más jóvenes Lara Grube (Lady Ana) y Ana Torrent (Isabel) consiguen crear una magnética aura alrededor de sus personajes. Juan Diego recrea con gran mérito la deformidad del rey Ricardo y borda sus arranques de cinismo. Lástima que la dicción impida entender algunas de sus líneas.

Autor: William Shakespeare.

Dramaturgia: José Sanchis Sinisterra.

Dirección y versión escénica: Carlos Martín.

Reparto: Juan Diego, Juan Carlos Sánchez, Jorge Muñoz, José Hervás, Lara Grube, Ana Torrent, Aníbal Soto, Óscar Nieto, Carlos Álvarez-Nóvoa, José Luis Santos, Asunción Balaguer, Terele Pávez.

Escenografía: Dino Báñez, Miquel Angel Llonovoy.

Audiovisuales: David Bernués.

Iluminación: Pedro Yagüe, José Manuel Guerra.

Vestuario: Ana Rodrigo.

Composición y espacio sonoro: Miguel Magdalena.

Producción: Teatro Español.

Sala: Teatro Español (sala principal), Madrid.

Los talentos y lo público

3estrellasMejor historia que la nuestra

Tuve una conversación con D. poco después de saberse que Natalio Grueso había programado la dramaturgia completa de Mario Vargas Llosa en el Teatro Español. D., joven autor y director de escena, estaba (como unos cuantos más, me consta) indignado. Creía que los recursos empleados por el teatro público en programar íntegro a un Vargas de calidad discutible como dramaturgo bien podrían haberse destinado a aupar a algún creador incipiente.

Le llevé la contraria, más por lo que me gusta provocar discusiones que porque estuviera en total desacuerdo con él, y me replicó: “Tú que vas al teatro todas las semanas. Dime diez autores en español de ahora, vivos”.

Nunca llegué a completar la lista porque enseguida derivamos en otra discusión sobre si debíamos considerar dramaturgo a Miguel del Arco, pero yo sí quise hacerlo cuando llegué a casa. Lo logré, pero me di cuenta de que con más esfuerzo del que, por lógica, debiera necesitar.

Mejor historia que la nuestra

Muñoz y De Anta en ‘Mejor historia que la nuestra’. (Foto: Andrés Lázaro)

Anteayer me acordé de aquella charla con D. después de ver Mejor historia que la nuestra. De Vargas Llosa en el Español —lo admito— me quedé en La Chunga. Francamente, se me quitaron las ganas de ver más cuando P., filóloga, me dijo que esa es con diferencia la mejor obra teatral del nobel peruano.

Anteayer me acordé de aquella charla con D. —decía— después de ver Mejor historia que la nuestra, un texto de una joven autora, Lucía Carballal, reconocido con un accésit en el Premio Marqués de Bradomín 2012 y que bien merecería alguna sala en algún teatro público.

Encontré mucho potencial en una pieza que trata entre otras cuestiones la muerte y la responsabilidad frente al deseo de bienestar. El texto, de diálogos punzantes, brillantemente opresivo, toma aire en bocanadas de un fino humor negro. De los personajes, me pareció un poco inconsistente el de la cuidadora, Paula, a pesar de que me fascina la energía de la actriz que le da vida, Natalia Huarte, a quien hemos visto en la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. A ella y sobre todo a Cristina de Anta, que interpreta a Maite, la hija del (enfermo) protagonista, las vi un pelín pasadas de revoluciones en determinados pasajes, pero muy atinadas en conjunto. Ninguna desentona, de todos modos, como tampoco Antonio de Cos (Roberto, el novio de Maite), frente al kamikaze Chema Muñoz, que brinda a un Luis impecable, sobrecogedor.

Mejor historia que la nuestra

Chema Muñoz protagoniza ‘Mejor historia que la nuestra’. (Foto: Andrés Lázaro)

En su trabajo se reconoce también el de Francesco Carril (en mi fichero mental constaba también por la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, pero en el enlace comprobarán que tiene un currículo pasmoso a pesar de su juventud), que aquí se encarga de la dirección. Genial la idea de cambiar manteles para marcar el paso de los días; dudo si se rentabiliza, por artificial, el impacto estético que una prenda de todos los protagonistas y el primero de los manteles compartan estampado.

Incorporo a Carballal, en cualquier caso, a la lista de autores teatrales actuales en castellano. A esa de los que no merecen menos que el Vargas Llosa dramaturgo un huequecito en un teatro público.

Texto: Lucía Carballal.

Dirección: Francesco Carril.

Elenco: Chema Muñoz, Cristina de Anta, Antonio de Cos, Natalia Huarte.

Iluminación: Pablo Seoane.

Vestuario: Laura Renau.

Espacio sonoro: Eduardo Castro.

Espacio escénico: Francesco Carril.

Producción: Verónica Doynel.

Sala: Teatro Lara (sala Off), Madrid.