El pacifista sudafricano Desmond Tutu solía decir que optar por la neutralidad en un caso de injusticia supone tomar partido por el opresor. Estos días, el cantaor jerezano José Mercé ha sido objeto de críticas por su actuación en Jerusalén con motivo de la conmemoración del inicio de relaciones diplomáticas entre España e Israel. Él ha declarado, y no sin razón, que lo suyo es el flamenco y no la política. Y pese a todo, la noticia vuelve a poner encima de la mesa un debate que colea desde tiempos de los Beatles. ¿Debe un artista participar en conciertos organizados por y para gente cuyas prácticas políticas y sociales son, cuanto menos, reprochables? A algunos les trae sin cuidado. Ahí están los casos de Mariah Carey actuando en privado para Gadafi, una propuesta que rechazó, por ejemplo Jennifer López. Otros, como Bono de U2, están dispuestos a estrechar la mano de políticos de cualquier pelaje sin reparar lo más mínimo en su historial. Y algunos, pocos, ponen sus convicciones por encima de su bolsillo.
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Música, ética y política
02 diciembre 2011El fin de (este) Internet
18 noviembre 2011Estados Unidos debate estos días una iniciativa legal de la que apenas se está hablando en España y que, sin embargo, podría cambiar radicalmente el panorama de la Red de redes. La llamada ley SOPA (Stop Online Piracy Act) plantea la posibilidad de cerrar cualquier sitio web, tanto dentro como fuera de EE UU, sospechoso de alojar contenidos protegidos por las leyes de coyright de aquel país. Una especie de ley Sinde global elevada al cubo que ha contado con el beneplácito de Hollywood y que ha puesto en pie de guerra a los gigantes de Internet. Google, Facebook, AOL, eBay, Twitter o Yahoo, entre otros, han hecho un frente común de oposición a un proyecto que cuenta con el decidido apoyo de una veintena de congresistas de ambos partidos. La ley cuenta, además, con calculadas ambigüedades que pueden resultar de lo más peligrosas. Entre otras, la facultad de cerrar sitios que tengan una “alta probabilidad” de alojar dicho tipo de contenidos, lo que convierte la mera sospecha en motivo principal para cerrar una web. Al mismo tiempo que el Congreso debate la ley SOPA; el Senado hace lo propio con la Protect IP Act, una iniciativa prima hermana de aquella que trata de prevenir las amenazas a la propiedad intelectual y que se explica de manera clara y concisa en decenas de vídeos como este que estos días circulan por la Red.
De salir adelante, tanto la ley SOPA como la Protect IP Act significarían el principio del fin de Internet tal y como lo hemos conocido hasta ahora y el inicio de una nueva era de mayor control y vigilancia gubernamental sobre la Red. Es de sobra conocido que, cuando se habla de Internet, EE UU es el laboratorio de pruebas de todo lo que antes o después llegará al resto del mundo. Permanezcan atentos a sus pantallas.
Listas
10 noviembre 2011La drástica e imparable caída de las ventas de discos ha provocado situaciones que rayan el absurdo. Entre las más llamativas está la cifra de discos que hoy en día es necesario vender para entrar en las listas de ventas. Y es que lo que en su día fuera referencia fundamental para evaluar el impacto de un disco entre el público ha quedado reducido a mero chiste. Actualmente, el top 100 de los álbumes más vendidos alberga, en su mitad inferior, discos que han despachado la friolera de 60 o 70 copias. Con razón, cuando las discográficas anuncian a bombo y platillo que tal o cual banda ha entrado en la lista de marras uno no sabe si reír o echarse a llorar por el morro que le echan algunos al asunto. Algo similar ocurre con las ventas necesarias para certificar un disco de Oro, que no paran de rebajarse año tras año. Llegará un momento en el que alguien se dé cuenta de un galardón como ese empieza a carecer de sentido.
Hubo un tiempo en que España era el séptimo mercado musical del mundo (también la séptima economía, ¿recuerdan?). Hoy, quizá sería más útil elaborar una lista de las canciones más escuchadas en Youtube o las descargas más exitosas en megaupload. Así podríamos decir, con la cabeza bien alta, que somos líderes en algo.
Las ‘mixtapes’ del siglo XXI
03 noviembre 2011El colectivo de creativos británicos Stupid ha encontrado una curiosa manera de actualizar el olvidado concepto de mixtapes, lo que en España vinimos a llamar «cintas de varios» durante los ya lejanos años 80 y 90. La idea consiste en una tarjeta regalo con un código QR, esa especie de código de barras inventado hace unos años que remite a una web desde un móvil y cuya utilidad, más allá de lo puramente comercial, aún no está demasiado clara (salvo en Japón, donde, ya se sabe, son gente tirando a rara). El receptor de la tarjeta acerca su teléfono al dibujito de marras y accede a una lista de Spotify creada para la ocasión. He aquí un clarificador vídeo explicativo:
La idea parece buena, y sin embargo, carece del encanto de aquellas inolvidables cintas de varios que grabábamos y decorábamos con especial mimo y dedicación.
Creo que echo de menos aquellos cassettes. Será que me estoy haciendo viejo.
La espiral del silencio
27 octubre 2011
La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann enunció en 1977 una de las teorías más sencillas y, al mismo tiempo, certeras que recuerdo haber estudiado en la carrera de Periodismo. En su libro La espiral del silencio desarrollaba la teoría del mismo nombre en virtud de la cual los individuos tienden a dejarse arrastrar por las opiniones mayoritarias, silenciando las suyas propias en caso de ser contrarias a aquellas por temor al rechazo del resto de la sociedad. Aunque Noelle-Neumann tomaba las ideas políticas como campo de pruebas y ejemplo para sus estudios, su teoría es perfectamente aplicable al mundo de la música y las siempre cambiantes tendencias que giran en torno a ella: cuando los grandes gurús de la crítica encumbran a una banda, los medios especializados del resto del planeta y el cada vez más nutrido sector de los modernos sin criterio ni seso les siguen a pies juntillas. El resto, callan y otorgan. Y así, de manera ciertamente sorprendente, pocos se atreven a poner en duda el talento del que se ha establecido como un grupo intocable: si todo el mundo dice que son tan buenos, por algo será. No encuentro otra explicación que la espiral del silencio para el hecho de que determinadas bandas arrastren a miles de personas.
(Ilustración: María Gil)
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Un tipo normal
13 octubre 2011A pesar de que mi relación con él no va más allá de una distendida entrevista y un par de amigos comunes, puedo afirmar sin temor a equivocarme demasiado que se trata de alguien muy cercano al concepto que tengo de “persona normal”. Tranquilo, afable y comedido. Un tipo que simplemente se dedica a hacer canciones. Buenas canciones. Pero sí, al fin y al cabo un tipo absolutamente normal en todos los sentidos. Sin embargo, tan pronto comenzó su concierto se produjo el delirio entre el nutrido sector femenino del auditorio. Llovían los piropos, los comentarios sobre todos y cada uno de los detalles de su indumentaria y, sobre todo, los sonoros aplausos a cada una de sus muy normales frases entre canción y canción del repertorio. “¡Me encanta, tía!”, decía una ya no tan joven groupie situada a mi lado. “Es que es taaan personaje…”.
Subirse a un escenario otorga al músico un aura de magnetismo que provoca evidentes distorsiones en la percepción de algunas. Será que la música altera los sentidos. Será que tendemos a la idolatría barata. Será que, realmente, la estupidez humana no conoce límites.
Los Quién
06 octubre 2011Ahí estaba. Tieso como una vela. Inmutable e impávido, soltando uno tras otro todos y cada uno de los hits que no pueden faltar en cualquier boda que se precie: fueron cayendo King África y sus Bombas, Paquito el Chocolatero, alguna sevillana que otra, Bisbales y Chenoas, Lady Gagas, Rihannas y Beyoncés. También lo más granado del pop español de los 80. «Perdona», le dije cuando la noche ya había avanzado lo suficiente como para que sólo quedáramos cuatro borrachos en la pista, «¿puedes poner algo de rock? Algo clásico, no sé, ACDC, los Ramones, los Who…». Tras teclear en el ordenador desde el que lanzaba las canciones, me miró con gesto de extrañado. «¿Los quién? ¿Cómo se escribe eso?». Me incorporé a su mesa de mezclas para indicarle. Había escrito H-O-O. «No, no», le corregí. «uve doble, hache, o. Los Quién».
Hubo en tiempo en que para ser DJ y cobrar dinero por ello hacía falta saber algo de música. Gracias, Internet, por esta nueva generación.
The Who – My Generation por Dan_of_the_Land
Anquilosados
29 septiembre 2011“La música española está anquilosada», dijo, con cierta vehemencia –y un gin-tonic en la mano–, mi buen amigo Kike. «Nadie innova hoy en día, ni siquiera en el mundo indie», sentenció. «Hombre, hay quien sí innova», contesté apurando mi copa. «Así, a bote pronto, innova El Guincho, innovan Pony Bravo, Standstill…». «El Guincho vale», contestó. «¡Pero es que El Guincho es raro de cojones!».
Cierta razón no le faltaba: muchos grupos –al menos, en los terrenos del pop y el rock– suenan a otros grupos, como si los inescrutables caminos de la música no admitieran nuevas vías creativas. Como si, ante el panorama de que todo ha sido ya inventado ya, pocos se tomasen la molestia de ir un poco más allá y buscar un sonido propio lejos de las influencias más evidentes. Como si todo lo que hoy nos venden como nuevo estuviera ya más que trillado. ¿Lo está? Puede que sí. Puede que a nadie le importe lo más mínimo.
[Nota de sinceridad con el lector]: escribo estas líneas en plena escucha para los medios de comunicación del nuevo disco de Amaral, Hacia lo salvaje. Por alguna razón, me ha venido a la mente la conversación de anoche con Kike. «¿Te ha gustado?», me preguntan a la salida. «Sí, sí. Muy en su línea», contesto. «Lo van a petar». Y así lo creo.
Gracias, R.E.M.
23 septiembre 2011
Cuando una gran banda toma la decisión de separarse, se producen de manera prácticamente infalible e instantanea dos reaccciones contrapuestas. Por un lado están los que se entristecen sobremanera y le dedican toda una retahila de parabienes: para los fans, nunca hubo ni habrá nadie como ellos. Por el otro, abundan los que creen que hace mucho que pasó su momento, que sus mejores discos vieron la luz hace ya demasiado tiempo y que, desde hace años, se dedican poco menos que a dar palos de ciego.
El caso de R.E.M. no ha sido una excepción. Y a pesar de que es cierto que sus últimos álbumes no están a la altura de obras maestras como Out of Time o Automatic for the People, la mayoría de ellos mantuvieron el listón a una altura que ya quisieran para sí muchos de sus compañeros de generación, alguno de los cuales, dicho sea de paso, deberían tomar buena nota de cómo retirarse a tiempo y con estilo. R.E.M. lo han hecho.
Ayer se nos fue una banda única. Hoy su legado nos sigue perteneciendo a todos como parte de la banda sonora de nuestras vidas. Gracias por las canciones.
Los discos, esa mentira
15 septiembre 2011
En una ocasión, un buen amigo productor me comentó lo frustrante que resulta el hecho de que algunos músicos, cuando entran al estudio, pretendan grabar cosas que están fuera de su alcance. “A veces vienen guitarristas que emplean una tarde entera en grabar un solo”, me comentaba. “No es que me importe, pues yo cobro por horas, pero me parece ridículo”. Lo es.
La gran mayoría de discos de estudio están rodeados de un innegable aura de falsedad: profusión de arreglos innecesarios, correcciones a posteriori, tomas y más tomas hasta dar con la ejecución perfecta… El resultado, a menudo, hace parecer a las bandas infinitamente más virtuosas de lo que en realidad son, lo que produce sonadas decepciones entre sus fans cuando, a la hora de verles defender sus canciones en directo, comprueban hasta dónde son capaces de llegar realmente y sin ayuda de artificio alguno. Por eso valoro de forma especial los discos grabados con la banda al completo tocando en directo, como antaño y, en general, todos aquellos en los que el oyente puede apreciar claramente fallos e imperfecciones. Porque eso hace que suenen orgánicos, únicos y reales. Al fin y al cabo, y por el momento, la mayoría de la música sigue siendo cosa de humanos, no de máquinas.
Ilustración: María Gil.


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