Archivo de noviembre, 2011

Kase-O: La madurez del rap español

30 noviembre 2011

Los amantes del rap están estos días de enhorabuena. Javier Ibarra, o lo que es lo mismo, Kase-O, publica el próximo 5 de diciembre un disco que está dando que hablar antes incluso de ver la luz de manera oficial. No es para menos.

Kase-O Jazz Magnetism no es un proyecto de rap al uso. El zaragozano se ha aliado con la portentosa banda de jazz con la que lleva tiempo ofreciendo conciertos en distintos lugares de la geografía española para dar forma a un disco no apto para los más ortodoxos del universo hip hop. Como ya hicieran The Roots o el añorado Guru con sus sobresalientes recopilatorios Jazzmatazz, Ibarra aúna rap, jazz y funk en un álbum que incluye 15 cortes entre los que hay versiones de clásicos y colaboraciones de MCs amigos como R de Rumba, Kamikaze o Jonás Santana. Por si todo ello fuera poco aliciente, el propio Ibarra ha firmado de puño y letra 4.000 copias del disco.

La edición de discos como este contribuye a elevar el nivel del rap español, un género que vive días dorados desde hace ya mucho tiempo, y consolida a Ibarra como uno de los más talentosos y respetados MCs que ha dado nuestro país. Y a pesar de que el falocentrismo al que nos tiene acostumbrados sigue presente en muchas de sus rimas, se agradece la frescura, la calidad y la amplitud de miras de un disco que supura madurez y buen hacer por los cuatro costados. Hay vida para el rap más allá de los bombos y las cajas de sampler. Afortunadamente.


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Canciones para empezar bien la semana: ‘The Hair Song’, de Black Mountain

28 noviembre 2011

Que Canadá es, hoy por hoy, uno de los focos más interesantes para los amantes de la música es algo que nadie pone en duda. Más allá de los archiconocidos Arcade Fire, la lista de artistas que ha exportado en los últimos tiempos el país norteamericano es alargada: desde el reverenciado Caribou hasta los irresistibles Holy Fuck. Desde los bailables Hot Hot Heat o MSTRKFT hasta los sorpendentes Broken Social Scene, pasando por sensaciones del indie reciente como Crystal Castles, los muy recomendables The New Pornographers, mis amados The Deadly Snakes o los más  poderosos Black Halos y Fucked Up. Sí, en Canadá saben lo que se hacen.

Black Mountain vienen de Vancouver, la más importante ciudad del oeste del país, donde se formaron en 2005. Desde entonces han publicado tres álbumes en los que se despachan a gusto a base de hard rock, psicodelia, blues, space rock, stoner, algún que otro ramalazo heavy e incluso  momentos más acústicos e intimistas. Lo tienen todo, oiga.

The Hair Song, el corte que abre su último disco hasta la fecha (Wilderness Heart, publicado el pasado 2010) posee algo magnético. Será el rifff de guitarra, su melodía o las dos voces, perfectamente empastadas, de Amber Webber y Stephen McBean. Será su halo setentero. Lo que sea. Pero desde el primer momento que uno lo escucha, se da cuenta de que está ante un incontestable hit. Que tengáis buen arranque de semana.

 

Young pretty hair, oh how’d you grow there
What it is, what it is?
Ain’t no wonder at all

You clung to your cloud and devoured your wealth
Like it is, like it is
Let whole world turn you on

Oh villains turned lovers, alive on your bosom
Born wounded and in it
Yeah, God made you strong

There will be none left to drag away under your rule
Bang, bang the drum
Children having fun with the blues

Let your laws come undone
Don’t suffer your crimes
Let the love in your heart take control

Big city lights have wound us so tight

Statesmen and clergy
Banished kids open your eyes

Alien fascist, alien with the devil
No provocation
Let the whole world turn us on

There will be none left to drag away under your rule
Bang, bang the drum
Children having fun with the blues

Let your laws come undone
Don’t suffer your crimes
Let the love in your heart take control

Let your laws come undone
Don’t suffer your crimes
Let the love in your heart take control

Los nuevos hipsters de la música

25 noviembre 2011

Hace unos días, un amigo me envió un interesante reportaje de una popular web de Internet y nuevas tecnologías, thenextweb.com, en el que un autodenominado geek de la música compartía con los lectores sus vehículos preferidos para descubrir nuevas y estimulantes propuestas musicales. El tipo, llamado James Aviaz (en la foto), citaba sus plataformas preferidas para tal menester: por un lado, las muy conocidas radios online Lastfm o Pandora (esta última accesible exclusivamente desde EE UU de un tiempo a esta parte). Por otro, las menos populares -al menos a este lado del charco- Rdio, Tastekid, Flookon o Songza. Aviaz también se refería en el artículo a webs como The Hype Machine o la australiana We Are Hunted, que le permiten saber qué es lo más cool del momento y, por supuesto, a sitios webs imprescindibles para todo melómano como Pitchfork y las redes sociales que todos conocemos, Facebook y Twitter, amén de otras muchas webs que le permitían estar siempre al tanto de lo nuevo y más prometedor de la escena underground.

En mi caso, y a pesar de que he usado y sigo usando algunas de esas plataformas (gracias a las cuales he descubierto auténticas joyas), no deja de ser curioso que mi principal vía para conocer nuevos grupos -o al menos, grupos que me acaban gustando realmente- siga siendo la misma que hace años: conciertos, publicaciones musicales de referencia y, principalmente, amigos en cuyo criterio musical confío plenamente. La gente como el tal Aviaz, tanto en el mundo anglosajón como en su versión patria (y algo más garrula) responde al típico perfil de hipster musical: alguien que conoce cientos de miles de nombres de nuevos grupos pero que no es capaz de dedicar a cada uno más de una escucha, no sea que mientras lo hace se pierda la aparición repentina de algún que otro grupo imprescindible. Son aquellos que hace no tanto acumulaban en sus discos duros centenares de gigas de música descargada a través de Napster, eMule o Soulseek que nunca llegaron a escuchar, pero que les permía decir “¡claro!” cuando se les preguntaba si conocían lo nuevo de tal o cual banda. Gente que ha crecido y vive con la percepción de que la música es un bien de usar y tirar, pues es más importante la tendencia efímera que las propias canciones. Existen. Y dan grima.

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Canciones para empezar bien la semana: “Victory Dance”, de My Morning Jacket

21 noviembre 2011

Seas simpatizante del PP o del PSOE, votante de Izquierda Unida, UPyD, Amaiur o Equo, o incluso si eres una de esas personas a la que le importa una mierda el resultado de las elecciones de ayer, la vida sigue adelante. Y lo hace, afortunadamente, con buena música. Hoy inauguramos la nueva legislatura como cada lunes, con una canción para empezar bien la semana.

De un timpo a esta parte, My Morning Jacket se han ganado a pulso la tan manida etiqueta de banda de culto. Lo han hecho gracias a una carrera notable, en ocasiones irregular y por momentos sublime. Saben cómo facturar hits de rock de estadio y, al mismo tiempo, llevar su propuesta a su vertiente más inquieta y experimental. A menudo son asequibles, otras veces extraños, pero siempre singulares. Una banda que ha cautivado a todos aquellos que han tenido la fortuna de verles en directo y que este 2011 ha dado el paso definitivo hacia el éxito masivo con un disco de escucha obligada, Circuital. Y es que desde las primeras notas de Victory Dance, el corte que abre el disco, ya se intuye que este es un álbum grande, intenso, épico. Disfrútenla, tanto si hoy les toca bailar el baile de la victoria como si los suyos se han pegado el batacazo padre.

Should I close my eyes and prophesize
Hoping maybe someday come
Should I wet the ground with my own tears
Crying over whats been done

Should I lift the dirt and plant the seed
If I knew I’ll never grow
Should I wet the ground with the sweat from my brow
And believe in my good work
My good work
My good work
My good work

Hey there, I’m flying up above
Looking down on the tired earth
And I can see, I can see potential
Speaking through you, speaking to you
From all of heaven’s possibilities

Power, hey do know how it works
Hey do you know that the meek, they shall inherit the earth
You should work, you should work
leaving with something of ?

Should I hit the water or stay on dry land
Even though I’ve never swam
Take machete into the brush
Though at first there is no (man?)

Taste the war paint on my tongue
As it’s dripping with my sweat
Place my gaze in the futures path
Seeing things that ain’t come yet

Hope to watch the victory dance
After whole day’s work is done
Hope to watch the victory dance
In the evening’s setting sun

Hope to watch the victory dance
over many lives to come
Hope to watch the victory dance
In the evening’s setting sun

Setting sun
setting sun
setting sun

Hope to dance the victory dance
After whole day’s work is done
Hope to dance the victory dance
In the evening’s setting sun

Hope to dance the victory dance
Over many lives to come
Hope to dance the victory dance
In the evening’s setting sun

El fin de (este) Internet

18 noviembre 2011

Estados Unidos debate estos días una iniciativa legal de la que apenas se está hablando en España y que, sin embargo, podría cambiar radicalmente el panorama de la Red de redes. La llamada ley SOPA (Stop Online Piracy Act) plantea la posibilidad de cerrar cualquier sitio web, tanto dentro como fuera de EE UU, sospechoso de alojar contenidos protegidos por las leyes de coyright de aquel país. Una especie de ley Sinde global elevada al cubo que ha contado con el beneplácito de Hollywood y que ha puesto en pie de guerra a los gigantes de Internet. Google, Facebook, AOL, eBay, Twitter o Yahoo, entre otros, han hecho un frente común de oposición a un proyecto que cuenta con el decidido apoyo de una veintena de congresistas de ambos partidos. La ley cuenta, además, con calculadas ambigüedades que pueden resultar de lo más peligrosas. Entre otras, la facultad de cerrar sitios que tengan una “alta probabilidad” de alojar dicho tipo de contenidos, lo que convierte la mera sospecha en motivo principal para cerrar una web. Al mismo tiempo que el Congreso debate la ley SOPA; el Senado hace lo propio con la Protect IP Act, una iniciativa prima hermana de aquella que trata de prevenir las amenazas a la propiedad intelectual y que se explica de manera clara y concisa en decenas de vídeos como este que estos días circulan por la Red.

De salir adelante, tanto la ley SOPA como la Protect IP Act significarían el principio del fin de Internet tal y como lo hemos conocido hasta ahora y el inicio de una nueva era de mayor control y vigilancia gubernamental sobre la Red. Es de sobra conocido que, cuando se habla de Internet, EE UU es el laboratorio de pruebas de todo lo que antes o después llegará al resto del mundo. Permanezcan atentos a sus pantallas.

Akron/Family: saca el hippy que hay en ti

16 noviembre 2011

Ser hippy en pleno siglo XXI se ha vuelto una tarea ardua. La cosa ya no va únicamente de barbas, amor libre y drogas psicodélicas, sino de intentar mantener una coherencia ética en un mundo en el que el consumismo es credo universal e innegociable. Y eso, hoy día, se antoja complejo. Porque los iPhones molan.

Originarios de Nueva York (aunque con sus miembros actualmente desperdigados por los cuatro rincones de EE UU), Akron/Family pertenecen a esa generación de hippies modernos que no renuncian al tren del progreso pero que, al mismo tiempo, beben directa y abiertamente de los postulados de aquella forma de contracultura. Su música es como un buen ácido: evocadora, intensa, a veces angustiosa. Son capaces de hacerte vibrar de felicidad con melodías mágicas y coloristas, coquetear con la sencillez inocente, casi infantil, o cantar a la madre tierra a base de sonidos de pajaritos y gotas de lluvia. Pero de pronto, y cuando menos te lo esperas, agarran tu pequeño cerebro y te llevan en dirección al caos a lomos de enigmáticos desarrollos instrumentales, experimentación sin límites y estructuras sin pies ni cabeza aparentes. No renuncian a la electrónica. No renuncian al rock. No renuncian a casi nada (ya se sabe: todo es aprovechable). Y cuando la locura parece rozar el límite de lo soportable, acuden a tu rescate como buenos chamanes. Entonces, su folk entrañable y cercano te relaja. El pedo, como todo, acaba bajando. Y el psicodélico viaje termina suave y apaciblemente. Es entonces cuando te das cuenta de que comerse ese tripi ha merecido la pena. O que, por el contrario, no volverías a repetir aunque te pagasen todo el dinero del mundo.

Como pasa con muchas otras bandas, para disfrutar plenamente de la experiencia musical que ofrecen Akron/Family conviene acercarse a verles en directo, pues es sobre el escenario donde despliegan todo su potencial: deconstruyen sus canciones, las estiran y encojen a su antojo y se dejan llevar por el cóctel de estados de ánimo que encierran. Batucadas tribales, punteos épicos, coros solemnes, momentos para menear el buyarengue… Hay que verles.

Estos días, Akron/Family están de gira por España. Ayer estuvieron en Barcelona, esta noche estarán en Madrid y mañana en Vigo. Vienen para presentar su último trabajo, Akron/Family II: The Cosmic Birth and Journey of Shinju TNT, un disco notable que, sin embargo, no está a la altura de la que a día de hoy sigue siendo su mejor obra, el imprescindible Love is simple. Y sin embargo, podría ser una buena manera de empezar a introducirse en su singular y rico universo musical. Dale una oportunidad al hippy que hay en ti.

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Canciones para empezar bien la semana: ‘Hit the City’, de Mark Lanegan

14 noviembre 2011


Desde que iniciara su carrera en solitario tras la separación de Screaming Trees, prácticamente todo lo que ha hecho Mark Lanegan (Ellensburg, Washington, 1964) ha merecido toda mi admiración y respeto. Desde sus sobresalientes discos en solitario hasta sus aventuras al frente de The Gutter Twins, donde comparte protagonismo con Greg Dully, de Afghan Whigs. Desde sus discos más recientes con Isobell Campbell, de Belle & Sebastian (el último de ellos, Hawk, un rotundo 10) hasta su trabajo en Queens of the Stone Age o sus colaboraciones con The Twilight Singers o Soulsavers. Sí, se puede decir que soy fan de Mark Lanegan. De su capacidad para innovar manteniendo intacta su marcada personalidad musical. De su voz profunda y cavernosa. Y sobre todo, de su inimitable manera de construír canciones tan crudas como conmovedoras.

Estos días, los seguidores de la que antaño fuera figura clave para entender el grunge estamos de enhorabuena: Mark Lanegan ha anunciado nuevo disco en solitario, Blues Funeral, que llegará el próximo mes de febrero . Lanegan anuncia adermás una gira internacional que le traerá a España (27 de marzo en Bilbao, 28 en Santiago, 1 de abril en Madrid y 2 en Barcelona). Por todo ello, no se me ocurre mejor que arrancar esta semana con uno de los temas que forman parte de su anterior trabajo en solitario, Bubblegum, auténtico must para todo el que se diga amante de la buena música. En Hit the City, Lanegan se hace acompañar por otra diosa de los tiempos musicales que nos ha tocado vivir, PJ Harvey. Puro alma.

Listas

10 noviembre 2011

La drástica e imparable caída de las ventas de discos ha provocado situaciones que rayan el absurdo. Entre las más llamativas está la cifra de discos que hoy en día es necesario vender para entrar en las listas de ventas. Y es que lo que en su día fuera referencia fundamental para evaluar el impacto de un disco entre el público ha quedado reducido a mero chiste. Actualmente, el top 100 de los álbumes más vendidos alberga, en su mitad inferior, discos que han despachado la friolera de 60 o 70 copias. Con razón, cuando las discográficas anuncian a bombo y platillo que tal o cual banda ha entrado en la lista de marras uno no sabe si reír o echarse a llorar por el morro que le echan algunos al asunto. Algo similar ocurre con las ventas necesarias para certificar un disco de Oro, que no paran de rebajarse año tras año. Llegará un momento en el que alguien se dé cuenta de un galardón como ese empieza a carecer de sentido.

Hubo un tiempo en que España era el séptimo mercado musical del mundo (también la séptima economía, ¿recuerdan?). Hoy, quizá sería más útil elaborar una lista de las canciones más escuchadas en Youtube o las descargas más exitosas en megaupload. Así podríamos decir, con la cabeza bien alta, que somos líderes en algo.

Las ‘mixtapes’ del siglo XXI

03 noviembre 2011

El colectivo de creativos británicos Stupid ha encontrado una curiosa manera de actualizar el olvidado concepto de mixtapes, lo que en España vinimos a llamar «cintas de varios» durante los ya lejanos años 80 y 90. La idea consiste en una tarjeta regalo con un código QR, esa especie de código de barras inventado hace unos años que remite a una web desde un móvil y cuya utilidad, más allá de lo puramente comercial, aún no está demasiado clara (salvo en Japón, donde, ya se sabe, son gente tirando a rara). El receptor de la tarjeta acerca su teléfono al dibujito de marras y accede a una lista de Spotify creada para la ocasión. He aquí un clarificador vídeo explicativo:

La idea parece buena, y sin embargo, carece del encanto de aquellas inolvidables cintas de varios que grabábamos y decorábamos con especial mimo y dedicación.

Creo que echo de menos aquellos cassettes. Será que me estoy haciendo viejo.

GarageBand da el salto al teléfono móvil

02 noviembre 2011

Soy usuario de Mac desde hace unos cuatro años, cuando adquirí el Macbook desde el que escribo estas líneas. Desde entonces, no recuerdo una sola vez que el ordenador se me haya colgado, ni haber tenido virus alguno. Ambas circunstancias ya justificarían por sí solas el desembolso (unos 900 euros) que hice en su día por este pequeño y prodigioso cacharro. Y sin embargo, ninguna de las dos ventajas que me ofrecía la máquina de Steve Jobs fue decisiva a la hora de decidirme por ella.

Lo que me llevó a comprar un Mac fue la inclusión, de serie en todos los equipos de la manzana, de un programa con el que poder grabar mi propia música de manera extremadamente sencilla e intuitiva, el GarageBand. Nunca fui ningún enamorado del software musical, por lo que aprender a manejar Nuendo, Protools o Cubase se me antojaba demasiado complicado. Pero aquel programita y su simpático icono de la guitarra parecían estar enfocado a inútiles como yo. De fácil manejo, pero capaz de proveer resultados más que dignos, GarageBand se ha convertido para mí en una herramienta indispensable a la hora de construír canciones en el ámbito casero.

Hoy, todos los amantes de GarageBand están de enhorabuena. Desde ayer, la plataforma está disponible para los teléfonos iPhone 4s, iPhone 4 y iPhone 3Gs en forma de app adquirible por 4 euros en la Apple Store. El programa llega, eso sí, con una interfaz más comprimida, adaptada a la pequeña pantalla de los teléfonos, aunque manteniendo intacta su esencia y la posibilidad de incluír infinidad de teclados, guitarras, bajos y baterías con un resultado más que notable. También con el objetivo de seducir a los que nunca hayan tocado un instrumento gracias a sus “smart instruments”, que permiten elegir entre una extensa biblioteca de acordes predeterminados. El nuevo Garage Band para iPhone también da al usuario la posibilidad de conectar una guitarra con un adaptador que se vende aparte.

La tecnología ha hecho que el mundo de la música ya no sea lo que fue. A menudo, para mal. Otras veces, para mucho mejor.

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