Archivo de octubre, 2011

La espiral del silencio

27 octubre 2011

La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann enunció en 1977 una de las teorías más sencillas y, al mismo tiempo, certeras que recuerdo haber estudiado en la carrera de Periodismo. En su libro La espiral del silencio desarrollaba la teoría del mismo nombre en virtud de la cual los individuos tienden a dejarse arrastrar por las opiniones mayoritarias, silenciando las suyas propias en caso de ser contrarias a aquellas por temor al rechazo del resto de la sociedad. Aunque Noelle-Neumann tomaba las ideas políticas como  campo de pruebas y ejemplo para sus estudios, su teoría es perfectamente aplicable al mundo de la música y las siempre cambiantes tendencias que giran en torno a ella: cuando los grandes gurús de la crítica encumbran a una banda, los medios especializados del resto del planeta y el cada vez más nutrido sector de los modernos sin criterio ni seso les siguen a pies juntillas. El resto, callan y otorgan. Y así, de manera ciertamente sorprendente, pocos se atreven a poner en duda el talento del que se ha establecido como un grupo intocable: si todo el mundo dice que son tan buenos, por algo será. No encuentro otra explicación que la espiral del silencio para el hecho de que determinadas bandas arrastren a miles de personas.

(Ilustración: María Gil)

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Dani Martín ha muerto

26 octubre 2011

"Cu-cuuu"La noticia era más falsa que un billete de seis euros y, sin embargo, corrió como la pólvora en la Red: Dani Martín había muerto decapitado en el programa de Pablo Motos, según se especificaba incluso en la Wikipedia. Es lo que tiene hacer una enciclopedia entre todos. Pero el hecho es que la web de Antena 3, haciendo gala de una impecable ética periodística, había alimentado el bulo calificando el momento como “dramático”. Incluso el propio Hormiguero había tratado de engañar a la audiencia diciendo que “no sabían qué había pasado”  y que pronto emitirían un comunicado.

La broma no tardaba en enmascarse. Lo hacía a través de Twitter con las disculpas por parte de los responsables del programa (que, eso sí, han logrado un share de lo más jugoso) y también de Dani Martín, que se ha convertido en trending topic mundial. Las críticas al programa de Pablo Motos por parte de un sector de la audiencia, al que no le ha hecho ninguna gracia que en pleno prime time se hiciera pasar por real un simple truco de magia, no se han hecho esperar.

El autor de 16 añitos sigue, pues, vivito y coleando. ¿Pero qué hubiera ocurrido si, efectivamente, su cabeza hubiera rodado por el plató de El Hormiguero? Imaginar es gratis:

- Dani Martín se habría convertido en un icono. Como siempre pasa en este país nuestro, hasta sus más acérrimos detractores tendrían hermosas palabras que dedicarle. “En el fondo era un gran tipo”, dirían los que siempre le pusieron de subnormal para arriba. “Tenía mucho talento”, afirmarían los que vomitaban con sus canciones. “Su aparente chulería era un mecanismo de defensa producto de su sensibilidad de chico de barrio”, escribirían los iluminados columnistas de dominicales.

- Las ventas de sus discos se multiplicarían, lo que, sumado a que El Canto del Loco ya son una banda superventas, les convertiría en el grupo que más discos ha vendido en la historia del pop español. Los responsables de Sony Music se frotarían las manos durante un tiempo (luego se las volverían a llevar a la cabeza al ver que no salen del pozo sólo a base de La Oreja de Van Gogh).

- Su recién publicada biografía, Soñar no es de locos, se agotaría en pocas horas. Saldrían tres publicaciones más en un sólo año: El lado oscuro de Dani Martín (la biografía no autorizada), el coleccionable en fascículos Los cochazos de Dani Martín y el métódo ilustrado Cantar con la nariz es fácil, que incluiría un dvd.

- La camiseta de Johnny Cash que lució en El Hormiguero se vendería como los churros en los H&M, Bershka y similares. Todos los chavales y chavalas lucirían orgullosos la célebre fotografía de Jim Marshall en su pecho. Los fans de Cash se suicidarían en masa.

- Pablo Motos sería sometido a un juicio mediático sin precedentes al que seguiría el banquillo. Pero el juez le soltaría pronto tras sentenciar que “es un tipo muy majo que gusta a toda la familia”. Al poco, Antena 3 editaría un dvd con el programa completo.

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Canciones para empezar bien la semana: “Bad As Me”, de Tom Waits

24 octubre 2011

El lanzamiento de un disco esperado siempre es una buena noticia. Hoy ve la luz Bad As Me, el nuevo álbum de Tom Waits y el primero formado exclusivamente por material nuevo tras el imprescindible Real Gone (2004). Y como no podía ser de otra manera, el veterano artista californiano protagoniza nuestra recomendación musical de la semana.

Bad As Me,  que se publica en tres versiones distintas (digipack, edición de lujo y vinilo + cd)  es Waits en estado puro. Un disco en el que ha vuelto a contar con su mujer, Kathleen Brennan, como coproductora y coautora de las canciones, algo habitual desde 1980, y con sus músicos habituales: Larry Taylor, Marc Ribot y compañía, además de con figuras como Keith Richards -con quien ya colaboró en Rain Dogs (1985) y Bone Machine (1992)- o Flea, de Red Hot Chili Peppers. Quizá por ello suena a mucho de lo ya expuesto en su material anterior: pildorazos de sinuoso rhythm and blues, retazos de gospel, algún que otro guiño de aire hispano (como Back In The Crowd, en la que colabora David Hidalgo, de Los Lobos), baladas en las que saca su lado más crooner… Una equilibrada colección de canciones a mitad de camino entre su lado más gamberro y experimental y el más romántico, siempre bajo el denominador común de su omnipresente voz rota.

Hoy vuelve uno de los grandes genios de la música del siglo pasado y lo que va de este. Y hoy vuelve a demostrar que, a sus 61 años, aún le queda mucha guerra que dar. Que así sea.

Pagar por tocar: el gran timo de los concursos para bandas emergentes

18 octubre 2011

Ayer, al abrir mi correo, me encontré con un mail del Emergenza Festival, un evento anual a nivel europeo dirigido a bandas que empiezan y buscan salas para tocar. Un amable responsable del festival me escribía, como otros años, para ofrecerme la posibilidad de actuar con mi banda en una pequeña sala madrileña, siempre con el motivador horizonte de poder llegar a la final, que se celebra en la sala Heineken. “Incluso de ganar y tocar en Alemania ante 30.000 personas”, especifica el mail. También se compite por una serie de premios al mejor bajista, guitarrista y batería, y el ganador podrá grabar un disco con un productor de renombre. Hasta aquí, todo correcto y sugerente, salvando el pequeño detalle de que se trata de un concurso y no de un festival, como reza el nombre, con todo lo que eso conlleva. Bien, no es lo mismo, pero vale.

Tras echar un ojo a las bases del concurso, leo que los grupos tienen que abonar una cuota de inscripción de 60 euros. A cambio, la organización, “a diferencia de otros concursos o festivales, te garantiza un mínimo de un concierto (de 30 minutos máximo) en la fase de eliminatorias de vuestra ciudad”.  Eso sí, si llegas a la final, te pagan el viaje a Alemania. Llevado por la curiosidad (también por cierta indignación, para qué negarlo) decido llamar al responsable para que me lo explique personalmente. ¿Pagar por tocar un solo concierto? Quizá no lo he entendido bien.

La llamada confirma mis sospechas. Efectivamente, si quiero participar en el Emergenza tengo que pagar. Además, para hacerlo tengo que pasar una criba consistente en una reunión con sus responsables, que comprueban si doy o no el perfil (no quieren bandas con contenido políítico alguno, por ejemplo). Tal y como especifican las bases, las salas no dan a los grupos ni comida ni bebida. “Al menos la entrada será gratuita”, pienso ingenuamente. No lo es. Los conciertos cuestan ocho euros, de los cuales el grupo no ve ni uno. Eso sí, como el público es el que vota en las fases eliminatorias, cada banda tiene que tratar de llevar a todos sus entusiastas amiguetes. Un tocomocho muy bien montado que, si sale bien, resulta de lo más rentable para todas las partes menos para los propios protagonistas del asunto: los músicos.

Me entristece que, bajo la aparentemente noble premisa de promocionar a bandas pequeñas, eventos como este sólo contribuyan a enriquecer a unos pocos espabilados a costa de chavales inexpertos que, llevados por la sana ilusión de tocar, alimentan un peligroso negocio. Y es que conviene recodar, porque a veces se olvida, que cuando tu banda -por muy desconocida que sea-, actúa en una sala, tu trabajo, tu tiempo y tu esfuerzo creativo contribuyen a engordar el bolsillo del dueño de la sala, que cobra tanto por el importe de las entradas como por las consumiciones que abona religiosamente tu entregado público.

Romper con abusos como este, extensible a todos los empresarios que explotan a la juventud con el pretexto de vender experiencia a coste ínfimo, es responsabilidad de todos. Denunciando o simplemente dejando de participar de ello. Porque el arte, aunque algunos piensen lo contrario, también se debe remunerar de manera justa y equitativa.

(Ilustración: María Gil).

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Canciones para empezar bien la semana: ‘Purple Neon Lights’, de The Right Ons

17 octubre 2011

El rock. Esa palabra que sirve para tantas y tantas cosas. Para hablar de Motorhead y de Sigur Ros. Para referirse a Stone Temple Pilots o a Sex Pistols. Y a menudo, para no decir nada. Porque hay pocos términos más prostituidos que el rock, una palabra que hoy día llena las marquesinas de autobuses con fotografías de niños pijos armados con una guitarra que no saben ni por dónde agarrar. Un término que se estampa en camisetas del H&M en forma de logotipos de los Clash o los Ramones para que las luzcan los adolescentes. El rock es cool, vende y mola. Y bien está. O no.

The Right Ons llevan toda una vida siendo unos currantes del rock, más allá de modas efímeras. Cuando les conocí, allá por el 97 o el 98, parte de ellos ensayaban en el local de al lado del mío en el madrileño Rock Palace. Lo hacían con una banda de punk y power pop que se llamaba Anyones, con la que ya entonces destilaban actitud y buenas maneras. Hace cinco años, tras el paso de Ramiro Nieto (batería) por los imprescindibles Jet Lag, el germen de aquella banda renació en The Right Ons, una nueva formación con la que comenzaron a explorar los terrenos del rhythm and blues, el soul, el funk y el rock and roll con un primer disco, 80-81, que les puso en boca de todos y un segundo, Look inside, now!, que les confirmó como uno de los grandes valores de nuestra escena. Ahora están de vuelta con un nuevo trabajo, Get Out,  cuyo primer single y su llamativa portada ya han hecho correr ríos de tinta. Hoy, más que nunca, The Right Ons suenan a rock. A MC5, a Stooges, a Grandfunk Railroad. A sensualidad y sudor.

Get Out saldrá a la venta el 8 de noviembre a través de Lovemonk. La presentación oficial será en la sala Sol (Madrid) el 14 de enero.

Small rays of purple neon melting down the sky
your words turn into hurricanes, oh baby
But even though i rolled the dice and this heart shaped piece of gold
will guide me thru the darkest night, i have no choice, my game is dumb
You got me?

Your eyes as bloody as Jupiter, you might be ruled by Mars
Last of the beggars royalty, sweet baby
However, i’ll wake up alone, i’ll feel crucified
My tongue is jumping on razorblades.
I’ll show the world my game is dumb.
You got me?

We can’t get out.

Sick pigeons fluttering down the street, diving in my bones
Lay back, enjoy the souvenirs: grenades and time bombs

‘Mylo Xyloto’, el gran patinazo de Coldplay

14 octubre 2011

Digámoslo rápidamente y sin paños calientes: el nuevo disco de Coldplay es flojo tirando a malo. A partir de aquí, los fans más talibanes de la banda británica pueden dejar de leer para evitar que les hierva la sangre.

El caso es que ayer me acerqué a EMI a escuchar Mylo Xyloto, el quinto y esperadísimo nuevo álbum de Chris Martin y compañía. Reconozco que, a pesar de los singles previos, no sabía con qué me iba a encontrar, pues todo lo que rodea al nuevo disco de los londinenses es un misterio. Ni siquiera en la propia compañía conocen demasiados detalles de un lanzamiento que llegará a las tiendas el 25 de octubre, un día antes del concierto que abarrotará la plaza de toros de las Ventas (las entradas volaron ayer en sólo una hora). Quizá, pensé, la broma de Every teardrop is a waterfall y su homenaje kitsch a El Ritmo de la Noche fuera sólo una anécdota. Quizá la poco inspirada Paradise, con su aire recargado a mitad de camino entre lo que ahora llaman R&B (¿soy el único al que  le recuerda a Halo de Betyoncé?) y los temas a medio tiempo más olvidables de su discografía fuera sólo otro paso en falso. Quizá el tercer single, el más digno Major Minus, fuera de lo más flojo del disco.  Pero resulta que no. El disco entero (salvando la inicial Hurts Like Heaven y baladas como la que cierra el disco, Up with the Birds) es un patinazo en toda regla que evidencia la falta de ideas de un grupo que, según parece, ya no da más de sí.

Mylo Xyloto -un título que no significa nada, lo que probablemente supone el mayor arrebato de originalidad de todo el disco- suena pretendidamente comercial en el peor sentido del término. Supura sobreproducción, artificialidad y cierta autocomplacencia. Sabe un poco a plástico. Sin alma, sin canciones. Porque a pesar de que nunca fui un gran fan de Coldplay, es de justicia reconocer que a lo largo de su trayectoria han sabido facturar grandes himnos de pop para todos los públicos. Inofensivo, buenista y predecible a veces, pero indudablemente inspirado. Hoy parece no quedar ni rastro de sus mejores momentos: Charlie Brown, Up in flames, Princess of China (donde la notable colaboración de Rihanna es sintomática de por dónde van los tiros) o Don’t Let It Break Your Heart van pasando por el reproductor sin pena ni gloria, y cuando llega el final -tres interludios mediante-, la sensación de intrascendencia embarga al oyente. No hay nada más.

En una entrevista concedida recientemente al diario británico The Mirror, Chris Martin especuló con la posibilidad de que este fuera el último álbum de Coldplay ya que, según el rubio vocalista, la banda “ha dado ya todo lo que tenía”. Quizá fue una broma. Quizá un arrebato de esclarecedora sinceridad. O quizá el error fue el de los muchos que pensaron, en algún momento, que podían tener algo más que ofrecer.

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Un tipo normal

13 octubre 2011

A pesar de que mi relación con él no va más allá de una distendida entrevista y un par de amigos comunes, puedo afirmar sin temor a equivocarme demasiado que se trata de alguien muy cercano al concepto que tengo de “persona normal”. Tranquilo, afable y comedido. Un tipo que simplemente se dedica a hacer canciones. Buenas canciones. Pero sí, al fin y al cabo un tipo absolutamente normal en todos los sentidos. Sin embargo, tan pronto comenzó su concierto se produjo el delirio entre el nutrido sector femenino del auditorio. Llovían los piropos, los comentarios sobre todos y cada uno de los detalles de su indumentaria y, sobre todo, los sonoros aplausos a cada una de sus muy normales frases entre canción y canción del repertorio. “¡Me encanta, tía!”, decía una ya no tan joven groupie situada a mi lado. “Es que es taaan personaje…”.

Subirse a un escenario otorga al músico un aura de magnetismo que provoca evidentes distorsiones en la percepción de algunas. Será que la música altera los sentidos. Será que tendemos a la idolatría barata. Será que, realmente, la estupidez humana no conoce límites.

Canciones para empezar bien la semana: ‘World around you’, de Rubik

10 octubre 2011

Existen a nuestro alrededor multitud de propuestas musicales que no gozan de atención alguna por parte de la mayoría de publicaciones especializadas o, si acaso, apenas cuentan con un reducidísimo espacio en sus páginas. Son aquellas que no proceden del dominante mercado discográfico anglosajón y que, sin embargo, tienen poco o nada que envidiar a las bandas que de allí nos llegan.

Los finlandeses Rubik -estos tipos de la foto con cara de haber soportado en sus pálidos rostros más frío del que tú serías capaz de imaginar-, forman parte de ese tipo de bandas. Los que han tenido la fortuna de descubrirlos han dado con una propuesta verdaderamente singular, casi inclasificable, lo que en los tiempos que corren resulta poco habitual. Tan pronto suenan barrocos y experimentales como, al instante, sorprenden al oyente con atmósferas melódicas de una simplicidad casi infantil. Tan pronto te vuelven loco a base de impredecibles cambios de ritmo como te hacen bailar con desenfadados hits rompepistas. Asequibles, pero llenos de aristas. Caóticos, pero adictivos. Así son Rubik, una de las bandas más estimulantes que han salido de Escandinavia en los últimos tiempos a través de un sello independiente, Fullsteam, cuyo catálogo contiene una buena cantidad de joyas por descubrir por parte del melómano inquieto.

Esta semana Rubik están de gira por nuestro país para presentar Solar, su tercer trabajo y el sucesor del inspiradísimo Dada Bandits. Este miércoles estarán en Bermeo (Beleza Malandra Ateneo Kulturala), el jueves en Madrid (Moby Dick), el viernes en Barcelona (Nitsa) y el sábado en Valencia (El Loco). Acércate a verles. Porque así, cuando dentro de unos años sean enormes, podrás tirarte el rollo y decir esa frase que tanto gusta pronunciar al moderno sabelotodo y listón: “yo ya les vi cuando tocaban en salas pequeñas”.

Los Quién

06 octubre 2011

Ahí estaba. Tieso como una vela. Inmutable e impávido, soltando uno tras otro todos y cada uno de los hits que no pueden faltar en cualquier boda que se precie: fueron cayendo King África y sus Bombas, Paquito el Chocolatero, alguna sevillana que otra, Bisbales y Chenoas, Lady Gagas, Rihannas y Beyoncés. También lo más granado del pop español de los 80. «Perdona», le dije cuando la noche ya había avanzado lo suficiente como para que sólo quedáramos cuatro borrachos en la pista, «¿puedes poner algo de rock? Algo clásico, no sé, ACDC, los Ramones, los Who…». Tras teclear en el ordenador desde el que lanzaba las canciones, me miró con gesto de extrañado. «¿Los quién? ¿Cómo se escribe eso?». Me incorporé a su mesa de mezclas para indicarle. Había escrito H-O-O. «No, no», le corregí. «uve doble, hache, o. Los Quién».

Hubo en tiempo en que para ser DJ y cobrar dinero por ello hacía falta saber algo de música. Gracias, Internet, por esta nueva generación.


The Who – My Generation por Dan_of_the_Land

 

El rapero Pablo Hasél, detenido por apología del terrorismo

05 octubre 2011

Ayer, muchos nos sorprendimos con la noticia de la detención en Lleida, por orden de la Audiencia Nacional, del rapero Pablo Hasél. A última hora, multitud de medios se hacían eco del caso e incluso una recogida de firmas a través de la plataforma Actuable -que a esta hora han apoyado más de 6.500 personas- exigía su liberación inmediata. Hasel, de 22 años, está acusado de apología del terrorismo por el contenido de una de sus canciones, ‘Libertad presos políticos‘, en la que, además de un impagable sampleo del Runnaway de Bon Jovi, incluye frases como “Ahí fuera prefieren a El Canto del Bobo que pensar con mi CD, me importa menos que la muerte de concejales del PP”, “Deberíamos colgar reyes como Rusia hizo con los zares” o “Quienes manejan los hilos merecen mil kilos de amonal”, con las que ensalza a presos anarquistas como Amadeu Casellas, conocido por repartir el dinero que robaba a entidades bancarias.

Desde este blog siempre he manifestado mi más firme defensa de la libertad de expresión en el mundo de la música, incluso cuando se han dicho barbaridades de todos los calibres por parte de determinados artistas. No creo en un sistema que dictamine qué es lo que estoy preparado para escuchar y qué no, pues soy lo suficientemente adulto como para decidir si lo que está expresando un artista -Hasél en este caso- es una verdad como un templo o una mamarrachada mayúscula. Defiendo su libertad para decirlo, y considero ridículo, abusivo y desproporcionado que se le someta a un exhaustivo registro de tres horas, se le incauten varios discos duros y se le traslade en un furgón a la Audiencia Nacional, donde hoy declara, como si se tratase de un peligroso criminal.

Pido, en todo caso, un gran aplauso para la Audiencia Nacional: han conseguido convertir a un rapero del montón al que conocían sólo en el circuito underground en el personaje del día, multiplicando por miles sus oyentes potenciales. Bravo.

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