La industria musical, como buena industria, siempre ha gustado de inventarse nuevas e insospechadas formas de promocionar sus productos. De entre ellas, pocas son tan autobombásticas y forzadas como las entregas de premios por parte de la propia industria, un paripé onanista que, por lo general, poco o nada tiene que ver con la música en sí.
En EE UU, los Billboard han encumbrado hoy a ese pedazo de artista que es Enrique Iglesias con nueve galardones, entre otros los de mejor artista latino del año y el de mejor disco de pop latino. En la gala actuaron Maná, Gloria Trevi o Marc Anthony, entre otros. Un fiestón.
En España se dieron a conocer ayer los nombres de los ganadores de los Premios de la Música, un invento que la SGAE se sacó de la manga en 1996 y que, desde entonces y salvo contadas excepciones, vienen avergonzando profundamente a todo el que tenga el más mínimo amor por la música más allá de su presencia en las radiofórmulas.
Los galardones, cuya designación corresponde a un reducido grupo de señores de una institución llamada la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música (cuyo organigrama directivo es el mismo que el de, sorpresa, la propia SGAE) han recaído este año en Serrat, Rosendo -dos promesas en ciernes que sin duda necesitan de un empujón- y Macaco, entre otros. No hay lugar a las sorpresas: reclamarle a la SGAE que no peque de inmovilismo sería como pedirle al Papa que invite a un grupo de black metal a tocar durante su visita a Madrid.
Lo curioso del asunto es que los premios no se entregan hasta el 18 de mayo, lo cual le resta a la cita cualquier tipo de emoción, en caso de que la tuviere. Pero para qué conformarse con salir una vez en los medios si puedes salir dos.





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