Archivo de febrero, 2011

Muerte de una musa

28 febrero 2011

Es posible que su nombre no resulte familiar a muchos y, sin embargo, la suya es una aportación destacable a la historia de la música. Y eso que ni siquiera se dedicó a ella. Suze Rotolo, la primera gran novia de Bob Dylan, ha fallecido a los 67 años de edad a causa de “una larga enfermedad”, según ha informado su familia en un comunicado.

De ascendencia italiana, Rotolo conoció a Dylan en 1961, cuando ambos apenas eran unos adolescentes. Ella tenía 17 años, él 20. Rotolo inspiró algunas de sus primeras canciones de amor, como Boots of spanish leather, Don’t think twice, it’s alright o Tomorrow is a long time y mantuvo con el músico una relación entre apasionada y turbulenta: no era la clásica groupie, y se negaba a actuar como “la séptima cuerda de su guitarra”. Llegó incluso a quedarse embarazada de él, aunque optó por abortar. Rotolo fue, además, una influencia clave en el despertar de la conciencia política del joven Dylan. Hija de comunistas perseguidos por el McCarthismo, dedicó buena parte de su vida a luchar por los derechos civiles.

Su juvenil rostro pasará a la historia por ilustrar la romántica e icónica portada del álbum de 1963 The Freewheling Bob Dylan, en la que ambos paseaban por las nevadas calles del Greenwich Village neoyorquino. Rompieron tres años después de conocerse, en 1964. Suze no volvió a hablar de Dylan hasta cuatro décadas más tarde, cuando participó en el documental de Scorsese No direction home.

Sirva este post como homenaje a todas esas personas que se esconden tras la inspiración. Porque sin musas, no hay arte.

Más locales de ensayo

25 febrero 2011

Este es un llamamiento desesperado: hacen falta más, muchos más locales de ensayo en nuestras ciudades. Y su precio tiene que ser infinitamente más asequible. En una ciudad como Madrid, alquilar un espacio de 10 miserables metros cuadrados para tocar ronda los 400 euros al mes, lo que a todas luces está fuera del alcance de la gran mayoría de jóvenes bandas, que se buscan las castañas como pueden. Las listas de espera son infinitas. Las condiciones, abusivas. Y la oferta, paupérrima. Si de verdad se quiere fomentar la cultura y la aparición de nuevas y estimulantes propuestas musicales, urge empezar por la base y brindar oportunidades a los que empiezan. Porque en este sentido, España está a años luz de otros países europeos. Y eso se refleja en la cantidad y la calidad de nuestros grupos.

Músicos que se llevan a matar (2ª parte)

23 febrero 2011

En su día gustó tanto la primera entrega de este post que he pensado que merecía la pena una segunda. Al fin y al cabo se quedaron unos cuantos casos en el tintero. Y para qué lo vamos a negar: nos gusta la carnaza. Por algo cuando hay una pelea en la calle todo el mundo mira, maravillado ante el irresistible espectáculo de contemplar al ser humano en toda su primitiva y garrula animalidad.

No es el caso de los músicos. La gran mayoría no llega a las manos y su cruce de exabruptos se limita a un par de declaraciones altisonantes que hacen correr ríos de tinta. Hasta hace bien poco, los medios jugábamos un papel esencial a la hora de crear enemistades. Ya no hace falta. La aparición de ese invento de Satanás llamado Twitter nos ha ahorrado el trabajo de hacer de caja de resonancia de sus excesos verbales, y ahora (y cada vez más) son ellos solitos los que se dedican a dejarse recados y darse collejas a través de su perfil en la red social. Otros, como Bisbal, van un paso más allá y se las dan a sí mismos. Hay gente para todo.

Vamos allá pues con cuatro nuevos casos de músicos malencarados:

Iván Ferreiro vs. Alejandro Sanz

Empezamos como acabamos la última vez: con producto nacional. El pasado día 13, Ferreiro se explayó a gusto en Twitter a propósito del fichaje de Alejandro Sanz (que hasta ese momento era su compañero de discográfica) por Universal: “No sabéis la alegría que me da que se pire Alejandro Sanz de Warner. Felicidades a Warner y mis condolencias a quienes les toque aguantarlo”. Ahí es nada. Hasta el momento, Sanz no ha contestado, como sí hizo cuando Fangoria declararon que “dentro de 20 años, nadie se acordará de Alejandro Sanz”. Entonces el madrileño les escribió una carta: “No se cuál es el motivo por el que me odiáis tanto. Me sorprende vuestra fijación conmigo.  Puede que yo no os guste, sin embargo, yo a vosotros os admiro y os respeto. Sólo deseo que se vaya ese rencor de vuestros corazones. Salud y afinación para todos”. Ahí estuviste sutil, Alejandro (luego te preguntaron por las descargas y ya perdiste el norte).

Trent Reznor vs. Chris Cornell

Otra de tweets subiditos de tono. En este caso, con dos pesos pesados del rock alternativo de los 90 como protagonistas. El primero en golpear fue el cantante de Nine Inch Nails a propósito de Scream, el segundo disco en solitario del ex Soundgarden:  “¿Sabes cuando alguien da tanta vergüenza ajena que nos hace sentir mal a nosotros mismos? ¿Has oído el nuevo disco de Chris Cornell? ¡Jesús!”. A Cornell, como es lógico, no le hizo ninguna gracia la coñita de Reznor y contestó en dos sucesivos tweets. En el primero se preguntó:  “¿Qué crees que Jesús twitearía? ‘El que esta libre de pecado que tire la primera piedra” En el segundo, muy irónico él, preguntaba: “‘¿Alguien ha visto a Judas? Éstaba aquí hace un minuto”. Estuvo feo el ataque por parte de Trent, pero en una cosa tenía más razón que un santo: el disco de Cornell daba bastante grimote.

Bono vs. Chris Martin

En su día hasta cantaron juntos en algún que otro concierto. Se supone que se llevaban bien. Al fin y al cabo el segundo es el heredero directo del primero en cuanto a su deje mesiánico (afortunadamente, sin llegar aún a sus cotas de pedantismo brasas, aunque dadle tiempo). Pero no, el hecho es que no se llevan bien. En 2009, durante una entrevista en una radio británica, Bono sorprendió a propios y extraños cuando llamó “gilipollas” a Chris Martin. El locutor le invitó a pedir perdón, pero el irlandés siguió erre que erre: “Es un personaje disfuncional y un cretino”, añadió. Eso sí, para arreglarlo, concluyó su speech aclarando que considera al cantante de Coldplay “un genio para crear melodías”. Martin le respondió durante un concierto en Australia: “Hace 13 años, Coldplay  decidimos convertirnos en estrellas de rock (sic). Desde el primer momento decidimos que yo sería el cantante y el que se tragaría toda la mierda, lo cual incluye las palabras malsonantes de Bono”. Dios los cría y ellos se juntan (y se creen dios).

Robert Smith vs. Morrisey

Ha llovido mucho desde aquel legendario enfrentamiento entre dos de los titanes del post-punk de los 80. Y sin embargo, los dardos que se lanzaron entonces fueron tan, tan venenosos que siempre viene al caso recordar aquella bonita historia de amor. Que Morrisey es un bocazas es de sobra conocido. Por eso, a pocos extrañó que a mediados de los 80 hiciese unas declaraciones salidas de tono a propósito de Robert Smith. “Es un payaso gordo y maquillado llorando con una guitarra”, dijo sobre el líder de The Cure. Lo que sí sorprendió fue la airada reacción del autor de Boys don’t cry al ser preguntado por la polémica frase del cantante de los Smiths: “Morrissey es tan deprimente que si no se mata antes, lo haré yo mismo’’. Ahí quedó eso. En una entrevista reciente, Robert Smith declaró que nunca ha conocido en persona a Morrisey. Sería un encuentro digno de verse.

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‘The King of Limbs’: primeras impresiones

21 febrero 2011

Creo que nunca antes en este blog había escrito dos post seguidos con el mismo grupo como protagonista. Tampoco nunca antes había quedado en casa con cuatro amigos para escuchar solemnemente el nuevo disco de una banda, en uno de los planes más nerd que he tenido la oportunidad de organizar últimamente. Pero siempre hay una primera vez para todo, y especialmente si se trata de la banda más importante de las últimas dos décadas. Radiohead están de vuelta, y la ocasión merecía todos los honores.

Lo primero que llama la atención de The King of Limbs es su duración: ocho canciones en apenas 37 minutos, lo que ha originado todo tipo de especulaciones sobre una inminente segunda entrega. Hay motivos para creerlo así: la última canción del disco se llama Separator, lo que para algunos es señal inequívoca de que se trata de un interludio. En ella, Yorke repite varias veces la frase “If you think this is over then you’re wrong” (si piensas que esto se ha acabado, te equivocas). Eso, unido al hecho de que el archivo de descarga se llama TKOL1, invita a pensar en una hipotética segunda parte de un disco que a muchos ha sabido a poco.

Teorías aparte, The King of Limbs va a dar qué hablar.

Desde la introductoria Bloom, una suerte de hipnótico mantra que ya anticipa las coordenadas de lo que vamos a escuchar, a la mencionada y muy recomendable Separator, estamos ante un disco que gana -y mucho- con las sucesivas escuchas. ¿Es eso positivo? Según se mire. The King of Limbs es más sutil, experimental y electrónico que sus dos últimos trabajos, sin llegar ni de lejos al rupturismo magistral de obras como Kid A o Amnesiac. Escasean los temas con olor a clásico inapelable (exceptuando quizá Little by Little -de lo mejor del disco- o la escogida como single, Lotus Flower). A cambio, abundan las capas de sonido al más puro estilo The Eraser, el disco en solitario de Thom Torke (especialmente en cortes como Feral, uno de los más rocosos). Las guitarras de Johnny Greenwood han sido relegadas a un segundo plano mucho más sutil, dejando mayor protagonismo a los sintetizadores. Hay más cajas de ritmos y menos baterías. El piano sólo manda en la delicada Codex, uno de los momentos más bellos del disco. Y cuando llega el final, uno se queda con ganas de más, quizá con una ligera percepción de que falta algo. Entonces vuelve a darle al play y pone un poco más de su parte para tratar de entender los entresijos del álbum.

The King of Limbs es, en líneas generales, el disco menos inspirado de entre los editados por Radiohead desde que revolucionaran el panorama musical con el abrumador Ok Computer. Eso no significa que no encierre multitud de detalles magistrales, pequeñas joyas que se van degustando y descubriendo poco a poco. Son Radiohead, al fin y al cabo, y eso es sinónimo de grandes canciones. De momentos que encogen el alma. Pero el conjunto baja un par de puntos el nivel demostrado durante su impecable carrera a partir del mencionado Ok Computer. Con eso y con todo, no me cabe duda de que se convertirá en uno de los mejores de este año. Sólo cabe preguntarse si, después de cuatro largos años de silencio, no cabía exigirles un poco más.

Caminos

18 febrero 2011

Hace más de tres años inauguré este blog con una reflexión sobre la estrategia de Radiohead para distribuir su sexto álbum, In Rainbows. Entonces, Thom Yorke y los suyos pusieron el disco a disposición de los fans a cambio de la voluntad. Muchos pensaron que era el futuro; otros lo vimos como una operación solo al alcance de bandas con una legión de fans tan numerosa como la suya. La media por descarga no llegó a los dos euros, y un amplio número de internautas optó por no pagar nada. Mañana se pone a la venta en la Red el nuevo trabajo del grupo, The King of Limbs, y aquel planteamiento ha quedado desterrado: para descargarlo, habrá que pagar. ¿Es la prueba de que la maniobra fue un fracaso? Quizá. Pero en un tiempo en el que la falta de ideas marca la pauta, el mero hecho de buscar nuevos caminos siempre es admirable.

Lemmy, el personaje

16 febrero 2011

Sonaba a buen plan de sábado noche: cena con los amigos y sesión doble de cine en una pantalla de muchas, muchas pulgadas. Porque hoy en día si no tienes un pantallón no eres los suficientemente hombre.

Por suerte para los allí presentes, ni el menú ni la selección de películas corrieron a cargo de un servidor. Con eso y con todo, dudo que lo hubiera hecho peor en cuanto a la primera cinta de la noche. Cazadores de trolls, un falso documental noruego al más puro estilo La Bruja de Blair es, de largo, una de las pelis más chungas que he visto en años. Un grupo de universitarios recorre los bosques del país de los fiordos en busca de unas criaturas mitológicas que, por culpa de David el Gnomo, dan más risa que miedo. Por si fuera poco, los subtítulos parecían haber sido elaborados con el traductor noruego-español de Google y todas las tildes estaban sustituídas por símbolos como arrobas y paréntesis. Un disparate y un auténtico mojón de película. Y eso que el trailer prometía.

Pero el meollo, por suerte, estaba en la segunda parte del programa. Y ahí sí que había consenso y buen tino. Lemmy, the movie es un documental codirigido por el periodista Wes Orshoski y el realizador Greg Olliver que trata de acercar al espectador la figura de una de las más grandes leyendas del rock and roll: Lemmy Kilmister, bajista, vocalista y líder de Motorhead.

A través del testimonio de músicos como James Hetfield, Alice Cooper, Slash o Dave Grohl se dibuja la rocosa personalidad de un tipo que ha follado, bebido y consumido más drogas que tú y todos tus amigos juntos en varias vidas. El autor de Ace of Spades, al que se le puede encontrar siempre en el mismo bar de Los Angeles bebiendo Jack Daniels con Coca Cola y jugando a la tragaperras, es probablemente una de las últimas estrellas del rock a la vieja usanza. Un mito viviente que destila autenticidad y carisma por los cuatro costados. Y sin embargo, uno se pregunta si el mito de Lemmy no se merendó a Ian Fraser Kilmister.

No debe ser fácil vivir con los pies en la tierra cuando todo el mundo a tu alrededor lame el suelo por donde pisas. Valga como ejemplo una frase de Dave Grohl extraída del propio documental: “Si hubiese una hecatombe nuclear los únicos supervivientes serían las cucarachas y Lemmy”. Así, el grueso del documental consiste en una sucesión de halagos desmedidos hacia su persona y lo inabarcable de su legado. Todo el mundo quiere caerle bien a Lemmy. Todos quieren estar cerca de Lemmy. En el fondo, todos quieren ser como Lemmy. Él simplemente lo es. Y mientras todos se preguntan cómo lo hace, él pide otro Burbon Cola. No hay impostura. No hay trampa ni cartón. Sólo una persona convertida, desde hace ya mucho tiempo, en su propio personaje.

Más allá de la reflexión sobre el estrellato, Lemmy the movie es un documental altamente recomendable y entretenido a más no poder, a pesar de sus casi dos horas de metraje. Tiene momentos impagables, como las confesiones junto a su hijo o cuando abre las puertas de su colección de todo tipo de objetos -especialemente militares-, en una especie de obsesión por la acumulación cercana al síndrome de Diógenes que dejaría en ridículo a más de un museo. Sirve, además, para volver a reivindicar (si es que hiciera falta) a una banda fundamental en la historia del rock, el punk y el metal. Y cuando llegan los títulos de crédito, el espectador se queda con la sensación de que, a sus 65 castañas, el bueno de Lemmy ha logrado cimentar su leyenda a base de honestidad, amor por el rock and roll y toneladas de speed.

No te jubiles nunca, Lemmy.

Música y ruido

11 febrero 2011

Nuestras ciudades son cada vez más grises, y no sólo por culpa de la polución. Poco después de prohibir los conciertos en los bares, la Concejalía de Medio Ambiente de Madrid, con la señora Botella a la cabeza, prepara una ordenanza cuyo articulo 41 prohibirá la música en la calle. A partir de ahora, ningún instrumento podrá sonar en la vía pública a no ser que cuente con un permiso especial. Tocar la guitarra en la calle, por ejemplo, podrá costarte una multa de 750 euros. Según el Ayuntamiento, el objetivo de la llamada Ordenanza del ruido es garantizar el descanso de los vecinos. Porque claro, todo el mundo sabe que ruido y música es la misma cosa.

Para responder a este disparate, ya se ha organizado una recogida de firmas a través de Internet a la que invito a todos a sumarse. Aunque quizá sería más efectivo demostrarles la verdadera diferencia entre música y ruido a base de una sonora protesta a las puertas del Consistorio.

Con la ETA no se juega

09 febrero 2011

Los que me leéis desde hace tiempo sabéis de mi debilidad por las melodías. A veces hasta me han llovido collejas por defender las de algunos.

Las melodías son la razón por la que siento predilección por casi todo lo que hace Eric Fuentes, alma máter de los desaparecidos The Unfinished Sympathy. Tras la separación de la banda, Eric se embarcó en un proyecto en solitario cuyo resultado acaba de ver la luz en forma de un disco editado por Subterfuge, Eric Fuentes y el Mal, que ya se puede escuchar en Spotify.

Hace un par de días colgué en el Facebook de este blog el primer videoclip del  disco, correspondiente al tema que abre el álbum, Growl. Un pildorazo de punk furioso de apenas dos minutos para el que el hermano de Eric, el realizador Pol Fuentes, ha facturado un trabajo curioso: una parodia de la anacrónica escenografía terrorista rodada con medios escasos pero con una dosis de humor e ingenio.

La sorpresa me la he llevado después, cuando he leído que varias televisiones (tres de ámbito nacional y una catalana) han negado a Subterfuge la emisión del vídeo. Incluso les han “recomendado” retirarlo de Internet.

¿Nos hemos vuelto definitivamente idiotas en este país? ¿Alguien ve en el vídeo algo más que una coña sin ningún tipo de trascendencia? ¿Forma parte toda esta historia de una maniobra de la discográfica para obtener mayor repercusión?

Adiós a The White Stripes

04 febrero 2011

Eran en torno a las cinco de la mañana y estábamos ya bastante borrachos. Habíamos acabado en casa tras desfogarnos a base de bailes ridículos en Moby Dick y aún quedaban una botella de ginebra en el armario. Era el momento perfecto para que surgiera de la nada una de las más habituales y recurrentes discusiones entre los amantes del rock: The White Stripes, ¿héroes o villanos? Round one: fight.

Mi bando estaba claro: Jack White es un genio, y uno de los culpables de que el rock and roll goce de buena salud en pleno siglo XXI. Un tipo que destila autenticidad y buen gusto por los cuatro costados, y que posee el don de convertir en oro casi todo lo que toca (sus discos con Dead Weather y, especialmente, The Raconteurs, son altamente recomendables). Un artista que ha triunfado haciendo buena música incluso en su faceta como productor, que entre otras cosas ha posibilitado que regresen a la actualidad nombres tan fundamentales como el de Wanda Jackson. Habrá a quien le escueza que su índice de popularidad se haya disparado, gente a la que le dé grima que el riff de Seven Nation Army se haya convertido en himno futbolero en boca de hordas de garrulos. Pero no deja de ser positivo: abre puertas.

Como había acuerdo en lo esencial y discutir borracho es estimulante y hermoso, la apasionada batalla dialéctica derivó entonces hacia la otra mitad del dúo: Meg White no toca una mierda. Es sosa. Es torpe. Pero ah, amigos, en esa dulce torpeza reside buena parte del encantador primitivismo de grupos como The White Stripes. Porque una cosa está clara: si para triunfar en la música hubiera sido necesario el virtuosismo hoy día no podríamos disfrutar de tantos y tantos grupos que han hecho suya la máxima de “menos es más”. En este blog sólo se hablaría de rock progresivo. Y creedme: sería un puto coñazo.

Por aquel momento, aún no sabíamos que Jack y Meg estaban a punto de anunciar su separación. Ayer se hizo oficial lo que hasta ahora era sólo un rumor alimentado por la escasez de noticias de los últimos meses. The White Stripes lo dejan. Y lo hacen “no por por diferencias o por falta de entusiasmo”, sino por el deseo de que su música “sea recordada en su mejor momento”, en una decisión que les honra y de la que deberían tomar nota unos cuantos.

Sirva pues este post para rendir homenaje a una banda irrepetible. Larga vida a The White Stripes. Y a las discusiones regadas con ginebra.

Google Music, en espera

04 febrero 2011

Las miradas del planeta musical estaban ayer puestas en Mountain View, sede de Google, donde el gigante de la Red presentaba su sistema operativo para tabletas Honeycomb. Los rumores apuntaban a que la firma podía desvelar también las claves del nuevo Google Music, llamado a convertirse en la penúltima revolución de la música digital. No fue así, y sin embargo muchos son los datos que ya se van conociendo sobre la herramienta, un sistema similar al exitoso iTunes pero con la posibilidad de escuchar las canciones en streaming sin necesidad de pagarlas, al estilo Spotify. ¿Será sostenible? Ayer, un comentario en este mismo blog resumía en una sola frase la postura del español medio al respecto:«Si un disco es caro, no lo compro; si es barato, ¿para que lo voy a pagar si lo tengo en eMule?».