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¿Cómo reaccionará el mundo ante el nuevo desafío de Israel?

03 abril 2009

El nuevo gobierno de Israel, al frente del cual está Bibi Netanyahu, se estrena con mal pie. Su ministro de Exteriores, el ultraderechista Avigdor Lieberman, ha anunciado que harán caso omiso de la conferencia de Annapolis, impulsada por Bush en noviembre de 2007 para la creación de un Estado palestino.

En el editorial de hoy de Haaretz se lee:

Cualquiera que esperase que ser ministro iba a refinar las formas de Avigdor Lieberman, habrá comprobado ya su error. En su discurso de asunción del miércoles, Lieberman se cargó todos los procesos de paz que Israel ha conducido con sus vecinos durante décadas.

Las palabras de Lieberman también terminan con los importantes progresos que se habían hecho con Siria, quizás el único legado positivo del gobierno de Ehud Olmert.

Cargarse a Siria e Irán

Recientemente, Seymour M. Hersh publicaba en The New Yorker un reportaje en el que describía el acercamiento de Washington a Damasco con la intención de sacarlo de la órbita de Teherán, y la respuesta positiva del presidente sirio Bachar al Assad. Como parte de la negociación se suponía que Israel debía devolver de forma gradual los Altos del Golán conquistados en 1967.

Lieberman también ha dicho que de eso nada, que la estrategia con Siria no será de “paz por territorios”, sino de “paz por paz”, lo que ya ha provocado una respuesta aireada de Damasco, que afirma que recuperará los Altos del Golán a través del diálogo o la fuerza.

Y más de lo mismo se podría decir en relación a Irán, mientras que EEUU le tiende la mano de la secretaria de Estado Hillary Clinton, Israel sigue anunciando a diestra y siniestra que atacará antes de fin de año.

Lo que no deja de ser una paradoja, ya que Israel tiene su propio arsenal nuclear y se trata de un país con una nutrida historia de ofensivas bélicas en el extranjero - sin ir más lejos el bombardeo de Sudán el pasado mes de enero -, mientras que Irán no ha cometido agresión internacional alguna a lo largo de medio siglo, más allá del apoyo financiero y armamentístico a Hezbolá y Hamás.

Las palabras tantas veces censurables y pendencieras de Teherán no suelen tener otro objetivo que justificar la represión, la intolerancia y el autoritarismo a nivel interno.

La soledad de Tel Aviv

De este modo, Israel lanza un desafío abierto a Barack Obama, al nuevo espíritu de diálogo multilateral y negociación que éste pretende hacer prosperar. El ejecutivo de Tel Aviv da señales de seguir anclado en las teorías neoconservadoras de la mano dura, la guerra preventiva y el no diálogo que inspiraron a tantos gobiernos tras el 11S.

Gobiernos que han ido han ido cayendo uno a uno en todo el mundo: Aznar en España, Blair en Gran Bretaña, Howard en Australia y finalmente Bush, como relataba de forma magistral Hendrik Hertzberg en The New Yorker (los detalles de la salida de John Howard del poder no tienen desperdicio).

Esos neoconservadores que, además de la pasión y el negocio belicista, la tortura y la mentira, son los que nos han metido en la actual crisis económica en su visión extrema del liberalismo, en su afán por reducir al mínimo la supervisión de los actores financieros internacionales, al tiempo en que sí articulaban una estrategia de férreo control de los ciudadanos a través de medidas como la Patriot Act.

En este sentido, la victoria electoral del gobierno de derechas de Bibi Netanyahu da la impresión de haber situado, al menos en la teoría, a Israel en la soledad conceptual y política más absoluta, si le sumamos además el descrédito sin precedentes sufrido tras la última y brutal ofensiva contra los habitantes de Gaza.

¿Más doble rasero para el “amigo” israelí?

En su editorial, Haaretz afirma que Israel pagará un alto precio por la estrategia de su nuevo gobierno. Algo que aún se está por ver, pues no que claro si la comunidad internacional reaccionará ante el órdago lanzado por Netanyahu, que ya al llegar al gobierno en los años noventa asestó también un duro revés al proceso de paz, y en cuyo ejecutivo la presencia del laborista Ehud Barak parece una broma.

Recordemos que a principios de 2006, tras ganar las elecciones legislativas, se le exigió a Hamás que renunciara a la violencia, que respetara los acuerdos previos con Israel y que aceptase públicamente el derecho a existir del Estado hebreo. Al no hacerlo de forma clara se cortaron todos los fondos de ayuda internacional al gobierno de Ismail Haniye.

Más que nunca queda claro que Israel ignora el derecho de los palestinos a existir como Estado (de hecho, el Likud no lo hace en su carta fundacional), que deshonra los acuerdos firmados en el pasado y que continúa con la violencia, no de forma puntual como los misiles Kassam, si no de forma sostenida, constante, en cada puesto de control, en cada trozo de hormigón del muro de Cisjordania, en cada nueva hora de bloqueo a Gaza.

¿Será coherente EEUU y terminará con los tres mil millones de dólares que cada año entrega en ayudas a Israel? ¿Dejará la Unión Europea de considerar al Estado hebreo un aliado comercial preferencial? ¿O seguiremos con la misma política del doble rasero que no ha hecho más que convertir a Israel en un país en rebeldía, que pisotea de forma impune los derechos de los palestinos, que complica hasta el paroxismo cualquier atisbo de normalidad en Oriente Próximo?

El peligroso giro a la derecha de Israel

08 febrero 2009

Los últimos sondeos publicados permiten vaticinar que en los comicios del martes la derecha israelí en su conjunto, desde las opciones más moderas hasta las más extremas, podría obtener una victoria sin precedentes.

Predicción que ha puesto en alerta al mundo, ya que como afirma Johann Hari en The Independent: “Israel está por cometer un error de juicio tan desastroso y letal como el mismo ataque sobre Gaza”.

Mientras que en los años noventa una parte nada desdeñable de la sociedad hebrea luchó y se manifestó contra la ocupación y la guerra, tanto fuera en Palestina o en el Líbano, lo cierto es que el siglo XXI ha marcado para Israel el comienzo de un evidente retroceso en el que las teorías que dan la espalda al diálogo y la devolución de territorios, que abogan abiertamente por la segregación racial y las opciones bélicas desproporcionadas, no dejan de ganar peso entre los electores.

(En las páginas The Guardian, Peter Beaumont realiza esta semana un recorrido por las ruinas del movimiento pacifista, ahora minoritario y marginal, preguntado a intelectuales y activistas qué ha cambiado en la sociedad israelí).

Fuera del mundo

En este sentido, Israel parece cada día más desvinculada de un mundo que tras ocho años de gobierno neoconservador en Washington está cansado de que las soluciones militares sean la única respuesta a los conflictos de poder, de la propaganda ramplona que apela al miedo al terrorismo para justificar lo injustificable, de la división maniquea y absurda del mundo según Bush en buenos y malos.

Como mayor ejemplo de esta falta de sintonía se podría subrayar que algunos de los candidatos que los israelíes van a votar el próximo martes acaban de ser señalados por organizaciones no gubernamentales, observadores neutrales y líderes políticos de buena parte del planeta, como potenciales criminales de guerra.

Aunque la paradoja de esta historia es que estos presuntos criminales de guerra constituyen las opciones más moderadas y deseables en los comicios. No son ellos sobre los que alertan algunos analistas en la prensa, sino sobre Avigdor Lieberman y Benjamín Netanyahu.

Le Pen en Israel

Avigdor Lieberman, líder del partido de extrema derecha Yisrael Beiteinu, pasaría de 11 escaneos en el parlamento a entre 17 y 19, superando así inclusive al laborismo de Ehud Barak.

Nacido en la Unión Soviética, y residente en una colonia judía situada en Cisjordania, Lieberman se ha hecho famoso por sus comentarios racistas contra los árabes, a los que pretende expulsar del país si no juran lealtad al Estado. En estos momentos está siendo investigado por lavado de dinero y sobornos.

Entre sus frases más destacables figuran:

Cuando hay una contradicción entre valores democráticos y valores judíos, los valores judíos y sionistas son más importantes.

Si fuera por mí, llamaría a la Autoridad Palestina para decirle que todos sus centros de negocio en Ramala serán bombardeados mañana a las diez.

Hoy, Gideon Levy compara en Haaretz la ideología radical del rabino Meir Kahane, que los israelíes rechazaron hace veinte años, con la de Lieberman, a quien considera su sucesor. “Si hay algo que describe las oscuras y vacías elecciones israelíes que terminan pasado mañana, es la transformación del racismo y el nacionalismo en valores aceptados”, afirma.

Bibi contra todos

Con respecto a Netanyahu, que quedaría en el primer puesto de votos, por lo que tendría derecho a formar gobierno, se puede decir que fue uno los principales obstáculos al proceso de paz de los años noventa, y que la viuda de Rabín lo acusa de haber creado el clima de odio que terminó con la vida de su marido (en sus actos políticos la gente cantaba: “Rabín es un nazi”).

Los puntos más importantes de su programa son:

. No sólo se opone al final de la ocupación, sino que alienta “el crecimiento natural” de los asentamientos.

. Nunca negociará Jesuralén con los palestinos.

. Usará la fuerza para acabar de una vez por todas con Hamás en Gaza.

Bibi, como se lo llama, aunque no siempre con cariño, sigue en este sentido las enseñanzas de su padre, el historiador Benzion Netanhyahu, que abogaba por la mano dura con los árabes y por crear un Estado de Israel que incluyese a la actual Jordania.

Otro de los aspectos que hacen temer el ascenso al poder de Netanyahu y de su partido, el Likud – que, por cierto, en sus estatutos niega de forma explícita el derecho a existir de un Estado palestino – es su deseo manifiesto de terminar por la fuerza con el supuesto programa nuclear de Irán.

La relación entre Clinton y Netanyahu fue tensa, hasta tal punto que este último se volvió en un huésped poco bien recibido por la Casa Blanca. Ahora, quizás le toque a Obama lidiar con un Primer Ministro israelí que, al menos de partida, va en contra de casi todo lo que su supuesto proyecto de renovación intenta promover.