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El ascenso de la clase media en África

18 mayo 2011

En más de una ocasión lo hemos apuntado en este blog que desde hace cinco años nos lleva periódicamente a África: no son pocos los cambios positivos que están teniendo lugar en el continente.

¿Las razones? Entre otras, el aumento sostenido de los precios de las materias primas, el acceso masivo a la información – en especial a través de los teléfonos móviles -, el avance más o menos generalizado hacia la democracia, con gobiernos que empiezan a responder a las necesidades de sus ciudadanos, y las vastas migraciones del campo a la ciudad que hemos descrito en estas páginas desde barrios como Kibera o Korogocho.

Lo confirma el Banco Africano de Desarrollo, que en su último informe sostiene que la clase media se ha triplicado a lo largo de los últimos treinta años. En perspectiva, la progresión ha sido así:

. 1980: 111 millones, 26% de la población.

. 1990: 151 millones, 27% de la población.

. 2000: 196 millones, 27.2% de la población.

. 2010: 310 millones, 34% de la población.

En términos más simples podríamos sostener que un tercio de los africanos forma parte ahora de la clase media mientras que hace una década no llegaba al 25% de los habitantes del continente.

La letra pequeña

Pero si leemos la letra pequeña del informe, como bien señala The Economist en su último número, veremos que no es oro todo lo que reluce y que este proceso dista de estar consolidado:

. Basar el crecimiento en los ingresos provocados por las materias, como pasa también en partes de América latina, resulta siempre una apuesta arriesgada debido a la fluctuación de los precios de estas mercancías.

A primera vista no parece que China, principal inversora en África, vaya a dejar de necesitar ingentes cantidades de insumos en el corto plazo para su gran factoría global, pero es indispensable que los gobiernos utilicen este capital para desarrollar el tejido productivo de cada país.

. Ser clase media no implica lo mismo en Europa que en África. El informe estima que para formar parte de esta ascendente franja social, un africano debe poder comprar productos por un monto superior a los 3.900 dólares al año.

El problema es que dos terceras partes de estos 310 millones de personas su ubican en la frontera de la clase media, con unos ingresos diarios de entre dos y cuatro dólares. “Podrán comprar un teléfono, una lavadora o una televisión, pero no las tres al mismo tiempo”, sentencia The Economist.

Desigualdades regionales

. También hay que observar con lupa el persistente desequilibrio regional: es en los países del norte de África donde la clase media está más afianzada. Al sur del Sáhara todavía queda mucho por hacer, especialmente en educación, acceso a la sanidad, infraestructuras y seguridad jurídica. Elementos estos últimos que las clases medias del norte damos por descontados.

Eso sí, ya no sólo tenemos que hablar de Botsuana o Sudáfrica cuando nos referimos a países relativamente bien gestionado y con perspectivas de futuro; ahora debemos incluir a Kenia, Ghana y Namibia.

En definitiva, si miramos el lóbrego pasado de explotación colonial del continente, su uso y abuso por parte de las grandes potencias también durante la Guerra Fría, sus recurrentes hambrunas y conflictos tribales, no podemos más que concluir que son datos alentadores, que confirman lo que descubrimos en cada viaje de este blog, y que auguran que finalmente África tendrá su sitio en este siglo XXI multipolar y en vertiginosa transformación.

A modo de cierre, una fotogalería de la BBC que pone rostro a la clase media africana.

Foto: Dinesh Krishnan

El bueno, el feo y el malo: del mejor al peor presidente de África

26 enero 2011

No hace falta ser un experto en África para vislumbrar que uno de los principales lastres para el despegue del continente son sus gobernantes. El nepotismo tribal y la corrupción endémica podrían ser consideradas las señas de identidad de una clase dirigente que vive de espaldas a los ciudadanos.

Sostener que ha sido así desde los tiempos de la descolonización resultaría injusto. Claro que existieron delirantes como Idi Amin Dada o cleptómanos desvergonzados como Mobutu Sese Seko, pero también gobernaron en el continente personajes de la talla moral de Julius Neyrere, mejor conocido como mwalimu (“el maestro” en kisuajili), que no dejó de conducir su humilde coche para ir cada día a su puesto de trabajo en Addis Abeba, y, por supuesto, Nelson Mandela.

Cabe preguntarse también de qué manera se habrían desempeñado hombres como Patrice Lumumba, de cuyo asesinato, ordenado por la CIA, la semana pasada se cumplieron cincuenta años. La nefasta intervención extranjera, ordenada y cartografiada tras la Conferencia de Berlín de 1884, fue seguida por la manipulación y la injerencia de la Guerra Fría.

Comunicación para la ciudadanía

Ya en este blog hemos apuntado en varias ocasiones que África, destino de la mayoría de nuestros viajes en los últimos años, está experimentando notables cambios. Una de las razones es la universalización del teléfono móvil. Hemos encontrado estos medios de comunicación desde la barriada de Kibera hasta las minas de oro en Kamituga.

El desarrollo tecnológico ha permitido a África pasar de casi no tener líneas fijas a estar vastamente comunicada a través de los móviles. Inclusive en nuestro reciente viaje a Mogadiscio nos recibió el típico mensaje de texto de la compañía local de telefonía. Y eso que, en la capital de Somalia, poco funciona, por no decir nada. Bueno sí, la guerra.

Según demuestra Túnez, y parece que ahora Egipto, una ciudadanía comunicada, informada, integrada a través de las redes sociales, resulta menos manipulable, tiene más herramientas para saber qué sucede a su alrededor y cuestionar a sus gobernantes. Sin contar la posibilidad de efectuar pagos, ahorrar y acceder al crédito que ofrecen sistemas como MPESA.

La primera vez que escuché esta teoría fue de boca de Mohamed Yunnus, el creador del Grameen Bank y posterior premio nobel de la Paz, cuando lo entrevisté en sus oficinas de Dhaka en 2001. Su proyecto más querido ya en esos tiempos no era el llamado “Banco de los pobres”, sino Grameen Telecom.

Periodismo Sur-Sur

Otro elemento fundamental que parece estar cambiando en África es el periodismo. Se trata de una apreciación muy subjetiva, pero quien escribe estas palabras tiene la certeza de que cada vez lee crónicas más afiladas, profundas y estimulantes en la prensa africana.

En este sentido, The Economist señalaba el surgimiento de la prensa del Sur y para el Sur, con Al Yazira a la cabeza, como signo de los tiempos que estamos viviendo de fragmentación del poder en el mundo, de avance a paso raudo hacia un orden multipolar. Y la caída del despliegue y la influencia de la BBC y CNN.

Ejemplo de este periodismo es el reportaje que apareció en la revista de The East African, en el que se presenta un ranking del mejor al peor gobernante del continente. Las semblanzas de cada uno de estos líderes, trazada no sin ciertas dosis de humor, para la próxima entrada del blog, pues merece una descripción exhaustiva y esta va quedando ya muy farragosa.

Sólo agregar que en los últimos puestos de la lista están, como alguno de vosotros habrá atisbado a estas alturas:

. Sharif Ahmed (Somalia)

. Idriss Deby (Chad)

. Teodoro Obiang (Guinea Ecuatorial)

. Omar Al-Bachir (Sudán)

. Isaias Afwerki (Eritrea).

En la foto, la mirada que le dedica Robert Mugabe a Morgan Tsvangirai habla por si sola. También os dejo una pregunta: ¿en qué puesto creen que está Paul Kagame? No vale leer el reportaje.

El menguante poder de las petroleras occidentales en África

14 enero 2011

Hace pocos días escuchaba a un contertulio de radio pronunciar una inflamada e indignada intervención sobre la rapiña de las empresas petroleras occidentales en África.

No me sorprendió por los antecedentes que hay en esta materia: desde la brutal política colonial europea – con el rey Leopoldo II como cumbre de la mentira y la barbarie imperialista-, pasando por el expolio realizado por las conocidas como “Siete hermanas” – bautizadas así cono ironía por Enrico Mattei y antecesoras de BP, Exxon Mobil, Shell y Chevron en los tiempos previos a la OPEP -, y en los años noventa con incidentes como el asesinato del activista nigeriano por los derechos humanos Ken Saro Wiwa, en el que estuvo involucrada la empresa Shell y cuyo juicio seguimos el año pasado en este blog.

Tampoco me sorprendió pues el desplazamiento del poder de EE UU y Europa hacia lugares como China, India y Brasil – fenómeno al que podríamos denominar “el final de dos siglos de dominación del hombre blanco en el mundo” – está teniendo lugar a velocidad tan vertiginosa que a muchos los encuentra con el discurso novedosamente obsoleto, caduco por horas, cambiado de pie.

Nuevo escenario, nuevos análisis

No seré yo quien defienda ciertas prácticas de las empresas occidentales en el extranjero, pero tampoco parece acertado en el actualidad seguir aplicando algunos modelos para dar explicación a los problemas del mundo, pues no los explican.

Avanzamos hacia un futuro multipolar, carente de un poder hegemónico, concurrido de numerosos actores no ausentes de peso específico poblacional, financiero e industrial, en el que los hilos del poder se muestran cada día más intrincados, y nuestra mirada tiene que ser capaz de descubrir estos matices sino quiere caer en la retórica hueca, carente de fundamento.

Datos sobre la mesa

En este sentido, recomiendo enormemente la lectura del libro Poisoned Wells, de Nicholas Shaxson, periodista colaborador de The Economist, del FT y del siempre extraordinario Africa Confidential. Un par de párrafos e ideas como muestra:

En 2006, Energy Intelligence publicó un índice de compañías petroleras que debe haber sorprendido a muchos. Exxon Mobil, que tiene un valor de mercado similar al de Wal-Mart y Microsoft, estaba en el puesto decimotercero de este índice, por detrás de dos compañía africanas y con apenas una vigésima parte del tamaño de una empresa llamada Aramco.

Aramco es la compañía estatal de Arabia Saudí, que gestiona unas reservas de 260 mil millones de barriles. Las africanas son las estatales de Nigeria y Libia, con unos 20 mil millones de barriles por cabeza. Exxon se queda con apenas unos 12 mil millones. BP, Chevron, Total y Shell son aún menores en tamaño.

Mucha gente tiene la idea de que las compañías occidentales son agentes del imperialismo que fuerzan a los estados africanos a aceptar los dictados de Washington y Londres […] Pero los grandes países productores africanos ingresan entre el 70 y el 90% del beneficio en sus arcas, una vez que se han pagado los gastos de desarrollo, dejando un modesto margen para las empresas privadas. El hombre blanco y sus empresas no tira más de los hilos de África.

Quiero ser chino

Otro factor importante en este escenario es el desembarco de China, que en menos de un lustro de presencia en el continente ha superado en inversión a Occidente. Unos 107 mil millones de euros anuales según The Economist. Los gobernantes africanos tienen nuevos compradores, que ni siquiera – aunque sea en la retórica – se preocupan por los derechos humanos, como demuestra el apoyo de Beijing a Sudán a pesar del genocidio de Darfur.

Una presencia que cualquiera que haya estado recientemente en África habrá notado: desde las escuelas chinas de negocio hasta el asfaltado de carreteras y la explotación de minas. Así como hace veinte, treinta o cuarenta años, no pocos soñaban con ser estadounidenses, con empaparse de la pujanza de sus profesionales y hombres de negocio; hoy el anhelo de muchos en los países ascendentes es aprender de China.

Para más información sobre este tema, que no es de poca importancia debido a la miseria y la violencia que suelen generar en África estos recursos naturales – dejando al margen estados como Bostwana -, no sólo el libro de Nicholas Shaxson, sino también sitios con información más actualizada como African Energy.

Las guerras del agua

23 marzo 2010

Regresar al hotel tras una jornada de trabajo en algún país del África subsahariana. Encender la luz de la habitación, conectarse a Internet y leer los correos electrónicos, abrir el grifo para tomarse una ducha.

No en pocas ocasiones me he encontrado a mí mismo reflexionado sobre lo extraordinario de estos actos que en nuestras existencias cotidianas damos por garantizados. En especial, la posibilidad de contar con agua corriente. La extraña y perturbadora certeza de ser una de las pocas personas en cientos o miles de kilómetros a la redonda que goza de semejante privilegio. Pensar que la mayoría de aquellos a los que has entrevistado, que te han ayudado a realizar el trabajo o que simplemente se han cruzado en tu camino, nunca en sus vidas van a poder hacer eso: abrir el grifo y meterse bajo una ducha.

Pero no se trata sólo de que el 40% de los habitantes del subcontinente no tiene agua potable. La responsabilidad de conseguir este recurso ha sido tradicionalmente asignada a mujeres y niñas. Según datos de la ONU, ellas dedican entre cinco y ocho horas diarias a transportar el agua hasta sus viviendas, con la consecuente pérdida de oportunidades de estudio y de progreso laboral que esto implica.

Una realidad que acentúa la desigualdad de género. Y que, además, como vimos en alguna oportunidad al investigar sobre la violación como arma de guerra, hasta pone en riesgo su seguridad. Buena parte de las agresiones sexuales tienen lugar cuando las mujeres se alejan del campo de refugiados o de la aldea para buscar agua.

Estados fallidos y dictaduras

Si hay algo que define el paisaje del África profunda es justamente este constante devenir por los caminos de tierra de mujeres y niñas cargadas de bidones, latas y cubos. A nivel mundial estamos hablando de 844 millones de personas que carecen de agua corriente. Más de diez mil personas, la mitad niños menores de cinco años, mueren a diario como consecuencia de enfermedades provocadas por el agua contaminada, no saneada: fiebre tifoidea, cólera, hepatitis A, diarrea, dengue, polio, salmonelosis…

Y si hay algo que definirá la fisonomía política y social del África futura será la confrontación por el agua. Ya en 2007 viajamos en este blog a Etiopía para ser testigos de las luchas armadas de los nómadas afar, acorralados por la sequía, la enfermedad y la muerte de sus animales (ver vídeo). Escenario que se repite en el norte de Kenia, entre los turkana, y que se está expandiendo por el subcontinente como consecuencia del cambio climático y el calentamiento global.

El informe Global Warming and Climate Change, que será presentado mañana en Casa Asia-Madrid, alerta además del potencial surgimiento de regímenes autoritarios y Estados fallidos en las próximas tres décadas.

Foto: Niños campo de desplazados Uganda (HZ).

El hombre del millón de chelines

21 octubre 2009

Como si se tratase de un extranjero en su propia tierra, cuando recorre las calles del barrio de chabolas de Kibera, Wycliffe Ambeyi escucha que los vecinos lo llaman muzungu (voz kiswahili que significa “hombre blanco”). Si lo acompaña este reportero a lo largo del camino, no falta el ingenioso que le dice guiñando el ojo: “Eh muzungu, que te has traído a tu hermano”.

Pero Wycliffe recibe otros apodos que no sólo hacen alusión al inusual color de su piel, sino que le recuerdan los brutales crímenes que en los últimos años se han cometido contra albinos en la vecina Tanzania.

“Algunos me llaman hot cake, bromeando sobre el valor que tiene mi cuerpo para los tanzanos. Tengo un amigo que me dice que soy el hombre de la piel del millón de chelines”.

¿Cómo lo afectaron los crímenes que se cometieron en Tanzania? Explica que desde que supo de ellos a través de las noticias se ha sentido más discriminado y observado que nunca. También dice que tiene miedo, pues no ve reacción alguna por parte del gobierno de Nairobi, algo que sí hizo el ejecutivo de Dar el Salaam.

“Me preocupa que esta idea de que nuestra piel es un talismán para hacerse rico y de que partes de nuestro cuerpo sirven para curar el sida cruce la frontera y se expanda por Kenia”, continúa.

Que haya quienes creen que los albinos pueden tener algún poder para terminar con el HIV resulta paradójico en el caso de Wycliffe, según delata el “Cuaderno de vida” que yace sobre la angosta mesa que recorre de un lado a otro la chabola en la que pasa las horas junto a su mujer, Phoebe, y sus dos hijas: Mary Ann, de dos años, y Grace Amondi, que acaba de cumplir seis.

“Mi vida no ha sido sencilla. Desde que nací lucho contra la discriminación. Sonrío, hablo, me hago amigo de las personas para demostrarles que soy igual que ellas, que no tienen nada que temer, que por ser albino no soy más débil ni menos trabajador. Por eso todo lo que ha pasado en Tanzania es tan negativo. Alimenta unos mitos sobre nosotros que si se propagan nos pueden llegar a costar la vida”.

(Foto: HZ)

Continúa…

El blues de los niños soldado del Congo

21 septiembre 2009

Madrugamos para dirigirnos al cuartel general de la operación Kimia II, que está ubicado en la antigua residencial de Mobutu Sese Seko, el dictador cleptómano y corrupto por antonomasia. Amanece sobre el lago Kivu, cuyas orillas están salpicadas de antiguas mansiones coloniales belgas a cuyas espaldas se levantan las precarias casas de adobe y lata de los barrios más pobres de Bukavu.

A lo lejos vislumbramos a las tropas del FARDC, el ejército gubernamental, que se preparan para partir hacia la región de Shabunda en el marco de la operación Kimia II, destinada a terminar con la presencia de fuerzas hutus en territorio congoleño. Gracias a la autorización del coronel Delfin Kahimbi, nos disponemos a acompañar a estar fuerzas para conocer de primera mano el desarrollo de esta cuestionada operación militar.

Mientras esperamos a que esté todo listo para partir, en la parte del cuartel donde funciona el helipuerto descubrimos a un grupo de jóvenes vestidos con uniformes militares. Preguntamos a los oficiales: se trata de niños soldado que acaban de salir de la selva para entregar las armas y volver a la vida civil.

Cambio de planes

Nueva autorización del coronel Kahimbi – que ya nos había manifestado su intención de terminar con el empleo de menores en la guerra – y repentino cambio de planes: dejamos a un lado por el momento la operación Kimia II y nos centramos en los jóvenes. Tomamos la decisión de seguir a los niños durante los primeros días para ver cómo progresan, cómo se adaptan a la nueva realidad en que se encuentran, qué esperan del futuro.

Uno de los coordinadores del hogar de tránsito de la organización BVES – cuyos proyectos conocimos el año pasado – entrevista a cada uno de los niños. Anota el acrónimo de la fuerzas de las que formaban parte, el nombre de sus comandantes, el rango que tenían, la manera en que fueron reclutados, la zona de la que son originarios, el nombre de sus padres. Un proceso que demora horas. Vital para que la Cruz Roja rastree a sus familias. Importante en estos momentos para los militares, pues quieren separar a los menores de los adultos.

Al final, de los 32 presentes sobre la explanada, 29 son calificados como niños soldados. Tras un discurso de Kahimbi, que todos siguen en silencio bajo el sol, se les entregan ropas de civiles y se les señala una tienda en la que deben pasar para cambiarse. Lo hacen entre risas, con cierta vergüenza, como una suerte de juego. La última en entrar a es una de las dos niñas presentes (más adelante sabremos que ambas fueron sometidas a reiterados abusos sexuales).

Arriba un autobús de la ONU al que los niños marchan vestidos con sus vaqueros y camisetas, aunque descalzos. Algunos cantan, otros miran a la nada con incertidumbre, con evidente perplejidad ante el repentino cambio de escenarios y perspectivas en su vida. En el hogar de la organización BVES se les da la bienvenida. Su director, Murhabazi Nachegabe, les explica las normas básicas de convivencia: nada de peleas, respeto a los profesores.

Las reglas de convivencia

Después viene una clase de higiene básica y prevención de enfermedades, con especial énfasis en el sida. Los niños que ya están en el hogar, también ex soldados, ayudan a los coordinadores a realizar la exposición (se suponía que iban a pasar un vídeo, hasta llevaron un antiguo televisor a la sala en la que estaban los muchachos, pero la ausencia de electricidad frustró los planes).

Llega la hora del baño y luego la comida. Los jóvenes con los que hablamos se muestran felices de haber dejado de ser soldados. “Era una vida muy dura. Comíamos mal, no dormíamos, nos trataban como animales“, afirma Joseph Tyne. Oriundo de Kivu Sur, tiene 15 años y presenta una importante herida además de tener los ojos visiblemente inflamados.

Por la tarde se les entregan sandalias (algunos se quejan de que no tienen cinturones). Continúan las entrevistas. El coordinador que habla con los jóvenes en busca contradicciones, alegatos falsos, en sus testimonios. Nos explica que a veces mienten por miedo a las represalias de sus antiguos comandantes.

Provienen en su mayoría de grupos de Kivu Norte como el CNPD, los Mai Mai y Pareco, que se han ido integrando al ejército congoleño a través del proceso de Amani. De allí la capacidad del coronel Kahimbi de exigir a sus mandos que enviasen a Bukavu a cuantos niños soldados hubiese en las unidades.

Ansiosos por volver

La primera noche en el centro de BVES no resulta tranquila. Peleas entre los recién llegados y los que ya estaban allí. Cristales rotos. Al día siguiente la tensión continúa. Los nuevos se niegan a entrar a clase. “No quiero estudiar, no quiero perder tiempo aquí, quiero volver a mi casa”, afirma Joseph Tyne, que explica que en el futuro se dedicará a cultivar la tierra de su familia. En su caso, los hutus del FDLR lo secuestraron hace cinco años de la escuela y lo enrolaron por la fuerza en sus filas (patrón similar al de otros testimonios que ya recogimos en este blog).

Desde entonces nada ha sabido de los suyos. El programa de desmovilización establece como plazo máximo tres meses de permanencia en el hogar. Otro de los jóvenes nos explica que sí quiere aprender a escribir y leer, pero cuando esté de regreso en su aldea, no ahora.

La tensión se atenúa al tercer día con la llegada de los miembros de la Cruz Roja que comienzan a recopilar datos de los menores para ponerse en contacto con sus familias. El final de la agonía parece más tangible. Nos comprometemos con algunos de ellos a que los iremos a visitar cuando estén de vuelta en sus hogares. Y así esperamos hacerlo en nuestro próximo viaje al Congo, para conocer cómo han sido recibidos, si han conseguido reintegrarse en la vida civil, o si han vuelto a las armas, y qué obstáculos y desafíos deben enfrentar.

(Fotos: HZ)

De virus, epidemias y otras batallas

06 mayo 2009

Varios países del África occidental están haciendo frente a una vasta epidemia de meningitis. Se estima que más de 2.500 personas han muerto desde enero en Níger, Nigeria y Chad.

La meningitis es una infección de las membranas que recubren el sistema nervioso (el cerebro y la médula espinal). Mientras que la meningitis viral, que constituye el 80% de los casos, tiene efectos leves, la meningitis bacteriana, que es la que se ha cebado con el oeste del continente africano, tiene efectos letales. Incluso cuando se trata con antibióticos termina con la vida de entre el 5 y el 10% de los pacientes a las 48 horas de la aparición de los primeros síntomas.

El lunes tuve la oportunidad de entrevistar en RNE a Esperanza Santos, enfermera de Médicos Sin Fronteras que acaba de volver de Nigeria. Describió un panorama ciertamente preocupante como consecuencia de este mal que se manifiesta a través de un severo dolor en la nuca, vómitos, nauseas, dolor de cabeza e hipersensibilidad a la luz.

La rápida expansión de la meningitis

El pasado mes de abril, Naciones Unidas alertaba de la rápida difusión de la enfermedad, especialmente en la zona de Agadez, desde donde parten migrantes hacia el norte de África y Europa.

El número de pacientes con meningitis en el hospital local se había disparado, y se estima que en Niger hay más de diez mil infectados. Se trata de una zona poco habitada, por lo que la alarma expresada por las autoridades se proyecta al momento en que estas personas lleguen a urbes populosas.

“Estamos hablando del llamado cordón de la meningitis en el Sahel, con un número de países que están denunciando un gran número de casos”, explicó Martin Dawes, de UNICEF. “Está golpeando antes, más rápido y más duro de lo que hemos visto en los últimos cinco años”.

En su último informe MSF, que tiene en marcha un plan para repartir siete millones de vacunas en la región, explica que:

La infección se transmite solamente de persona a persona, a través de gotitas de saliva. Según la Organización Mundial de la Salud, entre un 10 y un 25% de la población mundial es portadora del meningococo, pero la gran mayoría no enferma (portadores sanos).

Nueve de cada diez portadores desarrollan anticuerpos, por lo que están protegidos contra la enfermedad. Aún así, pueden infectar a otras personas durante un periodo de cinco a quince semanas.

En el programa de radio del que participaba Esperanza surgió el debate sobre la escasa atención que se está prestando por parte de los gobiernos y los medios de comunicación a esta epidemia de meningitis mientras que la fiebre porcina parece haber acaparado todos los titulares y medidas gubernamentales, sobre todo si se compara el número de muertos.

Eduardo Sanz rescató la denuncia, tantas veces formulada, sobre el escaso porcentaje de sus presupuestos que las empresas farmacéuticas y los gobiernos dedican a buscar vacunas para las enfermedades tropicales, que son las que más muertes causan en el mundo en desarrollo. El 90% del dinero en investigación se gasta en males que afectan a menos de un 10% de la población del planeta.