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Uno de cada tres aviones de guerra de EEUU es no tripulado

10 enero 2012

En este blog fuimos testigos de un hecho sin precedentes: el uso masivo de aviones no tripulados en un conflicto armado. Sucedió en Gaza, en el año 2006, durante la operación Lluvia de verano que el gobierno de Israel lanzó sobre la franja como respuesta al secuestro del soldado Gilad Shalit, llevándose por delante la vida de más de 450 personas, en su gran mayoría civiles.

Avión no tripulado MQ-1 Predator. EEUU ha perdido 38 unidades en Irak y Afganistán. Foto: Reuters.

Semanas más tarde, el mismo fenómeno se repetiría de forma más vasta aún en Líbano, donde Israel lanzaría decenas de drones para realizar labores de inteligencia y ataque durante la conocida como “Guerra de los 33 días” que Ehud Olmert decidió conducir contra Hassan Nasaralá y su Partido de Dios.

El estupor y la sorpresa frente a aquel despliegue de drones lo plasmé aquí, el 28 de noviembre de 2006, en el artículo Aviones no tripulados, los nuevos protagonistas de la guerra.

Historia de un cambio

Desde que el actor británico, y aficionado a la aviación, Reginal Denny vendiera 53 unidades del modelo RP 4 al ejército de EEUU en 1939, para que los artilleros pudieran hacer prácticas de tiro, los aviones no tripulados han formado parte de la industria armamentística y de las estrategias bélicas. Desde el Ryan Firebee en Corea y Vietnam hasta los Pioneer en la Primera Guerra del Golfo.

Sin embargo, los aviones no tripulados recién saltaron a los titulares de la prensa por su capacidad de ataque en noviembre de 2002, cuando un misil Hellfire lanzado desde un Predator alcanzó el todoterreno en el que viajaba por el norte de Yemen Qaed Salim Sinan al-Harethi, supuesto líder de Al Qaeda. Una operación de la CIA que pocos imaginaron en aquellos días que terminaría por convertirse en la norma.

Tan comunes son estos dispositivos ahora, una década más tarde, y tan extendido se encuentra su uso, que uno de cada tres de aviones de guerra de EEUU es un UAV según un informe del Congreso de EEUU del 3 de enero de 2012. Uno de esos Predator, Raven, Global Hawk, Reapers y Sentinels que a diario recorren los cielos de Irak, Afganistán, Somalia y Pakistán.

El crecimiento ha sido exponencial si tomamos en cuenta que en 2005 apenas el 5% de los aviones militares eran drones. En la actualidad hay 7.949 aviones no tripulados y 10.767 aeronaves tradicionales. Eso sí, el modelo más popular es el Raven, con 5.346 unidades, que es sumamente pequeño y portátil, imposible de comparar en costes de producción y mantenimiento con un cazabombardero F22.

Nuevos escenarios bélicos

Como tantas veces hemos escrito en este blog, la guerra ha cambiado radicalmente en el siglo XXI. Ya no se enfrentan estados ni ejércitos profesionales, sino que la violencia se despliega en aquellas zonas donde los gobiernos no tiene poca o nula presencia y grupos insurgentes, mafiosos o terroristas campan a sus anchas.

En este escenario de fronteras difusas, donde la información es casi más importante que la fuerza, los aviones no tripulados cumplen un papel cada día más destacado. Si los EEUU van a la cabeza es en parte gracias a la visión de Robert Gates, hoy ex Secretario de Defensa, que supo adaptar el gasto militar de su país en esta dirección.

Luego viene Israel, que fue el gran precursor de estos ingenios gracias a la labor del ingeniero aeronáutico Alvin Ellis tras la guerra de Yom Kippur. Y después los demás países, que desde Irán pasando por India, Rusia y Turquía, hace años que se lanzaron a conseguirlos.

Una forma de hacer la guerra que también ha levantado criticas por parte de organizaciones de Derechos Humanos, pues acciones como las que se llevan a cabo casi a diario en Pakistán, no dejan de ser una forma de asesinato selectivo, sin juicio ni pruebas. También a nivel de Derecho Internacional, por su sistemática violación de la soberanía de otros Estados, ha sido y es muy cuestionada.

Mikel y el accidentado avión de Pamir Airways en Afganistán

18 mayo 2010

Nuestro último viaje a Afganistán comenzaba con una crónica en este blog no ausente de cierta ironía sobre el caótico viaje de Dubai a Kabul a bordo de la desconocida aerolínea Pamir Airways. Esto es lo que escribí en julio de 2008:

El único avión que constituye la flota de Pamir Airways aún presenta el legado de sus anteriores dueños. Los carteles que pueblan la cabina se solapan en chino, inglés, ruso y portugués.

Un avión descascarado, con los asientos sucios y la alfombra cubierta de machas negras, cuya tripulación parece superar en número al pasaje. Media docena deazafatas de aspecto caucásico y al menos cuatro pilotos, también de ojos celestes y cabello rubio.

A uno de ellos, el más joven, lo había visto minutos antes a pie de pista, dando patadas a los neumáticos para comprobar si estaban en buen estado.

A las dos semanas de estar en Afganistán apareció Mikel Ayestaran en la mítica Gandmack Lodge de Kabul. Dejó sus cosas a dos puertas de distancia, frente al jardín en el que suele verse al reportero de Fronline y propietario del hotel, Peter Jouvenal, junto a su mujer y sus hijos. Como los que conocen su trabajo ya habrán deducido, la luz de la habitación de Mikel era la última en apagarse y la primera en encenderse. Sólo así consigue este auténtico pluriempleado del periodismo cumplir con su fantástica ración diaria de crónicas para EITB, ABC, Punto Radio… por mencionar sólo algunas.

Conversando en alguno de los escasos momentos en los que no lo encontraba grabando, editando, escribiendo o comunicando por teléfono sus crónicas, me contó que también había tomado desde Dubai aquel vuelo de Pamir Airways. Así lo había contado en Salam Agur, su blog:

Las tres grandes compañías afganas son Ariana –la Iberia en versión Afganistán- Kam Air y Pamir. Vuelan a diario desde Dubai y sus vuelos están llenos. Comprar sus billetes por Internet es posible, pero supone un ejercicio de buena fe que yo hace tiempo perdí con las compañías de este país en las que prima el billete físico y pagado en metálico. Ariana está en mi lista negra, y en la de IATA, por sus retrasos y sus aparatos viejos y desgastados, así que me quedaban Kam Air o Pamir. Opté por esta última.

Me puse a hacer cola a las 12,30 am y estuve en primera línea hasta que su responsable llegó a las 4,30. ¡Quedaba un billete! Sólo uno, pero en Primera. No importa, todo sea por viajar a Kabul, aunque haya que pagar 300 USD por montarse en esa especie de batidora blanca con claros restos de su paso por países como Rusia o China. Pamir, toda una referencia en el mundo de la aviación moderna. Guardaré el billete junto a los de Ariana, Koryo (aerolínea de Corea del Norte), Aseman (reina del Tupolev en Irán) y Yemenia.

Más allá del avión, a los dos nos había llamado la atención otra característica de aquel viaje que habíamos reflejado en nuestros respectivos blogs: los destinos de los aviones que al alba partían de la terminal número dos de Dubai y cuyos nombres parpadeaban en las pantallas. Él los había llamado “El trío de la muerte”. Yo los había comparado con una ruleta rusa:

Los primeros dos vuelos partían hacia Bagdad. El siguiente a Mogadiscio. El tercero a Peshawar. Luego venían los que llevaban a Kabul. Y la lista volvía a comenzar, inquietante, como una ruleta rusa: Peshawar, Kabul, Bagdad…

Aunque meses más tarde me encontré con Mikel en España – en la exposición de los grabados de Goya, “Los horrores de la guerra”, que tuvo lugar en Salamanca, por aquello de demostrar que no somos gente monotemática -, no le pregunté si se había animado a volver a Dubai en aquel vetusto avión de Pamir Airways. Ni tampoco sé si repitió experiencia en sus sucesivos retornos al país del Hindu Kush, que no han sido pocos. Yo no tuve el placer de repetir la experiencia, pues los últimos dos años en este blog los hemos dedicado a los conflictos armados en Sudán, Somalia y la República Democrática del Congo.

En realidad, si soy sincero, cuando tuve la oportunidad decidí no hacerlo. Opté por la moderna y eficiente Kam Air, aunque eso me obligara a sacar un nuevo ticket y regalar el dinero de un asiento vacío a Pamir Airways, que tampoco le vendría mal a sus exiguas finanzas. En su momento me dije que estaba exhausto, que ya había tentando a la suerte demasiadas veces en un mismo viaje volando a Herat en la aerolínea estatal Ariana, dando vueltas en coche por doquier junto a Salem y recorriendo el valle del Tagab en los humvees de la 101 División Aerotransportada de EEUU. Supongo que, en el fondo, no fue más que pura cobardía.

Por eso cuando ayer leí en el New York Times que aquel avión de Pamir Airways se había caído a las 8:30 de la mañana en el paso de Salang – que durante años permitió resistir a Ahmed Shah Masud en el valle del Panshir – experimenté una lóbrega sensación. Y recordé que algo había escrito al respecto:

Pamir Airways existe. Difícil saber durante cuánto tiempo más, pero al menos hoy, esta aerolínea de un sólo avión y origen desconocido, es una realidad. El cartel colgado sobre los mostradores de facturación así lo indicaba.

En realidad no se trata del mismo avión. Wikipedia ha actualizado la página dedicada a Pamir Airways y sostiene que la compañía cuenta ahora con cinco aeronaves, más allá del Boeing 707-320 con el que empezó a funcionar. Añade que fue la primera línea aérea privada en recibir en la historia de Afganistán el certificado de operador aéreo por parte del Ministerio de Aviación. Hecho que tuvo lugar en 1995. Lo que el artículo no menciona es que en aquel año el país se encontraba en el peor momento de su guerra civil, con la capital en ruinas y dividida por los señores de la guerra. Difícil imaginar dónde o cómo funcionaba aquel ministerio.

La propia Pamir asegura en su renovada página web - tan moderna en comparación a la versión -5.0 que ofrecía en 2008 -, que ha llevado a miles de peregrinos al haj en Arabia Saudí y que su actual lema es “Viaja con confianza”.

Este terrible accidente – que costó la vida a 44 personas, entre las que se cuentan cinco miembros de la tripulación del Antonov 24 siniestrado y tres ciudadanos británicos – constituye sin dudas un revés para el progreso de esta compañía, que podría sumarse a larga lista de aspiraciones frustradas en el corrupto, paupérrimo y asolado Afganistán, con la tan anunciada batalla de Kandahar a punto de comenzar y una campaña bélica estival que promete ser la más cruenta desde la invasión de 2001; con unas frágiles relaciones entre Hamid Karzai y los gobiernos de la coalición internacional.

Seguramente sea Mikel quien pueda dar respuesta a este pregunta ya que, como no podía ser de otra manera, se encuentra de regreso en el país. Habrá que leer en su blog cómo ha llegado hasta allí.

Fotos: HZ

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Y el dinero de la guerra es para la empresa… ¡Dyncorp!

03 agosto 2009

El ascenso de Dyncorp dentro del negocio privado de la guerra ha sido más lento y progresivo que el de muchos de sus rivales que de la noche a la mañana se vieron gestionando presupuestos de miles de millones de dólares en Afganistán e Irak. Compañías como KBR y Blackwater (ahora llamada Xe) a las que ha terminado por desbancar en la lucha por los fondos del Departamento de Defensa de EEUU.

Su génesis está vinculada a dos empresas creadas en 1946: Land-Air Inc y California Eastern Airways. En 1951, Land-Air Inc recibió su primer contrato para mantener y reparar aeronaves y armamento del Ejército de EEUU. Ese mismo año, la empresa fue comprada por California Eastern Airways, que en 1962 pasaría a llamarse Dynalectron Corporation. En 1987, el nombre tomaría su forma actual, DynCorp, que en español podría pronunciarse como “daincorp”.

Con base en Falls Church, Virginia, DynCorp cuenta con 22.500 empleados y realiza labores de seguridad, logística, mantenimiento, entrenamiento y traducción. Hasta el momento ha trabajado en Bolivia, Bosnia, Somalia, Angola, Haití, Colombia, Kosovo, Ecuador, Sudán, Kuwait, Irak y Afganistán. También fue contratada para mantener la seguridad después del huracán Katrina.

Más allá de la diversidad de países en los que se desempeña, la mayor parte de sus ingresos provienen de Afganistán e Irak, según explica la revista Forbes en su último número:

DynCorp ha surgido como uno de los grandes ganadores de las guerras en Irak y Afganistán, que le generan el 53% de los 3,1 mil millones de dolares de ingresos anuales. Los ingresos de la compañía crecieron el año pasado un 45% gracias a un joint venture a varios años por 4,6 mil millones de dólares para proveer de 9.100 traductores a los soldados de estadounidenses en Irak.

Pero el salto cualitativo de DynCorp, con el que deja atrás a rivales directos como KBR, tuvo lugar el pasado mes de julio, cuando ganó junto a Fluor el último concurso para la gestión de las infraestructuras –desde comida hasta gasolina y lavandería – de los EEUU en Afganistán, cuyo despliegue ha aumentado recientemente en 20 mil soldados por iniciativa de Barak Obama.

Aunque la oferta de KBR había sido inferior económicamente dentro de lo que se conoce como Logcap (Logistics Civil Augmentation Program), los fondos serán destinados a Dyncorp y Fluor. Las numerosas irregularidades, negligencias y delitos por parte de KBR, que seguimos de cerca en este blog, explicarían que fuera dejada fuera de los nuevos contratos.

Esta empresa, que a lo largo de los últimos seis años consiguió beneficios por 700 millones de dólares de la Logcap, declaró a través de su director, Bill Utt, que no recurrirá la decisión y que centrará sus esfuerzos en Irak. Los beneficios de KBR alcanzaron los 67 millones en el segundo cuatrimestre de 2009 en comparación con los 48 millones del mismo período de 2008.

Las sombras de Dyncorp

Pero tampoco Dyncorp – en cuyos campamentos nos alojamos en Sudán cuando empezábamos este blog en 2006 – está libre de sombras sobre su desempeño en zonas de guerra, aunque su modelo de gestión es considerado en general menos deficiente que el de KBR, Halliburton, Blackwater, Erynis o Triple Canopy.

Empezando por las acusaciones a varios de sus empleados en 1999 por explotación sexual y tráfico de mujeres de Bosnia, siguiendo por su controvertida participación en el plan Colombia o la muerte por sobredosis de uno de sus responsables del entrenamiento de la policía en Afganistán. En Irak los cargos van desde la incapacidad para justificar los 1,2 mil millones de dólares que recibió para entrenar a la policía, la muerte de un taxista y el empleo de blindados para el transporte de prostitutas.

En próximas entradas repasaremos estas acusaciones contra Dyncorp y conoceremos la curiosa historia de Robert McKeon, director de la compañía, cuyas acciones pasaron a valer 285 millones de dólares tras saberse en julio que la empresa recibiría junto a Fluor contratos en Afganistán durante los próximos cinco años por valor de 15 mil millones de dólares.

La Xbox 360 y los robots de la guerra en Afganistán

23 junio 2009

Cuando el año pasado tuvimos la oportunidad en Afganistán de convivir junto a los soldados de la compañía Able, perteneciente a la 101 División Aerotransportada de EEUU, descubrimos la fascinación que sus jóvenes integrantes tenían por los videojuegos.

Después de patrullar durante el día el polvoriento valle del Tagab en busca de talibanes, al volver a la base Kuchsbach pasaban las noches disputando interminables batallas en el Call of Duty 4: Modern Warfare (partidas en las que este cronista era vencido irremediablemente, tanto por diferencia generacional como por torpeza congénita). De la guerra virtual al combate real en cuestión de minutos.

Danger Room se hace eco de una noticia del blog de Lee Brimelow que parece marcar la unión definitiva entre ambos universos:

En el Flash Blog, Lee Brimelow tiene una interesante exclusiva sobre cómo un interfaz de la Xbox 360 fue diseñado para el R-Gator, un prototipo de vehículo robotizado que John Deere y I Robot lanzaron en 2004… Los militares ya habían optado por controles tipo Xbox y Playstation para robots como el PackBot, un robot pequeño, portátil, que está en servicio en Irak y Afganistán.

El R-Gator surge del encuentro del vehículo militar M-Gator, con forma de coche de golf y fabricado por la empresa John Deere, y los ingenios robóticos de la empresa IRobot (algunos de cuyos modelos ya hemos visto en este blog).

El R-Gator puede funcionar de forma manual, semiautónoma o autónoma. Su principal función sería la de centinela, pues cuenta con un sistema acústico y de cámaras REDOWL para la detección de francotiradores enemigos, aunque también podría participar en misiones de ataque.

Así lo describe Lee Brimelow: “El R-Gator es esencialmente un vehículo que se conduce de forma remota a través de una Xbox 360 que controla todas las cosas”.

La información se la dio Wade Arnold, cuya compañía, T8DESIGN, construyó “un interfaz aéreo para que los militares conduzcan un robot de combate de última generación llamado R-Gator”.

“Wade mencionó cómo el control Xbox es el preferido por los jóvenes soldados pues están acostumbrados a él, algo que me pareció muy gracioso”, concluye Brimelow.

El “paradigma Gaza”: miseria y robots en el campo de batalla

26 mayo 2009

En 2003 no había ni un sólo robot en los conflictos de Irak y Afganistán. Ahora hay más de 12 mil. Algunos analistas afirman que estamos apenas en los albores del desarrollo y empleo de estos ingenios. Señalan al año 2025 como fecha estimada en que las fuerzas armadas de EEUU serán “mayoritariamente robóticas”.

Cada día llegan más imágenes que dan testimonio de esta presencia de los robots en los campos de batalla. Ya hemos visto en este blog la curiosa relación que los soldados establecen con ellos al ponerles nombres y hasta darles condecoraciones.

Dos soldados de la Cuarta División de Infantería, en la base Hawk de Irak, practican con un PakBot, del que hay unas dos mil unidades en el terreno y que es fabricado por la empresa iRobot, que fuera del ámbito militar también desarrolla robots caseros, de escaso éxito hasta el momento, como la Roomba 532, que es una suerte de aspiradora inteligente.

La sargento Kasandra Deutsch enseña a soldados iraquíes del Noveno Regimiento de Ingenieros la fuerza del robot TALON, que al igual que el PackBot es empleado para detonar explosivos.

En 2007 se confirmó la presencia en Irak de los primeros robots armados. De la familia del TALON surge el SWORD, que lleva una ametralladora ligera M249. La empresa que lo fabrica, al igual que a otro robot armado llamado MAARS, niega en su página web supuestos casos en que los SWORD dispararon a los propios soldados de EEUU.

En la categoría de los robots se suele incluir a los aviones no tripulados. Los Predator y Reaper, a los que se acaba de agregar una tercera generación aún más letal, son los que realizan la mayor parte de las operaciones de la CIA en Pakistán, con una cifra de efectividad y de bajas entre civiles muy cuestionada.

En la fotografía se ve al artificiero Jerry Reidy, del 73 Regimiento de Caballería, lanzar un drone RQ-11 Raven durante el curso de entrenamiento. Los Raven se lanzan antes de las misiones para anticipar cualquier peligro que pueda esperar a los soldados en el trayecto.

Futuro y debate

Bill Gates comparó recientemente el momento de desarrollo, próximo a un gran salto cualitativo, en el que se encuentran los robots, con la situación en la que estaban los ordenadores a principios de los años ochenta.

Poco tiempo pasa sin que alguna revista especializada anuncie la aparición de un nuevo ingenio de esta clase. El último en salir a escena se llama Ember. Lo fabrica también iRobot. Apenas supera en tamaño a un libro de bolsillo y funcionaría en red, como un regimiento de arañas que antecederían a los soldados en el acceso a una zona o vivienda peligrosa.

Lo que también continúa en alza es el debate legal y ético del uso de los robots en la guerra, que ya hemos discutido aquí. Hace unos días, el profesor de filosofía Peter Asaro, afirmaba con entusiasmo que los robots podrían saber distinguir mejor entre enemigos y civiles, por lo que podrían reducir los llamados daños colaterales.

Peter Singer, uno de los mayores especialistas en robots, autor del libro Wired for War, le respondió con ironía que si es por poder, él también “podría ganarse la lotería” o “vencer a Lebron James en un duelo de baloncesto”.

Lo que no está en discusión es una realidad a la que podríamos llamar el “paradigma Gaza”. Las últimas tecnologías del siglo XXI empleadas para luchar contra insurgentes que se mueven en escenarios como Gaza o Afganistán, donde la población carece de electricidad, de agua corriente y vive en niveles de postergación propios del Medioevo.

Iphone, Skype y otras tecnologías para los talibanes

22 abril 2009

Cuando llegaron al poder en 1996, los talibanes prohibieron las películas de cine, la televisión, las fotografías y la música, porque consideraban que contradecían los preceptos de su versión medieval y reaccionaria del islam.

Sin embargo, desde que tuvieron que abandonar Kabul en 2001, parecen haber renunciado a las tesis antes sostenidas, especialmente gracias al Ministerio para la Supresión del Vicio y la Promoción de la Virtud, para lanzarse a los brazos de las últimas tecnologías tanto con el objetivo de comunicarse entre sí y coordinar ataques, como en labores de propaganda.

Hace un mes, el mulá Abdul Salaam Zaeef, antiguo embajador talibán en Pakistán que pasó cuatro años en la prisión naval de Guantánamo, confesaba su adicción al Iphone, que permite ver películas, fotos y escuchar música. “Es fácil y moderno y me encanta”, declaró.

Podría ser una anécdota, pero el Evening Standart mencionaba recientemente la preocupación por parte del servicio de inteligencia británico MI6 ante el uso creciente por parte de los talibanes de la versión móvil del Skype.

A diferencia de las llamadas telefónicas tradicionales, que pueden ser seguidas por los aviones espías Nimrod de la Real Fuerza Aérea, las llamadas de Skype – aplicación comercial de la tecnología conocida como Voice Over Internet Protocol (VOIP) – están fuertemente encriptadas.

Cuando estuvimos el año pasado acompañando a los soldados de EEUU en Afganistán, las misiones más importantes que realizaron fueron justamente por haber interceptado llamadas de los insurgentes o por haber recibido soplos por parte de la población local a través de teléfonos móviles.

A tal punto llegó la impotencia de los talibanes en este sentido, que en febrero de 2008 exigieron a las compañías de telefonía móvil que interrumpieran el servicio entre las cinco de la tarde y las tres de la mañana. Ya la insurgencia en Irak había dado pasos similares al destruir las torres que transmiten las señales de los teléfonos móviles.

Gracias a empresas de EEUU

También su presencia en Internet, quizás siguiendo el ejemplo de Al Qaeda, parece estar creciendo. Hace unos días, The Washington Post mencionaba dos direcciones en la web www.alemarah1.com y toorabora.com, en las que hacían publicidad de sus recientes ataques contra las fuerzas del ISAF.

Lo más curioso de esta historia es que ambos sitios se articulaban en el ciberespacio gracias a espacios contratados a empresas estadounidenses. Por www.alemarah1.com pagaban setenta dólares al mes, a través de tarjeta de crédito, a la compañía The Planet, situada en Houston, Texas. El servicio por toorabora.com, sitio que aún continúa en activo, se los brinda Tulix Systems, que tiene sus oficinas en Atlanta, Georgia.

Radio Mille Collines en Pakistán

El pasado viernes, The Wall Street Journal se hacía eco del nuevo programa del gobierno de Obama, que al menos de partida parece tener una estrategia más adecuada a la lucha de contrainsurgencia que la administración Bush, para terminar con las páginas de Internet y las radios ilegales que los talibanes emplean para lanzar sus mensajes.

El incombustible Richard Holbrooke, enviado especial para Pakistán y Afganistán, apoya la medida, que tendría entre sus objetivos las más de 150 emisoras FM que los talibanes tienen en lugares como el valle de Swat, y de cuyas prácticas da cuenta The New York Times.

Rememorando en cierta medida su propia experiencia con la administración Clinton en los años noventa, las comparó con la emisora Mille Collines, que tuvo un papel nefasto en el genocidio de Ruanda, pues permiten a los integristas “transmitir cada noche los nombres de las personas a la que van a decapitar o que ya han decapitado”.

No es una práctica nueva cortar de raíz los medios de comunicación de masas de los enemigos. En su guerra contra Hezbolá, Israel redujo a escombros el edificio beirutí de la estación de televisión Al Manar, que logró seguir transmitiendo hasta el final del conflicto. Lo mismo hizo el pasado mes de diciembre contra la televisión de Hamás en Gaza.

Sin embargo, algunos especialistas se oponen a esta clase de estrategia, pues afirman que priva de importantes fuentes de información sobre las actividades de los adversarios. Justamente Richard Holbrooke, que no tiene por norma callar lo que piensa, el pasado 8 de abril se quejaba de la escasa información que los servicios de inteligencia habían conseguido desde 2001 sobre los talibanes.

Un verdadero escollo para cualquier intento de llevar una estrategia similar a la que se aplicó en Irak, donde se compró y apartó de la lucha armada a los sectores menos radicales. “Necesitamos saber qué atrae a los talibanes”, declaró Holbrooke. Según sus estimaciones, “más de la mitad” de los combatientes no responden a las tesis más extremas de la organización.

Menos bombas sobre los civiles de Afganistán

09 abril 2009

Nuestra estancia en Afganistán, el pasado mes de julio, coincidió con un aumento exponencial de muertes entre civiles. Cada semana salían a la luz nuevas matanzas de inocentes provocadas principalmente por los bombardeos indiscriminados, que según un informe de la ONU publicado en el mes de septiembre, se habían incrementado un 39% en lo que iba de año. La cifra total en 2008 alcanzó los 1.620 civiles, de los que 680 fallecieron como consecuencia del fuego aéreo.

Matanzas que generaban una creciente indignación entre los afganos, hasta el punto de que el propio presidente Hamid Karzai pidió en numerosas ocasiones que se suspendieran los ataques.

Ya en junio de 2007, tras la muerte de 90 civiles en dos semanas, había dicho que las “vidas afganas no son baratas, y que no deben ser tratadas de esa manera”, para luego agregar que “nuestros civiles inocentes se están convirtiendo en víctimas de la falta de cuidado de la OTAN y demás fuerzas”.

El 22 de agosto de 2008, 76 no combatientes, que en su mayoría eran niños, perdieron la vida en la aldea de Aziziabad, en la provincia de Herat, lo que generó tanto protestas populares como una investigación interna entre las fuerzas de EEUU.

Un mes más tarde, Karzai se dirigió a la Asamblea General de Naciones Unidas para sostener que “las muertes sostenidas de civiles menoscaban la legitimidad de la lucha contra el terrorismo y la credibilidad del gobierno afgano en su alianza con la comunidad internacional”.

El 3 de noviembre de 2008, el lanzamiento de misiles sobre los asistentes a una boda en la remota aldea de Wech Baghtu, en la provincia de Kandahar, terminó con la vida de 37 personas, entre las que se contaban 22 mujeres y 10 niños. Dos días después, Karzai escribió a Barack Obama, que acababa de ganar las elecciones presidenciales:

Exigimos que no mueran más civiles en Afganistán. No podemos luchar contra el terrorismo con ataques aéreos… Esta es mi primera petición al nuevo presidente de EEUU, que termine con las bajas entre los civiles.

Como sostuvimos tras la experiencia junto a los soldados de EEUU, la supremacía aérea del ISAF, que siempre termina por inclinar la balanza militar hacia las fuerzas extranjeras – pues cuando aparecen los aviones A10 o los helicópteros Apache, los talibanes no pueden sostener más el enfrentamiento directo y se ven obligados a huir -, es también su mayor desventaja estratégica.

Cada misil Hellfire que se lleva por delante la vida de una mujer, de un anciano o de un niño, provoca nuevos apoyos a los talibanes. Y, según afirmaba Mao Zedong, en la lucha contra grupos insurgentes resulta fundamental contar con el apoyo de la población local (el agua en el que se mueven las guerrillas). De otro modo, la guerra está perdida.

Más aún en un sitio donde el sentimiento de independencia, de oposición a toda injerencia extranjera, es tan acusado como en Afganistán. Los soviéticos pudieron comprobar a lo largo de diez años las consecuencias de seguir la estrategia contraria: querer secar el agua en que se mueve la insurgencia.

Alto el fuego aéreo

Datos hechos públicos esta semana por la U.S. Air Force, demuestran una disminución en el número de bombas que se están lanzando sobre Afganistán.

En 2008 alcanzaron las 1.314 toneladas, lo que significa un descenso significativo en relación a 2007, cuando se lanzaron 1.956 toneladas, más aún si se tiene en cuenta que el año pasado fue el más violento desde la invasión de 2001, y la muerte de soldados extranjeros superó a la de Irak. Eso sí, aún se está lejos de las 163 toneladas empleadas en 2004, cuando se suponía que la historia de Afganistán seguiría otros derroteros.

Menos bombas y más efectivos en el terreno es la estrategia lanzada por Barack Obama que, a priori, parece sin dudas acertada. La idea que sostenía Donald Rumsfeld de pocas tropas propias, un alto número de contratistas militares privados y bombardeos, demostró su fracaso en Irak y en Afganistán.

Queda claro ahora que la administración Bush no llegó a comprender la dimensión y la lógica de los desafíos bélicos a los que se debía enfrentar, anclada a los métodos de la guerra convencional, de la lucha entre ejércitos regulares.

Obama también ha abogado por el diálogo con los talibanes moderados. Más que moderados, pues su ideología extrema no resiste este calificativo, en este blog siempre hemos hablado de talibanes ocasionales, que por un centenar de dólares al mes cogen el AK47 y salen a luchar.

La idea, que funcionó con los suníes que antes apoyaban a Al Qaeda, y que terminaron por crear los Hijos de Irak (aunque ahora esta estrategia está mostrando sus primeros signos de extenuación) es comprar con dinero el apoyo de estos sectores de la población, pagarles mejor de lo que podrían hacerlo los talibanes.

A estos tres ejes de la estrategia de Obama habría que sumar un reforzamiento de las obras de infraestructura, vitales para fomentar la movilidad dentro del país y el progreso material, que sin dudas sacaría a no pocos afganos de la tentación de apoyar a la insurgencia, por aquello que no en pocas ocasiones escuchamos en Afganistán de que “con los talibanes se vivía mejor”.

Un cementerio para los robots de la guerra

04 marzo 2009

Cuenta el Wahington Post que entre los soldados estadounidenses y los robots que emplean en Afganistán e Irak ha surgido una estrecha relación. Algunos les ponen nombres, les dan rangos militares, los condecoran. Una forma de apreciar que sean muchas veces estos artilugios los que se la avanzan al frente del pelotón en un campo minado o al entrar a una casa.

Eso sí, viendo la facilidad con que se los cargan a la hora de desactivar explosivos, el próximo paso quizás sea dedicarles un cementerio, o un memorial con sus nombres, no digo en los jardines de Washington pero al menos en el ciberespacio. Como en este caso, en el que soldado comenta acongojado: “oh, mierda… pobre robot”.

Bajas aparte, el uso de estos dispositivos – que pueden ser autónomos, semiautónomos o manejados a control remoto-, no es reciente en los conflictos armados.

Como antecedente podríamos recordar al Goliath, aquel vehículo de demolición no tripulado, que lleva hasta cien kilos de explosivo y que la Wehrmacht empleaba por control remoto para destruir tanques, puentes y edificios durante la segunda guerra mundial.

Los pequeños de la familia

Aunque ayer veíamos al BigDog, una suerte de mula destinada a la carga, lo cierto es que la mayoría de los dispositivos que se usan hoy en la guerra son de pequeñas dimensiones, con una fisonomía que se asemeja a la de los tanques. Su principal función consiste en desactivar explosivos.

En esta categoría destaca el TALON, que pesa 28 kilogramos, aunque hay versiones más livianas, y que cuenta con un brazo mecánico y dispositivos para la transmisión de sonido e imagen. Se empleó ya en Bosnia, en las ruinas de las Torres Gemelas. Otros artilugios similares son el MATILDA, de la empresa Mesa Robotics, con base en Alabama, o el MARCbot, de la empresa Exponent Inc.

Pero la estrella sin dudas es la familia PackBot, que cuenta con más de dos mil unidades en Irak y Afganistán, y otras tantas en camino. Su creadora es la empresa iRobot, que fuera del ámbito militar también desarrolla robots caseros, de escaso éxito hasta el momento, como la Roomba 532, que es una suerte de aspiradora inteligente.

“La entrega de dos mil PackBot y su demanda sostenida confirman la necesidad de vehículos no tripulados terrestres para que asistan a nuestras tropas en el terreno” afirma Joe Dyer, presidente de iRobot Government and Industrial Robots. “El PackBot permite al personal neutralizar bombas, coches bombas y otra clase de explosivos, ayudando a salvar la vida de los soldados”.

El PackBot surge de un plan de investigación lanzado en 1998 por la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa(DARPA), que buscaba la creación de una nueva generación de estos ingenios para acompañar a los soldados. En 2007 iRobot firmó con el Departamento de Defensa un contrato por 286 millones de dólares.

Se empezó a usar en Afganistán para inspeccionar cuevas, bunkers y edificios, y para cruzar campos minados en el año 2002. En 2003 desembarcaron en Irak, con el fin de revisar vehículos y desactivar explosivos. iRobot también a vendido numerosos modelos a Gran Bretaña y Alemania.

Más liviano, más rápido

El PackBot es más liviano que el TALON, por lo que un soldado lo puede llevar a sus espaldas. De hecho, está diseñado para entrar en la mochila standart de un efectivo del Ejército de EEUU, conocida como MOLLE, y que se comenzó a emplear en 2001. Se tarda apenas unos minutos en ponerlo en funcionamiento.

Cuesta entre 40 y 200 mil dólares, dependiendo del modelo, como lo deja bien en claro este soldado, que comenta de forma casi premonitoria: “Quiero ver si nos los cargamos ahora, la carretera se llenaría de trocitos. Cuarenta mil dólares tirados a la basura”.

Resulta un 30% más rápido que sus competidores, alcanzando los 14 k/h. Cuenta con dos palas que permiten a superar diversos obstáculos. Se puede sumergir en agua. Cuenta con GPS, compás electrónico y sensores de temperatura. Se maneja a través de un PC portátil.

El modelo Packbot 510 es el más popular de la línea. Tiene controles por joysticks, por lo que su uso resulta sumamente sencillo. En 2006, iRobot lanzó el programa Sentinel que permite a un solo operador dirigir a un escuadrón de robots semiautónomos.

La puesta en el terreno de modelos como el TALON, pero armados con ametralladoras M249, da para un largo debate que quizás podamos abordar en otra ocasión.

EEUU, Rusia, Irán y los problemas para abastecer a las tropas extranjeras en Afganistán

20 febrero 2009

Cuando estuvimos el año pasado en el Valle de Tagab, fuimos testigos de lo difícil que resulta para los EEUU mantener aprovisionadas a sus tropas. No sólo por la desafiante geografía de Afganistán, sino también por el clima, extremo en invierno y verano, y por la ausencia de infraestructuras.

Un esfuerzo que deberá ser aún mayor, ya que esta semana Barack Obama ordenó el envío de 17 mil nuevos soldados para luchar contra los talibanes. En total, el contingente de EEUU asciende a más de 55 mil efectivos a los que se debe dar alojamiento, alimentación y armamento.

La decisión tomada el pasado viernes por Kurmanbek Bakiyev, presidente de Kirguizistán, de cerrar la base estadounidense de Manas significa un duro revés para esta línea de aprovisionamiento, ya que es el principal medio que emplean la tropas europeas y estadounidenses para llegar a Afganistán.

La presión de Rusia, que acaba de dar dos mil millones de dólares en ayuda a la maltrecha economía kirguiza, parece estar detrás de la medida adoptada por el ejecutivo de Biskek. No por nada el presidente Bakiyev hizo el anuncio del cierre de la base de EEUU desde el mismo Moscú.

El gran juego

En este sentido, parece como si volviésemos a los tiempos del Gran Juego, aquella disputa diplomática y militar entre Rusia y Gran Bretaña para dominar Asia Central. “Me confieso que los países son piezas en un tablero de ajedrez en el que se está jugando una partida para la dominación del mundo”, afirmó Lord Curzon, virrey de la India, en 1898.

En esta reedición del Gran Juego, la victoria parecería estar del lado ruso. La base de Manas, que contaba con mil efectivos estadounidenses, y por la que Washington pagaba un alquiler de 63 millones de dólares anuales, era el último enclave de EEUU en la región, tras el cierre en 2005 de la base de Karshi-Khanabad en Uzbekistán.

Inseguridad en la ruta pakistaní

El 70% de las provisiones que reciben los soldados de EEUU llegan a través de Pakistán, así como el 40% del combustible que usa la OTAN. Arriban al puerto de Karachi, viajan a través de 1.600 kilómetros hasta el paso de Khyber y luego Kabul.

Una ruta cada día más insegura, como lo demuestra el hecho de que los talibanes volaran uno de los puentes del trayecto el pasado 3 de febrero, según informara Geo TV (cadena paquistaní que acaba de perder a Musa Khankhel, uno de sus reporteros en el valle de Swat). Desde septiembre, esta vía de comunicación fue interrumpida en seis ocasiones.

A todo esto hay que sumar la importante amenaza que deviene del robo de equipamiento militar de los camiones privados que transportan las mercaderías, según denuncia Shahan Mufti en Global Post. En un mercado de la ciudad de Peshawar consiguió comprar un ordenador del ejército de EEUU con información sobre soldados y operaciones (algo similar a lo que sucedió en 2006 en las inmediaciones de la base de Bagram).

¿Opciones?

Dejando a un lado la propuesta de Xe (la empresa antes conocida como Blackwater), de brindar un servicio de aviones ligeros que lancen las provisiones a las tropas, las opciones para garantizar una vía de acceso fiable a Afganistán no parecen ser muchas, según reflexiona Patrick J. Buchanan en Antiwar.

1. Se podría volver a Uzbekistán y negociar con el presidente Islam Karimov, sátrapa acusado de violar sistemáticamente los derechos humanos.

2. Al igual que sucedió ya en el pasado, cuando británicos y rusos acordaron terminar con el Gran Juego en 1907, Washington podría dirigirse directamente a Moscú. Dejar de barajar la idea del acceso de Georgia y Ucrania a la OTAN, y renunciar al escudo antimisiles en Polonia, a cambio del acceso a Asia Central.

3. Aunque hoy parezca una meta complicada de alcanzar, lo cierto es que la ruta más directa sería a través de los puertos de Irán. Son tres décadas de enfrentamiento con Washington que parecen ya no tener sentido. Después de todo, Teherán fue el primer enemigo de los talibanes cuando estos negociaban con Bill Clinton los permisos para el oleoducto de UNOCAL (del mismo modo en que mantuvo ocho años de guerra contra Sadam Hussein al tiempo en que éste sostenía estrechos vínculos con la administración Reagan).

Eso sí, un hipotético acercamiento a Irán contaría con la vehemente oposición de Israel, crónica piedra en el zapato de cualquier atisbo de paz y estabilidad en Oriente Próximo.

Hasta ahora, Obama no ha hecho nada demasiado distinto a lo que hizo George Bush. La necesidad de mantener pertrechadas a sus tropas en Afganistán tal vez le brinde la oportunidad de mejorar algunas de las relaciones en la región.

En taxi a la guerra (una oportunidad ante la crisis)

24 diciembre 2008

Los primeros instantes en un país que no se conoce suelen ser de los más estimulantes. Ávido por comprender, por conocer, el visitante absorbe cada detalle del nuevo destino. Hasta el gesto más insignificante subyuga su interés. Después, la mirada se cansa y la capacidad para asimilar información va mermando. Sólo en momentos puntuales vuelve a recuperar esa lucidez, esa hipersensibilidad cognitiva.

Recuerdo con precisión el desembarco en cada uno de los destinos que fatigamos en Viaje a la guerra. El recorrido desde el paso de Erez hasta la ciudad de Gaza, con el estruendo de las bombas israelíes de fondo, el polvo, el calor, la miseria y las montañas de basura.

La autopista del aeropuerto de Beirut, después de la guerra, con los puentes incompletos, tumbados, y los grandes afiches de Hezbolá proclamando su victoria divina. Otro tanto de Sudán, Uganda, Etiopía o las favelas de Río de Janeiro (con el intrépido Cícero al volante).

De este año: el trayecto desde el aeropuerto Jomo Keniatta hasta el hotel 680 de Nairobi cuando el país seguía hundido en la violencia tribal. O el arribo a Kabul, ciudad de muros, soldados en cada esquina, mercenarios en todoterrenos con los cristales tintados y la amenaza latente de atentados suicidas.

O la entrada al Congo, con sus carreteras plagadas de baches y sus policías corruptos en las rotondas, vestidos de amarillo como canarios y pidiendo sobornos a cuantos conductores caían en sus manos.

La narración del conductor

En cada uno de estos desplazamientos iniciáticos siempre ha habido un compañero insoslayable: el taxista de turno, al que le caen las primeras preguntas: ¿cómo está la seguridad? ¿Cómo va el país? Y que éste, que en rara ocasión deja de chapucear algunas palabras de inglés o francés, intenta explicar al viajero. Nunca falla: al llegar al hotel saca su tarjeta y ofrece servicios de día completo, para lo que haga falta.

A la vuelta sucede lo mismo. Ese taxista que me recoge en Barajas y que me lleva de regreso a casa – ese taxista de mil rostros, más o menos locuaz, pero que casi siempre escucha la Cope – es el que da la temperatura de la situación.

Recuerdo que a partir de mayo sus descripciones empenzaron a hacerse más lóbregas. Fueron los primeros en hablar del descenso de pasajeros, de la merma en la capacidad de gasto, de incorporar a su vocabulario esa palabra que hoy parece ser la única que nos ha quedado en el diccionario de nuestro diálogo colectivo: crisis.

Esas miradas de desazón que encontraba en los ojos que veía a través de tantos espejos retrovisores en el extranjero comenzaron a hacerse también habituales en esta parte del mundo. Tanto es así que en los últimos regresos preferí no preguntar, no enfrentarme ya de entrada con esa nube de malestar compartido que pende sobre nuestras cabezas, que empalidece nuestro ánimo, con sus cifras de despidos, de caída en el consumo, de falta de confianza.

Tierra de oportunidades

La crisis está siendo especialmente dura para los que se han encontrado sin esperarlo en el paro, con sus sueños y proyectos varados, truncados.

Pero la crisis es también una tierra de oportunidades, no sólo para los que tienen liquidez y aprovecharán, como suelen hacer en estos momentos de contracción económica, para comprar acciones y propiedades a precio de ganga, para cancelar sus deudas, en definitiva: para invertir a sabiendas de que vendrán tiempos mejores y de que se harán aún más ricos.

La crisis es una oportunidad para todos. También para los trabajadores de pie, que somos los que nos llevaremos la peor parte de esta historia. Resulta innegable que hemos vivido en España años de excesos, de creer que estábamos ungidos por una suerte de derecho divino a una prosperidad desmedida. Nuevos coches, nuevas casa, compras compulsivas, deudas poco meditadas en sus dimensiones y consecuencias.

Para bien o mal, hoy estamos más en sintonía con los problemas del mundo. Esa nube de malestar, de pesimismo, que nos sobrevuela, es el día a día de miles de millones de personas en África, en América Latina, en Asia. La losa de la duda, del miedo, de la desazón, con la que viven desde que nacen.

Los caminos se bifurcan. Podemos mirar hacia otra parte, centrarnos en nuestros propios problemas. O podemos levantar la vista, sentirnos partes de un destino común con el resto del mundo, y comenzar a construir las cosas de otra manera: de forma más sensata, justa con las necesidades ajenas, respetuosa con el medio ambiente. Creo que sería un buen deseo en estos días de encuentro familiar, alto en el camino y reflexión…