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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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A la venta los ladrillos de la última casa en que vivió Osama Bin Laden

Debo confesar que hay un sector de mi casa en el que guardo los recuerdos de aquellos momentos y lugares que significaron mucho para mí estos casi 20 años de trabajo como periodista.

La desaparecida mansión de la ciudad paquistaní de Abbottabad en la que Bin Laden fuera capturado el 2 de mayo de 2011 (REUTERS/Akhtar Soomro).

Un destruido cartel en árabe de una calle de Gaza; una vaina de proyectil de AK 47 recogida de una trinchera en el final de la guerra entre el norte y el sur de Sudán; una lata de USAID convertida en lámpara de un campamento de desplazados de Uganda; un típico sombrero afgano, de esos con forma de ensaimada que asociamos con el desaparecido Ahmad Shah Masud.

Una suerte de fetichismo histórico, ya que refleja eventos que trascienden mi propia experiencia personal y que marcan hitos en nuestro devenir colectivo, que sé que también practican otros compañeros de profesión.

Satélites y muebles también a subasta

Quizás por eso entiendo que haya gente que pague por tener en su poder ladrillos de la casa de la ciudad paquistaní de Abbottabad en la que fuera capturado Osama Bin Laden, como cuenta Rob Crilly en The Telegraph.

La casa, de tres plantas, pasó a mejor vida el mes de febrero. Y es ahora que sus ladrillos y parte del mobiliario salen a la venta. Se pueden comprar unos mil ladrillos por 25 euros.

Según sostiene su dueño, Shakeel Ahmed, desde los primeros días hubo gente que se acercó como si fuera una suerte de atracción turística y con la intención de llevarse algún souvenir. Los antiguos inquilinos de la propiedad, las tres viudas y once hijos de Bin Laden, acaban ser deportados a Arabia Saudí.

Precio magnificado

Justamente la semana pasada tuve la posibilidad de participar en un programa dirigido por Iñigo Sáenz de Ugarte para Hispan TV en el que debatíamos sobre la figura de Bin Laden a un año de su captura y ejecución por parte de EEUU.

Un hombre que si en algún momento gozó de cierto prestigio y ascendiente sobre los musulmanes rápidamente lo perdió cuando centró sus fuerzas en provocar la diaria carnicería que sufrió Irak a partir de 2005, al punto de que su muerte apenas generó significativas reacciones de consternación y de que tanto él como su organización han estado ausentes del mayor movimiento revolucionario de la historia reciente de la región: la llamada Primavera Árabe.

Un hombre que, a la luz de estos eventos, comprendemos que su figura y poder fueron torpe e interesadamente sobredimensionados por Occidente en la llamada “Guerra contra el terror”. Los ladrillos con los que se habían erigido lo pilares de su organización no valían tanto como algunos sostenían.

Crímenes de honor: 943 niñas y mujeres fueron asesinadas el pasado año en Pakistán

Creadora y máxima responsable de la Fundación Surgir, Jacqueline Thibault es una de las activistas europeas más reconocidas en la lucha contra los llamados crímenes de honor. Delitos cometidos principalmente contra niñas y mujeres, que buscan imponer y conservar un cierto código moral, y que suelen contar con la complicidad de la propia familia y de la comunidad.

Jaqueline Thibault en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Captura de vídeo. HZ

Así los define Human Rights Watch:

Son actos de venganza, usualmente mortales, cometidos por miembros masculinos de la familia contra miembros femeninos que se creen que han traído deshonra a la familia. Una mujer puede ser atacada por miembros de su familia por diversas razones: rechazar un matrimonio concertado, sufrir una violación, buscar el divorcio de un marido abusivo y ser acusada de cometer adulterio. La mera percepción de que una mujer se comportó de forma que deshonra a su familia puede ser suficiente para provocar un atentado contra su vida.

La labor de Jacqueline Thibault tomó relevancia en 2003 gracias al libro “Quemada viva”, en el que Souad, una joven palestina, cuenta cómo fue quemada por su cuñado tras haberse quedado embarazada. Obra que se tradujo a 37 idiomas, que alcanzó cifras de ventas millonarias, y que Soaud escribió con ayuda de la periodista francesa Marie-Therese Cuny. Era la primera vez que una víctima de un crimen de honor contaba al mundo su sufrimiento.

Jacqueline encontró a Souad en un hospital de Cisjordania. Y, tras una larga negociación con la familia y los médicos, la ayudó a venir a Europa para ser operada. Trabajaba en aquel entonces para la organización suiza Terre des Hommes.

También en Europa

Me encuentro con Jacquelin en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde ha venido para hablar de los crímenes de honor por invitacion de la organización Mundo Cooperante.

Entre los datos que llevo conmigo están los referidos a Europa, donde los crímenes de honor son más frecuentes de lo que podríamos imaginar. No en vano el Parlamento Europeo aprobó en 2009 la resolución 1681, en la que llama a los Estados miembros a luchar contra esta brutal práctica.

En Reino Unido se estima que doce asesinatos tienen lugar cada año en nombre del honor. Cifra que está creciendo rápidamente según The Guardian. En los Países Bajos se registraron 40 crímenes de esta clase a lo largo de los últimos tres años.

De los crímenes de honor cometidos en Europa permanecen en el recuerdo colectivo casos como el de Hatun Sürücü, una mujer kurda que fue asesinada en Berlín por su hermano menor tras haberse divorciado del hombre con el que la habían casado a los 16 años. La acusó de deshonrar a su familia y de vivir “como una alemana”.

Aquel mismo año, la joven británica de origen pakistaní, Samaira Nazir, moría en Gran Bretaña tras recibir 18 puñaladas por parte de su hermano y de su primo, frente al resto de la familia, por negarse a casarse con alguno de los candidatos que sus padres le habían conseguido. Samaira tenía 25 años, se había graduado por la Thames Valley University y trabajaba como consultora. Estaba en pareja con un refugiado afgano.

Sin relación con el islam

Una realidad esta que según el maestro Robert Fisk, se cobra 20 mil víctimas cada año, y que cobra mucho más dramatismo cuando se mira hacia países como Pakistán, donde según la Comisión Paquistaní de DDHH, 943 niñas y mujeres fueron asesinadas en 2011.

De la vecina Afganistán hoy nos llega la noticia de que un niños de 15 años y una niña de 13 años fueron asesinados con ácido, seguramente como consecuencia de otro crimen de honor. En diciembre, también en la nación del Hindu Kush, Mumtaz, una joven de 17 años que fue atacada con ácido junto a sus hermanas y padres tras haber rechazado una propuesta de matrimonio.

“Pakistán es el país con mayor número de crímenes de honor, sin dudas, pero esta práctica no tiene nada que ver con el islam”, me explica Jacqueline, en una entrevista que podréis leer en la próxima entrada.