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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Periodismo responsable, tertulianos y el trasfondo del horror de la guerra de Irak

El año pasado, durante el 15º aniversario de la masacre de Srebrenica, coincidimos con Gervasio Sánchez en Bosnia Herzegovina. Aquí podéis ver el vídeo de la entrevista que mantuvimos, en la que nos anticipaba el extraordinario trabajo que meses más tarde haría público sobre los desaparecidos.

Gervasio es en cierta medida la antítesis de algunos de esos periodistas que la semana pasada, en las tertulias de radio y televisión, lanzaron especulación infundada tras especulación precipitada, sobre la muerte de Bin Laden (la lista resulta extenuante: incluye desde las teorías más peregrinas sobre el helicóptero Blackhawk MH-60, sobre la actuación de los Navy Seals, sobre la supuesta diálisis del terrorista; pasando por la notable ausencia de conocimientos de Pakistán y su historia: el doble juego de Islamabad por su rivalidad con India y la búsqueda de influencia como contrapeso en Afganistán, la participación del ISI en este juego y en la gestación de los talibán en tiempos de Benazir Bhutto, los ataques de los Predator ordenados por Obama en Waziristán en los últimos años…).

El show debe continuar

Para estos periodistas parece que lo importante es decir algo, lo que sea, sentenciar, pontificar, aunque no se tengan datos contrastados, aunque apenas se sepa de los que se está hablando, aunque las versiones que dio Leon Panetta fueran todo menos diáfanas y coherentes. Nunca he escuchado decir a ninguno: “Perdón, por ahora de esto prefiero no opinar porque no tengo suficiente información”.

La cultura del ruido, del show mediático, de Belén Esteban y Mourinho, con la paradoja de que es mucho más reconocida y está mejor pagada que la labor de fondo de gente como Gervasio. No digo que sean así todos los llamados “tertulianos”, pues los hay que son comedidos en sus opiniones, que se documentan, pero lo que prima en general es la pasión por estar allí, frente a la cámara, al micrófono, antes que el contenido.

Una forma de entender el periodismo que queda especialmente en evidencia cuando se habla de política internacional. Un modelo generado no tanto por los propios periodistas sino por la desidia de los directivos de los medios. ¿Tanto cuesta coger el teléfono y llamar a expertos, como se hace la mayoría de los países desarrollados? ¿Tanto cuesta armar una mesa de debate especial para ciertos temas, con gente que realmente sabe?

Lo triste es que, ante el desconocimiento que se tiene de las cuestiones internacionales, lo que muchos hacen es cogerse de la ideología de bandera, de izquierdas o derechas, progresista o conservadora, aquella por la que los eligen para equilibrar la mesa de debate, y correr al monte.

La realidad global del siglo XXI es más compleja, dinámica, y escapa a estas categorías aunque muchos oyentes, televidentes o seguidores de Twitter caigan en la trampa de sentirse identificados, de jalear estas teorías partidistas, precipitadas, sesgadas, que quizás tengan sentido cuando se habla de política local pero no cuando se mira a nuestro cambiante mundo.

Volver para tomar perspectiva

Gervasio, en contrapartida, realiza un periodismo de fondo, pausado, donde la responsabilidad es la guía. Una responsabilidad que seguramente deviene de la dimensión humana de las historias que cuenta, del vínculo que ha establecido con sus protagonistas, del hecho de que está en el terreno, con la gente, y no en la mesa de una radio a miles de kilómetros de distancia de donde suceden las cosas.

Uno de esos reporteros que, además, no se contentan con contar una historia y seguir adelante sin mirar atrás, respondiendo a la demanda de inmediatez del show mediático, sino que suele volver pasado cierto tiempo para situar a los protagonistas de sus relatos fotográficos en perspectiva. Estrategia narrativa que nos aleja del furor de las noticias y que nos permite reflexionar y sacar conclusiones con fundamento.

Lo hizo con sus famosas Vidas minadas, y lo estaba haciendo también el pasado año cuando nos encontramos en Sarajevo. Su trabajo sobre Bosnia, a través de los años, lo encontramos en el libro Sarajevo 1992-2008, de la editorial Blume.

En este blog también hemos tenido la posibilidad de volver sobre ciertas historias. Lo hicimos en Kenia tras las matanzas de 2008, en la India y en Uganda, pero sobre todo a lo largo de los últimos cuatro años con las víctimas de la violencia sexual en la República Democrática del Congo: Vumilia, Jane, Janette, Emerance…

De los trabajos de esta clase, sin dudas el más famoso es el de Steve McCurry con la foto de la niña afgana, Sharbat Gula, que en 2002 regresó a la portada de National Geographic siendo ya una mujer.

El legado de Chris Hondros

Hoy, destacar uno que al menos a mí me ha resultado profundamente conmovedor. Una descripción del horror de la guerra difícil de superar, en la que se da ese extraño cambio de roles del que ya hablamos en alguna ocasión: cuando uno de los que se dedica a dar voz a las víctimas supera el muro, pasa al otro lado y se convierte a su vez en víctima.

Se trata del fotógrafo Chris Hondros, que murió recientemente en Libia junto a Tim Hetherington, director de Restrepo. Se trata de una de sus fotografías más famosas, que muestra a una niña ensangrentada segundos después de que soldados de EEUU matasen por error a sus padres.

Tim Arango, del New York Times, viaja a Mosul para encontrarse con esta niña, convertida ahora en adolescente. No había visto nunca la imagen. Su nombre es Samar Hassan. La suya es una de esas historias que nos alecciona y nos dan perspectiva a través del ruido, el sinsentido y la furia de la guerra (y, lamentablemente, de tantos medios de comunicación).

Foto: Chris Hondros/Getty

Más reflexiones sobre el asesinato de los periodistas de Reuters en Irak

En el libro “Guerra”, Gwynne Dyer muestra cómo se logra que un joven recluta, que se crió en una sociedad donde el asesinato es el más atroz de los crímenes, acepte la idea de matar y esté dispuesto a hacerlo sin vacilación ante las órdenes de sus superiores o por propia iniciativa.

Como tantas otras de decenas de millones de soldados que había aprendido desde la infancia que matar estaba mal y luego habían sido enviados a matar por su país estaba indefenso para desobedecer, ya que había caído en las manos de una institución tan poderosa y sutil que podía revertir rápidamente el adiestramiento moral de toda una vida.

Dyer describe la forma en que el Ejército acoge a los reclutas siendo adolescentes, los aparta del resto de la sociedad, los maltrata físicamente, les inculca un exacerbado sentimiento de pertenencia a un grupo y de lealtad a los compañeros, para alcanzar este objetivo.

Recoge testimonios en Parris Island, donde se entrenan los futuros marines. Esos muchachos que cantan al marchar: “Altamente motivados, verdaderamente dedicados, retozando, pisoteando, con sed de sangre, locos por matar, reclutas del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, ¡SEÑOR!”.

Los seres humanos son bastante maleables, especialmente en su juventud, y en todo joven hay actitudes con las que el ejército puede trabajar: los valores y las posturas heredades –y recordadas de manera más o menos útil – de los guerreros tribales que alguna vez fueron el modelo a imitar de cualquier niño. El machismo anárquico del guerrero no es lo que los ejércitos modernos realmente necesitan en sus soldados, pero los provee de un prometedor material bruto para la transformación que deben llevar a cabo.

Esos mismos muchachos que llegan hoy al frente para descubrir que la guerra convencional, entre Ejércitos, es algo de tiempos pretéritos. Hoy las contiendas armadas tienen lugar en zonas urbanas, donde las fuerzas insurgentes se confunden con los civiles, donde la contención y las labores de inteligencia tienen mayor importancia que el poderío armado, dando más vigencia que nunca a la vieja máxima de Mao Zedong que sostiene que “la guerrilla se mueve entre la población local como pez en el agua”.

Nuevos escenarios de guerra

Como ya vimos en este blog, recién el año pasado Robert Gates comenzó a reflejar esta transformación en el presupuesto de Defensa de los EEUU, poniendo fin a proyectos faraónicos como el caza F22 y el Future Combat System, para apostar por gastos orientados a la lucha contra grupos insurgentes. También hemos hecho referencia al proceso de reflexión iniciado hace seis años por el Comité Internacional de la Cruz Roja para adaptar el Derecho Humanitario, las leyes que deben regir la guerra y permiten juzgar a quienes las violan, ante los desafíos de las guerras asimétricas.

La pregunta que cabe hacerse es si el entrenamiento de los soldados ha variado. O, lo que es más difícil aún, ¿cómo hallan el equilibrio entre romper las barreras psicológicas y morales de los reclutas ante la posibilidad de terminar con la vida de otro ser humano, y la realidad que encuentran en Irak o en Afganistán, donde apenas llegan a enfrentarse abiertamente a los enemigos y lo que encuentran a diario, a todas horas, son hombres desarmados, mujeres, niños y ancianos?

En este blog hemos seguido de cerca los crímenes cometidos por militares de EEUU en Irak: las matanzas de Haditha y Hamdania, la violación y asesinato de la joven de 14 años Abeer Qasim Hamza. Se trataba en su mayoría de jóvenes soldados, algunos con antecedentes penales. Culpables, sin duda, como lo han demostrado los tribunales, del más vil desprecio hacia la vida ajena. Pero también cabe preguntarse hasta qué punto influenciados por el discurso plagado de mentiras, de pretendida confrontación global entre civilizaciones, latente de fanatismo, de la administración Bush.

Como en el caso de las torturas en Abu Ghraib o en Bagram, el mensaje de la cadena de mando ha tenido no poco ascendiente sobre estos crímenes, sobre esta incapacidad para no ver al otro, al iraquí y al afgano, como un todo, para discernir entre combatientes y civiles. Y así lo denuncian no pocos veteranos, que han vuelto a EEUU conmocionados ante lo presenciado en estas guerras.

El helicóptero Apache

Pero no debemos confundirnos con respecto a las imágenes del asesinato de los periodistas de Reuters en Bagdad que salieron a la luz el lunes. Las voces que escuchamos son las de los tripulantes de un helicóptero Apache. No se trata de soldados rasos, sino de hombres en cuyo entrenamiento se han gastado ingentes cantidades de dinero – en Gran Bretaña, la formación del piloto cuesta 4 millones de euros – pues es una de las máquinas más complejas, modernas y costosas que hay hoy en el terreno.

El helicóptero Apache lleva dos tripulantes. Tiene un valor por unidad de 60 millones de euros. Es capaz de terminar con 128 tanques enemigos en menos de 30 segundos, como lo hicieron ocho unidades en Irak. Cuenta con cámaras de vídeo que pueden amplificar hasta 127 veces un objeto, y leer así la matrícula de un coche a 4,2 kilómetros de distancia.

La inmoralidad del artillero que decide disparar contra un vehículo que se detiene a recoger al conductor de Reuters herido resulta aún más flagrante, si es correcto observarlo desde este punto de vista. Y que luego, cuando descubre que había dos menores en el interior de la camioneta, culpa a los padres por “haber llevado a los niños a la batalla”. “Así es”, le responde el piloto.

¿Los llevaron a la guerra? Más bien se encuentra atrapados en la guerra. No forman parte de un todo. Son civiles desarmados que se acercan a ayudar a una persona en desgracia, que pretenden llevarla a un hospital. ¿Cómo no fue capaz de ver y comprender esta realidad un hombre cuyo entrenamiento ha costado tanto dinero, cuya seguridad no está en riesgo sino que observa la situación desde la distancia?

Esperemos que se lleve adelante la investigación anunciada ayer por el Ejército de EEUU, que se castigue a los culpables y se brinde cierto solaz a las víctimas, y que esto genere un proceso de reflexión fundamental para otro escenario, Afganistán, donde las muertes de inocentes por ataques aéreos han sido desde 2006 moneda corriente hasta llegar a poner en jaque a la propia campaña militar allí desplegada.

Reflexiones sobre el vídeo del asesinato de periodistas de Reuters en Irak

Hace varios días que corría en la red la noticia de que Wikileaks iba a revelar información que comprometía a las Fuerzas Armadas de EEUU en el asesinato de civiles. Se creía que se trataba de las imágenes que mostraban la muerte de inocentes en Afganistán acerca de las que había hablado el general David Petraeus en mayo de 2009.

Wikileaks es una organización que se dedica a filtrar documentos – de allí viene el apellido leak de su nombre – en muchos casos clasificados para que periodistas y lectores los analicen. “En su corta vida es probable que haya generado más exclusivas que el Washington Post en 30 años”, la elogiaban hace unos meses en el periódico The National.

Finalmente, el documento que ayer se hizo público no era aquel sobre el que tanto runrún había en Internet, sino un vídeo que muestra el momento en que el artillero de un helicóptero Apache estadounidense mata con disparos de una ametralladora de 30 mm a dos periodistas de las agencia Reuters en Bagdad. Hecho que sucedió el 12 de julio de 2007. Y en el que también fueron asesinadas otras nueve personas y dos niños resultaron heridos.

Se trataba de Namir Noor-Eldeen, fotógrafo iraquí de 22 años, y de Saeed Chmagh, su conductor y asistente, de 44 años de edad y padre de cuatro hijos. Otros cuatro periodistas de Reuters, un palestino, un ucraniano y dos iraquíes, ya habían perdido la vida en Irak como consecuencia de las acciones de los soldados de EEUU.

El ucraniano que murió en Bagdad fue Taras Protsyuk, que se encontraba con José Couso en el hotel Palestina el 8 de abril de 2003. Irak ha sido el conflicto más sangriento para la prensa desde Vietnam. Entre 2003 y 2009 fallecieron 139 profesionales de la información.

El Pentágono, sin coartada

Aquella mañana de 2007, quizás el año más violento desde la invasión de 2003, Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh se dirigieron al barrio bagdadí de al-Amin al-Thaniyah, situado al este de la ciudad, pues habían recibido noticias de ataques aéreos de EEUU.

Al llegar hablaron con un grupo de hombres, uno o dos de los cuales estaban armados. Namir Noor-Eldeen se asomó para fotografiar a un Humvee que se encontraba aparcado a varias manzanas. Los testigos señalan que el barrio estaba en calma en esos instantes, que no había enfrentamientos.

Reuters trató de obtener las grabaciones efectuadas por el helicóptero Apache, amparándose en la Freedom of Information Act, pero sin éxito. El vídeo que acaba de destapar Wikileaks echa por tierra las explicaciones dadas en su momento por el Pentágono:

No matamos a civiles de forma deliberada. Tomamos muchas precauciones en prevenir esta clase de acciones. Sé que dos niños resultaron heridos, e hicimos todo lo posible por ayudarlos. No sé cómo los niños resultaron heridos.

Nos puede ayudar a comprender mejor lo que ocurrió aquel mismo día, la crónica que escribieron dos reporteros del Washington Post que iban empotrados con los soldados de EEUU en Bagdad.

Gatillo fácil

En sus dos versiones – la original de 38 minutos y la edición corta y con explicaciones – enseña cómo se disparó a los civiles sin que hubiese intercambio alguno de fuego, contradiciendo la versión dada por el Pentágono.

Wikileaks consiguió el vídeo de una fuente militar anónima y a la que se agradece “su coraje” en los créditos. En un principio los miembros de la organización se encontraron con que el material estaba encriptado, aunque finalmente lograron acceder a su contenido.

Este vídeo, además de dejar en mal lugar al Pentágono, reafirma la necesidad que tantas veces expresamos en este blog en los últimos años de que las incursiones aéreas de EEUU deben responder a reglas de enfrentamiento que salvaguarden la vida de los civiles. Algo que los altos mandos en Afganistán están finalmente intentando.

Esperar ahora que se juzgue a los responsables de la acción, visto lo sucedido con José Couso, resulta ilusorio. Lo más probable es que nadie pague por este crimen de gatillo fácil.

También podemos sacar como conclusión la importancia que tiene la red y organizaciones como Wikileaks, que además envía gente al terreno a realizar investigaciones, para desvelar esta clase de documentos, ocupando un espacio que hasta ahora era exclusivo del periodismo tradicional.

Foto: Reuters.

Parte de guerra I

Hoy arrancamos una nueva sección en Viaje a la guerra con la que pretendemos seguir de forma periódica los avances y retrocesos de los conflictos armados. Esperamos que nos ayude a alcanzar un doble objetivo: no perder el contacto con muchos de los sitios en los que hemos estado y a los que volvemos de forma regular, y tener una visión más amplia del estado de la violencia en el mundo.

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (RDC)

La operación Kimia II, que seguimos este año desde la provincia de Kivu Sur, está llegando a su fin. Perseguía, como nos contó en Bukavu el comandante Delfin Kahimbi, sacar de territorio congoleño a los hutus que llegaron en 1994 y que son responsables de parte del control de los minerales y de aterrorizar a la población civil. Según un informe sumamente crítico publicado esta semana por Human Rights Watch, la operación provocó la muerte de 1.400 no combatientes. Por otra parte, acusa a las tropas congoleñas de cometer robos y violaciones. Veremos, en nuestro próximo desembarco del mes de marzo en la RDC, cuánto poder mantienen aún las fuerzas rebeldes. El miedo ahora es a las represalias que puedan sufrir los civiles cuando los hutus salgan de la selva.

IRAK

Tras meses de bloqueo por parte del vicepresidente Tareq Al-Hashemi, las elecciones generales se celebrarán el próximo 7 de marzo. El incremento de los atentados con coche bomba y la incapacidad de los políticos para encontrar acuerdo en el número de nuevos escaños a repartir hizo que muchos temieran el regreso de la guerra civil. Por otra parte, ayer se retiraban las tropas iraníes que la semana pasada habían ocupado un pozo petrolero que disputan ambos países. La tercera noticia proveniente de Irak, que señala que los insurgentes pueden ver las imágenes de los aviones no tripulados, ha generado una repercución ciertamente exagerada (ya había salido la misma información en el año 2002 en Kosovo). En este blog hemos visto con lujo de detalle cómo funcionan esas transmisiones, por lo que nos cuesta creer que puedan ser de mucha utilidad para los grupos paramilitares suníes.

NIGERIA

El pasado 25 de octubre, los grupos que llevan año combatiendo al gobierno y a las empresas petroleras en el Delta del Níger, alcanzaron un acuerdo para dejar las armas. Siguiendo el legado del gran Ken Saro Wiwa, sus reivindicaciones originales eran que los recursos del petróleo se repartieran entre los habitantes locales como compensación por el daño medioambiental, pero muchas de ellas han terminado por convertirse en organizaciones delictivas que viven del secuestro y la extorsión. Ayer, el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND), lanzó el primer ataque desde octubre para protestar porque las negociaciones se han estancado (en buena medida por el frágil estado de salud del presidente Umaru Yar’Adua). Desde hace décadas, el gran error los políticos y de las compañías petroleras extranjeras como Shell ha sido que la avaricia primase sobre cualquier atisbo de reparación y justicia social. Volver a la misma lógica implica que instalarse nuevamente en una ecuación negativa para todos, ya que los grupos armados fueron capaces de reducir la producción de la región a una tercera parte.

SUDÁN

En nuestra visita del pasado mes de octubre a Sudán fuimos testigos de las crecientes tensiones entre el norte y el sur del país como consecuencia de la organización de las elecciones generales que tendrán lugar en abril del año próximo y que serán la antesala del tan temido como esperado referéndum de autodeterminación del año 2011. El arresto, la semana pasada, de dos líderes del SPLM en Jartum disparó las tensiones. Afortunadamente, las noticias que llegaban estos días hablan de un acuerdo de base con el NPC para la celebración de las elecciones. “Esto nos ha dado esperanzas para el futuro”, me comenta un amigo que trabaja en el sur de Sudán. “Si hay violencia, creemos que se va a reducir a la región de Abyei”.

SOMALIA

La llegada al poder del islamista moderado Sharif Ahmed, nos hizo pensar en marzo que podría estar ante el comienzo del fin del caos en Somalia. Sin dudas, menospreciamos el poder de Al Shabab, organización integrista vinculada con Al Qaeda que fue la que encabezó la lucha contra las tropas etíopes y que ahora acusa a Sharif Ahmed de traidor y pro occidental. Las lapidaciones que están teniendo lugar en Somalia son una demostración del poder de Al Shabab, del mismo modo en que el reciente pedido de ayuda a la comunidad internacional por parte del presidente es una muestra de su extrema debilidad.

La caída de los muros en Irak

En este blog hemos dedicado numerosas entradas a describir los muros que nos dividen, tanto por la paradoja que suponen con respecto a la globalización como por lo que implican a nivel simbólico: la renuncia a cualquier atisbo de diálogo, de negociación; la negación tajante del otro, de sus razones, de su mera existencia.

Pusimos el énfasis en las numerosas barreras que en el siglo XXI han surgido desde Cisjordania, pasando por Arabia Saudí e Irak, hasta Afganistán, sin olvidar aquella que aparta a los saharauis de cualquier atisbo de regreso a sus tierras ancestrales y la que Estados Unidos se obstina en su frontera con México.

Esta última comenzó a ser vigilada en el año 2006 por los mismos aviones no tripulados Predator B, otro tema recurrente en este blog, que con el arribo de la administración Obama han multiplicado sus ataques en Pakistán y que se han convertido en los principales protagonistas de las guerras contemporáneas.

Teniendo en cuenta que algunos analistas señalan que en el año 2025 las fuerzas armadas de EEUU serán mayoritariamente robóticas, no sólo en el aire con los drones sino también en misiones terrestres, se podría imaginar para dentro de veinte o treinta años un orbe escindido por muros en el que todo intento de sedición, insurgencia o rebeldía será reprimido de forma remota por los países más prósperos. De un lado una población mayoritariamente joven, desempleada, ajena al progreso material, y del otro el mundo rico, convertido en fortaleza de su bienestar.

40 días para un Bagdad sin muros

Seguramente se trata de una predicción demasiado lóbrega, exagerada, y el encuentro, el diálogo y la sensatez terminen por derribar estas barreras. Las noticias que llegaban la semana pasada desde Irak resultan, en este sentido, muy alentadoras.

El primer ministro Nuri Al-Maliki ha ordenado la retirada en cuarenta días de todos los muros de hormigón que dividen Bagdad. Como ya vimos, en los momentos de mayor violencia se fabricaban contrarreloj en el Kurdistán iraquí. Los militares estadounidenses los colocaban durante la noche, muchas veces con tantas prisas que aún no habían llegado a fraguar.

Dividían a los barrios de chiíes, suníes y cristianos en Bagdad. Tenían todas la misma forma de lápida que se repite en Cirjordania, en Gaza, en Líbano, dando a Oriente Próximo el aspecto de un vasto cementerio (que en buena medida lo ha sido en estos años de guerra). También nos hicimos eco de la denuncia de Robert Fisk sobre la participación de militares israelíes en el diseño de estos muros en Irak.

Muchas de las que pueblan Bagdad han sido pintadas con grafitis. Complican hasta el paroxismo los desplazamientos a través de la ciudad. Aunque todavía tienen lugar algunos atentados con coche bomba, lo cierto es que la retirada de los muros será para los bagdadíes una razón de alivio, un símbolo de vuelta a la normalidad, como lo fue hace un mes el partido amistoso de fútbol con el estadio abarrotado de hinchas entre la selección de Irak y la de Palestina.

Ahora el gobierno se pregunta qué hacer con esos kilómetros de concreto. Al menos no tienen el mismo problema que las autoridades de Gaza. Según vimos en 2006, al estar limitadas por tierra y mar como consecuencia del bloqueo israelí, no tienen forma de librarse de las toneladas de cemento que producen los bombardeos y los ataques con tanques Merkava, y los recordatorios del horror continúan allí, quizás porque en esa otra parte del planeta la afrenta, la división y la barbarie siguen condenadas a perpetuarse.

Las torturas de soldados británicos a prisioneros en Irak

Durante el juicio militar por crímenes de guerra al que se lo sometió en el año 2006, el cabo Donald Payne afirmó que “disfrutaba” al escuchar a los iraquíes gritar de dolor mientras les propinaban patadas y puñetazos en el centro de detención de Basora. Había bautizado sus alaridos como “el coro”, según recoge la BBC.

Los hechos por los que se lo juzgaba junto a otros seis militares del Queen’s Lancashire Regiment, perteneciente a las Reales Fuerzas Armadas Británicas, tuvieron lugar en la ciudad de Basora los días 14 y 15 de septiembre de 2003.

Soldados británicos realizaron allanamientos y detenciones en hoteles de la ciudad. En el hotel Haitham encontraron armas. Sus empleados fueron detenidos. Entre ellos estaba Baha Mousa, de 26 años y padre de dos hijos, que murió bajo custodia de los ocupantes. La autopsia demostró que tenía 93 heridas (incluyendo varias costillas rotas y la nariz fracturada).

Los demás detenidos declararon que se los interrogó durante 36 horas en una vivienda de tres habitaciones (perteneciente a los antiguos cuarteles de Ali Hassann al-Majid, el primo de Sadam Husein conocido como Alí el Químico, responsable de matar a 180 mil kurdos en la operación Anfal [Botín de Guerra] de 1988). Se los obligaba a mantenerse en posiciones dolorosas mientras estaban esposados y encapuchados. Los soldados realizaban competiciones para ver quién los pateaba más fuerte.

En un artículo del 15 de diciembre de 2004, Robert Fisk recoge los testimonios de los demás detenidos, que alegaron que tenían las armas en el hotel para protegerse de los saqueos y que en ningún momento se les preguntó por ellas:

Nos pegaban patas en el pecho, entre las piernas y en la espalda. Nosotros llorábamos y gritábamos. Se cebaron especialmente con Baha, que no dejaba de llorar, de decir que no podía respirar bajo la capucha. Pedía que le sacaran la capucha, que se estaba asfixiando… Pero ellos se rieron y le dieron aún más patadas. Uno de ellos le dijo: si dejas de gritar vas a poder respirar más fácilmente.

El cabo Donald Payne, de 36 años, se declaró culpable. Cumplió un año de prisión y se lo expulsó del Ejército. Los seis acusados restantes fueron absueltos. El gobierno de Londres pagó 3,2 millones de euros a las familias de los supervivientes (en un primer momento, los militares británicos habían entregado tres mil euros a la familia de Baha como compensación).

Ayer comenzó una investigación pública en el Reino Unido para depurar responsabilidades sobre lo ocurrido en el año 2003. En 1972, el primer ministro Edward Health prohibió esa clase de interrogatorio – que incluye privación del sueño, posturas dolorosas, ausencia de alimento – que los militares británicos aplicaban de forma sistemática contra el IRA, y que también prohíbe la International Criminal Court Act de 2001 y la Convención de Ginebra.

Ayer mismo también, The Guardian publicó un vídeo en el que se ve al cabo Payne maltratando a los prisioneros. Según The Telegraph, el Ejército británico se enfrenta a al menos veinte nuevas alegaciones de torturas de detenidos en Irak.

El ranking de estados fallidos 2009

Se ha publicado la quinta edición del Índice de los estados fallidos. Una iniciativa de The Fund for Peace y Foreign Policy que evalúa y jerarquiza la situación de 177 países en base a doce variables políticas, sociales y económicas. Una iniciativa que pretende favorecer el “desarrollo de ideas que promuevan una mayor estabilidad mundial”.

Entre los veinte primeros se encuentran Somalia, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana, que si fracasan como estados es por la incapacidad de sus gobiernos para proveer servicios básicos y protección a los ciudadanos.

La llegada al poder en febrero de Sharif Ahmed, como flamante presidente de Somalia, permitía vislumbrar el comienzo de cierta estabilidad tras 18 años de guerra, como la que el país había gozado en 2006 gracias a la Unión de Tribunales Islámicos hasta la invasión etíope respaldada por EEUU. Sin embargo, la constante agresión de las milicias islamistas radicales de Al Shabab está poniendo en jaque al gobierno, que ha hecho un pedido desesperado de ayuda militar a los países de la región, y que está recibiendo armas de Washington.

La incursión ruandesa de principios de año en la República Democrática del Congo no ha hecho más que provocar una violenta reacción de las milicias hutus del FDLR contra la población civil, incluyendo más violaciones como las que denunciamos desde Bukavu en 2008 en este blog. Las milicias de Joseph Kony, el Ejército de Resistencia del Señor, han encontrado un nuevo santuario en el nordeste del país. En lo que va de año han matado a 1.200 civiles y secuestrado a 1.500 niños.

También están Zimbabue, Birmania y Corea del Norte, donde es la excesiva acción del Estado la que vulnera los derechos elementales de la gente. En el feudo del sátrapa Robert Mugabe, crónicamente asfixiado por la hiperinflación, el cólera ha matado a 3.000 personas sólo en 2009.

1. Somalia.

2. Zimbabue.

3. Sudán.

4. Chad.

5. República Democrática del Congo.

6. Iraq.

7. Afganistán.

8. República Centroafricana.

9. Guinea.

10. Pakistán.

Hay escenarios como Irak, que ofrecen cierto atisbo de esperanza, y otros como Yemen y Pakistán, que muestran un progresivo y preocupante declive hacia el caos. En particular, la creciente presencia de Al Qaeda en Yemen hace pensar en una deriva hacia una situación de inestabilidad y confrontación perpetua similar a la que padece Afganistán. En Pakistán, el avance de los talibanes al valle del Swat, que ha provocado casi dos millones de desplazados internos, resulta no poco inquietante en un país con armas nucleares.

Sorprende la inclusión en el puesto número 14 de Kenia. Esto se explica en parte debido a la violencia postelectoral de 2008, que seguimos desde el terreno en este blog, y en la amenaza que padece toda la región con el ascenso de Al Shabab en Somalia. Aunque las fronteras entre ambos países están cerradas, la enorme presión que se vive en el campo de refugiados de Dadaab habla de una frágil estabilidad. A esto se deben sumar las luchas entre tribus que está provocando la creciente desertización de zonas del norte del país.

11. Costa de Marfil.

12. Haití.

13. Birmania.

14. Kenia.

15. Nigeria.

16. Etiopía.

17. Corea del Norte.

18. Yemen.

19. Bangladesh.

20. Timor Oriental.

Sudán es otro país que ofrece perspectivas poco halagüeñas, sobre todo si se cumplen las predicciones de una guerra con el Sur por el control del petróleo y para evitar el referéndum de secesión del año 2011. Nigeria sigue sufriendo el conflicto generado por los hidrocarburos en el delta del Níger. La crisis financiera mundial y la caída en el precio de ciertas materias primas no han hecho más que acentuar la vulnerabilidad de ciertos estados. Foreign Policy ofrece un extraordinario viaje fotográfico a la realidad de estas naciones.

2010 será el año clave para Irak

El abandono de los núcleos urbanos iraquíes por parte de las tropas de EEUU, marca sin duda un hito en la trágica historia reciente de la nación del Tigris y el Éufrates.

A pesar del incremento de los atentados – que causaron 250 muertos en los diez días que antecedieron a la fecha clave: 30 de junio -, los ciudadanos de Irak celebraron el acontecimiento en las calles. Día de la Soberanía Nacional, según un decreto del gobierno.

Sin embargo, Joost Hiltermann, director de programas del International Crisis Group, alerta de que los verdaderos desafíos “pasan menos por los pasos de bebé que los EEUU puedan dar hacia la retirada y más porque el país pueda resolver su multitud de debates políticos”.

Las cuestiones capaces de empujar a Irak de regreso al abismo de la guerra civil sufrida entre 2005 y 2007 serían:

. El estatus de Kirkuk.

. La distribución de los beneficios del petróleo.

. El modelo federal.

Hasta ahora poco consenso han conseguido los políticos iraquíes en relación a estos asuntos, a los que habría que sumar la lucha contra la rampante corrupción y la integración al Estado de los suníes que seducidos por el dinero de EEUU se salieron del ámbito de influencia de Al Qaeda.

Para Hiltermann, la verdadera prueba de fuego de Irak pasará por la negociación exitosa de todos estos asuntos, que tendrá lugar mayoritariamente después de las elecciones parlamentarias de enero de 2010. Una tentación para Al Qaeda llevar a cabo una nueva campaña de atentados en las fechas previas a los comicios para debilitar la figura del primer ministro Nuri Al Maliki.

Posibles puntos de inflexión

La otra fecha clave será el mes de agosto, cuando las tropas de EEUU descenderán de las 131 mil actuales a entre 35 y 50 mil, para salir definitivamente en 2011. Si las distintas facciones del país no alcanzan acuerdos significativos, sería el momento en que los enfrentamientos fratricidas podrían volver a sufrir una escalada en 2010.

“Muchas cosas pueden salir mal, y es probable que lo hagan. Estas señales de atención incluirían elecciones fraudulentas, el final de las negociaciones políticas, el regreso a la lucha sectaria en Bagdad, y una nueva ola de refugiados”, predice ominosamente Hiltermann, que enfatiza la responsabilidad de EEUU de presionar a las partes para que alcancen acuerdos.

En The Independent, Patrick Cockburn señala otro elemento clave en este proceso. “La sociedad iraquí, así como sus infraestructuras y economía han sido destruidas en 30 años de sanciones y guerras. La ocupación de EEUU falló al intentar reconstruir lo que había destruido y, de muchas maneras, potenció los problemas de Irak… El éxito en la reconstrucción será un elemento clave para la estabilidad en el largo plazo”.

(Las consecuencias en números de muertos de estos seis años de ocupación de Irak son: 92.434 civiles, 4.303 soldados de EEUU, 2.200 médicos y enfermeras, 136 periodistas).

Libros en guerra: tres visiones del caos en Irak

A pesar de la crisis, ya despuntan en el horizonte nuestros próximos destinos. Momento para empezar a documentarse, buscar contactos y armar una mínima agenda. Repasamos tres libros que desde perspectivas distintas descubren la historia reciente de este Irak que, con la inminente salida de las tropas de EEUU de las ciudades, está sufriendo un repunte de la violencia.

VIDA EN LA CIUDAD ESMERALDA. Rajiv Chandrasekaran.

La perspectiva de este libro es la del ocupante estadounidense, la de su soberbia e incapacidad para comprender la lógica del lugar en el que se encuentra. Una narración que descubre la sucesión de errores que tras la invasión llevarían a Irak a la guerra civil: no detener los saqueos, desarmar las estructuras del Estado, del ejército y del partido Baath, marginar a la población suní, vital para el mantenimiento de los servicios básicos.

El escenario de la obra Chandrasekaran, redactor jefe de The Washington Post, es la Zona Verde de Bagdad, a la que algunos llaman la Disneylandia de Bagdad o la Ciudad Esmeralda. Todo un símbolo de la creciente alienación de los ocupantes.

En el jardín posterior del Palacio Republicano, en pleno corazón de la Zona Verde, un grupo de jóvenes bronceados, musculosos y con los antebrazos tatuados se bañan en una piscina grande como la de un balneario… Una enorme radio emitía a todo volumen música hip hop. De vez en cuando, una docena de iraquíes desgarbados, todos ellos idénticamente vestidos con camisas y pantalones de color azul, pasaban por allí para ir a barrer la terraza, podar los arbustos o regar las plantas. Se movían en fila india detrás de un corpulento y bigotudo capataz norteamericano. Desde cierta distancia, parecían una cadena de presos.

La Zona Verde parece una ciudad sureña estadounidense, en la que todo, hasta “el agua con que se hierven los tomates”, se importa desde el extranjero. La encargada del abastecimiento, para las 1.500 personas que allí trabajan, es la empresa Halliburton.

LA CAÍDA DE BAGDAD. Jon Lee Anderson.

El trabajo del legendario Anderson resulta el menos sorprendente, pues es una suerte de diario en el que narra el día a día de un periodista a lo largo de los meses que antecedieron a la invasión de 2003.

Anécdotas sobre los cambios de hotel, las provisiones de comida, agua y los trajes contra las armas químicas, sobre los compañeros (incluido un comentario poco halagador sobre Robert Fisk) y los escudos humanos, que si resultan interesantes es por la innegable calidad narrativa de Anderson, por la fluidez de su prosa.

Destacable el repaso que realiza a la historia de la nación del Tigris y el Éufrates, en especial el sitio de Kut, que en 1915 constituyó la mayor derrota del imperio británico. A través de su amistad con Ala Bashir, médico personal de Sadam Husein y arquitecto de algunos de sus monumentos, Anderson ofrece asimismo la posibilidad de vislumbrar el entorno del dictador en sus últimos días.

MUQTADA AL-SADR AND THE FALL OF IRAQ. Patrick Cokburn.

Sin lugar a dudas, este es el libro más extraordinario de los tres, que destaca a Patrick Cockburn, corresponsal de The Independent, como uno de los periodistas más lúcidos y constantes de las últimas generaciones.

La perspectiva narrativa no es la del ocupante ni la del entorno suní de Sadam Husein, sino la de esa mayoría silenciosa, empobrecida, marginada y reprimida durante décadas: los chiíes.

Así como la obra anterior de Cockburn, The Occupation, que mezclaba la crónica personal con la descripción de los sinsentidos de los ocupantes estadounidenses, daba la impresión de haberse enviado con cierta precipitación a la imprenta, Muqtada Al-Sadr and the Fall of Iraq es un portento intelectual, narrativamente subyugante y documentado a lo largo de décadas, desde que Cockburn pusiera pie por primera vez en el país en los años setenta, pasando por el libro que escribió junto a su hermano Andrew en 1999, Out of the Ashes: The Resurrection of Saddam Hussein, que llevó al régimen a prohibir su entrada al país, y las entrevistas que sostuvo con líderes chiíes a lo largo de los últimos años, más allá de la violencia que mantuvo a tantos corresponsales a distancia.

Empieza con la muerte del imán Husein en el campo de batalla de Kerbala en el año 680, momento en que se forja la identidad de los chiíes como minoría sufriente, rebelde, oprimida a manos de la mayoría suní, apegada a la takiyya para subsistir.

Describe con lujo de detalle la rebelión chií de 1991, traicionada por George Bush padre, que terminó con el asesinato de 150 mil personas. Y profundiza en la vida de Sadiq al Sáder (Sáder II), que intenta crear un movimiento de masas, político, entre los chiíes más pobres de Irak, hasta que Sadam Husein lo asesina en 1999 junto a dos de sus hijos. El superviviente, que hereda el legado político de su padre y de su nuero, es Múqtada al Sáder.

Este es “el” libro para entender el Irak actual, pues describe las trifulcas, alianzas y pugnas entre la comunidad chií – la progresión de Nuri al Maliki hacia el poder, la pasividad del gran ayatolá Al Sistani, el asesinato de Mohamed Baqir al-Hakim, la influencia de la Asamblea Suprema Islámica de Irak (ASII), del partido Dawa e Irán – que, una vez desaparecido Sadam Husein, ha tomado las riendas como mayoría natural del país.

Un libro que echa por tierra muchos de los lugares comunes que la prensa emplea para referirse a Múqtada al Sáder. No el “líder radical” que siempre se menciona, sino un estratega político pragmático y calculador, que abandera los reclamos de la población chií más postergada en Kut, Nayaf y Ciudad Sáder.

Somalia, Pakistán, Sri Lanka… récord de desplazados internos por la guerra

El último informe del ACNUR sostiene que en 2008 alcanzó una cifra sin precedentes de desplazados internos a los que la organización brinda ayuda: 14,4 millones. Personas que se han visto obligadas a dejarlo todo y buscar refugio en sus propios países como consecuencia de la violencia. La cifra de 2007 era de 13,7 millones.

Fuera del ámbito de acción de Naciones Unidas, se estima que hay 11,6 millones de personas que son ayudadas por otras agencias o que no reciben asistencia alguna. Esto hace que el número total de desplazados internos a nivel mundial se situara en 26 millones en 2008.

Las perspectivas para el 2009 resultan poco alentadoras si tomamos en cuenta los conflictos que han tenido lugar en los últimos meses:

1. PAKISTÁN. Los recientes combates entre fuerzas gubernamentales y los talibanes en el Valle del Swat han provocado dos millones de desplazados internos.

2. SRI LANKA. La derrota de los tigres tamiles del LTTE tras casi tres décadas de conflicto ha llegado a un altísimo precio no sólo en muertos y heridos, sino en desplazados. Se estima que más de 250 mil civiles tamiles se han visto obligados a huir de la violencia.

3. SOMALIA. Sólo a lo largo del último mes, los enfrentamientos entre las milicias islamistas de Al Shabab y el gobierno elegido en enero del moderado Sharif Ahmed, empujaron a 117 mil personas a abandonar Mogadiscio, la mayoría de las cuales son mujeres y niños.

El asesinato del Ministro de Seguridad Interior, Omar Hashi Aden, que tuvo lugar el pasado jueves, así como el desesperado pedido de ayuda armada a los países vecinos realizado hoy mismo por el parlamento somalí, no indican más que la violencia continuará y que más desplazados se sumarán al millón y medio que hay en estos momentos.

4. CONGO. El pasado mes de enero las tropas ruandesas entraron en la República Democrática del Congo para detener al líder rebelde tutsi Laurent Nkunda, pero también para atacar a los hutus del FDLR. Según un informe de OCHA, la ofensiva ruandesa y la respuesta de los hutus provocaron 800 mil nuevos desplazados internos en los Kivus.

Solamente en Kivu Norte, esto hizo ascender la cantidad de personas sin hogar a 988.629, de las que 70.661 se encuentran en los campos de desplazados en Goma, y el resto en Masisi, Lubero, Walikale y Rutshuru. El número total de desplazados internos en el Congo es de 1,5 millones.

Esperar el regreso

El tiempo que tardarán en volver a sus hogares dependerá tanto del final de los conflictos como de la ayuda internacional. En Colombia hay tres millones de desplazados internos. En Irak 2,6 millones (en 2007 había 2,4 millones).

El informe del ACNUR también analiza la situación de los refugiados, que son aquellos que han tenido que abandonar sus países. La cifra total en 2008 superaba los 16 millones. Esto hace que a nivel global, entre refugiados y desplazados internos, se situaran en 42 millones las personas que en algún momento tuvieron que abandonarlo todo y huir empujadas por las armas.