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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

Archivo de la categoría ‘* BALCANES’

Los túneles de la guerra: Sarajevo (3)

Tal era el trasiego en el túnel que sirvió para romper el bloqueo de Sarajevo durante la guerra de Bosnia-Herzegovina, que los grupos más grande demoraban hasta dos horas en recorrer sus 800 metros de extensión.

Para adentrarse en el túnel, civiles y militares debían obtener autorización del Cuerpo Primero del Ejército de Bosnia Herzegovina. El flujo se organizaba por turnos y en una sola dirección. Unas cuatro mil personas pasaban de un lado a otro del aeropuerto de Sarajevo, entre Butmir y Dobrinja, cada día.

En los comienzos, la comida, gasolina, armas y medicinas debían ser desplazadas en bolsos y mochilas. Unos 50 kilogramos por persona. Más adelante se instalaron raíles que permitieron el desplazamiento de carretillas capaces de transportar 300 kilogramos de armamentos. Los insumos básicos se compraban en Croacia y arribaban a través de las colinas y montañas hasta Butmir.

Llegaron a funcionar 24 vagones que eran empujados por los soldados, con gran dificultad en las zonas en la que se anegaba el agua que se filtraba desde la superficie en la época de lluvias. En dos ocasiones el flujo del túnel tuvo que ser interrumpido debido a las inundaciones.

Los constantes bombardeos serbios obligaron a cavar trincheras para que la gente se pudiera acercar a las entradas. Los camiones con armamento debían hacerlo durante las noches, con las luces apagadas. Se usaban camiones también, uno a cada lado del túnel, para pasar gasolina a la ciudad a través de unas tuberías instaladas para este fin. El impacto de obuses en algunos de ellos era lo que más se temía durante estas operaciones.

Como tampoco funcionaban las comunicaciones en Sarajevo, el túnel albergó líneas telefónicas. También la corriente eléctrica volvió a puntos determinados de la ciudad gracias a una donación de cables del gobierno de Alemania.

La casa desde la que el túnel volvía a la superficie en Bumjir pertenecía a la familia Kola y había sido parcialmente destruida en los albores de la guerra. La abuela Sida Kola se hizo conocida ya que siempre tenía un vaso de agua o un trozo de pan para los que salían exhaustos del pasaje subterráneo.

Hoy, en esta casa funciona un museo que permite recorrer parte de los restos del túnel y que explica a través de fotografías, vídeos y catálogos la importancia que tuvo para aliviar las consecuencias del sitio de Sarajevo.

Los túneles de la guerra: Sarajevo (2)

A los pocos días del comienzo de las hostilidades en Bosnia-Herzegovina el 6 de abril de 1992, las fuerzas serbias de Radovan Karadic y Ratko Mladic tomaron las colinas que rodean a Sarajevo y los suburbios de Ilidza, Hadzici, Vogosca, Ilijas y Grbavica, dando comienzo así al cerco más largo de la historia de la guerra moderna. La capital bosnia pasaría 1.400 días padeciendo escasez de alimentos, medicinas, agua, electricidad y gas.

Aunque Bosnia-Herzegovina había sido reconocido como Estado independiente por la ONU, la comunidad internacional apenas reaccionó para aliviar a los habitantes de Sarajevo de las consecuencias de este bloqueo (actitud no muy distinta a la que mantiene hoy con respecto al salvaje cierre de fronteras del que fuimos testigos en este blog en la franja de Gaza).

Uno de los escasos aciertos de la misión de observadores de la ONU fue tomar el aeropuerto, que hasta julio de 1992 había estado en manos de los militares serbios. Sin embargo, Ratko Mladic consiguió que la UNPROFOR se comprometiese a usarlo sólo para fines relacionados con las Naciones Unidas, por lo que apenas tuvo ascendiente sobre el sitio de la ciudad.

De este modo, y al igual que sucede hoy en Gaza, la construcción de un túnel se vislumbró como la única forma de burlar el bloqueo y poder llevar artículos de primera necesidad para los sarajevitas y armas para los militares al mando del presidente Alija Izetbegovic. El aeropuerto se presentó como terreno fértil para esta empresa. Hasta el momento la gente se jugaba la vida bajo la mira de los francotiradores para cruzar su pista cada noche.

El proyecto DB

El proyecto para la construcción del túnel se comenzó a diseñar a finales de 1992. Se lo bautizó como Proyecto de Comunicación DB, por Dobrinja y Butmir, las dos localidades que pretendía unir. Al frente de la obra estaba el general Rasid Zorlak. Nedzad Brankovic y Fail Sero fueron los ingenieros responsables de la ejecución. La Quinta Brigada del Ejército de Bosnia y Herzegovina se puso a excavar el 12 de enero de 1992 desde el lado de Dobrinja.

Eran tan adverso el clima, y tan precarios los medios con los que contaban, que surgieron dudas sobre la viabilidad de esta iniciativa que fue mantenida en tal grado de secreto que ni siquiera el presidente Alija Izetbegovic estaba al tanto. Las excavaciones se hacían de forma manual con picos, palas y lámparas conocidas como “kandilos” (una lata con una mecha y aceite vegetal). La guerra que se desató en 1993 entre bosnios musulmanes y croatas dificultó aún más el trabajo.

Cuando las noticias del túnel llegaron al presidente Alija Izetbegovic, este ordenó que se destinaran más equipos y personal. Del lado de Butmir, miembros de la municipalidad de Ilidza se sumaron la obra. También mineros de Miljevina. Se organizaron tres turnos que funcionaban las 24 horas. Del lado de Dobrinja se recolectó acero de las fábricas que se empleó para reforzar las paredes del túnel.

Al tomar mayor dimensión las obras, los serbios supieron de su existencia y presentaron una queja UNPROFOR, que ocupaba el aeropuerto por debajo del cual reptaba el túnel. Finalmente, el 30 de julio de 1993, a las 21 horas, los dos brazos del pasaje subterráneo se unieron completando así un trayecto que tenía 800 metros, que alcanzaba los cinco metros de profundidad y que implicó la extracción de 2.800 metros cúbicos de tierra.

Fotos: HZ

Los traumas de las víctimas de la violencia sexual en la guerra de Bosnia

Durante las semanas que estuvimos en Bosnia Herzegovina nos dedicamos principalmente a entrevistar a mujeres víctimas de la violencia sexual en la guerra que se extendió entre 1992 y 1995. Como ya vimos en estas páginas, tomamos de referencia los campos de concentración en los que habían sido encerradas en Foca, Visegrad, Zvornik, Sarajevo, Bihac…

Ahora que estamos de regreso en Madrid transcribiendo las entrevistas, pues se acerca la fecha de hacer nuevamente las maletas, una característica – que en las conversaciones con víctimas de la violencia sexual en África no nos había resultado tan evidente – nos llama la atención: la presencia latente, a flor de piel, de los traumas derivados de los abusos y vejaciones que sufrieron.

Me explico: cada uno de los encuentros con estas mujeres fue precedido por dudas, por vacilaciones. Manos sudorosas, miradas inquietas, nerviosismo. La sola idea de verbalizar lo padecido se manifestaba en sus cuerpos, en sus gestos, en una suerte de vértigo incontrolable, lóbrego.

Nos lo dijo Meliha, una de las entrevistadas: “Después de recordar estas cosas no voy a poder dormir durante días”. Otra mujer nos confesó que, desde que le habíamos avisado que queríamos hablar con ella, había vuelto a medicarse.

Imposible de superar

“Cuando escuchan que alguien dice la palabra violación, en seguida creen que están hablando de ellas”, sostiene Teufika Ibrahimefendic, terapeuta de la ONG Vive Zene, con sede en la ciudad de Tuzla. “Es casi imposible que superen el trauma. Como mucho pueden aprender a convivir con él”.

De la pervivencia en el tiempo de las consecuencias psicológicas de la violación – y más aún la violación de forma sostenida, masiva, como sucedía en los campos en Bosnia – sabe mucho la presidenta de la ONG Medica, Ferida Djekic (en la fotografía), que en 1992 abrió un hogar para alojar a las víctimas.

Hogar que se encuentra en Zenica y que hoy está orientado a mujeres que sufren violencia domestica, pero también a aquellas que padecieron la guerra y que tienen recaídas, momentos en los que los recuerdos regresan con tanta virulencia que no pueden seguir adelante, como Leila, esclava sexual de los soldados serbios en Bihac, que en tres ocasiones tuvo que buscar ayuda e internarse.

Quizás estas manifestaciones físicas del horror vivido a manos de los soldados nos ayuden a llegar a vislumbrar la dimensión del trauma que cargan sobre los hombros. Pero lo que más nos genera es admiración por el deseo de levantar la voz, por el coraje de atreverse a rememorar aquellos días oscuros más allá de las consecuencias que les provocan, con tal de que el mundo no olvide.

Foto: Ferida Djecik conversa con una antigua paciente que fue testigo en el tribunal de la Haya (HZ)

Elogio de “La muerte de Yugoslavia”

Antes de partir hacia Bosnia Herzegovina volví a ver The Death of Yugoslavia, quizás una de las series documentales más extraordinarias de todos los tiempos (la serie completa aquí). Extraordinaria porque a lo largo de sus cinco horas de duración despliega una vastísimo archivo documental que ilustra cada uno de los eventos relevantes de la guerra desde el secuestro del presidente Alija Izetbegovic en el aeropuerto de Sarajevo, hasta los bombardeos del mercado del centro de la capital y la incursión de los primeros grupos paramilitares serbios en Zvornik.

Extraordinaria porque la serie producida para la BBC por Norma Percy (que estrenó hace unos meses Iran and the West, para rememorar los 30 años de la revolución islámica en Persia y que se puede ver aquí) despliega también un elenco de entrevistados que parece incluir a todos aquellos líderes que tuvieron algún protagonismo en los trágicos eventos que acompañaron al desmembramiento de Yugoslavia.

Esta es la impresionante lista de testimonios – entre los que destacan el ahora cuestionado Richard Holbrooke, el presidente bosnio Alija Izetbegovic, el croata Franjo Tudjman, el serbio Slobodan Milosevic, el montenegrino Momir Bulatović y los criminales de guerra Ratko Mladic y Radovan Karadžić – que forman parte de la serie documental:

Blagoje Adzic, Jasushi Akashi, Milan Aksentijevic, Madeleine Albright, Diego Arria, Igor Bavcar, Mate Boban, Bogic Bogicevic, Dragoslav Bokan, Josip Boljkovac, Momir Bulatovic, Peter Carington, Jacques Chirac, Warren Christopher, Hillary Clinton, Dobrica Cosic, Vitalij Curkin, Mile Dedakovic, Slavko Degoricija, Sead Delic, Gianni De Michelis, Jovan Divjak, Raif Dizdarevic, Murat Efendic, Heni Erceg, Peter Galbright, Ejup Ganic, Hans-Dietrich Genscher, Branimir Glavas, Petar Gracanin, Mate Granic, Branko Grujic, Sefer Halilovic, David Hannay, Douglas Hurd, Janez Jansa, Zarko Jokanovic, Borisav Jovic, Perica Juric, Veljko Kadijevic, Branko Kostic, Momcilo Krajisnik, Milan Kucan, Milutin Kukanjac, Zlatko Lugumdzija, Jeremy Mackenzie, John Major, Branko Mamula, Mira Markovic, Milan Martic, José María Mendiluce, Stipe Mesic, Goran Milic, Dusan Mitevic, Konstantin Mitsotakis, Philippe Morillon, David Owen, Zivota Panic, James Pardew, Abdulah Pasic, Dragisa Pavlovic, Ilijaz Pilav, Biljana Plavsic, Armin Pohara, Jacques Poos, Darinka Popovic, Slobodan Praljak, Ivica Racan, Jadranka Rajhl-Kir, Andrija Raseta, Jovan Raskovic, Zulfo Salihovic, Riza Sapunxhiu, Zvonimir Separovic, Vojislav Seselj, Haris Silajdzic, Dusan Skrebic, Miroslav Solevic, Martin Spegelj, Ivan Stambolic, Gojko Susak, Shashi Tharoor, Nevenka Tudjman, Vasil Tupurkovski, Milos Vasic, Aleksandar Vasiljevic, Azem Vllasi, Elie Wiesel, Boris Yeltsin, Franci Zavrl, Warren Zimmerman.

Imaginar la cantidad de folios que ocuparon las transcripciones de todas estas entrevistas da vértigo. Y la labor de armar un guión coherente a partir de todo este material, aún más.

Sin embargo, el grandísimo acierto de esta producción es justamente el guión, que hace que cada tema, cada evento recreado en la línea temporal, sea narrado por dos o más protagonistas al mismo tiempo (muchas veces con visiones contrapuestas, antagónicas). En este sentido, el guión de The Death of Yugoslavia resulta casi prodigioso como demuestra la larguísima lista de premios que ha conseguido.

Tal fue el impacto de la serie documental que el juez Iain Bonomy la mencionó en el proceso de la Corte Penal Internacional para la Ex Yugoslavia contra Milosevic.

Además, junto a esta producción se editó un libro del mismo nombre escrito por Allan Little, magnífico reportero de la BBC, y Laura Silber. Otro retrato coral, polifónico, del derrumbe de Yugoslavia, las vacilaciones del resto de Europa y las nefastas estrategias del nacionalismo serbio.

Los túneles de la guerra: Sarajevo

El 22 de agosto de 2006 conseguimos entrar a los túneles que los palestinos excavan desde Gaza y en dirección a Egipto para tratar de sortear el brutal bloqueo israelí.

Tardamos casi un mes en encontrar los contactos y el momento exacto para colarnos en los pasajes subterráneos. Hamás no controlaba aún la franja, por lo que los túneles, menores en dimensiones que los actuales, se movían con la más absoluta discreción.

Aquella asfixiante experiencia – por ponerle un calificativo, entre los tantos que merecería -, despertó nuestro interés por el destacado rol que no pocos túneles han cumplido en la guerra.

Desde el asedio romano de Veyes del 396 A. C., que Tito Livio describe en Ab urbe condita; pasando por el sitio de Petersburg, Virginia, en 1864; hasta llegar a la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, Afganistán y Líbano.

Nuestro reciente paso por Sarajevo no podía soslayar la existencia de aquel túnel que entre 1992 y 1995 fue la principal vía de subsistencia de una ciudad sitiada desde las colinas adyacentes y suburbios como Ilidza, Hadzici, Vogosca, Ilijas y Grbavica por las fuerzas pro serbias de Ratko Mladic y Radovan Karadžić.

Del túnel hoy sólo queda la entrada y un breve fragmento que, a pesar de haberse convertido en museo, no es poco lo que dicen del sitio de Sarajevo, el más largo en la historia de la guerra moderna.

Continúa…

En la próxima esquina por favor, allí donde empezó la guerra

A lo largo de las últimas semanas, Sarajevo ha sido nuestra base en Bosnia Herzegovina. Una ciudad de espíritu abierto, generoso, mestizo, que poco ha tardado en ganarnos entre sus admiradores. Las cenas en algún restaurante del barrio turco, las caminatas por la calle Titova, a través del corazón del área de descendencia austrohúngara, han sido un escenario extraordinario para disfrutar las pausas del trabajo.

Aunque la mayor parte del tiempo lo hemos pasado en la carretera en busca de historias, no tuvimos demasiado problema en ubicarnos en la capital de Bosnia Herzegovina. El curso del río Mitzlava, que la divide en dos, las cinco montañas que se levantan en sus confines y las siete líneas de tranvías constituyen sobradas referencias para saber situarse en cualquier lugar de esta urbe de 400 mil habitantes.

Pero por si nos faltaban pistas a la hora de volver cada tarde de rodar, a dos manzanas de nuestro hotel se encuentra una referencia casi imposible de soslayar: la esquina en la que el archiduque Francisco Fernando y su esposa, Sofía Chotek, fueron asesinados el 28 de junio de 1914. Hecho este que sirvió de detonante de la Primera Guerra Mundial.

Fotos en blanco y negro, situadas detrás de cristales, muestran el vehículo en el que viajaba el heredero al trono austrohúngaro segundos antes de que el extremista serbio Gavrilo Princip, presuntamente contratado por la organización Mano Negra, le disparara al cuello en las proximidades del puente Latino.

No pocas veces me he preguntado a la vuelta de qué esquina comenzará la próxima guerra. Según anunciaba ayer el International Crisis Group, existen sobradas razones para pensar que esa esquina podría encontrarse en el pueblo libanés de Adeisseh.

No ayuda al optimismo conocer la pasión que tienen los políticos por mandar a la gente a matarse durante las vacaciones: la guerra de 33 días entre Hebzbolá e Israel que comenzó julio de 2006; la de los números ocho entre Rusia y Georgia en el 2008; y aquella brutal operación fundida en plomo contra Gaza que tiñó de justa indignación y dolor nuestras navidades del 2009…

Fotos: HZ

La violación, crimen contra la humanidad en Bosnia Herzegovina

Fue un fallo histórico que sirvió para dejar en claro que bajo ninguna circunstancia la violación puede ser aceptada, tolerada o considerada parte intrínseca de la guerra. Algo que siempre hemos sostenido en este blog, en el que abogamos por el respeto a los civiles en los conflictos armados y el castigo a quienes vulneran el derecho internacional humanitario.

Y fue un fallo histórico porque no sólo consideró a la violación un crimen de guerra, sino que dio un paso y la calificó como crimen contra la humanidad, sentando así un precedente jurídico de enorme valor. Ni en los juicios de Nuremberg contra los líderes nazi se había tratado el abuso sexual ni en el tribunal de Tokio se había abordado la prostitución forzosa de mujeres coreanas por parte de los soldados japoneses.

La sentencia se hizo pública el 22 de febrero del año 2001. Al frente del tribunal con sede en La Haya se encontraba la jueza zambiana Florence Mumba.

Los condenados fueron tres bosnios serbios pertenecientes a grupos armados que sometieron a decenas de mujeres a abusos sexuales, esclavitud y torturas en la ciudad de Foca.

Dos de ellos vinculados a la violación de Almira Bektovic, la niña de doce años encerrada en la casa de Karaman cuya terrible historia conocimos en la anterior entrada.

La violación de Foca

A los pocos días del comienzo de la guerra en Bosnia y Herzegovina, grupos de paramilitares, militares y policías serbios articularon una brutal estrategia de limpieza étnica. Los musulmanes eran arrancados de sus casas para ser enviados a campos de concentración o al exilio. Las zonas próximas a la frontera con Serbia fueron las más afectadas.

En Foca esta estratagema de negación terminal del otro, del que es distinto, implicó tener que echar a la mayor parte de la población de esta urbe que contaba con 22.500 residentes musulmanes.

En enero de 1994, las autoridades serbias llegaron a tal extremo en su obsesión por borrar el pasado mestizo de la ciudad que decidieron rebautizarla.

Y para ello eligieron un nombre tan significativo como en cierta manera incriminatorio. Pasó a llamarse Srbinje (Србиње), que quiere decir “el lugar de los serbios”. Tampoco quedaba en pie una sola de las 13 mezquitas que allí se encontraban antes de la guerra.

Según explica la sentencia, los serbios tomaron Foca entre el 16 y 17 de abril: “Mujeres, niños y ancianos musulmanes fueron detenidos en casas, apartamentos y centros de detención como Buk Bijela, Foca High School y el Partizan Sports Hall”.

Uno de los informes enviados al Consejo de Seguridad de la ONU describe con detenimiento los crímenes cometidos contra las mujeres en estos sitios. Sólo un ejemplo: “Una mujer de 28 años fue llevada alrededor de la medianoche del 12 de agosto a las afueras del estadio de Foca. Allí fue violada por 28 soldados antes de caer inconsciente. Además los soldados la quemaron con cigarrillos y mecheros”.

Dragoljub Kunarac

Conocido como «Zaga» o «Dragan»,  Dragoljub Kunarac había nacido en Foca en 1960. Durante la guerra estuvo al frente de una unidad de reconocimiento del ejército serbio de Bosnia. Como vimos en la anterior entrada del blog, fue él quien tuvo la idea de sacar a un grupo de mujeres del Partizan Sports Hall para mandarlas a la casa de Karaman en la ciudad de Mijlevina con la intención de que sirvieran de esclavas sexuales a los soldados.

Las imputaciones contra Kunarac se hicieron públicas el 26 de junio de 1996. El 4 de marzo de 1998 se entregó a la justicia. Al día siguiente fue trasladado a La Haya. Su juicio tardó dos años en comenzar. La fiscalía pedía 35 años de prisión y la defensa la absolución.

El proceso se extendió desde marzo de 2000 hasta febrero de 2001. Las mujeres musulmanas, cuyos nombres sólo figuran con códigos en la sentencia, testificaron desde detrás de pantallas. De los tres acusados, Kunarac fue el primero en testificar.

“Usted abusó y maltrató a mujeres musulmanas por su origen étnico, y entre ellas eligió a las que les gustaban”, le dijo la jueza Florence Mumba, que lo condenó a 28 años de prisión por tortura y violación en un fallo que la corte de apelaciones ratificó al año siguiente. Condena que Kunarac está cumpliendo en Alemania.

Testimonios incriminadores

Con respecto a la casa Karaman en Miljevina, la sentencia señala que Kunarac violó allí a la testigo FWS-87 el 2 de agosto de 1992 (aquí podéis leer y escuchar el testimonio de esta víctima, que tenía 15 años entonces).

También sostiene que abusó de la testigo WS-48 en el Hotel Zelengora y en una casa en Donje Polje. Además añade la violación junto a otros dos soldados de la testigo FWS-183 en la orilla del río Cehotina.

Pero sobre todo habla de un modus operandi, de una acción continuada, en la  que sacaba a mujeres del Partizan Sports Hall para violarlas en un piso de la calle Osmana Ðikica 16, o para ser testigo de cómo otros soldados las violaban.

El segundo condenado aquel histórico 22 de febrero del año 2001 fue Radomir Kovac, cuya sentencia nos brinda importante información sobre el calvario sufrido por la niña Almira Bektovic tras salir del encierro en la casa de Karaman.

Foto: Hotel Zelengora, Foca (HZ)

La guerra contra las mujeres de Bosnia: Almira Bektovic y la casa de Karaman

De todos los centros de detención y tortura a los que nos acercamos en estos días en Bosnia Herzegovina, uno de los que mayor impresión nos provoca es el conocido como “Karaman Kuca” (La casa de Karaman).

Quizás como consecuencia del paraje silencioso, aislado, en el que se encuentra (aunque su figura esbelta se distingue desde el otro lado del valle, desde la carretera que conduce a la ciudad Foca). Tal vez debido al insoslayable recuerdo de Almira Bektovic, una niña de 12 años que estuvo prisionera en su interior.

El 2 de agosto de 1992, Dragoljub Kunarac, comandante de un grupo paramilitar de voluntarios serbios de Montenegro, ordenó que cuatro mujeres musulmanas que habían hablado a la prensa acerca de las terribles condiciones de vida de las detenidas en Partizan Sports Hall de Foca (epicentro de la limpieza étnica de bosnios musulmanes durante el primer año de la guerra), fueran trasladadas a la ciudad vecina de Miljevina.

Allí, Pero Elez, líder de la unidad paramilitar serbia llamada “Los guerreros de Vukovar”, con base en el hotel Miljevina, decidió que debían ser encerradas en la casa de Nusret Karaman (un bosnio musulmán que vivía en Alemania).

Más adelante otras mujeres siguieron el mismo destino. Algunas, como Almira Bektovic, apenas adolescentes. Entre el 2 de agosto y el 30 de octubre, nueve mujeres estuvieron recluidas en aquel sitio (en la imputación formulada por Carla del Ponte frente al tribunal para la ex Yugoslavia se las menciona como FWS-75, FWS-87, FWS-132, FWS-190, A.S., A.B., J.B. y J.G.).

Condena y fuga de Stankovic

Al frente de Karaman Kuca se situó Radovan Stankovic, subordinado de Pero Elez. Las mujeres eran tratadas como esclavas sexuales y debían cocinar y limpiar para los militares.

Él decidía quiénes podían ser violadas y por quién. Algunas sólo eran violadas por un mismo soldado en particular. Otras, como Almira Bektovic, sufrían abusos por parte de cualquiera al que se le permitiera vivir en aquella casa a la que llamaban “el burdel”.

A diferencia de lo que sucedía en el Partizan Sports Hall, aquí las mujeres tenían comida y no estaban encerradas, ya que se trataba de un lugar tan aislado, rodeado de soldados y civiles serbios, que no habrían podido escapar.

Cualquier intento de negarse a seguir las órdenes recibidas, era respondido con palizas y torturas (como el sumario señala que hizo Radovan Stankovic a la testigo protegida FWS-87 después de que esta se hubiese negado a bañarlo).

Cuando la casa se cerró, Radovan Stankovic se llevó consigo a la mujer conocida como D.B. a un apartamento en Miljevina durante diez días; luego a otro en el edificio Lepa Brena en la ciudad de Foca. Hasta que la dejó huir a Montenegro el 3 de noviembre de 1992, la violó reiteradamente y la obligó a trabajar para él. En diciembre de 1992, Stankovic entró al hospital de Foca y se llevó a una paciente a punta de pistola. Después de violarla le permitió volver para que siguiera con el tratamiento.

Stankovic fue condenado en noviembre de 2006 a 16 años de cárcel por la justicia bosnia, después de que el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) les remitiera el caso. Primera condena por crímenes contra la humanidad de los tribunales locales. La corte de apelación, en 2007, subió la sentencia a los 20 años. Pero ese mismo año, cuando lo conducían al dentista desde la prisión de Foca, Stankovic se fugó. Aún no hay noticias sobre su paradero.

“No me lleven, tengo 12 años”

Almira Bektovic no tuvo escapatoria. Tras pasar dos días en la casa de Karaman, fue devuelta al Partizan Sports Hall de Foca. Le dijo a sus familiares que había trabajado como sirvienta limpiando y cocinando para los soldados serbios.

En septiembre, cuando se encontraba junto a su madre y hermanas en el autobús que las llevaría hacia las zonas controladas por los bosnios musulmanes dentro de uno de los habituales intercambios de prisioneros, los soldados de Stankovic detuvieron el vehículo y la obligaron a bajar. Ella se resistió diciendo que tenía 12 años.

Una de las supervivientes sostiene que entró a la casa con una muñeca en los brazos, sin saber lo que le iba suceder. El soldado Nedo Samardzic fue el primero en violarla. Hecho este del que haría alarde, sobre todo por haberse adelantado a Pero Elez, que era el que siempre buscaba jóvenes a las que hacer perder la virginidad.

Tras sobrevivir a los abusos en la casa de Karaman, Almira cayó en las manos de Radomir Kovac, que la movía por los pisos de Foca para que otros militares la pudieran violar. Entre estos estaba Slavo Ivanovic, de 50 años de edad.

Lo último que se sabe de Almira es que el 22 de diciembre de 1992 fue vendida por Radomir Kovac a un soldado de Montenegro famoso por su violencia contra las mujeres. Según testigos, le pagó 100 euros por poder llevarse a la niña.

Fotos: Karaman’s House y edificios Foca (HZ)

Vacaciones en algún campo de concentración de Bosnia Herzegovina

Bakira Hasečić, presidenta de la asociación de Mujeres Víctimas de la Guerra (Udruzenje Žene-Žrtve Rata), me cuenta que durante la guerra funcionaron 67 centros en los que se violaba y torturaba sistemática a las mujeres. Los llama “campos de concentración”.

A sus espaldas, en la modesta oficina del barrio de Ilidja en Sarajevo, un mapa con un punto rojo por cada uno de estos centros.

El trabajo que hemos realizado aquí a lo largo de las últimas dos semanas ha consistido en recorrer algunos de estos campos, buscar a sus supervivientes y entrevistarlas.

Desde Tuzla, pasando por Zvornik, Vlasenica, Srebrenica, Vogosca, Focha, Rogatica, Zenica, Bratunac, Visegrad…

Testimonios tan estremecedores como el de Leila, esclava sexual durante tres años en un campo de Bihac; o el de la propia Bakira, víctima en Visegrad de Milan Lukic, criminal condenado a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (cuya historia ya vimos en este blog).

Noches de hotel

Dentro de tanta ignominia y barbarie, la siguiente observación podrá parecer anecdótica, carente de entidad, pero quizás no lo sea tanto: me ha sorprendido descubrir que buena parte de estos lugares han vuelto a sus funciones originales y hoy son hoteles, escuelas o casas particulares. Ni una placa o mención a quienes perdieron la vida dentro.

Ayer mismo, el dueño del hotel Kon-Tiki salió furioso a reprocharnos que estuviéramos grabando la fachada del edificio. “Si es por el campo de concentración, váyase, no queremos que se hable más del tema”, le dijo a Asmira, la traductora con la que trabajo.

Situado en Vogosca, ciudad que se encuentra a diez kilómetros al norte de Sarajevo, este hotel funcionó durante la guerra como centro de detención. Por sus habitaciones pasaron unos 800 bosnios musulmanes (de los que 250 desaparecieron). Borislav Herak, soldado serbio, confesó haber violado a ocho de las 70 mujeres allí encerradas y haber matado a dos.

Pero este hotel, llamado entonces “Sonja’s Kon-Tiki”, encontró sitio en los medios de comunciación cuando se denunció que cascos azules procedentes de Francia, Canadá, Nueva Zelanda y Ucranica habían cenando en numerosas ocasiones en el restaurante y habían tenido relaciones sexuales con mujeres cuya procedencia nunca habían preguntado. Entre otros, el general Lewis MacKenzie, comandante de la misión militar de la ONU en Sarajevo.

Omisión colectiva

El sábado estuvimos en otro hotel, el Vilina Vlas, mucho más grande y concurrido, y en el que tampoco nos ofrecieron una acogida demasiado calurosa, aunque sí pudimos filmar en su interior. Con respecto a lo sucedido en este edificio de ecos soviéticos, un informe de la ONU de 1995 sostiene:

En el hotel Vilina Vlas en Visegrad ocupado, entre otros lugares, 200 niñas fueron violadas, 5 se suicidaron después, 6 huyeron y el resto fueron asesinadas. A menudo, la violación fue cometida por varios criminales hasta el fallecimiento de la víctima (Mahmuljin Avdija fue violada por 42 criminales).

No son pocas las preguntas que me provoca esta realidad. ¿Saben los turistas que se están alojando en escenarios de semejante horror? Si lo saben, ¿cómo son capaces de abstraerse de lo sucedido? Y abriendo más la lente: ¿por qué las autoridades y los ciudadanos en general permiten que se actúe como si en estos sitios no se hubiesen cometido crímenes contra la humanidad?

¿Es beneficiosa esta suerte de negación colectiva? ¿Ayuda para poder avanzar, para la reconciliación, o es una manera de privar a las víctimas de justicia y de no sanar las heridas del pasado perpetuando la posibilidad de que se vuelvan a abrir en el futuro?

Ejemplos de lo hecho y no hecho en otras latitudes quizás no faltan, si bien cada realidad y contexto es irrepetible. Ls tribunales populares “gacaca” en Ruanda, la Comisión de la Verdad y Reconciliación en Sudáfrica, los tardíos juicios a los jemeres rojos en Camboya, la aprobada y derogada ley de Punto Final en Argentina, la poco satisfactoria ley de la Memoria Histórica en España…

Fotos: HZ

Gervasio Sánchez y los desaparecidos de las guerras (vídeo)

Un cronista excepcional para reflexionar sobre la masacre de Srebrenica. Su próximo proyecto, justamente, los desaparecidos de la guerra y las dictaduras, con un epílogo dedicado a las víctimas del franquismo.