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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

Rumbo a Afganistán: las Fuerzas Especiales y los amuletos de la guerra

Pocos países más fascinantes y a la vez tan terribles como Afganistán. De la belleza de sus paisajes, de la supervivencia de sus tradiciones más coloridas, a la brutalidad de la guerra, el hambre y la postergación sistemática de la mujer. Una realidad compleja, contradictoria, que inspira no pocas lecturas para tratar de desentrañarla, para intentar vislumbrar su esencia.

Soldado de la 101 Aerotransportada, Valle del Tagab, Afganistán. Junio 2008 (Hernán Zin)

En estas páginas hablamos hace unos años de algunos de los libros más destacados sobre el país del Hindu Kush. Libros que estaba leyendo justamente antes de nuestro primer desembarco en Kabul. Aquel viaje iniciático en el que conocimos, entre tantas otras historias, la situación de las mujeres quemadas en Herat y la explotación laboral de los niños que hacen ladrillos en el sur, para a terminar empotrados con la 101 Aerotransportada del Ejército de EEUU en el valle del Tagab.

El regreso de las Fuerzas Especiales

En estas noches de desvelo estival, previas a un nuevo viaje a Afganistán, leo y releo Soldados a caballo, otro extraordinario libro de la editorial Crítica (que es, junto a Debate, la que mejores títulos de no ficción publica en España, incluído el extraordinario Los buenos soldados de David Finkel).

Lo más destacado de esta obra es que cuenta la génesis de la invasión de Afganistán a través del testimonio de los primeros soldados que pusieron pie allí. Miembros de las Fuerzas Especiales que buscaban la lealtad de los señores de la guerra de la Alianza del Norte para enfrentarse a los talibanes.

Tras el descrédito de la guerra de Vietnam, en las que fueron responsables de las mayores atrocidades contra civiles, las Fuerzas Especiales habían quedado relegadas. Fueron las prisas de Donald Rumsfeld por poner soldados en el terreno – una fuerza tradicional, de 50 mil hombres, hubiese demorado seis meses – la que llevó a volver a contar con las Fuerzas Especiales como punta de lanza en una invasión.

Y lo más seguro es que, cuando el año que viene las potencias occidentales empiecen a retirar a sus hombres, sean las Fuerzas Especiales las que queden a sus espaldas luchando con los soldados del Ejército afgano contra los talibanes.

Un anillo de rubíes…

Ayer, noche especialmente calurosa en Madrid – pero nada en comparación con lo estimulante que se pone el clima en el sur de Afganistán -, leía un fragmento de Soldados a caballo que empieza en la página 68, en el que el autor, Doug Stanton, habla del amuleto que usan las Fuerzas Especiales: una alhaja.

– Este anillo ha atravesado el infierno y ha vuelto – dijo Lambert -, lo han llevado en sus manos hombres que están muertos o retirados, hombres de cuyo trabajo no se hablará hasta dentro de muchos años, si es que alguna vez se menciona.

El principal amuleto de aquellas dos unidades del Grupo V de las Fuerzas Especiales que pusieron pie en Afganistán antes que cualquier otro soldado de estadounidense, era una anillo de rubíes que había estado en Bolivia, Panamá, Vietnam, Tailandia, Pakistán, el Congo Belga, Bosnia.

Según explica el libro la única advertencia era que el hombre al que se escogiera para llevar el anillo de guerra tenía que traerlo a casa a salvo. “Era poco menos que brujería al estilo militar”, sentencia.

…y un reloj

Si bien en alguna que otra ocasión describimos desde el Congo los rituales mágicos de las milicias mai mai, es curioso pero en este blog en el que hemos desmenuzado y conocido de primera mano hasta los aspectos más triviales de la guerra, en muy pocas ocasiones nos hemos referido a los amuletos, tan presentes en todos los conflictos, y más evidentes aún en los africanos. Así que en este nuevo desembarco en Afganistán podría ser una asignatura a cubrir, a retratar: los amuletos de los soldados.

Más allá del componente esotérico, místico, folclórico inclusive, estos objetos nos hablan de las incertidumbres, aspiraciones y miedos de los que los llevan puestos. ¿Quiénes se los regalaron? ¿Qué historia tienen detrás? La guerra es sin duda el escenario más incierto, brutal y paradójico de la condición humana. Y ante tantas incertidumbres tiene cierto sentido aferrarse a algo, así sea un anillo de rubí, una moneda de la suerte o un rosario.

En mi caso, tengo varios amuletos. Uno más evidente que el resto: un reloj marca Fossil con correa de cuero marrón que llevo puesto en cada viaje desde que lo comprara el 22 de enero de 2006 en La Paz, Bolivia, cuando La Voz de Galicia me había enviado a cubrir el ascenso al poder de Evo Morales. Un reloj que no parece ya capaz de aguantar más golpes, más cambios y arreglos, pero que regresará próximamente también al Hindu Kush, quiera o no, pues sin su compañía se me haría mucho más difícil emprender este nuevo viaje a la guerra.

7 comentarios

  1. Dice ser Jilgueru

    Una utilidad psicológica que te permite realizar mejor tu trabajo por la consecuente subida de moral propiciada por un sentimiento emocional.

    08 Julio 2012 | 21:07

  2. Dice ser Cherry nights

    Juega con el mejor simulador económico, político y militar; gratuito y por navegador: http://goo.gl/RtMjA

    08 Julio 2012 | 21:15

  3. Dice ser Luis

    Una tradición en todas las Fuerzas Especiales del Mundo

    08 Julio 2012 | 23:31

  4. Dice ser sonrisa radiante

    Suerte en tu nueva aventura Afganistan,saludos.
    S.R.

    10 Julio 2012 | 14:58

  5. Dice ser lucho

    capo suerte en tu nuevo viaje me gustaria ver una foto del anillo, nos vemos berni.

    10 Julio 2012 | 17:38

  6. Dice ser cottage rentals

    I am hoping the same best work from you in the future as well.

    20 Julio 2012 | 17:15

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