Archivo de diciembre, 2011

El 84% de los periodistas asesinados en 2011 trabajaba para medios locales

29 diciembre 2011

Hace poco me invitaron a asistir a una conferencia en la que una serie de periodistas africanos congregados en Madrid iban a “criticar” la labor informativa que en España realizamos sobre este continente. El título tenía un deje literario: “Si hablas de nosotros”.

Un periodista somalí identifica el cuerpo de su compañero, Abdisalan Sheik Hassan, asesinado el 18 de diciembre en Mogadiscio. Foto: AP

No asistí porque me pareció una iniciativa lastrada por cierto buenismo, por esa suerte de discriminación positiva que al final consigue todo lo contrario de lo que se propone: señalar, resaltar, dar una consideración especial, a determinado colectivo al tiempo en que proclama querer tratarlo con normalidad y en condiciones de igualdad.

¿Por qué me iba interesar “especialmente” la opinión de un periodista africano sobre mi trabajo? Me interesa lo mismo que la opinión de un camboyano cuando hago un reportaje sobre Camboya o que un brasilero cuando hablo de Brasil.

Y sólo si el periodista conoce en profundidad el tema, es un buen profesional y gozamos de confianza. En general, lo que me importa es el juicio y la mirada de las personas cuyas historias estoy contando.

Trabajo codo a codo

Además hay otra consideración importante: no sólo los españoles que están ahora en la zona en la que habitualmente me muevo, el Cuerno de África, realizan una magnífica labor, cargada de matices– hablo de jóvenes como Eduardo Molano y José María Calatayud que viven en Nairobi -, sino que nuestro trabajo sería casi imposible sin la colaboración de los periodistas locales.

Esos periodistas locales que tantas veces comparten con nosotros sus agendas; que nos explican quién es quién y por qué intereses reales se mueve; que muchas veces nos hacen de traductores y guías. Lo queramos o no, la mirada del reportero autóctono casi siempre está.

Por otra parte, en este mundo cada día más interrelacionado, buena parte de la información de las grandes agencia internacionales ya la realizan los propios periodistas del lugar. Somalia, destino habitual de este blog, es uno de esos países en el que los ojos que cuentan la noticia son autóctonos salvo reportajes puntuales como Los señores de la guerra.

Otro año de violencia

En no pocas ocasiones he escrito sobre estos profesionales y los riesgos que corren. Nosotros nos vamos; ellos se quedan. Son fáciles de localizar. Y desarrollan su labor en sitios donde la ausencia del Estado, o la perversión y corrupción del mismo, los coloca en una situación de extrema vulnerabilidad.

Recordemos por ejemplo a Didace Namujimbo, de Radio Okapi, que fue quien nos orientó en 2008, durante nuestro primer desembarco en la República Democrática del Congo. Apenas tres meses más tarde, hombres armados lo asesinaron en la puerta de su casa en Bukavu. Era así el segundo reportero de la emisora en perder la vida. Meses antes habían matado a Serge Maheshe.

Otro año más, en los informes sobre el número de profesionales muertos de la información, los periodistas como Didace encabezan la lista. En total, según Reporteros Sin Fronteras, han muerto 66 periodistas (un 16% más que los 57 de 2010). Pero más nos importa el análisis del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), que profundiza en el perfil de los 45 reporteros asesinados por causas ya comprobadas y relacionadas con el ejercicio de su trabajo.

El 84% de los muertos fueron compañeros locales, contra un 16% de extranjeros. Más allá de los lugares comunes, lo cierto es que el 60% perdió la vida mientras cubría noticias políticas, y apenas el 20% en conflictos armados. Un 33% era freelance. Un 98% eran hombres. Y el 100% de los casos, atención, ha quedado impune. Pakistán, Irak, Libia y México son los lugares más peligrosos para ejercer este oficio.

De Tanzania a Somalia

Dos de los periodistas locales con los que he trabajado este año han sufrido agresiones. Frederick Katulanda en la ciudad de Mwanza, Tanzania, al que le dieron una paliza por investigar un caso de corrupción en el gobierno local. Y más recientemente Abdi Aziz Mohamed, conocido como “África”, un periodista nacido en la capital somalí. En varias ocasiones, Al Shabab puso precio a la cabeza de este reportero de Radio Mogadiscio que casi no abandona la emisora por miedo a lo que le pueda pasar.

Justamente el último periodista asesinato de un periodista este año tuvo lugar en Somalia. Abdisalan Sheikh Hassan, colaborador freelance de la cadena Horn TV, recibió un disparo en la cabeza mientras viajaba con su coche por Mogadiscio, a plena luz del día. Al parecer, a raíz de la cobertura que realizado de una muy tensa cesión del Parlamento de Transición, había comenzado a recibir llamadas de amenaza.

Y esa es la causa de la mayor muerte de periodistas en el mundo. No la guerra como podría parecer. Sino cuando interfieren con los negocios turbios de algún poderoso local.

De la violencia contra los periodistas en 2011

27 diciembre 2011

Última semana de 2011. Momento de balance y cierre de cuentas de un año que nos ha dejado no pocas lecciones.

Entre otras, que los mercados premian por sobre todas las cosas que se imprima dinero. Les gusta que los bancos centrales den a la máquina de fabricar billete más que a un tonto un euro. Ya no nos queda duda, lo importante es saber que se va a recuperar la inversión, sea como sea.

Periodistas somalíes posan junto al cuerpo sin vida de Abdisalan Sheikh Hasan, reportero asesinado en Mogadiscio el 18 de diciembre. Foto: Reuters.

También hemos descubierto que los periodistas somos capaces de repetir un mismo titular semana tras semana, sin matices ni rubor, hasta el paroxismo del tedio y la predictibilidad. Un estudio independiente señala que, sólo en España, la frase “El euro se juega su futuro” encabezó 2.220.342 artículos a lo largo del año.

Ahora parece que el titular “Estamos en recesión” seguirá por la misma senda, y hasta es posible que rompa el récord del anterior. Porque esa es otra de las enseñanzas que hemos recibido en 2011: si recortas cientos de miles de millones de euros, entras en recesión.

Suerte que ayer el nuevo ministro, Luis de Guindos, vino y lo confirmó. De otro modo, nunca lo hubiésemos imaginado. Supongo que es lo que tiene ser economista, y contar con Aznar, aunque sea en la sombra. Sí, el otro presidente que tampoco se animó a meterle mano a la burbuja cuando todavía estábamos a tiempo.

Revoluciones y televisiones

Recordaremos al 2011 como el año del despertar árabe tras décadas de sufrir el yugo de los dictadores mimados por Occidente. Según nos muestra Egipto, no se trata de un movimiento lineal, sino que tiene avances y retrocesos. Sucedió en la Revolución Francesa. Las fuerzas conservadoras, mejor organizadas y con más práctica en la gestión del poder, siempre intentan recuperar el terreno perdido.

Sin embargo, a la larga la batalla está ganada. Una vez que el germen de la libertad despunta en una sociedad es muy difícil que se vuelva atrás. Como mucho, cuando ya tengan democracia, alguien vendrá y les montará Telecinco y La Noria para tratar de atontarlos.

Por cierto, ese es otro de los grandes titulares que nos deja la prensa esta semana: la cadena de Berlusconi es la más sancionada por violar el espacio de protección infantil. La verdad, a veces uno no entiende para qué lee periódicos si todo lo que te dicen ya lo sabes: que estamos en recesión, que Telecinco no es exactamente una televisión amiga del buen gusto ni del diálogo mesurado ni de los niños.

Se va 2011. El año también de Fukushima, con la cobarde estampida en avión de los occidentales que allí vivían. Bueno, no exactamente allí, sino a cientos de kilómetros, pero parece que la histeria no entiende de distancias ni tampoco los Ministerios de Asuntos Exteriores que gastan graciosamente nuestro dinero en fletar aeronaves.

El efecto de los cambios

El año de la abrupta corrida de Dominique Strauss-Khan del FMI, de la lucha contra la corrupción en India liderada por Anna Hazare, del ruido sin furia del 15m y de la nunca ocurrida ocupación de Wall Street, del asesinato de Bin Laden, de la salida de EEUU de Irak, del resplandor de Brasil como sexta potencia mundial, del ingreso de Palestina en UNESCO, de la muerte de Steve Jobs, del cierre de News of the World y del tartazo a Rupert Murdoch, del nacimiento de un nuevo país, Sudán del Sur, que seguimos desde el terreno paso a paso desde 2006 en este blog.

El año en que la humanidad alcanzó la frontera de los 7.000 millones. Frontera que parece anticipar un mundo nuevo en lo que se refiere a la distribución geográfica de la riqueza, la información y las oportunidades. Emergen China, India, Brasil, Turquía, mientras Europa y EEUU están en claro retroceso.

Un año convulso para la prensa. Durísimo para muchos compañeros de profesión. Los eventos anteriormente descritos no han dejado de tener impacto en lo que narramos, porque la prosperidad ha llegado a muchos sitios sin la compañía de la libertad y la tolerancia, porque las revoluciones y movimientos sociales han dejado a muchos profesionales de la información en situación de extrema vulnerabilidad.

Sobre esto iba a escribir ahora, del mismo modo en que lo hago a estas alturas cada año en Viaje a la guerra. Pero como la introducción me ha quedado demasiado larga, lo haré en la próxima entrada, que aún nos quedan algunas horas para el 31 de diciembre.

Boko Haram: islamismo radical, atentados terroristas y pobreza extrema en Nigeria

24 diciembre 2011

Si bien se trata de una organización terrorista que se ha llevado por delante la vida de cientos de nigerianos en los últimos tiempos, y que está poniendo en jaque la precaria estabilidad de una de las naciones más poderosas, complejas y relevantes de África, muy poco se ha escrito, por no decir casi nada, sobre Boko Haram.

Se podría decir que es una de las grandes asignaturas pendientes de la prensa actual, con la previsible excepción de Al Yazira en inglés, que una vez más vuelve a destacar por llegar donde pocos llegan.

Coche de policía quemado en el norte de Nigeria junto a un cartel que dice "Alá es eterno". GETTY IMAGES.

En próximas entradas de Viaje a la guerra escribiremos acerca de los orígenes de esta organización creada en 2002 cuyo nombre en idioma hausa quiere decir “la educación occidental, no islámica, es pecado”.

Nos referiremos a sus vinculaciones con otras entidades islamistas radicales como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y Al Shabab; a la ideología extrema de lucha contra los cristianos que defiende; a su uso como herramienta de presión por parte de los políticos del norte de Nigeria sobre el gobierno de Abuja; y a la dramática situación de postergación e injusticia social que le granjea apoyo popular a Boko Haram.

A modo de adelanto, y para tomar dimensión de la creciente amenaza de esta organización, un listado de los principales atentados que cometió desde que en mayo rompiera las negociaciones de paz con el gobierno del estado de Borno (que prometían una amnistía similar a la que consiguieron en 2009 los grupos armados del otro extremo del país, del Delta del Níger).

. El 19 de mayo en una serie de atentados por en los estados del noreste que terminó con la vida de 19 personas.

. El 16 de junio lanzó un ataque contra el cuartel general de la policía en Abuja, capital de Nigeria. Primer atentado suicida en la historia del país.

. El 3 de julio lanzó bombas contra una cervecería en la ciudad de Maiduguri. Mató a veinte personas.

. El 26 de agosto ejecutó su atentado más espectacular, contra la sede de la ONU en Abuja. Dejó 21 muertos.

. El 5 de noviembre, en una serie de ataques coordinados en los estados de Borno y Yobe, mató a 67 personas, dejando una estación de policía y varios edificios gubernamentales en ruinas.

En las recientes semanas, Boko Haram ha recibido también importantes golpes. El día 19 de diciembre, uno de sus principales líderes, Mohammed Hamza Aliyu fue arrestado en un control policial mientras intentaban huir del estado septentrional de Kano. Esta misma mañana, el Ejército nigeriano ha informado de la muerte de más de 50 milicianos de la organización integrista durante un tiroteo en la ciudad de Damaturu, en el noreste del país.

Los 40 de Médicos Sin Fronteras

20 diciembre 2011

En este blog hemos conocido de primera mano el trabajo de Médicos Sin Fronteras en Uganda, Sudán, la República Democrática del Congo, Líbano y Kenia. Una labor sumamente meritoria por su carácter humanitario, pero también por las complejas condiciones en que se desarrolla.

Personal de MSF discute con soldado en la guerra de Angola en 1999. Autor: Hans Jurgen Burkard.

Hay que estar hecho de una pasta especial – tener una profunda vocación y creer férreamente en lo que se hace -, para pasarse seis meses en una aldea perdida de África, o en un campamento hacinado de refugiados, sufriendo tanto sea el aislamiento como la falta seguridad o las dificultades logísticas. A quien escribe estas palabras, una semana en estos sitios le ha resultado siempre una eternidad. Y quizás más.

Pero el trabajo de MSF no sólo se circunscribe a las zonas más olvidadas del planeta, sino que también tiene lugar aquí, entre nosotros, a través de las campañas de sensibilización que realiza y de los informes que pone a disposición de los gobiernos y la prensa. Sus integrantes están cada día más convencidos de que tan importante es actuar en el terreno como incidir sobre los que toman decisiones desde los centros de poder.

En este sentido MSF España me ha servido en numerosas ocasiones de valiosa fuente de consulta, como en el último viaje que realicé a Somalia, a las órdenes de Jon Sistiaga, para el documental “Los señores de la guerra”. Sus consejos, informes y experiencias en el terreno fueron cruciales a la hora de componer una idea fidedigna, de primera mano y actualizada sobre lo que íbamos a encontrar en Mogadiscio. Y sé que muchos otros compañeros han tenido la posibilidad de contar con esa misma suerte.

En la guerra fría

MSF nació de la mano de un grupo de médicos y periodistas que, durante la guerra fría, defendían una acción médica ajena a los intereses y presiones de los dos grandes bloques antagónicos que se disputaban el mundo. Una organización independiente que acudiera allí donde las poblaciones víctimas de situaciones de emergencia lo requirieran, para prestar asistencia médica urgente.

Las primeras intervenciones de MSF dejaron testimonio en la historia moderna de la brutalidad ejercida contra las poblaciones civiles en los campos de refugiados camboyanos en Tailandia a mediados de la década de los setenta o en la guerra civil en Líbano en los ochenta.

Les siguieron otras grandes crisis: Afganistán, Somalia, Ruanda, Zaire/República Democrática del Congo, Angola, Sierra Leona, Liberia, Sri Lanka, Colombia, Chechenia, Bosnia, Kosovo, Darfur, Chad o República Centroafricana. Algunas de ellas permanecen en la memoria colectiva; otras han caído hoy en el olvido.

De persona a persona

Otra característica que he descubierto en estos años de interacción con MSF es su constante proceso de reflexión sobre la realidad en la que se desempeña. Algo lógico en este mundo en constante cambio, pero que no es tan habitual como se podría pensar en organizaciones tan grandes.

Un mundo en transformación sobre cuyas nuevas características hemos escrito hace poco en estas páginas. Un mundo en el que, por el ascenso social de tantas decenas de millones de personas en lugares como Brasil, India o China, se necesita un profundo debate sobre ciertas políticas de cooperación al desarrollo.

Pero lo que no podemos dejar de defender, más allá del torpe y sesgado esfuerzo de periodistas como Linda Polman, es la ayuda humanitaria a personas en situaciones de sufrimiento extremo, se encuentren donde se encuentren, tengan la religión o el color de piel que tengan. Principio cada día más universal cuya claudicación significaría un brutal retroceso para todos.

En este cuarenta aniversario, que la organización cumple mañana día 21 de diciembre, vale la pena rescatar parte del discurso que James Orbinski, entonces presidente de MSF internacional, dio en 1999 al aceptar el Premio Nobel de la Paz:

Nuestros equipos viven y trabajan entre gente cuya dignidad es violada cada día. Estos profesionales deciden utilizar su libertad para hacer del mundo un lugar más soportable. A pesar de grandes debates sobre el orden mundial, la acción humanitaria viene a resumirse en una sola cosa: seres humanos ayudando a otros seres humanos que viven en las más adversas circunstancias. Vendaje a vendaje, sutura a sutura, vacuna a vacuna.

La guerra de Somalia, también en Twitter

12 diciembre 2011

El primero en asomar el cañón del AK47 en Twitter fue el mayor Emmanuel Chirchir, portavoz del Ejército keniano. Y lo hizo al poco tiempo de que los soldados de su país invadieran a la vecina Somalia tras el secuestro de varios occidentales, allá por el mes de octubre, en el marco de la operación militar Linda Nchi (que en kisuajili quiere decir “Proteger la Nación”).

Soldados de Uganda, Burundi y Somalia en el frente norte de Mogadiscio, a 200 metros de las posiciones de Al Shabab. Septiembre 2011. (HERNÁN ZIN)

Una aparición en la red social de los 140 caracteres que fue todo menos sutil o comedida. El 1 de noviembre @MajorEChirchir lanzó el siguiente mensaje, que causó conmoción ya que adelantaba los nombres de las ciudades que iban a ser atacadas por los militares de Kenia (que entre sus estrategias de combate, la de sorprender al enemigo no debe ocupar un lugar predominante):

BAIDOA, BAADHEERE, BAYDHABO, DINSUR, AFGOOYE, BWALE, BARAWE, JILIB, KISMAYO and AFMADHOW will be under attack continuously.

Quizás fuera como respuesta a las críticas recibidas por haber anunciado a bombo y platillos por qué lugares iba a pasar la ofensiva, dando así tiempo a Al Shabab para preparar la defensa, pero lo cierto es que @MajorEChirchir pidió en el siguiente tuit que quien tuviera familiares en las mencionadas urbes les avisara del peligro. Al final, su mensaje iba a tener una finalidad humanitaria.

“The Kenya Defence Forces urges anyone with relatives and friends in the 10 towns to advise them accordingly”, escribió como si en la caótica y hambrienta Somalia cada casa tuviera teléfono, ADSL e inclusive corriente eléctrica, y la gente no hiciese más que comprobar cada media hora su cuenta de Twitter.

Tan surrealistas resultaron los mensajes iniciales del mayor Chirchir que se puso en duda que la cuenta @MajorEChirchir no fuese una tomadura de pelo. Sin embargo, periodistas locales y agencias de noticias la dieron por buena. Y, según señaló el propio @MajorEChirchir, ya pidió a Twitter que corroborara su identidad.

El rap de Al Qaeda

Sin embargo, la gran sorpresa para los que seguimos el conflicto en el Cuerno de África llegó cuando Danger Room anunció el pasado miércoles que Al Shabab acababa de crear una cuenta en Twitter: @HSMPress. Acrónimo de la oficina de prensa de Harakat Al-Shabaab Al Mujahideen, que es el nombre completo de Al Shabab, aunque hace poco planteara que iban a cambiar de denominación, pues lo de “Los jóvenes” era algo antiguo, de los tiempos de la Unión de Cortes Islámicas, que ya no se adapta a su realidad.

En apenas tres días la cuenta pasó de 400 a 2.475 seguidores, pero la cosa parece haberse estancado. En un principio no hacía más que responder a las críticas y pelearse con @MajorEChirchir: “50,000 Ethiopian troops couldn’t pacify Somalia; you think a few disillusioned & disinclined Kenyan boys are up to the task?”.

En los últimos tuits han dado un vuelco, en primer lugar al dejar de responder a los ataques, y en segundo, al ofrecer a las familias de los soldados de Burundi desaparecidos información sobre su paradero. Una suerte de lavado de cara, de estrategia dialogante y civilizada si tomamos en cuenta que se trata de una organización que no duda en hacer volar por los aires a decenas de civiles inocentes, como vimos en nuestro último paso por Mogadiscio.

Ya Al Shabab, tan dada corta las manos de los ladrones y lapidar a adúlteros, había dado muestras de modernidad en la comunicación al colgar en You Tube los raps del llamado “Abu Mansour al-Amriki”.

It all started out in Afghanistan / When we wiped the oppressor straight off the land / Uni crumbled / rumbled and tumbled / humbled and mumbled / made a power / withdraw and cower/ Land by land / and war by war / only gonna make our black flag soar / drip by drip / shot by shot / only gonna give us the death we sought

Aquellas insufribles canciones que el ciudadano estadounidense convertido en miembro de Al Qaeda entonaba mientras caminaba por Somalia con el AK-47 al hombro en un intento por captar voluntades a favor de su causa.

Canciones que, del mismo modo que los primeros mensajes de @MajorEChirchir, nos deja claro que el espíritu de Catch 22, MASH o Gila se perpetúa en la guerra contemporánea más allá del cambio de escenarios y contrincantes. #eldisparatearmadocontinúa

La teoría de los 7.000 millones

06 diciembre 2011

Nuestro mundo está viviendo una extraordinaria transformación. Cada día miles de personas prosperan, avanzan, ascienden socialmente, en países emergentes como Brasil, China o India. Suman sus voces, anhelos y esperanzas a una realidad global que hasta ahora los había ignorado.

Aunque se trata de un fenómeno que lleva décadas forjándose, me gusta llamarlo de los “Siete mil millones”. Cifra que marca – de forma arbitraria, claro está – la frontera entre un pasado en el que el hombre blanco ejerció un poder apenas disputado, y un presente mucho más diverso, polifónico, mestizo, plural.

Un mundo este, de los siete mil millones, en el que 6 de los 10 países que más rápidamente crecen están en África. Un mundo en el que la pobreza desciende rápidamente en América Latina mientras que aumenta en Europa y EEUU. Un mundo que tiene como nuevas y pujantes capitales a Shangai, Sao Paulo, Nueva Delhi o Ciudad del Cabo, ya no factorías orientadas a la metrópoli, sino universos en sí mismos.

Y nosotros…

Como continente viejo, acostumbrado a la abundancia y las prerrogativas sociales frente al resto del planeta, Europa se lleva la peor parte de este nuevo orden. Debe renovarse, rejuvenecer, para no perder su sitio. Tiene que adelgazar, recuperar músculo para poder competir.

La gran desventaja que tenemos es que la gente de los países emergentes está hambrienta por progresar, algo que descubro en cada uno de mis viajes, mientras que aquí perdemos demasiadas energías en indignarnos, en patalear – como el niño rico, malcriado –, más que en reinventarnos en base a un diagnóstico amplio de miras y realista de las circunstancias históricas que nos han tocado vivir.

En lo referido a la violencia, que es la razón de ser reflexiva y narrativa de este blog, el mundo de los “siete mil millones” permite vislumbrar escenarios ciertamente positivos para el futuro. La base de esta afirmación es sencilla: mientras más bienestar exista, mientras mejor distribuido esté y mientras más gente disfrute de democracia, acceso a la información y oportunidades reales para hacerse escuchar, participar y prosperar, menores serán las posibilidades de guerras y conflictos armados.

Los arcos de la paz

La idea de que las naciones que se desarrollan económicamente tienden menos a la violencia la esbozó Thomas Friedman en su libro The Lexus and the Olive Tree, publicado en 1999. La llamó “Teoría de los arcos”, pues sostenía que dos países que tuvieran McDonald’s – y clases medias capaces de llevar a sus hijos a consumir Cajitas Felices – difícilmente entrarían en guerra (bueno, en guerra contra la obesidad, pero esa es otra historia).

El conflicto de 2006 entre Hezbolá e Israel, del que fuimos testigos directos en este blog, resultó ser uno de los que puso en cuestión la Teoría de los arcos. Quizás fuera por las críticas que recibió, pero en 2005 Friedman decidió cambiar el nombre y pulir su “Teoría de los arcos” para evolucionarla en “La teoría Dell de prevención de conflictos”. Sí, fuera McDonald’s y dentro Dell, entre otros detalles, como hablar de redes de distribución recíprocas, en hondos vínculos comerciales, más que de restaurantes.

Más allá de los matices, pocos pueden cuestionar que quien vive en libertad, es escuchado y tiene sus necesidades básicas cubiertas, menos proclive será a empuñar un arma. Y el mundo de los “Siete mil millones” se perfila como un lugar en el que habrá mucha más gente con algo perder a manos de la violencia.