Desde su independencia de Gran Bretaña en 1963, Kenia supo mantenerse al margen de los conflictos que asolaron a sus vecinos en el este de África.

Tanque de la Unión Africana destruido en emboscada por islamistas de Al Shabab en Mogadiscio, Somalia. Sep 2011. (HERNÁN ZIN)
Etiopía sufrió la invasión de Somalia en 1977. El dictador Siad Barre mandó a sus tropas al territorio de Ogaden, pues lo consideraba parte integral de la Gran Somalia. Comenzaba así una guerra que terminaría en 1978 con la retirada de los somalíes.
En 1982, Etiopía devolvería el favor e invadiría Somalia. Incursión militar que la administración de Addis Abeba repitió en diciembre de 2006 alentada por los EEUU. Sus efectivos saldrían del país en febrero de 2009.
Al mismo tiempo que intercambiaba gracias con Somalia, Etiopía padecía los intentos secesionistas de los eritreos.
Treinta años de conflictos internos que culminaron con la independencia de Eritrea en 1993, que es hoy el Estado más hermético y totalitario del continente. Entre 1998 y 2000, ambos países se enfrentaron como consecuencia de disputas por la demarcación de las fronteras. Murieron 70 mil personas.
La gran guerra africana
Otro de los países colindantes con Kenia, Uganda, le declaró la guerra a Tanzania en 1978. El brutal Idi Amin no dudó en invadir a su vecino en la persecución de sus opositores políticos.
La ciudad de Mwanza, en la que estuvimos en este blog en el mes de mayo, fue testigo de aquella invasión que provocó la respuesta del presidente Julius Nyerere: una fuerza de más de 40 mil hombres que terminarían por derrotar a Idi Amín (que contaba con tropas y tanques que le había enviado Muamar Gadafi). El conflicto llegaría a su fin en 1979.
Uganda padecería a continuación, entre 1981 y 1986, la insurrección que echaría a Milton Obote y colocaría a Yoweri Museveni en el poder. Y luego el flagelo fratricida de Joseph Kony y el LRA, que duraría más de 20 años, provocaría 120 mil muertos y dos millones de desplazados internos.
Entre 1998 y 2003, Uganda sería uno de los tantos estados que participaría de la que fuera conocida como la Gran Guerra Africana: el segundo enfrentamiento armado en la República Democrática del Congo tras la salida de Mobutu Sese Seko del poder. Cinco millones de personas perderían la vida. Al igual que Ruanda, Kampala se beneficiaría enormemente del expolio de los recursos minerales congoleños.
Desde que comenzara a funcionar en 2007 la Misión de la Unión Africana para Somalia (AMISOM), Uganda ha sido su principal proovedor de soldados. La respuesta de los islamistas de Al Shabab llegó en 2010 con un atentado en Kampala durante el Mundial de Fútbol que dejó más de 70 muertos.
El sur de Sudán, animista y cristiano, se embarcó en dos largas confrontaciones con el norte árabe y musulmán en busca de la escisión política que recién consiguió en enero de este año. En 2003, Jartum tuvo que hacer frente a otra rebelión, la que se inició en Darfur, con millones de refugiados y muertos como saldo. Y ahora, la tensión está en la zona de Kordofan del Sur, donde los combates apenas encuentran eco en la prensa internacional.
Dejar de ser la excepción
Inclusive durante la guerra fría, Kenia logró mantenerse al margen de la esfera de los dos grandes bloques, evitando así el arribo masivo de armas como sucedió con muchos de sus vecinos en el cuerno de África.
Fue por este motivo que las luchas tribales de 2008, que cubrimos en este blog desde la misma Kenia, tuvieron un efecto limitado, pues la violencia se ejercía a punta de machete y con arco y flecha en lugar de con AK 47 y ametralladora de 30 mm.
Sin embargo, esta capacidad para eludir la guerra que no han tenido sus vecinos de la East African Community y del Cuerno de África, parece haber llegado a su fin en los últimos días con la incursión armada del ejército keniano en territorio somalí.
El detonante aparente fue el secuestro de las cooperantes españolas de MSF en Dadaab, pero las causas y razones son mucho más profundas y se vienen gestando desde hace meses.
Las explicaremos en la próxima entrada de este blog al tiempo en que intentaremos responder a las preguntas que no pocos se hacen ahora: ¿qué consecuencias tendrá para la propia Kenia y para la región esta intervención directa de Nairobi en Somalia? ¿Tiene el país los recursos y la voluntad política para hacer frente a estas consecuencias?
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