Archivo de noviembre, 2011

Volar para contarla: la curiosa historia del Ilyushin accidentado en Mogadiscio

30 noviembre 2011

Allí sigue, cuatro años más tarde. Detenido al final de la pista del aeropuerto más peligroso del mundo. Inclinado sobre una de sus maltrechas alas. Con el metal retorcido, renegrido y carcomido donde se inició el fuego que lo obligó a aterrizar de emergencia.

Avión de carga alcanzado por disparos de Al Shabab en 2007. Aeropuerto Aden Abdullen de Mogadiscio, Somalia. HERNÁN ZIN

Testigo tanto de ataques suicidas de Al Shabab contra el presidente Sharif Ahmed y sus ministros, como del trasiego de mercenarios, personal humanitario, refugiados y fuerzas de la Unión Africana.

Todo un símbolo del caos que desde hace veinte años atenaza hasta tal punto la vida de Somalia que nadie ha sido capaz aún de retirar del final de la pista a ese mastodóntico avión de fabricación soviética capaz de transportar 40 toneladas de carga a una distancia de 5.000 kilómetros en menos de seis horas. Nada más y nada menos que un Ilyushin II-76.

Todo un símbolo también para este blog pues cuando empezamos a planificar el primer viaje a Mogadiscio, ya hablamos de él. Referencia que hicimos pues aquella experiencia la narramos desde el día a día de los pilotos que se juegan el tipo para aterrizar en Somalia, como es costumbre en la sección Volar para contarla.

El mismo Ilyushin II-76, matrícula EW78826, que le señalé a Jon Sistiaga cuando aterrizamos el pasado mes de septiembre en Mogadiscio para rodar un nuevo capítulo de la serie de documentales que tiene en Canal Plus. Capítulo que podéis ver completo aquí bajo el nombre “Los señores de la guerra”.

Y la verdad es que debo agradecer a Jon que – como consecuencia de su pericia investigativa y olfato periodístico – descubriera la historia oculta tras este avión. Una historia que recorre medio planeta pasando por España, que está vinculada al tráfico de armas y a la gestión privada de la guerra. Una historia que me cedió muy generosamente y que contaré aquí en próximas entradas.

EEUU, Brasil, Rusia, China, India… siguen produciendo bombas de racimo

28 noviembre 2011

En este blog hemos conocido de cerca los devastadores efectos de las bombas de racimo. Armamento cobarde donde los haya, que no distingue entre civiles y militares, que continúa causando víctimas una vez finalizado el conflicto.

Proyectil lanzado por el Tsahal al sur del río Litani, Líbano. Agosto 2006. HERNÁN ZIN

Fue durante la Segunda guerra del Líbano, o Guerra de los 33 días, entre Hezbolá e Israel. Tras la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de la resolución 1701, el 11 de agosto de 2006, las fuerzas hebreas comenzaron a retirarse del territorio situado al sur del río Litani.

Quizás se debiera a la gran cantidad de tanques merkava que habían perdido bajo el fuego del brazo armado del Partido de Dios en lugares como Bint Jbeil, pero lo cierto es que los militares israelíes cubrieron su repliegue con más de un millón de bombas de racimo. Una flagrante violación de la resolución 1701 y de la Convención de Ginebra.

El enorme coste humano y económico de la retirada de las bombas de racimo lo contamos desde el Líbano, cuando acompañamos al terreno a un grupo de desactivación de la empresa BACTEC. El drama de los inocentes, en especial niños, que resultaron heridos o muertos por culpa de estas bombas con aspecto inofensivo, también.

Ascenso y declive

Aquella guerra, que tuvo lugar al mismo tiempo que la operación Lluvia de verano en Gaza, marcó un antes y un después en la lógica actual de los conflictos armados como consecuencia del uso masivo de aviones no tripulados. Por primera vez centenares de drones, cuya génesis y desarrollo vimos en detalle en este blog, serían empleados en combate.

Así como los aviones no tripulados se multiplicaron exponencialmente hasta el punto que empezaron a ser producidos y comprados en buena parte del mundo, y se convirtieron en el eje de la estratégica bélica de EEUU en lugares como Pakistán o Somalia, las bombas de racimo entraron en un proceso de declive y rechazo muy similar al sufrido por sus parientes cercanas: las minas antipersona. Proceso, este último, que fue posible gracias al activismo de numerosas organizaciones de la sociedad civil.

Bomba de racimo sin detonar. Líbano. Agosto 2006. HERNÁN ZIN

El punto culminante de la campaña mundial contra las bombas de racimo llegó en la ciudad de Oslo, el 3 de diciembre de 2008, cuando más de 100 países se comprometieron a dejar de fabricarlas y destruir sus arsenales. Hasta ahora, 60 países han ratificado el acuerdo, que entró en vigor el pasado año. España fue el primer estado en desmantelar sus arsenales.

Sin embargo, como decíamos al principio, las bombas de racimo se caracterizan por sus efectos retardados en el tiempo. Y las de fabricación española – munición de 120 mm producida en 2007 – fueron usadas por Gadafi contra los civiles en Misrata, según denunció C.J.Chivers en The New York Times.

El otro escenario en el que fueron empleadas este año fue la frontera entre Camboya y Tailandia, durante el choque entre ambos países. Paradojas de la vida, Camboya fue el primer país en el que acompañé a un grupo de desactivadores de minas, de la organización MAG (Mine Advisory Group). Los vietnamitas acababan de retirarse. Principios de los años noventa.

Poderosos e indiferentes

En su último número, The Economist nos ofrece un mapa con los países que aún fabrican y almacenan esta munición. Listado que el Landmine and Cluster Munition Monitor brinda de forma más exhaustiva.

Lamentablemente, como señala el título de esta entrada, entre los 17 países que no han firmado la Convención internacional contra las bombas de racimo hay algunos de gran ascendiente sobre la arena internacional como EEUU, Rusia, China, India y Brasil. Mientras estos no cambien su estrategia, aún quedará un largo recorrido para terminar con el flagelo de esta munición.

Caracas y el futuro de la violencia

22 noviembre 2011

De la violencia contra los albinos en Tanzania a las barras bravas del fútbol en Argentina, para luego viajar a Kenia y de allí saltar a Mogadiscio con la intención de tomar el pulso a la ciudad tras la salida de Al Shabab, a diez meses de nuestro primera paso por la capital de Somalia. Aún no ha terminado el año, ni los viajes, pero ya es hora en “Viaje a la guerra” de buscar destinos para 2012.

Retratos de madres que han perdido a sus hijos como consecuencia de la violencia en Caracas, Venezuela. Proyecto Esperanza. (LEO RAMIREZ/AFP/Getty Images)

Sigo convencido de que hemos sido la última generación de reporteros en ser testigos de guerras abiertas entre naciones. Avanzamos hacia un mundo menos beligerante en el sentido clásico del término, en buena medida gracias a la revolución en las comunicaciones y la expansión de la democracia. Una expansión imperfecta, con avances y retrocesos, pero difusión y promoción al fin. Sólo basta mirar treinta años atrás para notar los progresos.

Pero esto no quiere decir que nuestra realidad vaya a estar ausente de violencia. Esta seguirá latente, persistente, llevándose vidas inocentes por delante, principalmente en los lugares en los que los gobiernos no están presentes: tanto sea en Estados fallidos como Somalia donde el poder es disputado por grupos armados; o regiones dominadas por el narcotráfico y el crimen organizado como en México, Guatemala o Nicaragua; o zonas más delimitadas como barrios de chabolas.

Desigualdad latinoamericana

América Latina, la región con mayores diferencias entre ricos y pobres del planeta, conoce bien la violencia ligada a la desigualdad social, la corrupción endémica y la falta de Estado, que será la más común en el siglo XXI. Zonas en las que, ante la carencia de árbitro, de justicia, manda el más fuerte.

En este blog la hemos retratado exhaustivamente en las favelas de Río de Janeiro y en la barriadas marginales de Buenos Aires. Inclusive el último trabajo que hemos hecho en Argentina, sobre las barras bravas del fútbol, también muestra un tipo de violencia que prolifera gracias a la mala gestión de la seguridad por parte de las autoridades y a un poder político que en buena medida actúa en connivencia con estos grupos de ultras.

En este sentido, hace tiempo que considero a Caracas un destino prioritario. Certeza que se ha vuelto más acusada tras mantener una conversación con David Beriain, que conoce en profundidad la realidad de esta ciudad.

Los malandros de Petare

Unas 14.000 personas murieron asesinadas en Venezuela el pasado año. Dos por hora. 48 asesinatos cada 100 mil habitantes. El doble que en el resto de América Latina. Y si hablamos de Caracas, la cifra asciende a 140 muertos por violencia cada 100 mil habitantes. Un goteo de vidas perdidas que hace de Caracas la urbe más violenta del mundo junto a Ciudad Juárez.

Nuestro paso por la capital venezonala sin dudas se centrará en la realidad de barriadas marginales como Petare, que tiene más de dos millones de habitantes. Seguir la labor de la policía. Conocer de cerca la realidad de los “malandros”, nombre con el que se conoce a los grupos de delincuentes en este país en el que se estima que hay 15 millones de armas ilegales y en el que el 90% de los homicidios quedan sin resolver.

Adentrarse en alguno de los hospitales a los que llegan los heridos y muertos, en especial los fines de semana, que es cuando las muertes superan el medio centenar. Igual que hicimos en 2007 en Río de Janeiro, nos acercaremos a las personas que sufren las consecuencias de esta violencia. Como casi siempre, los más pobres.

Asimismo será un destino interesante por el hecho de que una cantidad significativa de países de la región han emprendido un notable proceso de avance económico, con millones de personas que salen de la pobreza, con crecimientos del PIB superiores al 5%. Venezuela, víctima hoy del populismo y el culto a la personalidad, y en el pasado del egoísmo congénito de sus elites, parece estar quedándose atrás.

La guerra por un lugar llamado Jubalandia

16 noviembre 2011

En anteriores entradas hemos repasado los detonantes que llevaron a Kenia a invadir a Somalia: el secuestro de las cooperantes españolas de MSF en el campo de Dadaab y de varios turistas europeos en la isla de Lamu.

Sin embargo, resultaría inocente pensar que esta operación militar, llamada Linda Nchi – que en kisuajili quiere decir “Proteger la nación” -, surge de una decisión precipitada. Sabemos gracias a diversas fuentes que el gobierno de Nairobi comenzó en 2010 a preparar la incursión armada que finalmente lanzó el pasado mes de octubre.

Soldados de AMISOM en primera línea de combate contra los islamistas de Al Shabab. Mogadiscio, Somalia. Sept 2011 (HERNÁN ZIN).

Según Wikileaks, en enero de 2010 Kenia pidió apoyo directo a EEUU para la invasión. La idea era conquistar la región conocida como Jubalandia, bastión de Al Shabab. Una vez neutralizados los islamistas, poner allí un gobierno afín.

Entre los planes, que Washington no quiso respaldar directamente, se pretendía que el ataque militar lo llevasen a cabo unos dos mil somalíes reclutados de los campos de refugiados en territorio keniano.

Zona de seguridad

Jubalandia es una región autónoma del sur de Somalia también conocida como Azania, que está compuesta por los distritos de Gedo, Baja Juba y Media Juba. Al este limita con el océano Índico y al oeste con Kenia. Su nombre deriva de que es recorrida por el río Jubba. En 1924 fue cedida por los británicos a los italianos, que llamaron Oltre Giuba. A partir de 1960 pasó a ser parte integral de la Somalia independiente.

En 2006, los islamistas de la Unión de las Cortes Islámicas empezaron a controlarla. Tras la retirada de las tropas etíopes, fueron los radicales de Al Shabab quienes se hicieron con el poder en Jubalandia.

Hoy sabemos que Kenia realizó la operación militar con sus propios soldados, más de dos mil, y que cuenta con el respaldo de EEUU y en menor medida de Francia. En teoría, el momento para ejecutar el plan no podría ser mejor: como vimos en nuestro reciente paso por Mogadiscio, Al Shabab tuvo que abandonar la capital superada por las tropas de la AMISOM y de Ahlu Sunna, y el sur del país sufre una terrible hambruna, que sin dudas ha debilitado las posiciones de los islamistas además de restarles apoyo popular.

El futuro

Las noticias sobre el avance de las tropas kenianas en Somalia son escasas. Parecen aún encontrarse lejos de su principal objetivo, que han bombardeado a lo largo de los últimos días: el puerto de Kismayo, epicentro de Al Shabab, que se estima que deja más de 50 millones de dólares al año en beneficios a los islamistas.

Tampoco se sabe qué sucederá si Kenia logra el objetivo de controlar Jubalandia. Lo más lógico sería que sus hombres pasasen a formar parte de AMISOM, la fuerza de la Unión Africana integrada por soldados de Burundi, Uganda, Yibuti y, próximamente, Sierra Leona, que se encuentra en Mogadiscio.

En el ámbito de las especulaciones cae también la incógnita sobre quién controlará esta región autónoma, quién será el futuro “presidente de Azania”. Algunos señalan al profesor Mohammed Abdi Gandi, que vive en Kenia y se formó en Francia. Otros a Ahmed Madobe, señor de la guerra del que ya hablamos en estas páginas.

Pero el principal interrogante es saber si la jugada le saldrá bien a Kenia. Un país que vive del turismo, que tiene una vasta población somalí en su territorio y que, como vimos hace unas semanas, desde su independencia había sabido mantenerse al margen de las trifulcas regionales.

Saber si Jubalandia puede ser su barrera para mantener alejados al islamismo radical y la guerra de su territorio. O, justamente, todo lo contrario: que Jubalandia termine siendo el puente que legitime y aliente el arribo del caos a Kenia.

Utopía, memoria y muerte en el maratón de la vida

10 noviembre 2011

Hace poco más de un año, el fotoperiodista Joao Silva – del que ya habíamos hablado en estas páginas debido a su pertenencia al mítico Bang Bang Club y a su presencia continua, a lo largo de casi dos décadas, en zonas de conflicto – perdía las piernas al pisar una mina en Afganistán.

Un equipo de periodistas la red de televisión Bandeirantes lamenta la muerte del camarógrafo Gelson Domingos durante operativo policial en Rio de Janeiro. (Fernando Quevedo / EFE)

El pasado fin de semana, Joao Silva participó en el maratón de Nueva York. Subido a una bicicleta de manos, tardó dos horas y 38 minutos en hacer el recorrido. Terminó en el puesto número 52 de la competición. Como comentábamos hace tiempo, el desafío ya no sólo físico sino también intelectual del repentino cambio de roles, del salto al otro lado de la barrera: de narrador a narrado, de observador a víctima.

“Un año atrás alguien me hubiese dicho que iba a participar en una maratón, le habría respondido que estaba loco”, explica Silva, que tiene 45 años. Su objetivo es avanzar en la rehabilitación hasta el punto de poder volver a ejercer el periodismo.

Algo que, quizás tras el accidente parecía imposible, pero hoy, a la vista de la maratón, tiene visos de ser una realidad próxima, situada a la vuelta de la esquina. De hecho, las fotos que publica The New York Times fueron sacadas por el propio Silva.

De la Operación Cóndor a las favelas

Otro gran fotógrafo, también llamado Joao, Joao Pina, acaba de poner en marcha la segunda parte de un proyecto sumamente interesante, del que me habló la última vez que coincidí con él en Buenos Aires: La sombra del Cóndor. Iniciativa que comenzó en 2005 y con la que pretende recuperar la memoria de las más de 60 mil víctimas de las dictaduras de América Latina en los años setenta, los años de Henry Kissinger y el Plan Cóndor.

Para esta segunda etapa de La sombra del Cóndor, que lo llevará a Chile, Argentina y Paraguay, y que concluirá en 2012, Joao está buscando financiación. Podéis echarle una mano aquí, en su página de Emphasis, donde viene todo perfectamente explicado.

Aunque se encuentra a poco más de la salida del maratón de la vida, Joao, que tiene 30 años, cuenta con un currículum extraordinario: ha trabajado ya con The New York Times, The New Yorker, Time Magazine, Newsweek, El Pais, Stern, Expreso. Nos conocimos en la favela más violenta de Río de Janeiro, el Complexo do Alemao, durante una intervención de la BOPE para tratar de capturar a Tota, el antiguo líder del Comando Vermelho.

En los vídeos de aquellos enfrentamientos que hice para este blog en 2007, y que han superado las 400 mil visitas en You Tube, tuve la suerte de poder moverme por la favela junto Joao (que luego haría un magnífico reportaje para The New Yorker firmado por John Lee Anderson).

De las favelas a una nueva televisión

Los recuerdos de aquellas semanas de incursión en las favelas de Río de Janeiro me volvieron a visitar el pasado lunes, cuando leí la noticia de la muerte de Gelson Domingos. Reportero de la cadena Bandeirante, Gelson Domingos cubría una operación policial en la favela de Antares cuando el disparo de uno de los narcos le atravesó el chaleco antibalas a la altura del pecho.

Hoy se está dando el mismo fenómeno del que fuimos testigos en 2007: como se acercan el Mundial de Fútbol y las Olimpiadas, el Gobierno lleva un año actuando con contundencia para terminar con el crimen organizado de los narcos en las favelas. En aquel entonces fue la inminencia de los Juegos Panamericanos la que potenció la acción de las fuerzas de seguridad contra los tres comandos que operan en Río de Janeiro.

Si hay un corredor de fondo en esta profesión es el gran Enrique Meneses. Sesenta años de maratón, de oficio en buena parte del planeta, que no tiene intención de interrumpir a pesar de la quimioterapia o de los 82 años recién cumplidos, y que ahora dan vida a un nuevo proyecto: Utopía TV, del que os hablaré mañana, que es cuando será una realidad.

Turistas, cooperantes y secuestros tras la incursión del ejército de Kenia en Somalia

07 noviembre 2011

Según veíamos en la entrada anterior, desde que se independizara de Gran Bretaña en 1963, Kenia supo mantenerse al margen de los sucesivos conflictos armados que asolaron a sus vecinos en África Oriental.

Soldado ugandés en Mogadiscio. Sept 2011. HERNÁN ZIN

Característica esta que quizás responda a lo difícil, traumático y sangriento que resultó alcanzar justamente aquella independencia, pues a la insurrección protagonizada por los mau mau – la milicia kikuyu liderada por Dedan Kimathi, que moriría ejecutado en 1957 – los colonizadores respondieron con una brutal represión. Más de cien mil kenianos terminaron en campos de concentración, como bien describe Caroline Elkins en The Untold Story of Britain’s Gulag in Kenya, libro por el que ganaría el Pulitzer en 2006.

Sin embargo, la distancia que desde 1963 Kenia mantenía de las trifulcas regionales se rompió hace apenas unas semanas, cuando el Ejecutivo de Mwai Kibaki y Rial Odinga decidió que pondría en marcha el plan que llevaba tiempo gestando: invadir Somalia para perseguir y acorralar a Al Shabab, la milicia islamista vinculada a Al Qaeda y que domina buena parte del centro y sur del país

Los antecedentes

¿Qué fue lo que provocó esta intervención que termina con décadas de aislamiento bélico de Kenia? ¿Qué llevó a los gobernantes kenianos a enviar a 1.600 soldados a combatir al país más peligroso del planeta, ausente de Estado y sumido en una guerra fratricida desde hace veinte años?

En primer lugar, la sucesión de secuestros que grupos armados somalíes han venido realizando en territorio keniano en los últimos meses:

. En septiembre, una pareja de turistas británicos de mediana edad fue secuestrada de un resort vacacional del norte de Lamu. A David Tebbut, el marido, lo mataron de un disparo. Judith, su mujer, pasó de mano en mano, como es habitual en estos casos. Se cree que está en poder de piratas en Puntland.

. El 1 de octubre, hombres armados privaron de libertad a Marie Dedieu, una ciudadana francesa que vivía en Lamu. Según las autoridades francesas, Marie Dedie, que sufría una discapacidad motriz, murió en cautiverio.

. El 13 de octubre, dos cooperantes españolas fueron secuestradas del campo de refugiados de Dadaab.

Fue a raíz de esta última acción contra Médicos Sin Fronteras (organización que ya perdió a varios trabajadores en la propia Somalia), que el Gobierno keniano decidió mandar al ejército a la frontera, al tiempo en que lanzaba ataques aéreos contra las posiciones de los islamistas en el sur de Somalia.

Las razones

En este blog seguimos desde la misma Kenia las matanzas tribales que conmocionaron al país tras las elecciones presidenciales de 2007. Como ya escribí en estas páginas, el vuelo que nos llevó de Londres a Nairobi estaba vacío, pues pocos extranjeros se animaban a viajar ante las brutales imágenes que repetían las televisiones de todo el mundo.

Tras aquellos lóbregos dos meses, Kenia tuvo que hacer un gran esfuerzo para recuperar el turismo, que es su principal fuente de divisas extranjeras. Recién en 2010 superó nuevamente la cifra de un millón de visitantes anuales, que era la constante antes de 2007.

Los secuestros por parte de comandos somalíes de europeos en zonas turísticas en los últimos dos meses amenazaban directamente estos logros, proyectando a los potenciales turistas una imagen negativa del país.

Otra razón de peso es la sobrepoblación de los campos de refugiados de Dadaab. Más de 450 mil personas se hacinan en la frontera. ¿Cuánta gente más pueden absorber como consecuencia de la hambruna sin que esto afecte su equilibrio interno?

(En la próxima entrada las consecuencias y los potenciales escenarios que pueden salir de este inesperado movimiento en el tablero del Cuerno de África).

Sorpresa y preocupación ante la incursión armada de Kenia en Somalia

03 noviembre 2011

Desde su independencia de Gran Bretaña en 1963, Kenia supo mantenerse al margen de los conflictos que asolaron a sus vecinos en el este de África.

Tanque de la Unión Africana destruido en emboscada por islamistas de Al Shabab en Mogadiscio, Somalia. Sep 2011. (HERNÁN ZIN)

Etiopía sufrió la invasión de Somalia en 1977. El dictador Siad Barre mandó a sus tropas al territorio de Ogaden, pues lo consideraba parte integral de la Gran Somalia. Comenzaba así una guerra que terminaría en 1978 con la retirada de los somalíes.

En 1982, Etiopía devolvería el favor e invadiría Somalia. Incursión militar que la administración de Addis Abeba repitió en diciembre de 2006 alentada por los EEUU. Sus efectivos saldrían del país en febrero de 2009.

Al mismo tiempo que intercambiaba gracias con Somalia, Etiopía padecía los intentos secesionistas de los eritreos.

Treinta años de conflictos internos que culminaron con la independencia de Eritrea en 1993, que es hoy el Estado más hermético y totalitario del continente. Entre 1998 y 2000, ambos países se enfrentaron como consecuencia de disputas por la demarcación de las fronteras. Murieron 70 mil personas.

La gran guerra africana

Otro de los países colindantes con Kenia, Uganda, le declaró la guerra a Tanzania en 1978. El brutal Idi Amin no dudó en invadir a su vecino en la persecución de sus opositores políticos.

La ciudad de Mwanza, en la que estuvimos en este blog en el mes de mayo, fue testigo de aquella invasión que provocó la respuesta del presidente Julius Nyerere: una fuerza de más de 40 mil hombres que terminarían por derrotar a Idi Amín (que contaba con tropas y tanques que le había enviado Muamar Gadafi). El conflicto llegaría a su fin en 1979.

Uganda padecería a continuación, entre 1981 y 1986, la insurrección que echaría a Milton Obote y colocaría a Yoweri Museveni en el poder. Y luego el flagelo fratricida de Joseph Kony y el LRA, que duraría más de 20 años, provocaría 120 mil muertos y dos millones de desplazados internos.

Entre 1998 y 2003, Uganda sería uno de los tantos estados que participaría de la que fuera conocida como la Gran Guerra Africana: el segundo enfrentamiento armado en la República Democrática del Congo tras la salida de Mobutu Sese Seko del poder. Cinco millones de personas perderían la vida. Al igual que Ruanda, Kampala se beneficiaría enormemente del expolio de los recursos minerales congoleños.

Desde que comenzara a funcionar en 2007 la Misión de la Unión Africana para Somalia (AMISOM), Uganda ha sido su principal proovedor de soldados. La respuesta de los islamistas de Al Shabab llegó en 2010 con un atentado en Kampala durante el Mundial de Fútbol que dejó más de 70 muertos.

El sur de Sudán, animista y cristiano, se embarcó en dos largas confrontaciones con el norte árabe y musulmán en busca de la escisión política que recién consiguió en enero de este año. En 2003, Jartum tuvo que hacer frente a otra rebelión, la que se inició en Darfur, con millones de refugiados y muertos como saldo. Y ahora, la tensión está en la zona de Kordofan del Sur, donde los combates apenas encuentran eco en la prensa internacional.

Dejar de ser la excepción

Inclusive durante la guerra fría, Kenia logró mantenerse al margen de la esfera de los dos grandes bloques, evitando así el arribo masivo de armas como sucedió con muchos de sus vecinos en el cuerno de África.

Fue por este motivo que las luchas tribales de 2008, que cubrimos en este blog desde la misma Kenia, tuvieron un efecto limitado, pues la violencia se ejercía a punta de machete y con arco y flecha en lugar de con AK 47 y ametralladora de 30 mm.

Sin embargo, esta capacidad para eludir la guerra que no han tenido sus vecinos de la East African Community y del Cuerno de África, parece haber llegado a su fin en los últimos días con la incursión armada del ejército keniano en territorio somalí.

El detonante aparente fue el secuestro de las cooperantes españolas de MSF en Dadaab, pero las causas y razones son mucho más profundas y se vienen gestando desde hace meses.

Las explicaremos en la próxima entrada de este blog al tiempo en que intentaremos responder a las preguntas que no pocos se hacen ahora: ¿qué consecuencias tendrá para la propia Kenia y para la región esta intervención directa de Nairobi en Somalia? ¿Tiene el país los recursos y la voluntad política para hacer frente a estas consecuencias?