Hay lugares sobres los que uno ha leído y fantaseado en tantas ocasiones que llegan a alcanzar una dimensión casi mítica en la propia imaginación. Toman vida. Se transforman, modelan y remodelan mientras más se piensa en ellos. El momento de la verdad arriba cuando finalmente se pone los pies en alguno de estos lugares y se comprueba entonces cuán alejado está lo imaginado de lo real.

Calle principal del mercado de Bakara, Mogadiscio. Septiembre 2011 (Hernán Zin)
Llevo años vislumbrando el instante en el que tendría la posibilidad de caminar por Bakara, el mayor mercado de Mogascidio. Creado en 1973 por el gobierno de Siad Barre, saltó a la fama en los años 90 por la impunidad con la se vendían lanzagranadas, morteros de 80mm o 120mm y ametralladoras .30 en sus tiendas. El supermercado que abastecía a las milicias de los señores de la guerra en su lucha fratricida. Y que, por supuesto, probaban allí mismo, disparando al aire.
Otra de las peculiaridades de Bakara era que en cuestión de horas conseguía al visitante pasaporte falso somalí, keniano o etíope, además de certificado de nacimiento o diploma universitario. Negocio conocido popularmente como cabdalle shideeye por el nombre de la primera tienda que se dedicó a brindar estos servicios.
También fue el escenario en el que desplomaron los famosos Black Hawk en 1993. Enfrentamiento que terminaría con la vida de 18 militares de EEUU – el sargento Cleveland sería arrastrado por una furiosa turba por las calles de Bakara, como dejó constancia el fotógrafo Paul Watson – y más de mil somalíes.
Desde la retirada de las tropas etíopes en 2009, este mercado pasó a convertirse en el bastión de Al Shabab. Territorio vedado para las tropas del Gobierno de Transición, las fuerzas de la Unión Africana y, por supuesto, los periodistas occidentales.
Tras estos años de aislamiento, en los que soportó reiterados ataques de artillería y pugnas casa por casa, calle a calle, el pasado 6 de agosto Bakara volvió a estar en contacto con el mundo tras el abandono de los islamistas del centro de la ciudad.
Destruído y urbanizado
La primera impresión que tengo al recorrer sus arterias es de sorpresa con respecto a la fisonomía del lugar. No se trata del típico mercado árabe de callejuelas enrevesadas, como el que muestra la película Black Hawk Down, que se rodó en Marruecos, sino que está compuesto por manzanas perfectamente delineadas por amplias calles y bulevares. Más urbanismo europeo del siglo XX que zoco.

Atardecer en el mercado de Bakara, Mogadiscio. Septiembre 2011. (HERNÁN ZIN)
La segunda impresión – cuando digo “impresión” lo hago literalmente pues la falta de seguridad nos obliga a recorrer el mercado protegidos por personal armado y a no poder permanecer más de unos minutos en cada sitio en el que paramos – es de desolación ante la destrucción que ha sufrido Bakara.
Toda la ciudad está en ruinas, pero lo de Bakara es peor aún. Me recuerda a escenarios que hemos conocido de primera mano en este blog: Bint Jbeil tras la guerra entre Hezbolá e Israel en 2006 (ver vídeo), o Rafah, la castigada frontera de Gaza con Egipto, aquel mismo año en el que el gobierno de Ehud Olmert se dedicó a repartir bombas por doquier.
Bakara se encuentra en una zona elevada desde la que se contempla Villa Somalia, sede del gobierno, y buena parte del centro de la ciudad, lo que le concede su importancia estratégica, además de que permite recolectar impuestos al grupo armado que lo controla. También las rutas de acceso, con el fin de recaudar dinero y controlar el flujo de mercadería, han tenido numerosos puestos de control y dueños.
Mohamed Qanyare Afrah fue uno de los señores de la guerra que durante años mantuvo bajo su poder el acceso a Bakara. Cuando logró dominar el país en 2006, la Unión de Cortes Islámicas prohibió la venta de armas en el mercado.
Bajo el fuego de mortero
Como centro de poder económico, Bakara ha padecido innumerables ataques, altercados e incendios provocados y accidentales. Sin embargo, resulta innegable que nunca fue víctima de un acoso tan asfixiante como el que sufrió por parte de las tropas de la Unión Africana en los últimos meses (según cuentan compañeros periodistas, el mercado era un objetivo fijo de los morteros de la fuerza africana). El 12 de mayo, AMISOM lanzó una ofensiva junto a las tropas del Gobierno de Transición. Dos días más tarde, 14 civiles morían por fuego de mortero.
Las consecuencias de esta brutal ofensiva, que terminó por echar a los islamistas del mercado, están presente en cada pared, en cada puerta y cada ventana. Parece no haber fragmento de construcción que no tenga heridas de guerra. En una siguiente visita a Bakara junto a Abdulkadir Moallin Noor, líder de la milica sufí de Ahlu Sunna Waljama’a (ASWJ), sobre la que ya hablamos en este blog, conoceremos el interior de los combates.
Ahora, una tercera impresión. Quizás la más perturbadora de todas: las tiendas de Bakara se encuentran cerradas y apenas hay gente en la calle. No hay latido ni movimiento en el que fue desde su creación el corazón comercial de Mogadiscio.
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