Archivo de septiembre, 2011

En un hospital de Mogadiscio

22 septiembre 2011

En la sala de pediatría del hospital Benadir de Mogadiscio apenas se escuchan llantos. Tan devastador es el efecto del hambre en los niños que dan la impresión de poner todas sus energías en el más elemental y necesario de nuestros actos: respirar.

Sala de pediatría del hospital Benadir de Mogadiscio, Somalia. Septiembre 2011 (Hernán Zin)

Un niño se cae de la cama. Su padre lo abraza y lo levanta. La cabeza del pequeño cuelga como un peso muerto, como una marioneta a la que le han cortado los hilos.

Moscas. Ojos entrecerrados, con las pupilas en blanco. Bocas abiertas. Bolsas de suero de las que salen tubos que terminan en los brazos de los niños. Colchones de cuero agrietado. Más moscas.

Uno de los médicos del hospital, Abdul Hassan, nos dice que en aquella sala mueren cada día dos niños como consecuencia de la malnutrición. De barba larga y pelo cortado al raz, es un voluntario que ha llegado desde Jartum, Sudán. Utiliza un traductor, un joven estudiante de medicina somalí, para comunicarse con la gente.

Sala de pediatría del hospital Benadir de Mogadiscio, Somalia. Septiembre 2011 (Hernán Zin)

La mayor parte de los cooperantes que hemos encontrado estos días, y que venían en el avión desde Nairobi, son de países musulmanes. Los turcos dirigen el campo de desplazados próximo al aeropuerto. Azerbaiyán firma la ayuda que se entrega a las tiendas en Sayidka. Los egipcios reparten comida en los suburbios de la ciudad. Antes sólo veías a occidentales al frente de estas labores.

Tiene que ver con la seguridad, con el caos que impera en esta ciudad, pero quizás se trate de otro signo del cambio que está experimentando nuestro mundo, de esta nueva etapa multipolar, donde los países del sur ya están teniendo mucho que decir y que hacer en los asuntos globales, con Turquía como referente y modelo a seguir de los países árabes.

De España, como siempre destaca el trabajo de Médicos Sin Fronteras (MSF), que lleva años desarrollando una extraordinaria labor en Somalia, y que cuenta con su propio hospital en Mogadiscio.

Sala de pediatría del hospital Benadir de Mogadiscio, Somalia. Septiembre 2011 (Hernán Zin)

Los familiares que acompañan a los niños en la sala de pediatría del hospital también parecen absortos, extenuados. Nos cuentan que han tardado días para llegar desde las zonas controladas por Al Shabab hasta la capital en busca de ayuda.

Y sabemos bien, por lo que hemos visto en estas jornadas de rodaje en Mogadiscio, que inclusive el tránsito por la propia ciudad les debe haber sido muy complicado. Puestos de control, escaramuzas, hordas de militares y paramilitares armados que avanzan a toda velocidad en sus camionetas, ataques espóradicos con granadas, bombas caseras. No es un lugar fácil para recorrer por unos campesinos que lo han perdido todo como consecuencia de la sequía y que llevan a su hijo enfermo, moribundo, a cuestas.

Una ocasión no vana para recordar la obra del premio nobel Amartya Sen, que en sus estudios de las principales hambrunas del siglo XX demostró que en todas ellas había suficientes alimentos. El problema era el acceso de la gente a estos recursos, bloqueado como consecuencia de las luchas de poder. Los niños, los ancianos, los pobres, los marginados, los vulnerables, como víctimas al igual que hoy en el hospital Benadir.

De lo imaginario a lo real en Mogadiscio

21 septiembre 2011

Otra vez Nairobi como antesala, como preámbulo, del próximo destino. Esta ciudad que a lo largo de los cinco años de vida del blog en tantas ocasiones nos ha visto pasar rumbo a Uganda, Congo, Ruanda, Somalia o Sudán.

Familia de desplazados por el hambre y la guerra en el centro de Mogadiscio (HERNÁN ZIN)

Esta ciudad de casas de piedra, aceras de tierra roja y parques con acacias cuyas ramas miran al cielo como manos abiertas, a la que sólo empaña ese tráfico de vehículos que insiste en coagularse y demorarte hasta el hartazgo en las horas punta.

Esta urbe en la que también un día nos detuvimos: cuando los lúos y los kikuyus y los kanlenjin se enfrentaron a machetazos tras las elecciones presidenciales de 2007, y la avenida Kenyatta, que ahora observo desde mi habitación, estaba desierta como consecuencia del miedo y el desconcierto ante la violencia. Con una historia, la de Sharon Kayalo, como hilo conductor.

Sin diferencias

Unas pocas horas nos separan del vuelo que en la próxima madrugada nos llevará de regreso a Mogadiscio. Almuerzo al mediodía con corresponsales españoles en un Java House de Westland. Tarde de compra de libros, mapas, enchufes y alargadores en el Ya Ya Centre. Y ahora, de regreso en la habitación del hotel, unos minutos de tranquilidad antes de salir a cenar.

Ese momento en el que, con el chaleco antibalas en una esquina y los bolsos con las cámaras en otra, te imaginas en situaciones futuras decididamente lóbregas, y te haces preguntas sobre por qué y para qué has decidido emprender el viaje. Un momento fútil, incómodo, demasiado centrado en uno mismo como todo comienzo de travesía, que intentas evitar pues en el fondo sabes que una vez que llegas a destino todo fluye y no hay tiempo para dudas, miedos o cavilaciones.

Pero hay otra cuestión más importante aún – y estas palabras las escribo ya desde Mogadiscio, veinticuatro horas después, con el viaje en marcha y tras haber pasado la tarde en el campo de desplazados de Sayidka, donde los niños se peleaban y empujaban por rascar el fondo renegrido de una olla que minutos antes estaba rebosante de arroz -, ¿por qué ellos no y tú sí? ¿Qué diferencia hay?

Camino a Somalia: agentes de la CIA, mercenarios y señores de la guerra

17 septiembre 2011

Días previos a la partida hacia Mogadiscio. Somalia, como concepto, como geografía distante, va ganando horas en mi vida.

Milicianos Al Shabab (EFE)

Avanza lenta pero inexorablemente pletórica de nombres propios, datos estadísticos, recuerdos y vislumbres de escenarios futuros, hasta que el martes próximo pase de ser una idea cada vez más obsesiva y persistente a convertirse en la realidad que me rodea.

Días previos a la partida hacia Mogadiscio. Tiempo de maletas, pruebas de equipos, lecturas de informes de seguridad, artículos de prensa, y de encuentros con personas que conocen bien el país.

Golpear y correr

Los informes de seguridad muestran un escenario caótico pues tras retirarse de Mogadiscio, Al Shabab ha optado por una estrategia de hit and run (golpear y correr).

Colocación de bombas caseras en la línea que dividía los frentes antes del 5 de agosto; enfrentamientos armados con las tropas del Gobierno de Transición Federal en los suburbios de la capital; lanzamientos de granadas, sobre todo en las proximidades del famoso Kilómetro Cuatro.

Todo indica que es la clásica situación de post conflicto en la que la violencia se manifiesta más errática y esporádica que cuando las fuerzas de Al Shabab dominaban el norte de la ciudad, y las tropas del TFG y de la Unión Africana, los barrios del sur.

Señores de la guerra

Otro factor que hace aún más compleja e inestable la situación es el que mencionamos hace unos días en estas páginas: los señores de la guerra. El ascenso de la Unión de Cortes Islámicas primero, y luego de Al Shabab, fue proporcional a la retirada de los señores de la guerra. Responsables primeros, no lo olvidemos, del conflicto en Somalia.

Ahora que los islamistas radicales han abandonado la capital, las milicias irregulares de los líderes de clanes y sublances están ganando terreno. Arman puestos de control para cobrar impuestos en las calles, patrullan las zonas que dominan, estando siempre latente el choque con otros grupos o con las tropas del Gobierno y de la Unión Africana.

Mercenarios

El tercer ingrediente de este coctel que sacude Mogadiscio de forma más sutil que antes del 5 de agosto pero quizás con mayor peligro para los habitantes de la ciudad – pues al haberse borrado el frente de batalla, la violencia puede desatarse en cualquier momento o lugar –, lo constituyen las empresas militares privadas.

No son pocos los artículos de prensa que cuentan cómo están desembarcando en Mogadiscio legiones de “expertos” de empresas como Bancroft, Dyn Corp o Saracen. Como sucediera en Irak, Afganistán y Sudán, parece que ha llegado la temporada de repartir millonarios contratos de seguridad dadas las carencias del Gobierno de Sharif Ahmed.

En el New York Times, Jeffrey Gettleman traza un perfil de la labor en Mogadiscio de Richard Rouget, histórico mercenario en África y empleado hoy de Bancroft. Jeremy Scahill, en The Nation, habla de Southern Ace, una empresa de Hong Kong que podría haber violado el embargo de armas.

En la página dirigida por Robert Young Pelton, llamada Somalia Report, este excéntrico periodista da una lista de nombres de empresas y describe sus funciones.

Por último, y como la guinda del pastel, no debemos olvidar la presencia de la CIA, que en los últimos años ha financiado a los Señores de la guerra para que colaboraran en la lucha contra Al Shabab. Jeremy Scahill publicó recientemente que la organización estadounidense cuenta con una cárcel secreta en el aeropuerto Abu Adden.

55 mil millones

Otro tema que merece ser contando es lo complicada que resulta la gestión de la ayuda humanitaria, tan necesaria para las millones de personas que están sufriendo el hambre en Somalia. Las denuncias de corrupción, de que parte de los alimentos se quedan en las manos equivocadas, están a la orden del día.

Por otra parte, acaba de salir un informe que sostiene que desde 1991 se han invertido en Somalia nada más que 55 mil millones de dólares. No es por querer mostrarme sagaz, pero parece que algo no funciona.

Como escribía al principio, Somalia crece, gana terreno minuto a minuto mientras se acerca la hora de partir. Más allá de las propias obsesiones previas al viaje, queda claro que tiene mucho que decir.

Estreno de “Blancos de la ira”

12 septiembre 2011

Hoy se estrena en Madrid “Blancos de las ira”, reportaje en el que trabajé a las órdenes de Jon Sistiaga para Canal Plus. La cita es a las 18 horas, en la nueva FNAC de Paseo de las Castellana.

Familia de albinos en la miseria de un suburbio de Dar Es Salaam. (HERNÁN ZIN)

Rodado en mayo en Tanzania, “Blancos de la ira” describe la persecución que los albinos sufren en este país del este de África. Una persecución que, como vimos en estas páginas el año pasado en Kenia y este en la propia Dar Es Salaam, ha provocado más de sesenta muertes y decenas de mutilaciones.

De las historias que conforman el reportaje, la que más me impactó en su momento fue la de Mabula Fimbo, un anciano que se ha visto a enterrar los restos de su nieta, Mariam, debajo de su cama para que los saqueadores de tumbas de albinos no los roben.

El objetivo de estos asesinatos, mutilaciones y profanaciones no es otro que elaborar amuletos con los miembros de quienes sufren la ausencia de melanina. Una práctica que comenzó a extenderse hace apenas tres años en Tanzania y que también ha tenido ecos en Burundi, Malawi y Kenia.

En el plano formal, señalar que “Blancos de la ira” se acerca más al documental que al reportaje, tanto por el excelente trabajo de postproducción, como por el uso durante el rodaje de cámaras de alta definición y en especial de la Canon 5D Mark II.

Con esta última cámara, sobre cuyas extraordinarias prestaciones hablamos tantas veces en Viaje a la guerra, he empleado una lente 16-35mm para retratar a cada uno de los protagonistas del reportaje.

El estreno en Canal Plus será el próximo día 14 de septiembre. También estará disponible en la página web de la cadena.

Entender Somalia: el ascenso de las milicias sufíes de Ahlu Sunna Waljama’a

11 septiembre 2011

La retirada de Al Shabab de los barrios del norte de Mogadiscio – que, sin embargo, continúa realizando ataques puntuales en la capital, con un saldo de 45 muertos el pasado mes y una docena de decapitaciones -, parece haber situado a Somalia nuevamente frente al más complejo y antiguo de sus problemas: los señores de la guerra.

Puesto militar en las calles de Mogadiscio. Noviembre 2010. (HERNÁN ZIN)

Hasta el repliegue de los integristas vinculados a Al Qaeda, los señores de la guerra habían aparcado sus diferencias y ambiciones de poder para enfrentarse a un enemigo común, o había sido expulsados de sus territorios. Ahora que “Los jóvenes” han regresado a sus feudos en el sur, Somalia vuelve al caos en el que se encontraba en 2006, antes de que la Unión de Cortes Islámicas tomase el país.

Recordemos que si aquel heterogéneo conjunto de 13 tribunales islámicos logró hacerse con el control durante seis meses fue porque la población estaba harta de las luchas y abusos de los señores de la guerra con sus lealtades a clanes y subclanes. Algo parecido a los que sucedió entre 1994 y 1996 con los talibanes en Afganistán.

Hoy Somalia vuelve a 2006. Y la debilidad del Gobierno de Sharif Ahmed, que a diferencia del de hace cinco años al menos está presente en la capital, permite vislumbrar que los señores de la guerra serán nuevamente un desafío más allá de las alianzas que algunos de estos personajes han establecido con EEUU y Etiopía en los últimos años.

O, lo que es peor aún, Somalia podría regresar a la situación de 1991 cuando tras la caída del dictador Siad Barre dos señores de la guerra emprendieron una brutal pugna por hacerse con la presidencia del país: Mohamed Farah Aidid y Ali Mahdi. El origen de estos 20 años de guerra civil y Estado fallido.

Por esta razón, para comprender el futuro próximo inmediato de Somalia resulta fundamental conocer la composición, origen y ambiciones de estos grupos armados sobre los que volveremos en próximas entradas de Viaje a la guerra.

Luchar contra los integristas

Ahlu Sunna Waljama’a (ASWJ) es una de las organizaciones que con mayor vigor ha luchado contra Al Shabab. Va más allá de la adscripción a un determinado señor de la guerra o clan, pero su capacidad militar la hace un actor clave en los equilibrios de poder del Gobierno de Sharif Ahmed.

Los miembros de ASWJ son musulmanes sufíes. Hasta el 2008 habían permanecido al margen de la lucha armada. Fueron los ataques de Al Shabab contra sus líderes y símbolos religiosos los que los llevaron a convertirse en una organización paramilitar. Para los miembros de Al Shabab, adscritos al wahabismo, los sufíes son apostatas pues veneran a sus ancestros. De allí las acciones también contra las tumbas que los sufíes convierten en lugares de culto.

De hecho, el origen del grupo en 1991 fue exactamente el mismo. Nació del deseo de defender los valores sufíes frente a la organización Al-Ittihad al-Islamiyya (AIAI), la única que en aquellos tiempos de lucha entre señores de la guerra estaba vinculada con el islamismo integrista. Varios de sus jerarcas se salieron de la Asamblea Islámica de Académicos de Somalia para tratar de unir a las tres órdenes sufíes del país: Qadiriyya, Salihiyya y Ahmadiyya.

Etíopes y mercenarios

Según narra Jeremy Scahill en un reciente reportaje para The Nation, la creación por parte de ASWJ de un brazo paramilitar en 2008 para hacer frente a Al Shabab dejó en un principio “mucho que desear”. Sólo cuando comenzó a recibir ayuda por parte de Etiopía, la milicia fue tomando verdadera forma. La administración de Addis Abeba brindó financiación, armas y entrenamiento al grupo. Estrategia que no podría haber seguido sin el apoyo de los EEUU.

También la empresa militar privada Southern Ace, con base en Hong Kong y vinculada al mercenario sudafricano Edgar Van Tonder, aportó los medios y la experiencia para que ASWJ desarrollara su brazo paramilitar. Un informe de la ONU señala que Southern Ace violó de forma flagrante el embargo de armas. A tal punto que hizo que el precio de las municiones subiera en el país.

Lealtades confusas

Además de presencia en Mogadiscio, ASWJ controla las regiones de Mudug, Gedo y Galgaduud, y partes de Hiiraan, Middle Shabelle y Bakool. El 22 de febrero de 2009, el grupo creó la Administración Central de Somalia, una suerte de gobierno de facto en un territorio casi equivalente a la provincia de Galgaduud. Al frente se situó Sheikh Omar Muhammad Farah.

Sin embargo, esta acción quedó opacada cuando ASWJ firmó en marzo de 2010 un acuerdo con el presidente Sharif Ahmed para integrar el Gobierno de Transición Federal. Recibió cinco ministerios, parte del control de aparato de seguridad nacional y puestos diplomáticos.

En un informe publicado en julio, el Grupo de la ONU para la Supervisión de Somalia manifestó su desconfianza con respecto a ASWJ al señalar que “parecen representantes de potencias extranjeras más que autoridades locales emergentes”. Afirmación que pone en entredicho las lealtades de este grupo ahora que Al Shabab ha emprendido la retirada.

La misma pregunta se podría hacer sobre los señores de la guerra: ¿responden al Gobierno o a las potencias que los arman y financian? ¿Renunciarán al control de sus feudos en favor de un poder central o la guerra civil volverá con nuevos bríos?

Augustine Mahiga, representante de la ONU para Somalia señaló similares dudas en abril de 2011, agregando además que el grupo parece carecer de un liderazgo unificado, lo que dificultaría asimismo las negociaciones.

A favor de ASWJ es importante señalar que el viernes fue una de las organizaciones firmantes de la Hoja de Ruta auspiciada por la ONU para reemplazar el Gobierno de Transición Federal. Acción elogiada por Catherine Ashton.

Entender Somalia

05 septiembre 2011

Si nada se tuerce, en poco tiempo más estaremos de regreso en Somalia. Un buen momento para – además de preparar equipos, hacer maletas, sacar seguros, pedir permisos y organizar contactos -, repasar los cuadernos de notas, la bibliografía de referencia – entra la que destaca, sin dudas, el trabajo del profesor Ioan Lewis – , y reunir la información que nos permitirá tener una visión más profunda, con mayores matices y menos anclada en el presente, de la desesperada situación que se vive en Somalia como consecuencia del hambre y de la guerra.

Mujeres y niños desplazados reciben sus tarjetas de identificación en un campamento de Mogadiscio. (Ismail Taxta / REUTERS)

Empezaremos por la organización social del país: los seis grandes grupos y sus respectivos clanes y subclanes, además de colectivos históricamente marginados por sus raíces bantúes como los jareer. Recorreremos luego la historia antigua somalí, con la influencia de los sultanatos árabes y las continuas luchas contra los cristianos abisinios. Descubriremos cómo se forjaron la cosmopolita Hamar (nombre que recibe Mogadiscio en somalí) y sus pares costeras Brava, Merca y Zeila.

Además, nos adentraremos en el período colonial, en la independencia y en la guerra civil, y en las características geográficas y económicas de esta nación del Cuerno de África. En este último aspecto, en el que destaca el trabajo del profesor Peter D. Little, trataremos de entender cómo es posible que el PIB de Somalia siga creciendo, y los hombres de negocio prosperando, en medio del caos.

Sobre esta cuestión, una anécdota de nuestro último viaje: apenas bajamos del avión en Mogadiscio recibimos un mensaje de bienvenida de la compañía local de móviles. El aeropuerto estaba desierto debido a los reiterados ataques de Al Shabab, nosotros avanzábamos a paso firme con las maletas, pero los teléfonos, fundamentales para hacer negocios y para la guerra, se mostraban tan eficientes como en cualquier otro lugar del mundo.

Por estos derroteros irán las próximas entradas de este blog.

Un periodista muerto

Con respecto a las últimas noticias que llegan desde Somalia, ninguna es buena, para no romper con la tradición.

Al Yazira difundió un vídeo la semana pasada en el que se ve a decenas de milicianos de Al Shabab caminando por Mogadiscio. Algo queda claro: tarde o temprano van a volver, como ya hicieron en 2007 tras la invasión etíope respaldada por EEUU. Cuestión de tiempo. Cuando pase la hambruna, que se ha cebado especialmente con el sur, donde Al Shabab es fuerte, tratarán de retomar la capital y su antiguo feudo, el mercado de Bakara, tan importante para la recolección de dinero. Quizás lo intente antes.

En relación a la hambruna, que se perpetuará hasta 2012, la ONU acaba de incorporar una sexta región a la alerta alimentaria: Bay, que también se encuentra en el sur del país. El pasado 20 de julio, las Naciones Unidas declararon oficialmente el estado de hambruna en las regiones de Bakool y Bajo Shabele, a las que se unieron en agosto las zonas de Balcad y Cadale, en el Shabelle Medio, y el campo de desplazados internos de Afgoye, en Mogadiscio.

La tercera noticia apenas tuvo repercusión en los medios: un periodista malayo murió el viernes por la tarde como consecuencia de disparos de AMISOM, la misión militar de la Unión Africana, que está integrada principalmente por soldados de Uganda y Burundi. Sucedió en el famoso Kilómetro Cuatro, cruce de carreteras primordial en Mogadiscio, y uno de los lugares con mayor número de puestos de control. Se llamaba Noramfaizul Mohd Noor. Trabajaba para TV3 de Malasia. Tenía 39 años y dos hijos.