En estos días los medios argentinos han comenzado brindar luz sobre los aspectos más controvertidos y ocultos de la violencia que vivimos el pasado domingo en el estadio Monumental, cuando River Plate perdió la categoría tras 110 años de permanencia en primera división del fútbol argentino.
Los que estuvimos allí con nuestras cámaras en las horas previas al partido contra Belgrano de Córdoba, fuimos testigos de cómo numerosos hinchas eludían los controles de seguridad y entraban al estadio.
Era fácil reconocerlos de antemano. Grupos de jóvenes que pululaban de un lado a otro y cuando se hacía algún hueco o se generaba alguna distracción, corrían, eludían el control de seguridad y trepaban la alambrada con una agilidad extraordinaria.
Pero lo cierto es que estos acróbatas fueron apenas la punta del iceberg, la cara más visible, de los miles de personas que entraron al Monumental de Núñez sin entrada.
Hacinamiento en las gradas
El fiscal penal Gustavo Galante, que investiga lo sucedido el domingo, sostiene que “está comprobado que hubo por los menos 14 mil espectadores de más”.
De este modo, unas 54 mil personas se habrían congregado donde sólo había espacio habilitado para 40.200. Hecho este que complicó aún más la labor del operativo policial, que contaba con 2.200 agentes de policía. Inaugurado en 1938, el estadio tiene capacidad para 64 mil asistentes.
Según la normativa de la Cuidad Autónoma de Buenos Aires, quien dispone la venta de entradas en exceso o permite el ingreso de una mayor cantidad de asistentes que la autorizada a un espectáculo masivo puede ser sancionado “con multa de 5 mil a 30 mil pesos o de 10 a 30 días de arresto”. Sanción que se endurece aún más en el caso de que el exceso de público produzcan desórdenes, aglomeraciones o avalanchas.
En estos momentos se especula con que River Plate será sancionado a no poder usar su emblemático estadio durante veinte jornadas. En el torneo de Segunda División (Nacional B), apenas tiene 19 partidos de local. El estadio alternativo sería el de Vélez Sarfield.
El kiosco de los borrachos
En el diario Clarín, Adrián Michelena desvela cómo la barra brava de River – conocida como “Los borrachos del tablón” -, organizó el acceso al estadio sin entradas. No para atraer más simpatizantes ante una cita tan determinante, sino para ganar dinero.
Según el testimonio de un hincha, los barras lo convocaron a las 13 horas en el estadio. Le dieron una entrada falsa para que pasara los primeros controles policiales. Y luego, frente a los molinetes, lo hicieron pasar con una entrada magnética original. El problema era que usaban la misma entrada para hacer pasar a grupos de personas.
Una vez en la grada popular Sívori alta, un “barra” pasaba a cobrar por los servicios. Pedía 280 pesos por cabeza. El mismo precio que este humilde reportero pagó por un platea General San Martín.
Adrián Michelena sostiene en Clarín que detrás de este entramado delictivo – si multiplicamos, un gran negocio -, estaría Martín Araujo, jefe de la barra brava de River, y Alex de Budge.
El “apriete” de los borrachos
“Apretar” en Argentina es jerga de extorsión, coerción. Ayer, el diario deportivo Olé hacía público un magnífico trabajo de investigación del periodista Gustavo Grabia basado en las imágenes de las cámaras de seguridad del estadio.
En estas imágenes se ve el momento en que ocho integrantes de “Los borrachos del tablón” caminan en el entretiempo por las entrañas del estadio en dirección a donde se encontraba el árbitro del encuentro, Sergio Pezzotta. El vídeo muestra a los ya mencionados Martín Araujo y Alex de Budge.
Según reflejó el árbitro en el acta del partido, los violentos del club le dijeron que si no cobraba un penalty lo iban a matar. “Si no nos cobrás un penal, no salís vivo”, lo increparon. Reanudado el partido, Pezzotta cedió un penalty a River Plate que Pavone fallaría. Entre los ocho registrados en el vídeo están los ya mencionados
Pero la denuncia de Grabia, basadas en el vídeo, van más allá e involucran a la directiva del club. Esta habría facilitado el tránsito de los “pesados” a través de la seguridad hasta el vestuario. Además, el periodista de Olé señala que se está investigando si un alto funcionario de River pagó a parte de la barra para que amenazasen a los jugadores de Belgrano de Córdoba la noche del sábado previa al partido.








Comentarios recientes