El Gobierno argentino lanza el “Operativo Centinela” para luchar contra la inseguridad

20 diciembre 2010

A principios de año recorrí en este blog algunas de las zonas más relegadas y marginales de Buenos Aires: Ciudad Oculta, Isla Maciel, Villa Lamadrid, la Villa 1-11-14 y el Barrio Ejército de los Ándes (Fuerte Apache). El objetivo era trazar un perfil de la violencia en esta provincia que aglutina a la mita de la población del país.

Una investigación que se suma a otras tantas realizadas en las zonas marginales de Nairobi y Johannesburgo, en las favelas de Brasil, porque cada día queda más claro que el futuro de la violencia en el mundo no pasará por las guerras convencionales, sino por las desigualdades sociales y por los espacios en que los Estados no ejercen su poder.

Sabor amargo

Tres meses de trabajo en los que hice decenas de entrevistas: desde miembros de fuerzas de seguridad, políticos y sociólogos, pasando por jóvenes armados que se dedican a robar, consumidores de la droga conocida como “paco”, encargados de talleres clandestinos y mercados de artículos de dudosa procedencia, hasta asociaciones que trabajan en estas barriadas y las propias víctimas de la violencia.

Tres meses que me dejaron el sabor amargo de haber conocido las entrañas de una argentina lóbrega, a la deriva, ausente de mecanismos para prosperar, plagada de hirientes desigualdades y francamente autodestructiva. Una argentina de generaciones perdidas y sin futuro.

¿Punto de inflexión?

Este nuevo desembarco en Buenos Aires coincide con la toma de terrenos y la lucha entre vecinos en el Parque Indoamericano de Villa Soldati. El saldo, tres fallecidos. De fondo, la inquietante certidumbre de que la política en este país se sigue haciendo con muertos sobre la mesa.

Y hoy, el sorprendente anuncio del Gobierno de Cristina Fernández – cuya popularidad, según la revista Perfil, ha caído en picado a lo largo de la última semana – de que desplegará 6.000 efectivos de la Gendarmería Nacional en la provincia de Buenos Aires. Esta acción recibe el nombre de “Operativo Centinela”.

Un giro de 180 grados en la política de laxitud en la seguridad de su Gobierno – y el de su difunto marido – que explicaban como una forma de no agregar leña al fuego de las tensiones sociales, de no “criminalizar la protesta”, según solían decir, y de evitar cualquier posibilidad de exceso en la imposición del orden. En definitiva, esperar a que el bienestar llegase a los sectores más postergados y a que fuese la propia prosperidad la que acallase a los golpes, gritos y disparos.

Pero lo cierto es que Argentina no es Brasil. Mientras que en el país vecino Lula conseguía sacar a 30 millones de personas de la pobreza, el crecimiento sostenido de la nación austral a lo largo de los últimos años no ha servido para transformar de raíz el mapa de la injusticia y la exclusión, como bien comprobamos el pasado año.

Entre las razones de lo que parece ser una oportunidad perdida para un despegue que sí están experimentando otros países de la región, destacan la falta de objetivos claros a largo plazo, de inversión en el sector productivo de un superavit por balanza de pago que suma 122 mil millones de dólares desde 2002, la fuga de capitales por 12 mil millones de dólares al año, la corrupción endémica, la inflación como consecuencia del recalentamiento económico y, paradójicamente, la falta de seguridad jurídica y de los propios ciudadanos.

La senda de Lula

“Argentina no tiene rumbo, pero quizás, con un poco de suerte, se nos pegue algo de Brasil”, me decía el otro día un amigo. Tal vez tenga razón: Lula reconoce al Estado palestino, y a la semana lo hace la Argentina. Lula lanza una gran y acertada ofensiva contra el Comando Vermelho en el Complexo do Alemao – lugar en el que también pasamos varios meses en 2007 – y el gobierno de Cristina Fernández cambia de raíz su estrategia de seguridad.

Dejando a un margen toda otra consideración, como las elecciones del próximo año, parece el camino acertado, porque se creó un Ministerio de Seguridad destino a atajar el problema – liderado por Nilda Garré -, que articuló en su primera medida una relevo de la cúpula de la Policía Federal. Porque ante el descredito de la Policía Federal y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, la elección de una fuerza respetada como la Gendarmería Nacional resulta la más lógica (en febrero conocimos de cerca su labor en Fuerte Apache), como lo son las Unidades de Policía Pacificadoras (UPP) creadas en Brasil.

Pero sobre todo, porque si hay algo que aprendí en estos cinco años de Viaje a la guerra es que son los propios habitantes de los barrios de chabolas, de las zonas marginales, las primeras y principales víctimas de la violencia. Ellos sufren día a día la indefensión, en las puerta de sus propias casas, los atropellos de los delincuentes. Y, a diferencia de los ricos, no tienen protección de la policía ni dinero para seguridad privada.

Ojalá este Gobierno comprenda que la verdadera justicia social se basa en la seguridad para todos. Y que si Argentina pretende acompañar al resto de los países de la zona hacia el desarrollo y el protagonismo en este mundo en el que se están rediseñando y redistribuyendo los equilibrios de poder, debe terminar con los espacios olvidados, en los que el Estado se encuentra ausente.

No en vano, el último estudio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala que la preocupación número uno de los habitantes de la región ha dejado de ser el desempleo y lo es la inseguridad.

Fotografía: Redada de la Gendarmería Nacional en Fuerte Apache (Hernán Zin)

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Esta clase de tema suele generar acalorados debates. Mientras haya respeto, bienvenidas todas las opiniones… saludos, HZ

    http://www.facebook.com/pages/Hernan-Zin/144053645612680

    20 diciembre 2010 | 20:28

  2. Tomás

    Hernán,

    Gracias por el artículo, pero a propósito del calificativo de “acertada ofensiva contra el Comando Vermelho en el Complexo do Alemao” te cuento que fuentes policiales cercanas me han comentado sobre la no publicitada masacre que cometieron cuando entraron en el Compexo do Alemao. No se escaparon 1,200 “bandidos” por las redes de alcantarillado, simplemente a la mayoría de ellos los masacraron (y a mucha población como danho colateral).

    De momento el silencio reina en tal masacre…

    Un abrazo,

    Tomás

    20 diciembre 2010 | 20:49

  3. Viviana

    El tema está muy bien, pero es muy fácil hablar de juventud o gente sin futuro desde afuera, sería mejor que se mirara también aquí lo que sucede jovenes que ni trabajan ni estudian, que se la pasan haciendo botellones, trabajo que no se genera etc. etc. vosotros tampoco están tan lejos de lo que se dice aqui, corrupción, falta de empleo. etc.
    lo bueno que están en Europa pero son lo último de europa y así como en Arentina se sigue lo que hace en Brasil lo mismo hacen ustedes, lo cierto es que es verdad en todos lados el problema son los excluidos sociales ya sean los cuerpos que vagan sin producir nada por ahí y que esa gente no va a cambiar es la gente que no le importa a nadie, que no se tienen ni siquiera estadíasticas que los muestren porque son inmostrables, pero eso es en todos lados.

    20 diciembre 2010 | 22:35

  4. No creo que Argentina siga los pasos de Brasil, ni que tenga que rendir cuentas para estar a la altura de otros países latinoamericanos. Más allá de por qué la desición (que sabemos por qué es), no veo incomplatible combatir la inseguridad con medidas progresivas de distribución del ingreso y con mayor control policial. La cuestión es la dudosa reputación de nuestras fuerzas de seguridad. La primera opción (reducir los niveles de desigualdad) es a largo plazo, y personalmente es en la que más creo. Pero la segunda ofrece resultados en el corto y mediano plazo, y es “necesaria” en tiempos electorales en los que la clase alta, y por reflejo la clase madia (o grandes sectores dentro de ella) piden “mano dura”. Sin embargo, no deja de ser una decisión precipitada debido a la manera de hacer política, la vieja política, que este mes dio muestras de que está más viva de lo que creíamos. Nuestro drug dealer, el señor fuerte de la provincia de Buenos Aires, anuncia su candidatura a 9 años de un episodio tristisimo de nuestra historia reciente, en la que él tuvo mucho que ver, y a días de lo ocurrido en el Parque Indoamericano… Abramos los ojos de una buena vez.

    20 diciembre 2010 | 23:23

  5. Como siempre se intenta matar moscas a cañonazos. La delincuencia no es más que un problema social cuya solución es la educación, la justicia y el empleo.

    21 diciembre 2010 | 00:02

  6. Pepe22

    Mucho matón exaltado últimamente por aquí. Tómate la medicina gilipollas. PP22

    21 diciembre 2010 | 03:44

Los comentarios están cerrados.