Cuando nos preguntamos cómo ha logrado unir las tramas, a través de qué artilugios narrativos las ha hecho progresar, qué elementos ha empleado para que los personajes evolucionasen a lo largo de la ficción, es que estamos frente a un gran narrador.

Despertar emociones, mover a la reflexión, está al alcance de muchos. Saber contar una historia sin que se lleguen a vislumbrar los mimbres con que está construida, los resortes que la mueven hacia el desenlace, es un talento que sólo algunos pocos poseen.
En el universo de las series de televisión, tan en boga en estos tiempos, hay un narrador que empequeñece al resto en este sentido: David Simon.
“The Wire”
Al terminar de ver The Wire, que es la mejor producción de televisión de todos los tiempos, así como una de las crónicas más inteligentes de este siglo, no tienes el menor atisbo de cómo lo ha conseguido.
Sí sabes que en cada temporada hay un tema central: la segunda está dedicada al puerto y las mafias internacionales; la cuarta a la falta de oportunidades de los niños de los guetos de Baltimore; la quinta a las miserias del periodismo en general y en particular de los directivos de The Baltimore Sun (en cuya sección de policiales trabajó Simon entre 1982 y 1995).
También comprendes que si los personajes tienen vida propia, son “cóncavos” y no “planos” según las famosas categorías de T.S. Eliot, es porque Simon nos los muestra con todas sus contradicciones, grandezas y miserias; frágiles y vulnerables a los juegos del poder como lo somos cada uno de nosotros. Pero más allá de esto, resulta escaso lo que llegas a decodificar sobre el hálito narrativo que les da vida.
Todo esto sin contar la capacidad de Simon – que se estrenó en televisión adaptando sus libros Homicide: A Year on the Killing Streets y The Corner: A Year in the Life of an Inner-City Neighborhood – para crear personajes que ya son míticos, minoritarios íconos de nuestro tiempo, como el ladrón de traficantes Omar Little.
“Generation Kill” y “Treme”
Quizás por esto se han escrito varios ensayos sobre la obra de David Simon, como los de Tiffany Potter y Rafael Álvarez. O la curiosa autobiografía de Felicia “Snoop” Pearson, la joven soldado del traficante Marlo Stanfield en la ficción, que al igual que su personaje se crió en las calles de Baltimore.
Y quizás por esto también aceptó transformar el libro de Evan Wright, periodista de Rolling Stone, en la extraordinaria miniserie Generation Kill. Una narración de la invasión de Irak tan plagada de sin sentidos, de contradicciones, de dudas morales, que se acerca como ninguna otra a lo que en este blog entendemos que es la guerra.
Una narración a la que apenas hace sombra el rosario de películas cargadas de buenas intenciones pero pobres en su desarrollo que en los últimos años se produjeron en EEUU sobre el conflicto del Tigris y el Éufrates.
Sam Mendes, director de la sobrevalorada y tediosa American Beauty – para crítica mordaz del sistema ya existía la extraordinaria Happiness de Todd Solondz -, intentó hacer algo similar con Jarhead. Fue tal el desatino, tan chirriante la brecha entre fondo y forma, que resulta la peor de todas más allá de ese meritorio esteticismo que justamente la lastra y la hunde.
En Treme, serie de David Simon que se está estrenando en estos meses, la embriagadora y omnipresente música de Nueva Orleans hace aún más difícil atisbar cuáles son los mimbres que sostienen las historias de esos personajes que luchan por reconstruir sus vidas tres meses después del paso del huracán Katrina. Ya las primeras y confusas notas de esa banda que avanza por la calle, a la que se suma Wendell Pierce con su trombón (el sargento Bunk Moreland de The Wire convertido ahora en el músico Antoine Batiste), marcan el tono de lo que vendrá.
De isla en isla
Los mimbres de la miniserie The Pacific, que mañana estrena el último de sus diez capítulos, saltan a la vista. Cada episodio se centra en una isla de la campaña del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial (con excepción del paso por Australia para mostrar la relación de Robert Leckie, en el tercer capítulo, con una joven de ascendencia griega, y del regreso a EEUU para enseñar también la fugaz pasión de John Basilone, el héroe de Guadalcanal, en el capítulo ocho).
Y en cada isla – Guadalcanal, Peleliu, Iwo Jima, Okinawa – se abarcan un par de cuestiones destacadas de aquella contienda bélica: la lluvia, la enfermedad, los nidos de ametralladora, la estrategia suicida de los japoneses, la locura. Si bien esto hace que sea previsible en su desarrollo, le da también un carácter didáctico muy interesante, que es coherente con los testimonios de los veteranos que abren cada nuevo episodio de la miniserie.
Basada en los libros With the Old Breed de Eugene Sledge y Helmet for My Pillow de Robert Leckie, tampoco ayuda a la complejidad narrativa que sea mucho menos coral que su hermana mayor: Band of Brothers. Se nota la ausencia del fallecido Stephen Ambrose, por más que su hijo, Hugo Ambrose, forme parte del equipo de esta nueva serie, en la que también está el escritor George Pelecanos, que también participó en The Wire.
Estas características hacen que The Pacific no sea una obra maestra, lo que no excluye que valga la pena verla. La producción, entre otros de Steven Spielberg y Tom Hanks, le dan una factura visual impecable, siempre estimulante para el espectador.
Además, hay capítulos como el nueve que sí logran mayor profundidad argumental – los soldados que van muriendo por un poncho agujereado, los civiles atrapados en el fuego, la vindicación de Eugene Sledge al abrazar a la japonesa moribunda – aunque por momentos la presencia excesiva de la música resulte desconcertante.
Habrá que ver ahora cómo termina la miniserie, cómo aborda hechos históricos intrínsicamente tan complicados como los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Algunas fobias y pasiones del ocio del fin de semana… saludos!! HZ
15 mayo 2010 | 15:52
A veces, bueno, siempre me quedo asombrado con sus post . Supongo que se nutrira usted de buenos libros, sobre lo que escribe .Hoy por ejemplo me he quedado sorprendido de los conocimientos que vierte sobre el cine y la guerra, sus actores, sus productores, etc. Francamente veo que se lo trabaja y muy bien. le felicito porque consigue que acudamos a leerle, supongo que muchos.
Clica sobre mi nombre
15 mayo 2010 | 16:37
He visto toda la serie hasta el momento. Al principio era :un capítulo de paz, un capítulo de guerra y ahora es combate tras combate.
Posiblemente, el capítulo noveno sea mi favorito porque quizás sea el que más se aproxima a la sinrazón de la guerra. Esos momentos donde uno piensa ¿Qué haría yo ?
Tambien te pasa como a mí que ves en el capítulo tercero, en Australia, un capítulo que es como una liberación. Es un capítulo que podría funcionar aparte de la serie.
El problema de la serie es que parece que las protagonistas sean las batallas. Donde todo el mundo parece un secundario.
Hemos tardado nueve capítulos para ver perfilado el papel de Sledge y el personaje de Basilone lo encuentro demasiado barras y estrellas .
Me quedo con el personaje de Leckie pero, por desgracia, no tiene continuidad estos últimos capítulos.
Reflexión:
La serie que podrían haber hecho los americanos si tuvieran unos compatriotas como aquellos soldados republicanos españoles que se tragaron tres conflictos ( guerra civil, invasión alemana y liberación)
15 mayo 2010 | 22:24
Totalmente de acuerdo con tu magnífico post. Yo también me emocioné al reconocer a Bunk llegando al desfile como Batiste, con su trombón. La música es genial, todavía tarareo la melodía inicial. The Wire es la mejor serie en la historia de la televisión, desde el primer y desconcertante capítulo inicial hasta la última escena, con los tres niños como símbolos de todo lo anterior, que se repetirá.
Comienzo ahora Pacific, espero que me guste tanto como Hermanos de Sangre, ya veremos.
Un saludo.
15 mayo 2010 | 23:21
Pues a mi me ha defraudado muchísimo esta serie, ya desde el 1er capítulo vi que no sería tan buena como Hermanos de Sangre. A parte de su durabilidad en 10 capítulos explica tu toda la guerra del pacífico… en fin
Un fraude
15 mayo 2010 | 23:32
Creo que lo resumes a la perfección “polaco”: todos los personajes parecen secundarios. Ninguno crece, toma entidad. Veo que coincidimos con respecto al capítulo 9 y en que Leckie era el más interesante de los personajes.
Me alegra Jarttita coincidir en la pasión por The Wire!! Es una joya!!
Abrazos, HZ
16 mayo 2010 | 12:04
Nagasaki mi padre llee una novela sobre Nagasaki y como llego el cristianismo a esas tierras.Vere la serie ya que tengo un aparato que conecto al ordenador y tengo televisión.Gracias por la información asi me entretengo.Feliz finde!!!!
Abrazos:
S.R.:)
16 mayo 2010 | 13:10
Sólo una precisión secundaria y sin mayor importancia a tu texto: “American Beauty” de Sam Mendes es de 1999, y “Happiness” de Todd Solonz del año anterior, 1998. ¡Un saludo!
17 mayo 2010 | 14:24
(ups, “Solondz”)
17 mayo 2010 | 14:27
Gracias por la precisión Pablo… corregida ya… saludo también!! HZ
17 mayo 2010 | 15:00
no se mojaron en el final de the pacific.
no se mencionan las bombas, pero tampoco el increíble buen trato de las tropas americanas a la población japonesa, No hay mea culpa ni justificación.
En mi opinión las bombas eran necesarias desde el punto de vista yanqui, de lo contrario, cuantos más cientos de miles americanos hubieran tenido que morir para convencer al emperador.
un abrazo
17 mayo 2010 | 23:54
si bien desde el 1º capitulo no pego tanto como Band Of Brothers la serie fue de menos a mas ya que creo que la intencion no era contar toda la campaña de el pacifico sino las vivencias de los personajes las actuaciones no son malas (me quedo con James Badge Dale) no es decepcionante vale la pena verla si bien el trabajo final es bueno pero quizas pudieron haberla hecha mejor
18 mayo 2010 | 07:40