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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

El Cáucaso, un buen lugar para morir (o sobre cómo escribir un gran libro)

“Magnífico libro. No os arrepentiréis de empezarlo. Se lee de un tirón”, escribió Ryszard Kakuscinski sobre la segunda obra publicada en español de Wojciech Jagielski, reportero también polaco acerca de cuyo trabajo en Afganistán ya hemos escrito en este blog.

Es cierto, se lee de un tirón. Cualidad que no deja de resultar meritoria si se tiene en cuenta que narra hechos que tuvieron lugar principalmente en los años noventa y en una región del mundo – el Cáucaso Sur o Transcaucasia – que, opacada por Irak, Somalia, los Balcanes o Ruanda, se situó en un segundo plano de la agenda de los medios de comunicación.

¿Cómo consigue Jagielski que “Un buen lugar para morir” resulte ágil y atrapante a pesar describir situaciones, geografías y nombres que a la mayoría nos resultan poco conocidos más allá de los ecos del conflicto del verano pasado entre Georgia, Osetia del Sur y Rusia?

En primer lugar, porque con gran inteligencia narrativa selecciona personajes tan trágicos como sorprendentes en sus reacciones y peripecias, que no por ello dejan de servir para descubrirnos el universo en el que se mueven.

En segundo lugar, porque para recrear ese universo emplea una técnica muy eficiente: elige un elemento y lo repite, lo plasma desde diversas perspectivas (Truman Capote aconsejaba que para describir una habitación se eligiera un solo objeto que resultase representativo del todo que lo rodeaba).

De esta manera, además de conseguir cierto aliento literario, Jagielski aborda el horror y la muerte pero sigue de largo y alcanza otro aspecto fundamental de la guerra: el caos, el absurdo y el sinsentido que suelen imperar. Y más aún, según se infiere de sus páginas, en un lugar peculiar como el Cáucaso Sur, asolado por la violencia propia y ajena desde tiempos inmemoriales, parcelado en pequeñas comunidades enfrentadas a perpetuidad, amenazado por la sombra de las grandes potencias que lo rodean: Rusia, Turquía e Irán.

Los personajes anónimos

Ninguno de los personajes de a pie que pueblan “Un buen lugar para morir” (editorial Debate) deja indiferente al lector. Destaca Tariel Targulia, un anciano de 72 años que dos días antes de encontrarse con el autor había logrado huir de Sujumi, la capital de Abjasia.

Llevaba puesto un uniforme militar nuevo, unas botas altas también nuevas y un gorro de lana negra. Su barba y sus largos cabellos eran blancos como la cal. Tenía algún problema en los ojos, enrojecidos, llorosos. Continuamente se secaba con el dorso de la mano hilitos de lágrimas que le caían de la mejilla (pag 133).

Viudo, Targulia había perdido primero a su nuera en uno de los bombardeos de los milicianos abjasios sobre Sujumi. Se encontraba de compras en el mercado.

Gocha, su único nieto, se había alistado en el Ejército georgiano. Falleció en una emboscada de los combatientes que desde Rusia y otros lugares del Cáucaso habían llegado a luchar por la independencia de Abjasia (y su botín de guerra). El último en perecer fue su único hijo, Anatol, que también se había sumado a la lucha armada que amenazaba con desmembrar a Georgia a principios de los años noventa.

El viejo le reprochaba a la muerte que se burlara de él tan cruelmente, arrebatándole a su hijo y su nieto y dejándolo vivo a él. Su vida se había vuelto al revés y se negaba a aceptar esta situación. El mundo no había sido concebido para esto, decía (pag 137).

Había logrado evitar que los abjasios lo hicieran prisionero y, a pesar de su edad, se había enrolado en el Ejército. Buscaba un buen lugar para morir luchando contra el enemigo.“Sentía un gran respeto por sí mismo y quería dejar este mundo del modo correcto, deseaba que su muerte tuviese algún sentido” (pag 137).

A Tenguiz Kabukaba la guerra lo había privado de su padre y de su hermano, además de la mujer y los hijos de este último, cuando una bomba cayó en su casa.

Desde entonces, al lugar donde huía en el Cáucaso junto a su esposa, su madre ciega, el conflicto allí lo encontraba. Llegaba a Gali, y los abjasios la ocupaban. Se desplazaba a Mingrelia, y estallaba una rebelión. Entonces se iba a Samtredia, y los rebeldes empezaban a luchar contra las tropas del gobierno georgiano en las afueras de la ciudad.

Sus amigos bromeaban. “Oye, Tenguiz – decían -, deberías irte del país, a Japón o Argentina, y llevarte de aquí a esta maldita guerra (pag 109).

Al mismo tiempo en que migraba de ciudad en ciudad con los suyos, Tenguiz escribía artículos para periódicos extranjeros y buscaba la forma de conseguir dinero para pagar el rescate de su hermano, Revaz, soldado georgiano secuestrado por los abjasios.

Personajes célebres

Los personajes políticos más relevantes de esta historia resultan sorprendentes más por su propia naturaleza que por elección del autor.

El padre de Zviad Gamsajurdia era un famoso escritor georgiano que siempre decía que su hijo llegaría a ser presidente de Georgia. Para ello lo había preparado, desde niño. Y así sucedió, fue el primer presidente del país. Sólo que, de un joven culto y taciturno, pasó a ser un dirigente vanidoso y desorientado que poco duró en el poder.

Eduard Shevardnadze había nacido en una aldea perdida en el oeste de Georgia. “Mamati no había dado al mundo ni generales ni políticos. Shevardnadze, hijo de un maestro local, tampoco parecía destinado a ser alguien destacado” (pag 85).

Sin embargo, en una progresión fascinante, llegaría a ser Ministro de Asuntos Exteriores de Gobarchov. Viajaría por el mundo, codeándose con sus principales líderes durante los últimos años de existencia de la Unión Soviética. Alcanzaría la presidencia de Georgia sucediendo a Gamsajurdia. Y se encontraría con un país asolado por guerras fratricidas.

Continúa…

8 comentarios

  1. Dice ser S.R.

    Gracias por el libro,lo apuntare.Se agradece la información sobre libros.Y este pinta muy interesante.Abrazos:S.R. :)PD:FELIZ SEMANA LLENA DE LUZ,ALEGRÍA,PAZ Y BONDAD 😉

    30 Noviembre -0001 | 00:00

  2. Dice ser Hernán Zin

    Buen comienzo de semana a todos… HZ

    09 Marzo 2009 | 02:44

  3. Dice ser Mayté

    ¡Hola Hernán!Gracias por la recomendación y reseña del libro.Saludos y feliz semana para ti también.Mayté

    09 Marzo 2009 | 05:22

  4. Dice ser Austral

    Hola Y gracias. Cuando vaya a España me lo compro, que paso de leermelo en inglés.ADOPCIONES A MEDIDAhttp://busco-perrosdeadopcion.blogspot.com/DIFUSIONES SIN MEDIDAhttp://difusionesanimalessinmedida.blogspot.com/

    09 Marzo 2009 | 06:13

  5. Dice ser Hernán Zin

    Por cierto, gracias a Juan Antonio por la recomendación… Saludos, HZ

    09 Marzo 2009 | 09:41

  6. Dice ser antonio larrosa

    No voy a leer ese libro porque ya me ha contado usted el argumento , otro dia no sea tan explicito ,por favor.Clica sobre mi nombre

    09 Marzo 2009 | 16:33

  7. Dice ser Miwel

    Antonio, si quieres aportar al debate adelante, si no tienes ni idea de la situación en el caúcaso te callas, como he hecho yo, pero si quieres publicidad de tu libro te la pagas, majo!!.Yo he venido a hablar de mi libro y sino me voy!!!!!!!!!!!!!!!!

    09 Marzo 2009 | 23:26

  8. He leído el libro y coincido con la opinión de Hernán. Es un gran libro sobre una región que de vez en cuando salta a las portadas, aunque lo que allí pasa continúa siendo bastante desconocido por aquí. Yo he echado de menos un índice onomástico al final y algún mapa más detallado, porque en ocasiones se hace difícil recordar a los protagonistas o la ubicación de los territorios de los que se habla. Una de las historias que más me impactaron fue la titulada “Dementes” y también los padecimientos de la población armenia con el bloqueo turco- azerí. Me gusta mucho el estilo de Jagielski y es cierto que recuerda a Kapuscinski. He visto que ha publicado también un libro sobre Chechenia en inglés ¿Sabes si se traducirá pronto al castellano? Saludos.

    15 Marzo 2009 | 21:54

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