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“Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos” (Jaime de Armiñán)

Archivo de Noviembre, 2016

El peluquín sobreactuado

exclusiva-gh-miguel-desencadenado-peluquin_mdsvid20161124_0159_18cr23hrdwiaa6gfgPodríamos llenar ríos de tinta con las broncas, gritos, insultos y faltas de respeto que estamos presenciando en el que podría ser la edición de Gran Hermano más verdulera de las 17 que hemos visto en España. No en vano, somos un país de récord en ediciones de este reality.

Pero mientras Bea, Adara y Meritxell se desgañitan en la casa, como lo hicieron antes de salir Bárbara o Clara, hubo un concursante que protagonizó el momento posiblemente más fake (falso) de lo que llevamos de edición.

Miguel, el estilizado chico gallego que entró con un secreto en la casa, y que bebió sin éxito los vientos por Pol, se despedía hace pocos días de su peluquín para mostrar su alopecia a la audiencia del programa y al resto de concursantes. Miguel se rapó la cabeza con una máquina tras deshacerse de su prótesis capilar en forma de frondoso tupé, y después procedía a quemar el peluquín en el jardín de la casa como si estuviera haciendo una queimada.

Pero la perfomance no se quedó ahí, porque no fue muda. Miguel se puso a gritar que ya era “libre” y “me quiero” y empezó a darle besos al espejo que utilizó para raparse. Es decir, a lo Dorian Gray de Oscar Wilde, se besaba a sí mismo en el cristal. No se recuerda desde hace tiempo una muestra de amor propio similar y tan ridícula dentro de un reality, ni una autoafirmación tan barata de autoestima de lo que se suponía que era una liberación personal y de un complejo, que resultó de todo, menos sincera.

Que Miguel tenía este papelón preparado desde antes de entrar en Guadalix se sabe de antemano. Pero que Gran Hermano haya comprado semejante pantomima para ilustrar la edición solo habla de un declive de la autenticidad del producto, que dejó hace mucho atrás aquello de “experimento sociológico” para entrar en el terreno del circo.

 

Lo que se cuece en los fogones ‘celebrity’

1476874077_942548_1476874226_noticia_normalMasterchef parecía haber sucumbido al reality en su última edición con concursantes anónimos. Este viraje le hizo perder enteros para una audiencia seducida por la evolución a los fogones de los aspirantes a chef con mayúsculas. Pero gracias a la edición celebrity, el formato ha renacido.

En esta versión con caras conocidas, el concurso se va cocinando a fuego lento a medida que ves a gente con trayectorias profesionales y mediáticas contrastadas desenvolverse entre solomillos, postres y ollas. A los concursantes les baja del pedestal o del papel ‘couché’ y a los espectadores les aporta una visión inédita suya.

Por ejemplo, Cayetana Guillén Cuervo, una actriz con ‘glamur’, se despeina cada vez que se pone ante una prueba de eliminación. A Fernando Tejero, actor a quien vemos a menudo una cara amable gracias a sus desternillantes personajes en cine y televisión, le conocemos una vertiente personal más enfadadiza, con una amiga dentro y fuera de los platós (Loles León) que también se muestra menos frívola y más sensible entre trapos de cocina.

este-martes-masterchef-celebrity-vive-su-primer-abandono_1438600-pngA El Cordobés hijo, lo descubrimos como ‘padre’ protector de su mujer, que también concursa y busca su dosis de independencia en la competición respecto a su famoso marido. Y así, seguimos, hasta la irascible María del Monte, que montó el ‘pollo’ y se fue por donde vino, porque no aguantaba el ‘borderío’ del jurado.

Pues eso, que volvemos a darle menos importancia a la gastronomía y más al ‘aprendizaje’ de los candidatos. Pero al menos, ya sabemos de entrada, que Masterchef y celebrity son sinónimo de espectáculo.

El ‘estéril’ y viral debate sobre la ‘cobra’ de Bisbal a Chenoa

3781242La retransmisión en directo del concierto OT: el reencuentro el pasado lunes por parte de TVE puso de manifiesto cómo nos las gastamos tanto los medios de comunicación como los tele espectadores ante espectáculos festivos de este tipo.

El debate masivo que se generó tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación, esa noche y al día siguiente, no giraba en torno al hecho de que los primeros ‘triunfitos’ de nuestra historia hayan llenado todo un Palau Sant Jordi 15 años después de su irrupción.

Tampoco sobre el exceso de publicidad del que ha hecho gala el Ente durante las semanas previas a dicho concierto, y ni siquiera sobre cómo han perdido cualidades vocales muchos de los integrantes de Operación Triunfo 1 (incluso teniendo en cuenta que fuera cosa de los nervios del directo y de la repercusión  mediática del momento) o cómo, con el transcurso de las actuaciones, el concierto se iba pareciendo más a un ‘bolo’ de fiesta mayor de pueblo que a un macro espectáculo televisado.

Pues no. Nada de eso. Lo que interesaba era la ‘cobra’ que, supuestamente, le hizo David Bisbal a su ex pareja Chenoa durante la esperada interpretación del tema Escondidos, que simbolizó hace tres lustros su historia de amor televisada.Vamos, que Bisbal le retiró, teóricamente, la cara a Chenoa cuando esta se disponía a darle un beso en medio de la euforia y de los sentimientos despertados por el revival musical.

Una vez más, medios y redes cogieron la anécdota y el morbo y lo elevaron a categoría, no hablando de otra cosa, e incluso dedicándole una noticia en el Telediario del día siguiente. Ni más ni menos. Por no hablar de los portales de Internet que hacían viral la ‘cobra’ y le daban bombo continuo.

Esta es la cruda radiografía de lo sucedido la noche del lunes en la montaña de Montjuïc. Poca calidad musical pero mucho morbo. Menos zapeo y más clics. Este fue el retrato de la gala: nos olvidamos de la ‘música’ o de los porqués de la vigencia del fenómeno y nos quedamos con la ‘cobra’. En febrero de 2017 más madera en el Barclaycard Center de Madrid. OT is living a celebration…