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“Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos” (Jaime de Armiñán)

Archivo de Septiembre, 2016

Màxim Huerta: ‘Un hombre y un destino’

Màxim Huerta (Utiel, 1971) mezcla turismo, historia y cinefilia en su retorno a la televisión, esta vez, en un registro bastante diferente al que nos tenía acostumbrados como conductor de telediarios y del programa de Ana Rosa Quintana.

En Destinos de película, sumerge a la audiencia en escenarios de cine reales que él visita y muestra con todo lujo de detalles. En estos reportajes, que han pasado ya por países como Marruecos, Huerta demuestra que es un periodista de piel, que siente lo que narra. De ahí, que el principal gancho del espacio sea el entusiasmo que el valenciano contagia con sus explicaciones, entrevistas y descubrimientos.

Por otro lado, el programa parece un poco fácil en el sentido de que la idea es sencilla y la abundante bibliografía sobre el tema facilita las cosas. Solo faltan tiempo y recursos televisivos para plasmaimg_5162rlo en una serie de reportajes.

Parece, además, un espacio más propio de un canal temático al estilo de Viajar que de una televisión generalista. Incluso, pegaría más con la programación de La2. De ahí, el atrevimiento de la propuesta: hacerla competir con productos que no tienen nada que ver, ni en formato, ni en continente, ni en contenido. En horario de late night.

Huerta tiene muchos atractivos como conductor. Es una persona calmada, educada, simpática, y transmite credibilidad y honestidad sin necesidad de mostrarse lejano al espectador o estirado como persona.

Se le ve contento del cambio de registro y eso motiva a seguirlo en sus viajes. Toda la suerte del mundo en esta aventura que es educativa, entretenida y que transmite pasión.

Y una idea: le animamos a que haga una segunda entrega del programa dedicada a otra de sus pasiones: los libros. Seguro que lo borda.

 

Flechas del amor (re)torcidas

First-dates_MDSIMA20160414_0372_38Las buenas flechas de Cupido son caprichosas y te tocan cómo y cuando quieren, como en una especie de lotería del amor en la que el bombo tiene muchos números pero pocos son los verdaderos afortunados del sorteo. Esta parece ser la lógica sentimental del mundo, excepto en un pequeño reducto televisivo de este nuestro país, donde las flechas del amor de Karina se lanzan como los dados, al tuntún. 

First Dates va cosechando en Cuatro una audiencia creciente y algunas citas triunfantes (las menos) pero más que al poder como Celestina de este programa, el mérito deberíamos dárselo a los responsables del casting por el arte que tienen a veces juntando a opuestos frente a una mesa. O a gente más rara que un perro verde.

Y el caso es que el programa funciona y logra engancharte como espectador en una especie de lógica entre absurda y voyeur en la que, si te tragas la primera cita, acabas viendo hasta la última, y queriendo saber su resultado final tras un segundo encuentro del que ya no somos testigos (un “continuará” que dejan, por cierto, bastante en el aire).

También es curioso ver los diálogos que se establecen entre los protagonistas de cada cita a ciegas y los trucos de seducción que se llegan a utilizar aunque aún es más interesante ver cómo evolucionan las cenas de los comensales que desde el primer segundo ves abocados a fracasar en su búsqueda del amor, a sabiendas del guionista, el casamentero bromista de este invento.

Somos también testigos de encuentros donde los candidatos a ser pareja vienen tan predispuestos a ello que, efectivamente, lo consiguen. O eso parece, porque cuando ves repetidos a varios rostros que han aparecido en otros programas de Mediaset en este fregado de citas, dudas de la naturalidad de su elección.

Seguramente, First Dates no ha inventado la pócima del amor pero sí que nos conecta con las citas que tuvimos (o no) y esa identificación es la fórmula simple de su éxito.